Rubén García García
Quizá la brizna,
recrea el estornudo
de un dinosaurio.

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Rubén García García
Quizá la brizna,
recrea el estornudo
de un dinosaurio.

Patricia Nasello, Ildiko Nassr, César Navagómez, Laura Nicastro, Queta Navagómez
La solución que cayó del cielo
Patricia Nasello
Ninguna persona ha logrado, nunca, poner la pasta de dientes dentro
del tubo del dentífrico, eso lo hacen los extraterrestres.
Aunque grandes como cualquier papá o mamá, estos
extraterrestres tienen el tamaño de una hormiga colorada. Llegaron
acá en barco, remando por el universo. Como fue un viaje largo se
cansaron mucho, entonces decidieron quedarse a vivir acá. Y como
acá teníamos el problema de los tubos y la pasta, enseguida
consiguieron en qué ocuparse.
Toman los tubos, luego los apoyan inclinados contra la pared,
trepan hasta el borde con unas zapatillas con pinches para ir
sosteniéndose y, con cucharas especiales que consiguieron en el cielo
mientras remaban, de a poco los van llenando. Cuando se hace de
noche se vuelve cada cual a su luciérnaga. Porque el lomo de esos
bichitos es la casa ideal para ellos. Cualquiera sabe que las
luciérnagas son las mejores amigas de los extraterrestres.
Patricia Nasello (Argentina, 1959). Es magíster en Escritura Creativa
por la Universidad de Salamanca (USAL). Publicó Está rugiendo otra
vez (Quarks, antología personal), como así también Acabemos con
ellos de una vez (Alción, micronovela), y los libros de microrrelatos
Qué buen disfraz de leona (Micrópolis), Una mujer vuelta al revés
(Macedonia), y Nosotros somos eternos (Macedonia).
Amigos
Ildiko Nassr
Le enseñaron que eran sus enemigos. Le dijeron que no se acercara a
ellos, que debía cazarlos. Y le advirtieron que otros harían lo mismo
con ella.
Pero un día conoció a Remigio, un ratoncito de lo más
simpático, y se hicieron amigos. A él le habían enseñado que debía
odiar y temer a los gatos, como Sofi.
Ahora son mejores amigos, a pesar de las diferencias. O
precisamente por ellas.
Ildiko Nassr (Argentina, 1976).
Lo que más me gusta en el mundo son las montañas, el chocolate y el té. Amo leer, escribir y bordar. También viajar y conocer a otras personas. Tengo una hija, dos perras y dos
tortugas.
Contratiempo
César Navagómez
Juanito siempre quiso subirse a ese barco y desempeñarse como
capitán. Un día, con sus amigos, mirando la nave detenidamente,
pronunció las palabras mágicas que le enseñó su amigo el mago y
¡pummmmm!, de inmediato él y sus compañeritos lograron su tan
ansiado sueño. Se miró en la embarcación, vestido con el uniforme y
gorra anhelados.
Durante la travesía se dio cuenta de que eran perseguidos. Le
ordenó a Pedro, su jefe de máquinas, que forzara los motores al
máximo, a fin de no ser alcanzados, pero en lancha rápida, diminutos
marinos rebasaron a su pequeño barco y los abordaron. Le exigían
que pagara mucho dinero por las millas náuticas que había navegado.
