Pequeficciones de: JUlia Otxoa, Gemma Pellicer y Luis Bernardo Pérez

Antología organizada por Chris Morales y José Luis Ortiz soto

España, España y México

Escena de caza
Julia Otxoa

El señor Saavedra desconectó su cerebro y seguidamente encendió el
móvil, la tablet y la televisión. En menos de un segundo las tres
pantallas se disputaron su atención, hasta el punto de que en los
desesperados esfuerzos de cada una de ellas por atraparlo en
exclusiva, cual encarnizada pelea entres cazadores, por conseguir la
pieza abatida, tiraron con fuerza del cerebro desconectado del señor
Saavedra hasta desgarrarlo y dejarlo como un puro despojo, que cada
día busca encontrar algún rastro, alguna huella de sí mismo en cada
una de las tres pantallas que fiel conecta cada mañana.
Julia Otxoa (España, 1953 ). Poeta, narradora y artista visual. Su obra
con más de treinta títulos publicados en poesía, narrativa y narrativa
infantil, ha sido traducida a varios idiomas e incluida en diferentes
antologías de poesía, poesía visual y microrrelato. Su libro de
microrrelatos más reciente Confesiones de una mosca (Menoscuarto,
Palencia, 2018). http://www.juliaotxoa.net


El gigante y la niña
Gemma Pellicer

El gigante y la niña pasean de la mano como cada tarde. A ambos les
gusta seguir el sendero que corre junto al río y contemplar, desde lo
alto del camino, el pueblito en el que viven.
GIGANTE: ¿Has visto?, le dice señalando el vuelo rasante de una
golondrina que les sale al paso.
NIÑA:Sí.
Al cabo de media hora de paseo, llegan a la cima y deciden descansar
un rato antes de coger el camino de vuelta a casa. El gigante tiene las
manos grandotas y las espaldas muy anchas. La niña, una sonrisa
redonda y brillante como un sol.
GIGANTE: ¿Te ha gustado el paseo?
NIÑA:Sí.
GIGANTE: ¿Yno te has cansado esta vez?
NIÑA: No.
GIGANTE: ¿Querrás que volvamos entonces mañana?
NIÑA:Sí.
El gigante y la niña contemplan los últimos rayos de sol, antes de que
éste se esconda definitivamente, según tiene por costumbre. A la niña
no le importa que el gigante sea feúcho y grandullón. A lo lejos, las
chimeneas empiezan a humear.


Gemma Pellicer (España, 1972).

Es licenciada en Filología Hispánica
y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja
como editora de textos de ficción y es profesora en el Ateneo de
Barcelona. Cultiva la crítica literaria en las revistas Quimera y Turia.
Tiene en su haber dos libros de microrrelatos: La danza de las horas
(Eclipsados, 2012), al que pertenece este microrrelato, y Maleza viva
(Jekyll & Jill, 2016), y en prensa su primer libro de aforismos, Medidas
extremas (Renacimiento, Sevilla).


Transformaciones
Luis Bernardo Pérez

La flauta se transformó en canario, el clarinete en pato, el tambor en
oso, el contrabajo en elefante y la tuba en una serpiente pitón que, ante
el azoro del público, estuvo a punto de ahorcar al ejecutante. Y todo
porque el director, desesperado por la falta de progresos de la
orquesta, se le ocurrió sustituir la batuta por una varita mágica.

Luis Bernardo Pérez (México, 1962). Es escritor, periodista y editor.
Ha publicado 15 libros de relatos, una novela y un manual de escritura.
Escribe para niños, jóvenes y adultos. Entre los galardones que ha
obtenido están: el Premio Nacional de Cuento “Efrén Hernández”, el
Premio Nacional de cuento “Juan José Arreola” y el Premio de Novela
Juvenil “Gran Angular”.

Cuento corto para niños de 10 a 12 años: Vacaciones sin juguetes

Vamos al colegio de Fernando Iwasaki

Peruano

Como todas las mañanas, he vestido a los niños y los he colocado en el asiento trasero para que sigan durmiendo. Enciendo el coche y el motor se va calentando, desentumeciendo. El invierno es crudo y prefiero no abrir la ventana para que los niños no pasen frío. Corro a la cocina a preparar sus bocadillos y no hay mantequilla, el queso también se ha terminado y tengo que abrir una lata de atún. Cuando encuentro el abrelatas ya se nos ha hecho tarde. Corro al garaje. Apenas puedo respirar. Los niños no se despiertan.

