- ¿Cuándo una historia es mínima? ¿Cuándo lo mínimo cuenta
una historia? Estas podrían ser preguntas pertinentes, aunque no
siempre lo pertinente es buen compañero cuando lees un texto
literario. Aceptemos el pacto y comencemos el juego. - La microficción en el siglo XXI ha encontrado un lugar natural
en el ciberespacio. Si antes los editores se resistían para llevar al
papel estos escritos, para privilegiar la publicación de cuentos y
novelas, las distintas plataformas digitales han ampliado por mil
(o más) estas posibilidades. - Llegada la pandemia, gran parte de nuestras vidas, más que
nunca, se concentró en el mundo virtual; en un mundo en el que
la microficción ya había colocado su bandera para delimitar territorios y establecer colonia. - Se delimita un territorio genérico, pero al mismo tiempo la
globalización también hace lo suyo y diluye linderos nacionales. - ¿Existe, por ejemplo, una microficción peruana distinta a la
microficción argentina o mexicana? ¿Y si fuere el caso, dónde reside la diferencia? Yo creo que no hay una diferencia por nacionalidades. Pero diferencias existen, y muchas, tantas como autores
hay. Pero tantas, que podemos hablar de una comunidad de la
diferencia. - Por supuesto, siempre hay alguien que quiere poner orden, incluso cuando no queremos que haya orden. Están los críticos, los
investigadores, los profesores universitarios, los propios escritores
(y los que son todo a la vez, que son muchos –yo, por ejemplo–).
Y están las antologías. - Para entender una antología, me valgo de un símil. Una cosa
es una fiesta a la cual invitas a tus amigos que les encanta bailar,
que son magistrales incluso, y otra una reunión de los mejores
Historias mínimas │ 10
bailarines. El segundo puede ser muy instructivo, ser espacio de
muestras de talento y creatividad, etc., pero no deja de ser un
evento. El primer caso, en cambio, nunca deja de ser una fiesta, y
todos la pasan muy bien. - ¿Te gustan las fiestas o te gustan los eventos?
- Pero las alternativas no se agotan en ese símil. Hay antologías
que buscan una tercera vía: un evento festivo. - Dendro Ediciones ha optado por esta tercera vía en Historias
mínimas. Reúne escritores de variadas trayectorias y de merecido
espacio a nóveles autores. - (Relean el punto 5). Por una cuestión de orden (relean el punto 6), apuntaré algunas constantes halladas en esta comunidad
de la diferencia y que justifican, a mi criterio, este evento festivo
(relean el punto 9, solo si tienen mala memoria). - Es innegable que vivimos en una época de paradigmas alterados. Por lo tanto, las preguntas, desde la narración, no son
fórmulas retóricas o de estilo. Efectivamente, encontramos en esta
colección microficciones cuyo hilo narrativo integra la reflexión a
estos cuestionamientos. Dicho de otro modo, textos que buscan
establecer la relación acción-pensamiento. En algunos casos, plantear la pregunta es el gran logro. En otros, plantear o sugerir conclusiones, también son alternativas válidas desde la ficción breve. - Estas Historias mínimas no eluden el compromiso social, tampoco sacrifican su estética por esos nobles fines. Sus autores saben
que en el siglo XXI la palabra impresa o virtual sigue sacudiendo
conciencias. La microficción, en su eficacia estética, nos devuelve
a un mundo que creemos conocer, pero que en realidad no hemos
sabido observar. - Podría pensarse que por oposición al punto 13, sobre los nuevos compromisos sociales, tocaría ahora hablar de las posibilidades de lo fantástico. En verdad, muchas microficciones de este libro, desde la estrategia de las rupturas de lo mimético (entiéndase
momentáneamente por realidad), crean espacios diversos donde
la crítica y el cuestionamiento no son ajenos. Estas microficciones
Historias mínimas │ 11
fantásticas no solo interpelan al lector, sino también a la lógica del
propio texto. - En este punto destaco también aquellos textos de este libro
que buscan implosionar el lenguaje para crear una nueva dinámica discursiva. Y lo realizan con estrategias lúdicas, con una fuerte