Juanito no salía de su asombro, no imaginaba tener que pagar tanto
por meterse a manejar el minúsculo barco metido en una botella.
César Navagómez (México).
Profesor normalista y licenciado en Educación Física. Escribe cuento y minificción. Tiene publicados dos libros de cuento. Sus minificciones han sido incluidas en varias antologías. Ganador del Premio Latinoamericano de Literatura “Jorge Calvimontes y Calvimontes”, Bolivia, 2015.
Caja de juguetes
Queta Navagómez
Lety despierta al sentir que alguien le jala con suavidad los cabellos.
Abre los ojos y prende la lamparita. De al lado de la almohada sale un
gato diminuto. Le maravilla verlo tan bien hecho, tan blanco y negro,
tan presumido al caminar, con ese paso elegante y la cola erguida con
que se mueve entre la colcha. ¡Otro animalito que escapa de sus
sueños!, lo toma entre el dedo índice y pulgar y lo lleva a su caja de
juguetes. Hay ahí un dinosaurio bebé, un pegaso, un unicornio, todos
pequeñísimos. Tengo sueño, pero mañana jugaré con ustedes la tarde
completa, les promete. Regresa a la cama y se dispone a dormir de
nuevo.
Queta Navagómez (México).
Licenciada en Educación Física, representó a México en carreras internacionales de 800 y 1500
metros. En cuento, poesía, novela y minificción ha obtenido reconocimientos a nivel nacional. Publicada en más de 20 antologías, sus cuentos se han traducido al inglés y al francés.
Dos amigos
Laura Nicastro
Un perro y un gato muy apegados salieron de paseo. De pronto, se
enfrentaron a un peligroso arroyo engrosado por las lluvias. El perro
—que siempre fue excelente deportista— nadó hasta la otra orilla y
desde ahí le ladró a su amigo:
—¡Salta al agua! ¡No seas cobarde y salta!
El gato no quiso saltar porque es sabido que los de su especie
pueden morir si se resfrían y por eso tienen miedo de mojarse. Se
ofendió un poco con el insulto, pero se le pasó enseguida.
Poco después, cuando ambos merodeaban por una huerta,
apareció un alacrán. El gato saltó sobre el alto muro de la casa
mientras que el perro aullaba, aterrorizado, desde el suelo.
—¡Salta! —le gritó el gato.
Pero el paredón era inmenso y por más que el perro lo
intentara, jamás podría alcanzar su borde.
—¡No seas holgazán y salta! —insistió el gato.
A pesar de los insultos nacidos de la ansiedad por salvar al
compañero, ambos se reconciliaron y hasta el día de hoy siguen
paseando juntos.
Por su parte, el alacrán continuó su camino, indiferente a tanta
batahola.
Laura Nicastro (Argentina). Estudió Filosofía en la Universidad de Filosofía y Letras (UBA). Publicó libros de cuentos —Los ladrones del fuego , Premio “Arturo Mejía Nieto” (S.A.D.E.), Oyó que los pasos, Pueblos de arena, Libro de los amores clandestinos, La Tigra—; microficciones (e-Nanos, Caleidoscopio, Entre duendes y pirañas) y novelas: Intangible, Premio Municipal “Ricardo Rojas”, Jueves para siempre, Premio “Alfredo Roggiano” (Municipalidad de Chivilcoy) y Tango Brujo. lauranicastro@yahoo.com.ar