Fútbol y literatura: Fernando Iwasaki y El sentimiento trágico de la liga -  UNIMEDIOS: Universidad Nacional de Colombia

O dispara usted o disparo yo: Antología de Lilian Elphick, autores Judith castañeda, Luis A. chávez, Gerardo farías.

Judith Castañeda Suarí. Luis Alberto Chávez Fócil

Judith Castañeda

Líneas de investigación
Aquí está el arma homicida, detective, dijo la voz, y unos dedos
de raso blanco depositaron sobre la mesa la calibre 22 que desapareció
de la escena del crimen. Mientras aferraba la culata, la mano envuelta
en un pañuelo, intenté recordar dónde había escuchado aquella voz un
poco rasposa, como de enferma de la laringe.
La he oído antes, pensé. Al levantar la vista me encontré con
unos retazos arrancados a la oscuridad por el foco. La mitad de una
boca rojísima, unas hebras negras, la solapa de un abrigo, el sombrero
cubriendo unos ojos castaños, o eso imaginé.
Se trataba de una desconocida. Pero su voz, ¿de dónde?
Lo supe después, cuando ya no tenía conmigo el arma, cuando
en la División de Homicidios cotejaban mis huellas dactilares con las
de la culata, que eran idénticas. Una noche soñé con aquella mujer. ¿Es
seguro, alguien se habrá dado cuenta?, me dijo entonces, al tomar la
pistola como si la amortajara con sus guantes. Le contesté que nadie,
que la música había cubierto el disparo, y ella se fue para dejarme a
solas con el muerto y su caja de seguridad. Debía salir a cantar.
Ahora me arrepiento de la nota que le puse más tarde en el
escote: Ven mañana para repartirnos el botín, el arma guárdala hasta
que te avise. Supongo que después la llamé, pero no lo recuerdo; no
siempre tengo presentes mis sueños.

Judith Castañeda Suarí.

Ciudad de México, 1975. Técnico en
química industrial y alumna en los talleres literarios de Alejandro
Meneses, Beatriz Meyer y José Prats. Ha publicado en suplementos
culturales de circulación local, en la revista Crítica y en antologías de
cuento y minificción como Lados B, de Nitro/Press, Antología virtual de
minificción mexicana y Ráfaga imaginaria, publicada por la Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla. Autora de los libros de cuento Dios
de arena y Aire negro.

Luis Alberto Chávez Fócil
Ángulo de toma
La cámara inicia con una panorámica desde la llanura, avanza sin
cortes poco a poco hacia la cabaña que se observa al fondo; la puerta
de la cabaña se abre, entra la cámara y continúa, para tomar a un
hombre sentado a la cabeza de una mesa, la cámara se aproxima,
avanza hacia el rostro del hombre, entra por la frente y sale dejándole
un agujero atrás de la cabeza: sesos, sangre, esquirlas de hueso, brotan
de la cabeza del hombre, que cae al suelo, la cámara rompe una
ventana, sigue avanzando por la llanura, se escuchan sirenas de
patrullas, bajan varios policías, le disparan a la cámara, ninguno logra
atinarle, la cámara se pierde en el horizonte…

Luis Alberto Chávez Fócil. Estudió teatro y cine en la Ciudad de México. Becario SOGEM 1992 en la Casa Internacional del Escritor, Bacalar, Q. Roo. Ejerce trabajo periodístico.

Gerardo Farías

Seguridad

Limpió con gran esmero toda la sangre. Su pecho estaba
hinchado de orgullo y sonreía inequívoco de su anonimato. Se marchó
caminando lentamente. Pero a sus espaldas el fantasma de su víctima
ya comenzaba a tomar forma.