carga de ironía y humor. - Por supuesto, las microficciones metadiscursivas del punto
15 tampoco abandonan la posibilidad de las referencias metaliterarias. Este recurso, aclaremos, es frecuente en el mundo de la
minificción, sin embargo, por ello mismo, el reto de efectividad
es cada vez mayor. - Otra de las variantes de la microficción que muestra esta selección de Historias mínimas es la predominancia del lirismo. Y
no me refiero solo al empleo de imágenes sugerentes o un regodeo
en el ritmo de la prosa; me refiero a la articulación de una trama
desde una perspectiva lírica, que se permite, incluso, sacrificar el
conflicto para alcanzar sus fines. - Que quede claro que estas distinciones no son excluyentes. Se
pueden hacer todas las combinaciones y mezclas posibles desde el
punto 12 al punto 17, y el resultado será hallado en este amplio
muestrario creativo. - La proporcionalidad de textos y autores por países también
puede ser un dato atendible. Podría indicar la mayor o menor
frecuencia en la práctica de este género. En ese caso, según esa
proporción, Perú está a la cabeza. O podría significar que las comunicaciones por casa son más nutridas, lo cual nos devuelve al
punto 9. Entonces, ingresemos a este evento festivo. - Ricardo Sumalavia podría estar equivocado desde el punto 1
al 19, pero bien lo dice el maestro Augusto Monterroso: «Cuando
sientas duda, cree; cuando creas, duda».
Ricardo Sumalavia
Lima, octubre de 2020
De sirenas de Rubén García García
poesía japonesa
¿Cuánto darían
por traer zapatillas
las sirenas ?

Incisiones, minis, de Lorena Escudero
Minificcionista y Dra en física
Despertar*
1
DONDE TERMINA el mundo, comienzan tus pestañas. Y allí, un
segundo después, la luz.
Nota del editor: Este texto fue publicado en Microtextualidades. Revista Internacional de Microrrelato y Minificción, Nro. 4, 2018. Lorena Escudero 10 Implosión
2
ES CIERTO QUE el inmenso colisionador produjo diminutos
agujeros negros. Pero no fue eso, no. Tras su hallazgo, los físicos
teóricos alumbraron una avalancha de hipótesis, los
experimentales extrajeron aludes de datos para probarlas o
refutarlas. Y no solo eso. Ingenieros estudiando métodos
alternativos de calibración de la electrónica, matemáticos
desarrollando nuevas fórmulas, estadísticos revisando los
modelos para el análisis, divididos en frecuentistas y bayesianos y
bayesianos con afinidad frecuentista. Todos participamos en la
propagación de mundos a partir de detalles del mundo, cada vez
más complejos y prolíficos en artículos y conferencias. También
los humanistas, debatiendo las intrincadas conexiones entre los
científicos y sus cosmos. Sociólogos investigando cada rivalidad
pre y post descubrimiento, historiadores reflexionando sobre su
marco temporal. Incluso los poetas, y ellos fueron los peores,
dando rienda suelta a universos cada vez más lejanos del original.
Hasta que la presión fue insoportable. Fue así como finalmente
destruimos el mundo.
Nota del editor: Este texto fue publicado en Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana, Nro.11, Vol. 3, 2019. Incisiones 11 Mareas
3
EL HOMBRE que me visita no es un verdadero pescador. Lo sé
por el modo en que recoge las conchas de mi orilla y se sumerge
con ellas sobre la palma de su mano. Pero tiene la intuición de
buscarme en los momentos de marea baja, que le aseguran
incursiones profundas. Bromea cuando encuentra los trozos de
botella que con el tiempo pulo como si fueran gemas. Cuando se
aleja siempre lo hace con la resaca de regresar a mí. Supongo que
mi sal le cura alguna herida que no confiesa, y yo me lleno de algas
en su ausencia.
Nota del editor: Este texto fue publicado en Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana, Nro.11, Vol. 3, 2019. Lorena Escudero 12 Los campos de batalla
4
ALGUNAS VECES su casa, claro, porque a los dos nos gusta ese
juego de invasión y dominio, tener la seguridad de tus toallas y tu
champú, las cerillas que compraste la semana pasada a mano.