Tomada de fb en amantes de la ortogrfía
LOS EUFEMISMOS EN ESPAÑOL
El “eufemismo” es una “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Suele referirse a realidades sexuales, fisiológicas o realidades tristes, que por «delicadeza» evita
pronunciarse. Estas realidades suelen denominarse “tabúes”.
Según Manuel Seco, los eufemismos suelen ser nombres con semejanza con lo designado o nombres cuyo sentido propio es más vago que el sentido de la realidad a la que designan.
Todo esto se hace por intentar conseguir un “lenguaje políticamente correcto”.
Algunos ejemplos de eufemismos que se utilizan hoy en día son:
Si se extiende mucho el uso de un eufemismo, deja de funcionar como tal y pasa a ser un sinónimo.
Manuel Seco lo ilustra perfectamente con este ejemplo:
Para morir se buscó un eufemismo en “fallecer”, cuyo significado era solo el de “faltar”. Cuando fallecer se redujo al sentido único de “morir”, dejó de funcionar como eufemismo para ser un sinónimo de “morir”.
Aquí se usa mucho en tono serio y oficial: Fulano “descansa en paz”, “partió a la casa del Señor” o “descansa en la paz del Señor”.
En forma coloquial y hasta jocosa decimos: “colgó las tenis”, “patió el balde”, “se fue para el otro potrero”, “cantó viajera”, “se lo llevó la pelona” y otras.
Nótese que algunos eufemismos pueden resultar más ofensivos que el propio término original y castizo, como ocurre con “persona de color” y “persona de raza negra”, sobre todo en aquellos casos en los que se tenga en mente el ser negro/a como algo malo o de lo que hay que avergonzarse.
Sé que en otros países habrá muchos y distintos eufemismos pero también que compartimos varios.
Saludos cordiales desde Alajuela, Costa Rica.
Domingo, 27 de diciembre del 2020.
De la antología » O dispara usted o disparo yo»
Testigo
—¿Está seguro de lo que vio?
Grimaldi husmea el ambiente como un capitán atento al mar
agitado. Percibiendo al acechador, descubre a sus pies un gato
escuálido, ansioso por lamer el charco oscuro que brilla sobre la
calzada. Un suave puntapié basta para ahuyentarlo.
A través del humo del cigarrillo, los ojos del detective
magnifican la decadencia del edificio. Pone en duda la historia de que
treinta y ocho personas, todas habitantes de aquellos raídos bloques de
concreto, ignoraran sin reparo los gritos de la víctima.
—Así fue —contesta la miniatura de hombre que tiene al frente.
Sus dedos frotan, unos contra otros, ávidos gusanos peleándose la
carroña—. Parecían títeres siniestros, escondidos detrás de las cortinas.
Todos oyeron a aquella pobre mujer suplicar por su vida. Pero una a
una las ventanas se apagaron, así sin más.
—Tanta indolencia… —dice Grimaldi— es inconcebible.
Estamos en el medio de Queens. ¡Estamos en Nueva York por Dios!
—¡Créame, detective! Durante una hora vi sus ojos de
terciopelo derretirse, rotos por el dolor y la indiferencia.
—Ajá… Dígame, si estaba tan cerca de la víctima, ¿por qué no
hizo nada?
Una corriente helada susurra la respuesta. Abriendo la gabardina
sin respirar, Grimaldi lleva la mano hasta su pistola. Como tímidas
luciérnagas, las ventanas cobran vida. Destellos vibrando al son de los
truenos. Antes de que la noche termine de engullirlos, treinta y ocho
testigos volverán a negarlo todo.
Melanie Márquez Adams creció en la costa
ecuatoriana. Su obra ha sido antologada en Narrativa de autores
sudamericanos (Chicago, 2017), Latinoamérica en breve (México, 2016), Poets
in the Anzaldúan Borderlands (San Francisco, 2016), Todos contamos
(Miami, 2016), entre otros. Sus relatos y crónicas han aparecido en
diversos medios impresos y digitales. Melanie reside actualmente en la
región sureña de los Montes Apalaches y es profesora de español en
East Tennessee State University.