Gerardo Farías. Nació en Morelia, en 1985. Es profesor de
literatura e inglés y tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana
por la Universidad de Guanajuato. Es miembro activo de la Sociedad
de Escritores Michoacanos. Es coautor del libro de crítica literaria
Revueltas (Conaculta/ FONCA/2013) y participó en el libro El vicio de
vivir. Ensayos sobre la literatura de José Revueltas (Tierra Adentro/2014). Y
es autor de dos libros de minificciones: Sobre el olvido y el juego (Canapé/
DF/2013) e Inventario del Crimen (Diablura Ediciones/2016).

El misterio del "hombre semen": la historia del pueblo de Francia en el que  vivían solo mujeres que compartieron a un hombre - BBC News Mundo





Recordando a Chespirito

Los chifladitos 1992

Recordando a «Shakespierito».

  • Oye Lucas, ¿Tú crees que sea útil ser poeta?
  • Claro que sí, Chaparrón, si no, ¿Qué pretexto vas a encontrar para morirte de hambre?
  • Sí, pero yo quiero decir: ¿Tú crees que si hubiera más poetas la gente avanzaría con más seguridad por la vida?
  • No, Chaparrón, para avanzar con más seguridad lo que hace falta es sincronizar los semáforos
  • Estás en lo cierto, pero de cualquier manera para algo deben servir los poetas…
  • Bueno, yo los utilizaría para disolver manifestaciones.
  • ¿Para disolver manifestaciones?
  • Sí. Chaparrón, ¿No te has fijado en cómo se desbarata una reunión en cuanto alguien se para a declamar un poema?
  • Estás en lo cierto.
  • Además, en esta época, ¿A quién le interesa que la luna sea blanca?
  • A los del Ku Klux Klan.
  • No, pero yo estoy hablando de gente no de animales. [..] Pero de cualquier manera tú no debes darte por vencido. Acuérdate que los poetas no son los únicos seres inútiles que existen en el mundo. También hay abogados, economistas, críticos de teatro, empresarios de boxeo; con el agravante de que el abogado te manda a la cárcel, el economista te manda a la bancarrota, el crítico de teatro te manda a la televisión y el empresario de boxeo te manda al manicomio, si no es que al cementerio. En cambio, los poetas a lo que más que pueden mandarte es al diccionario para que averigües qué fue lo que quisieron decir.

— Los Chifladitos 1992

Tomado del fb del muro de Jorge Luis Barradas.

Las frases de Lucas y Chaparrón Bonaparte, la pareja de humor que  inmortalizaron Los Chifladitos

Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario

«Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario» https://www.elfinanciero.com.mx/algarabia/palabras-heredadas-los-cambios-historicos-de-nuestro-vocabulario

Un año más, Rubén García García

La vida

Cumplir setenta y cinco años y divertirse entresacando palabras para armarlas, desarmarlas y rearmarlas es un trabajo de dioses. Inicias con una idea, la «terminas», la guardas en el estantero. Un día sin tiempo, pasas y la reconoces, la peinas y la acicalas.

Siempre critiqué a mi tía por estar sacándole brillo a sus figuras de porcelana, y me acuso de poseer la misma obsesión; hacer que brille la historia. Pero las palabras están vivas y las más, rebeldes y desobedientes. Es un estira y afloja y nunca terminas.

Insatisfecho desaparezco y al cabo de poco o mucho tiempo regreso y digo : palabras, palabritas palabrotas ya regresé. Un día no lo haré, mientras las sigo amando y como padre digo: que es lo mejor que me ha dado la vida.
¡Salud blogueros!

Del Libro «nadie piensa en los niños» de Santiago Eximeno

Español

Bajo un árbol
Cae una nuez. La niña mira hacia arriba, hacia las ramas del árbol,
pero no ve a la pequeña ardilla. En el bosque ya ha anochecido y
la niña tiene los ojos hinchados de tanto llorar.
Todavía cree que su padre volverá a buscarla.