Dejar que después falten algunas. Otras veces mi apartamento,
introducirla en mis reglas y mi orden, donde las cosas son del
color que me gusta, donde yo elijo el aroma de las velas. Dejar
que predomine su perfume después. También terreno neutral:
ciudades nuevas para ambos, habitaciones de hotel, tácticas y
estrategias para conseguir el poder, el lado preciso de la cama, la
elección del menú. Es importante mantener el equilibrio y evitar
acorralamientos, como visitas familiares o cenas en casas de
amigos. Trabajar para que cada rincón sea finalmente parte de un
inmenso campo de batalla: un cepillo de dientes, una camiseta
olvidada, fotografías, sábanas compradas juntos, cajones
compartidos. Y librar un día la batalla perfecta, la total rendición
mutua.
Nota del editor: Este texto fue publicado en Quimera. Revista de Literatura, Nro. 382, 2015, y en Los pescadores de perlas. Los microrrelatos de Quimera, de Ginés Cutillas, 2019. Incisiones 13 Calipso
5
CADA CIERTO TIEMPO algún Ulises sigue varando en mis orillas.
No cuesta arrastrarlos hasta mi cueva, alejarlos de sus barcos y de
sus esposas. No cuesta olvidar sus nombres. El mar borra sus
huellas al partir. Las olas infinitas ahogan sus voces y liman sus
rostros. A nadie oculto el secreto de la inmortalidad: perded
vuestra memoria ante el mar.

Ha ganado concursos en ambos géneros y participado en numerosas revistascomo “Microtextualidades” (España), “Quimera” (España), “Plesiosaurio” (Perú), “Atril” (España), “Salamanca Letra Contemporánea” (España), “Cita en las Diagonales” (Argentina) y “TheNextReview” (Londres). Sus letras han aparecido en blogs (“Las afinidades electivas” y “La Nave de los Locos”)y están incluidas en varias antologías: “Los pescadores de Perlas” (editorial Montesinos, España), “Futuro Imperfecto” (Ed. Clara Obligado, España), “Hokusai” (Revista Brevilla, Chile) y “Resonancias” (BUAP, México).
Tiene publicados los libros de microficción“Negativos” (Torremozas, Madrid, 2015), “Formulario” (La tinta del Silencio, México, 2019) e “Incisiones” (Quarks Ediciones Digitales,Perú, 2020).
“Negativos”, su primer libro de microficción, construye una analogía con la fotografía, con el «instante congelado» que nos da las claves, o las muestra apenas, de una historia más amplia y compleja. Textos que se han traducido al inglés o al griego, componen cuatro partes principales: de repentina ficción, que recoge los microrrelatos más lúdicos, que juegan tanto con el lenguaje como con otros géneros; de locuras y terrores, con historias de terror; de engendros y níspuras, microrrelatos intertextuales: revisión e inversión de bestiarios, relatos clásicos y mitos; de pérdidas, en los que dominan la identidad y las relaciones amorosas.
“Formulario”, nos cuenta, nació de la inquietud, y unión, de sus dos grandes pasiones: la escritura y el efecto sobre la misma por su formación científica. Libroobjetode la colección Minitauro, en forma de original y diminuto acordeón, combina ficción con fórmulas y conceptos físicos y matemáticos.
“Incisiones” es una mini antología heterogénea que recoge textos publicados en diversos blogs y revistas; y puede descargarse gratuitamente, para que se animen a leerla, en el siguiente link: https://quarksedicionesdigitales.wordpress.com/2020/04/04/incisiones/.