Antología organizada por Chris Morales y José Luis Ortiz Soto
Zoológico
Fabiola Morales
Siempre me fascinaron los zoológicos. Deseaba tocar a todos los animales y correr a un lado de las cebras, leones y jirafas. Me gustaba pasar horas viéndolos a los ojos e intentar hablar con ellos. Los monos me observaban con la misma curiosidad que lo hacía yo sobre ellos mientras el azúcar de los algodones azules se colaba a mis dientes como los sonidos de aves en sus jaulas. Nunca pensé en los
sentimientos de los animales hasta aquel domingo de sol radiante que a través del cristal el mono araña colocó su mano sobre la mía. Ahora soy yo el que observa correr a los niños con sus dulces en mano mientras me cuelgo de esta rama artificial. Estoy en espera del niñoque quiera conmigo dialogar.
Fabiola Morales Gasca (México). Es autora de los poemarios Para
tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014) y Crónicas sobre Mar, Tierra y
Aire (2016). Libro de minificción El mar a través del caracol (2017) y El
niño que le encantaban los colores y no le gustaban las letras (2018).
Su trabajo está seleccionado en varias antologías en España,
Paraguay, Chile, Colombia y México. Actualmente estudia la maestría
en Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana.
Mi hermano menor
Luis Ignacio Muñoz
Todo comenzó cuando conté a los amigos del barrio que mi hermanito podía alcanzar las estrellas y a veces estiraba sus manos para atraerlas y comérselas. También les conté que le gustaba pastorear elefantes que caminaban solos por la luna y devorar los duraznos que
cultivaba nuestro padre en el paraíso. Esto los hacía reír mientras se reunían a escuchar y se llamaban por señas a que vinieran pronto, antes que terminara de contar lo último que había hecho con los gatos salvajes que eran más grandes que los tigres y se alimentaban de nubes de algodón dulce que venden en el parque. Hasta cuando empezaron a decirme que querían conocerlo, que pidiera a mis padres que lo dejaran salir. Insistía que esto no era posible, pues él era una invención mía para tener qué contarles todos los días, y tampoco me creyeron.
Luis Ignacio Muñoz (Colombia). Escritor y tallerista. Es autor de los
libros Reloj de aire, 2006; Cuentos para rato, 2014; Inocencia de la
noche, 2016. Varios de sus cuentos han aparecido en revistas y
antologías de autores regionales y algunas internacionales como
Brevilla, Chile, e-kuóreo, El Espectador, Colombia, Piedra y nido,
Argentina, Letras de Chile, Ikaro, Costa Rica, Delatripa, Nocturnario,
Fantastique, México. Administra el blog Letras Itinerantes.
Desventuras de un dragón
Diego Muñoz Valenzuela
El dragón resopló con intensidad antes de emprender, muy desmañadamente, la carrera requerida para el vuelo. Sus pequeñas alas membranosas se pusieron en máxima tensión para sostener el cuerpo de la bestia. Tropezó y se produjo un crujido similar al de una embarcación sometida al imperio de una tormenta feroz. Rodó por el suelo en forma lamentable. Los niños aplaudían a rabiar, chillando de gozo ante el risible espectáculo. El monstruo intentó emitir una llamarada para impresionarlos, pero apenas logró exhalar una débil vaharada de humo. Más que un rugido, emitió un sonido análogo a un sollozo. Finalmente optó por desempolvarse con una sacudida y agradecer los aplausos con una venia. Así inició su trayectoria de comediante.
Diego Muñoz Valenzuela (Chile, 1956). Ha publicado catorce libros
de cuentos y microcuentos y seis novelas. Cultor de la ciencia ficción y
del microrrelato. Ha abordado en profundidad el periodo de dictadura
militar. Libros suyos han sido publicados en España, Croacia, Italia,
Argentina, Perú y China. Cuentos traducidos a diez idiomas. Premio
Mejores Obras Literarias 1994 y 1996. En 2011 fue seleccionado como
uno de los 25 “secretos literarios a la espera de ser descubiertos” por la
FIL de Guadalajara para celebrar sus 25 años de existencia
Por las montañas
se escuchan los relinchos,
¿Jinetes en el cielo?