De hombres y trenes
Desde la ventana de su habitación el niño veía pasar los trenes.
Sentado en su silla de ruedas, consciente de que nunca volvería a
caminar, el niño acercaba su rostro hasta que su nariz rozaba el
cristal y miraba cómo los vagones se desplazaban de un lado a
otro, recorriendo las vías como bestias temblorosas. Bestias que
temblaban, sí, temblaban de miedo.
En ocasiones su madre entraba en la habitación y le
acariciaba la cabeza y le decía que no se preocupara, que no
tuviera miedo, que no volvería a ocurrir. Que ya podía salir del
cuarto, apartarse de aquella ventana. Él asentía, pero no se movía.
De mayor seré maquinista, le decía a su madre, y ella
recordaba el accidente en las vías y lloraba y le decía lo orgullosa
que estaba, le decía lo valiente que era.
Maquinista, pensaba ella, para dominar sus miedos.
Maquinista, pensaba él, para introducirse en el interior de
una de aquellas bestias temblorosas y dominarla y descarrilarla y
saldar la deuda.

Al alba
Amanece cuando Mundego vuelve a casa, amanece cuando se
interna en ese edificio ruinoso que alberga el cuarto vacío, triste,
frío, que nunca ha sido capaz de llamar hogar. Mundego habla en
voz alta mientras abre la puerta, murmura resabios y maldiciones
que le acompañan de la noche al alba. Cada recuerdo en forma de
mirada esquiva, de gesto de desprecio, de susurro avergonzado,
acompaña hasta la mesilla donde deposita con cuidado los billetes
arrugados con los que el hombre enjuto, torvo, al que obedecen
las mujeres de la noche, le pagó la jornada. Después, como
siempre hace al amanecer, se encierra en el cuarto de baño para
derramar su dolor. Mientras Mundego llora su desconsuelo, vierte
en la bañera desportillada del cuarto de baño esas lágrimas
contenidas durante la larga noche, lágrimas de soledad, de
culpabilidad, lágrimas que no puede compartir con los extraños
que frecuenta cada día en esta ciudad desconocida, oscura, que no
le acepta por mucho que él lo desee. Mundego llora y llora y llora
sin pausa, y solo se detiene cuando la bañera está llena por
completo de su tristeza.
Entonces, como hizo aquella vez que no ha podido
olvidar, se sumerge en el frío líquido sin retirar una sola prenda
de su cuerpo, en busca de ese niño sin nombre que no tuvo suerte,
ese niño que viajaba con ellos en esa noches sin luna, perdido
entre la multitud que inundaba la barca, y justo antes del amanecer
cayó al mar.
Ese niño sin nombre que sus manos vacías, trémulas,
frías, no lograron encontrar.

Paciencia
Ya pensaríamos más tarde en acostarnos. Ahora era el momento
de encender la tele, de ver dibujos animados. De saltar en el sofá,
de reír, de gritar. De buscar en la nevera la tableta de chocolate
que siempre estaba escondida detrás de las verduras.
Ya tendríamos tiempo más tarde de preocuparnos del
vaso de leche volcado, de la silla caída, de los dedos de la abuela
engarfiados en el mantel. Era el momento de enfrentar nuestras
espadas de madera, de fintar, de atravesar las defensas del otro.
De exhibir nuestras habilidades mientras en la televisión Íñigo
Montoya vengaba a su padre.
Era tiempo de duelo, pero no queríamos pensar en ello.
Al fin y al cabo, mamá no vendría a buscarnos hasta la
noche.

Amor de madre
¡Qué feliz vemos a Dulce cuando entra en el mar!
Sonríe desde que la bajamos de su silla de ruedas y no
deja de hacerlo mientas la llevamos en brazos por la arena.
Después, cuando sus piernas, finas como palillos, entran en
contacto con el agua salada, grita de emoción.
¡Qué alegría verla nadar!
Se sumerge bajo el agua y aparece de nuevo entre risas y
espuma. Y salta y se hunde y vuelve a salta, y después nos saluda
con un movimiento de su cola.
Pero termina la tarde y debemos volver a casa, así que
mamá nos ayuda con la red y la atrapamos y la arrastramos por la
arena, de vuelta a su silla de ruedas. Dulce llora y grita y nos
amenaza, y creo que si pudiera nos daría patadas con sus pequeñas
piernas, pero mamá la abraza y la consuela y le susurra cosas
bonitas.
Yo siempre digo que eso sí es amor de madre

Santiago Eximeno 💀 on Twitter: "Malditos es un juego narrativo solitario  en el que tomas el papel de una persona que ha recibido un objeto maldito.  Y es gratis. https://t.co/QvyQNV3bd8 #rolgratis #jdr #
Santiago Eximeno es un escritor madrileño nacido en 1973. Siempre se ha sentido atraído por la literatura de género, particularmente por aquella que transita por los lugares más oscuros, por lo que su obra está impregnada de melancolía, dolor y miedo.

Aunque ha publicado varias novelas, frecuenta el relato y el microrrelato, y es en estas distancias cortas donde muestra su repertorio más exquisito.

¿Quién imita a quién? De mutaciones, plagios y analogías — Lapizázulix la galaxia del cuento

La copia perfecta Nasrudín estaba en Turquía visitando a un amigo. Una noche, se sentaron fuera, bajo el cielo estrellado. Enseguida, el mulá empezó a dar sonoras muestras de aprobación. —¿Por qué haces “¡ooh!” y “¡aah!”? —Estaba admirando tu cielo y me asombraba de la maestría de los pintores de cielos de aquí. Han hecho […]

¿Quién imita a quién? De mutaciones, plagios y analogías — Lapizázulix la galaxia del cuento

Murmullos de Rubén García García

Baraja de minificciones

Mi abuela, ahora con la pandemia, parece un río interminable. Ora a sus abuelos, a sus padres, al cura que la casó y a sus hijos, nietos, biznietos y sigue la parentela. Entre la abuela y un tal padre Rentería, que ofició en la Media luna al servicio de un tal Pedro Páramo, sigue reza y reza para ser perdonado, ¡me tienen hasta la madre!, y no dejan que concilie el sueño eterno.

El hogar de las palabras.: PEDRO PÁRAMO (1955), DE JUAN RULFO. LOS  MURMULLOS DE COMALA.

Cástulo Aceves, Sergio Astorga y Agustín Cadena, cuentos

«O dispara usted o disparo yo» Antología organizada por Lilián Elphick

Cástulo Aceves
Sonrisa
El payaso detective se propone encontrar al asesino del mago.
Interroga al malabarista hasta convencerse que no tiene nada entre
manos. La mujer barbuda es también fatal, mediante sus habilidades
seductivas lo convence de que es inocente. Arroja más de diez veces al
trapecista hacia el vacío sin lograr que confiese ante la tortura. Los
demás payasos aseguran haber estado en el mismo auto compacto esa
noche, logrando así su coartada. Uno a uno va descartando a los
habitantes de esa carpa. Al regresar a la escena del crimen, el mago, de
pie e ileso, lo observa expectante. El investigador lo mira confuso.
¿Aún no lo resuelve?, exclama histriónico aquel hombre, ¡nunca habrá
mejor acto que un crimen perfecto! Del sombrero saca una pistola, el
disparo es preciso. La única pista para resolver el nuevo crimen es una
indeleble sonrisa.

Cástulo Aceves.

Guadalajara, Jalisco. 1980. Autor de Acteon
(Ed. Paraíso Perdido, 2013), Las Instancias del Vértigo (CECA Jalisco,
Mar. 2013), Los nombres del juego (Ed. Paraíso Perdido, 2006) y Puro
Artificio (Ed. Humo, 2004). 1er lugar en el concurso estatal de cuento
“Adalberto Navarro Sánchez” (2004). Cuentos suyos han sido
traducidos al inglés e italiano.

Sergio Astorga
Delación

Su paso criminal lo delató, no su mirada.
Niño Envuelto
Encerrado de noche y mañana, el niño se escondió entre las
sábanas.
Cuando lo encontraron sus ojos se habituaron a la eterna
oscuridad.
Sergio Astorga.

Soy de México, de su ciudad. Actualmente
radico en Porto, Portugal. He sido artista independiente. Estudié
Licenciatura en Comunicación Gráfica en la Escuela Nacional de Artes
Plásticas (Antigua Academia de San Carlos UNAM) y Letras
Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. He publicado
en suplementos culturales y en revistas, tanto textos como dibujos. Soy
editor de la Revista Brevilla, junto a Patricia Nasello y Lilian Elphick.
Gestiono blogs: Antojos y Conversa en el balcão del Abarrote .