Rubén García
García
2021
Murió la perra
Pero ya ladra el perrito.
¿Y… morderá?

Feliz año 20021
Ayer pasó con bastón y morral el vidente Tiresias; me dio un manojo de hierbas. Me abrazó. “buen viaje”, me dijo. Un mes después, evité la cárcel del inframundo frotando el olor de la santa malva con la piel cérea de ella y con la mía…con dos tablas inmovilicé su cuello y la mantilla sobre la testa y bien sujeta a la quijada. ¡A dónde vas! le gritaron y ella por instinto quiso mover el cuello, y no pudo. La empujé hacia la salida y corrimos. Ella florecía en lágrimas y sonrisas al abrazar a sus hijos.

Rubén García García
Cae granizo.
Blanco se hizo el maizal
en la sabana.

Antología realizada por Chris Morales y Jose Luis Ortiz Soto
El niño y la luna
Juan Manuel Montes
Un niño se enamoró de la luna, de su sonrisa y de su cara redonda. El
niño, antes de dormirse siempre abre la ventana de su habitación para
verla viajar entre las estrellas.
Desde que su mamá subió al cielo, el niño duerme con gotas de
tristeza en sus ojos. Pero, sin que nadie lo sepa, todas las noches la
luna baja con sus pies traslúcidos a la habitación del niño. Camina
hasta la cama y lo arropa con las colchas. Antes de volver al espacio,
ella siempre le da un beso en la frente al niño dormido y se lleva todas
las lágrimas para acomodarlas como estrellas en el cielo.
Por las mañanas, el niño, cada vez despierta más feliz.
Juan Manuel Montes (Argentina, 1984). Profesor de Grado
universitario en Lengua y Literatura por la UNCuyo, especialista en
Escritura y Literatura y diplomado en corrección de textos (ortográfico
y de estilo). Ha publicado La soledad de los héroes (2008), Relatos
desde Liliput (2012), Márgenes de la microficción (2018), Manojo de
palabras (2018), Abrevedero (2019) y Modo Flash (2020). Sus textos
aparecen en diversas antologías de Argentina, Chile, Perú, España y
México.
Mónica A. Montoya (Delirio Oscuro)
Carlitos se mudó de casa junto con su madre y su hermana mayor.
Pese que tenían cerca un parque bien resguardado y donde jugaban
muchos niños, el cambio le resultó difícil y pasaron varios días sin que
se sintiera cómodo para formar alguna amistad. Un día, mientras
volvía de la escuela tomado de la mano de su hermana, vio a un niño
parado frente a su puerta, llevaba una pelota y le hizo señas para que
se pusieran a jugar. Carlitos se sintió entusiasmado.
—¿Puedo ir a jugar? —preguntó a su hermana que tenía la
nariz pegada al celular.
—Ajá… —dijo mientras sonreía a la pantalla—. ¡No vayas más
allá del parque!
—¡Sí!
Carlitos jugó toda la tarde con su nuevo amigo. Los demás se
habían marchado, pero por aquí y por allá aún permanecían las risas,
los brincos y los pataleos de los dos infantes.
Su hermana salió en su búsqueda y, cuando lo encontró,
confundida preguntó:
—¿Con quién juegas?
—Con mi nuevo amigo.
La hermana abrió como “O” la boca, de un brinco tomó a
Carlitos y salió corriendo de vuelta a casa, dejando atrás una pelota
que flotaba sola en el aire.
Mónica A. Montoya (Delirio Oscuro) (México). Estudió la licenciatura
de Creación Literaria en la UACM. Además de las letras, le gusta el
dibujo y la ilustración por lo que crea y fomenta la narrativa gráfica. Ella
es una persona que le gustan los temas tabúes, la fantasía, el terror y el
misterio; por ello busca plasmar sus pasiones dentro de su obra.
Un regalo para no olvidar
Chris Morales
Joel no entendía, ni siquiera escuchaba, la petición de su mamá: “No
agarres a esos gatos porque tienen pulgas”. Una tarde al volver de la
escuela, su corazón casi se detuvo al enterarse que su papá había
llevado al albergue para animales a los tiernos gatitos que rescataron
de la calle. Su tristeza desapareció cuando, al rascarse uno de los
varios granitos que tenía en el cuerpo, atrapó una pulga: Joel supo que
se la habían dejado los mininos como recuerdo de su fugaz amistad.
Ahora piensa crear un circo de pulgas que actúen para sus
amigos.
Chris Morales (México). Escritor de textos dramáticos, cuentos y
microficciones. Ha publicado en diversos sitios de internet y revistas
electrónicas. Dos de sus obras de teatro fueron galardonadas por la
Asociación de Periodistas Teatrales en el 2007 y 2016. Actualmente
estudia en la UACM la carrera de Creación literaria y combina las letras
con las artes escénicas en la CAM JADEvolucion-arte A.C.