Agustín Cadena
El Asalto
Salió corriendo con la pistola en alto y el sonido de la alarma
ladrándole detrás como un perro. En la calle, la banqueta comenzó a
hundirse en cada sitio donde él pisaba. Un viejo se atravesó en su
camino y él tuvo que dispararle. Saltó por encima de la cara muerta y
siguió corriendo…
—¡Abuelita! —el niño despertó con sus propios gritos y le pidió
a la mujer que dormía a su lado que encendiera la luz.
—Soñé que era un hombre malo: un ladrón.
Ella se levantó a encender la luz, volvió a la cama y trató de
consolar a su nieto. Le acarició los cabellos hasta que lo sintió
dormido.
El viejo dejó de pensar en el aumento a las tasas de interés, en la
boda ya cercana del último hijo soltero, en sus lentes, que esperaba
cambiar para el día de la fiesta. Miró su imagen en el cristal de una
tabaquería y se acomodó el sombrero. Por un segundo había sentido,
emergiendo de las aguas más empozadas de su memoria, el frío aletazo
de un pez inquietante: ese rostro ya lo había visto antes, en sueños,
quién sabe qué noche de hacía muchos años. Se acordó de la abuela
que lo cuidaba de niño…
Entonces lo distrajeron el sonido de la alarma y el de un joven
enloquecido que venía con una pistola en la mano. Un ojo negro y
profundo se volvió hacia él y le miró el pecho.

Agustín Cadena

Es novelista, cuentista, ensayista, poeta y
traductor, además de profesor universitario de literatura. Ha publicado
más de treinta libros y ha colaborado en más de cincuenta
publicaciones de diversos países. Ha recibido varios premios
nacionales e internacionales y parte de su obra ha sido antologada y
traducida al inglés, al francés, al italiano, al griego, al portugués y al
húngaro.

Agustin Cadena | University of Debrecen - Academia.edu

Pequeficciones de Argentina, México Ant: Chris Morales y José L. Ortiz Soto

Patricia Nasello, Ildiko Nassr, César Navagómez, Laura Nicastro, Queta Navagómez

La solución que cayó del cielo
Patricia Nasello

Ninguna persona ha logrado, nunca, poner la pasta de dientes dentro
del tubo del dentífrico, eso lo hacen los extraterrestres.
Aunque grandes como cualquier papá o mamá, estos
extraterrestres tienen el tamaño de una hormiga colorada. Llegaron
acá en barco, remando por el universo. Como fue un viaje largo se
cansaron mucho, entonces decidieron quedarse a vivir acá. Y como
acá teníamos el problema de los tubos y la pasta, enseguida
consiguieron en qué ocuparse.
Toman los tubos, luego los apoyan inclinados contra la pared,
trepan hasta el borde con unas zapatillas con pinches para ir
sosteniéndose y, con cucharas especiales que consiguieron en el cielo
mientras remaban, de a poco los van llenando. Cuando se hace de
noche se vuelve cada cual a su luciérnaga. Porque el lomo de esos
bichitos es la casa ideal para ellos. Cualquiera sabe que las
luciérnagas son las mejores amigas de los extraterrestres.

Patricia Nasello (Argentina, 1959). Es magíster en Escritura Creativa
por la Universidad de Salamanca (USAL). Publicó Está rugiendo otra
vez (Quarks, antología personal), como así también Acabemos con
ellos de una vez (Alción, micronovela), y los libros de microrrelatos
Qué buen disfraz de leona (Micrópolis), Una mujer vuelta al revés
(Macedonia), y Nosotros somos eternos (Macedonia).

Amigos
Ildiko Nassr

Le enseñaron que eran sus enemigos. Le dijeron que no se acercara a
ellos, que debía cazarlos. Y le advirtieron que otros harían lo mismo
con ella.
Pero un día conoció a Remigio, un ratoncito de lo más
simpático, y se hicieron amigos. A él le habían enseñado que debía
odiar y temer a los gatos, como Sofi.
Ahora son mejores amigos, a pesar de las diferencias. O
precisamente por ellas.
Ildiko Nassr (Argentina, 1976).

Lo que más me gusta en el mundo son las montañas, el chocolate y el té. Amo leer, escribir y bordar. También viajar y conocer a otras personas. Tengo una hija, dos perras y dos
tortugas.

Contratiempo
César Navagómez

Juanito siempre quiso subirse a ese barco y desempeñarse como
capitán. Un día, con sus amigos, mirando la nave detenidamente,
pronunció las palabras mágicas que le enseñó su amigo el mago y
¡pummmmm!, de inmediato él y sus compañeritos lograron su tan
ansiado sueño. Se miró en la embarcación, vestido con el uniforme y
gorra anhelados.
Durante la travesía se dio cuenta de que eran perseguidos. Le
ordenó a Pedro, su jefe de máquinas, que forzara los motores al
máximo, a fin de no ser alcanzados, pero en lancha rápida, diminutos
marinos rebasaron a su pequeño barco y los abordaron. Le exigían
que pagara mucho dinero por las millas náuticas que había navegado.
Juanito no salía de su asombro, no imaginaba tener que pagar tanto
por meterse a manejar el minúsculo barco metido en una botella.

César Navagómez (México).

Profesor normalista y licenciado en Educación Física. Escribe cuento y minificción. Tiene publicados dos libros de cuento. Sus minificciones han sido incluidas en varias antologías. Ganador del Premio Latinoamericano de Literatura “Jorge Calvimontes y Calvimontes”, Bolivia, 2015.

Caja de juguetes
Queta Navagómez

Lety despierta al sentir que alguien le jala con suavidad los cabellos.
Abre los ojos y prende la lamparita. De al lado de la almohada sale un
gato diminuto. Le maravilla verlo tan bien hecho, tan blanco y negro,
tan presumido al caminar, con ese paso elegante y la cola erguida con
que se mueve entre la colcha. ¡Otro animalito que escapa de sus
sueños!, lo toma entre el dedo índice y pulgar y lo lleva a su caja de
juguetes. Hay ahí un dinosaurio bebé, un pegaso, un unicornio, todos
pequeñísimos. Tengo sueño, pero mañana jugaré con ustedes la tarde
completa, les promete. Regresa a la cama y se dispone a dormir de
nuevo.

Queta Navagómez (México).

Licenciada en Educación Física, representó a México en carreras internacionales de 800 y 1500
metros. En cuento, poesía, novela y minificción ha obtenido reconocimientos a nivel nacional. Publicada en más de 20 antologías, sus cuentos se han traducido al inglés y al francés.

Dos amigos
Laura Nicastro

Un perro y un gato muy apegados salieron de paseo. De pronto, se
enfrentaron a un peligroso arroyo engrosado por las lluvias. El perro
—que siempre fue excelente deportista— nadó hasta la otra orilla y
desde ahí le ladró a su amigo:
—¡Salta al agua! ¡No seas cobarde y salta!
El gato no quiso saltar porque es sabido que los de su especie
pueden morir si se resfrían y por eso tienen miedo de mojarse. Se
ofendió un poco con el insulto, pero se le pasó enseguida.
Poco después, cuando ambos merodeaban por una huerta,
apareció un alacrán. El gato saltó sobre el alto muro de la casa
mientras que el perro aullaba, aterrorizado, desde el suelo.
—¡Salta! —le gritó el gato.
Pero el paredón era inmenso y por más que el perro lo
intentara, jamás podría alcanzar su borde.
—¡No seas holgazán y salta! —insistió el gato.
A pesar de los insultos nacidos de la ansiedad por salvar al
compañero, ambos se reconciliaron y hasta el día de hoy siguen
paseando juntos.
Por su parte, el alacrán continuó su camino, indiferente a tanta
batahola.

Laura Nicastro (Argentina). Estudió Filosofía en la Universidad de Filosofía y Letras (UBA). Publicó libros de cuentos —Los ladrones del fuego , Premio “Arturo Mejía Nieto” (S.A.D.E.), Oyó que los pasos, Pueblos de arena, Libro de los amores clandestinos, La Tigra—; microficciones (e-Nanos, Caleidoscopio, Entre duendes y pirañas) y novelas: Intangible, Premio Municipal “Ricardo Rojas”, Jueves para siempre, Premio “Alfredo Roggiano” (Municipalidad de Chivilcoy) y Tango Brujo. lauranicastro@yahoo.com.ar

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