Cuánto de ti soy árbol…o tierra, tus ojos,cuánto sol, río, tu silenciorefracción, átomo, canto. Qué parte de mí es proclive a lo ancestral, ¿una mano?la tristeza… Qué vida nocturname siguió del día al bar…todo cuanto de ti soy,encanto, deseo a ciegas. B.O,M Con este poema quiero cerrar el año 2020, deseando los mejores parabienes a cada […]
Cuanto de ti soy — UNA LUZ MÁS
El frío con lluvia envolvía los huesos. “los fósforos se humedecen, así nadie los compra”, —decía la niña que los vendía en la calle. Pasó un gordo de barba blanca, la cargó. Los noticieros de última hora videograbaron. De regalo le dio un encendedor. “Esto te durará más“ y se fue silbando “Blanca navidad”

José Manuel Ortiz Soto
Floración
Despertó sobresaltada. Soñó que iba desnuda por la calle, seguida por una turba de chicos, colibríes e insectos. «¡Qué locura!», se dijo ante lo inverosímil de la historia y entró a la ducha. Mientras el agua removía los últimos remanentes del sueño, vio como al contacto de sus manos jabonosas, los minúsculos botones de sus senos comenzaban a abrirse.
Esa mañana, camino a la escuela, Diana exhibía orgullosa sus fragantes alcatraces.
Crucero
Para Beto Gómez, mimo
Era maestro en el arte de comunicarse sin palabras. En noventa segundos, los automovilistas veían transcurrir ante ellos escenas tomadas de la vida misma. La actuación terminaba cuando el mimo recogía del piso una mochila inexistente, decía adiós al público imaginario y echaba a andar por un camino que iba construyendo a cada paso, seguido por la verde mirada del semáforo.
Vacaciones de verano
—No hace mucho, yo era un niño que jugaba en el atrio de la iglesia del pueblo. Las amplias jardineras servían de campos de futbol o de coliseo donde dirimíamos nuestras diferencias a golpes. De las imágenes que mi mente conserva, destacan unas donde estoy sentado en la horqueta de un fresno. Abajo, junto a la calzada, mis amigos patean una pelota. De pronto, alguien señala a una lagartija que sube a toda velocidad por el tronco del árbol. Antes de que yo pueda hacer nada por apartarme, el reptil entra en una manga de mi pantalón. Mezcla de horror y repugnancia, chillo y me contorsiono hasta que el bicho cae al piso. «¡Te ha mordido un nahual!», me dice una mujer vestida de luto al pie del fresno; en su voz tortuosa advierto una sentencia. Creo que así fue como me convertí en lagartija. —Ay, mi amor, en realidad eres una vieja cámara fotográfica en desuso. Las imágenes que me describes se quedaron grabadas entre tu juego de espejos y el obturador.
Ausencia
Como cada tarde, al volver de la escuela, la niña se detiene frente a la puerta entreabierta de aquella habitación.
—Anda, ve y cuéntale a tu mamá cómo te fue hoy —ordena la abuela.
Dubitativa, la chiquilla atraviesa el cuarto repleto de aparatos y oloroso a medicinas. Deja caer la mochila en el suelo y se acerca a la cama.
—¡Tú no eres mi mamá! —solloza al rozar con los labios el rostro inexpresivo y ausente de la mujer allí postrada. Luego, incapaz de soportarlo más, la niña sale corriendo de aquel lugar.
Bandeja de plata
Cubierta apenas por la transparencia vaporosa del velo de seda, Salomé se contonea grácil y sensual. Percibe su cuerpo mancillado por miradas desbordadas de deseo, manos ávidas que la alcanzan y se funden al contacto con su intimidad; siente el fuego de la lengua que lame persistente su entrepierna. «¡Juan!», gime entre la marejada de contracciones que la inunda. Un rato después, Herodes, el viejo lebrel afgano que rompiera el cuello a su difunto esposo, devora complacido la doble ración de croquetas.


Sucedió en los Estados Unidos.La casa de Mr. White eran muy hermosa. Todo en ella era de excelente gusto. Solo algo opacaba su reluciente belleza: un atrevido ratón irrespetuoso, que más de una vez asustó y puso iracundo al flemático dueño de la propiedad.La osadía de horadar el pastel de queso en la sala del […]
“Al ratón le gusta el queso” / Por: José Luis Yépez Sosa — Los escribas
Llueven paraguas
en las calles de Huaya.
Va y viene el viento.