Avión de una sola hélice de Rubén García García
Minificción
Estuve a un instante de proponerte matrimonio. Apretaba con mi mano la tuya y cuando estaba a punto de hacerlo recordé tu carácter firme de ser tú. Con tiento deslice mi mano, y haciendo que saludaba un conocido, rompí el momento comentándote “asi que no te gusta la nieve combinada” En el audio se escuchaba la canción “nosotros”
2Mario Morales y Marilyn Herbert1 comentarioMe gustaComentarCompartir

Pequeficciones de: JUlia Otxoa, Gemma Pellicer y Luis Bernardo Pérez
Antología organizada por Chris Morales y José Luis Ortiz soto
España, España y México
Escena de caza
Julia Otxoa
El señor Saavedra desconectó su cerebro y seguidamente encendió el
móvil, la tablet y la televisión. En menos de un segundo las tres
pantallas se disputaron su atención, hasta el punto de que en los
desesperados esfuerzos de cada una de ellas por atraparlo en
exclusiva, cual encarnizada pelea entres cazadores, por conseguir la
pieza abatida, tiraron con fuerza del cerebro desconectado del señor
Saavedra hasta desgarrarlo y dejarlo como un puro despojo, que cada
día busca encontrar algún rastro, alguna huella de sí mismo en cada
una de las tres pantallas que fiel conecta cada mañana.
Julia Otxoa (España, 1953 ). Poeta, narradora y artista visual. Su obra
con más de treinta títulos publicados en poesía, narrativa y narrativa
infantil, ha sido traducida a varios idiomas e incluida en diferentes
antologías de poesía, poesía visual y microrrelato. Su libro de
microrrelatos más reciente Confesiones de una mosca (Menoscuarto,
Palencia, 2018). http://www.juliaotxoa.net
El gigante y la niña
Gemma Pellicer
El gigante y la niña pasean de la mano como cada tarde. A ambos les
gusta seguir el sendero que corre junto al río y contemplar, desde lo
alto del camino, el pueblito en el que viven.
GIGANTE: ¿Has visto?, le dice señalando el vuelo rasante de una
golondrina que les sale al paso.
NIÑA:Sí.
Al cabo de media hora de paseo, llegan a la cima y deciden descansar
un rato antes de coger el camino de vuelta a casa. El gigante tiene las
manos grandotas y las espaldas muy anchas. La niña, una sonrisa
redonda y brillante como un sol.
GIGANTE: ¿Te ha gustado el paseo?
NIÑA:Sí.
GIGANTE: ¿Yno te has cansado esta vez?
NIÑA: No.
GIGANTE: ¿Querrás que volvamos entonces mañana?
NIÑA:Sí.
El gigante y la niña contemplan los últimos rayos de sol, antes de que
éste se esconda definitivamente, según tiene por costumbre. A la niña
no le importa que el gigante sea feúcho y grandullón. A lo lejos, las
chimeneas empiezan a humear.
Gemma Pellicer (España, 1972).
Es licenciada en Filología Hispánica
y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja
como editora de textos de ficción y es profesora en el Ateneo de
Barcelona. Cultiva la crítica literaria en las revistas Quimera y Turia.
Tiene en su haber dos libros de microrrelatos: La danza de las horas
(Eclipsados, 2012), al que pertenece este microrrelato, y Maleza viva
(Jekyll & Jill, 2016), y en prensa su primer libro de aforismos, Medidas
extremas (Renacimiento, Sevilla).
Transformaciones
Luis Bernardo Pérez
La flauta se transformó en canario, el clarinete en pato, el tambor en
oso, el contrabajo en elefante y la tuba en una serpiente pitón que, ante
el azoro del público, estuvo a punto de ahorcar al ejecutante. Y todo
porque el director, desesperado por la falta de progresos de la
orquesta, se le ocurrió sustituir la batuta por una varita mágica.
Luis Bernardo Pérez (México, 1962). Es escritor, periodista y editor.
Ha publicado 15 libros de relatos, una novela y un manual de escritura.
Escribe para niños, jóvenes y adultos. Entre los galardones que ha
obtenido están: el Premio Nacional de Cuento “Efrén Hernández”, el
Premio Nacional de cuento “Juan José Arreola” y el Premio de Novela
Juvenil “Gran Angular”.

Vamos al colegio de Fernando Iwasaki
Peruano
Como todas las mañanas, he vestido a los niños y los he colocado en el asiento trasero para que sigan durmiendo. Enciendo el coche y el motor se va calentando, desentumeciendo. El invierno es crudo y prefiero no abrir la ventana para que los niños no pasen frío. Corro a la cocina a preparar sus bocadillos y no hay mantequilla, el queso también se ha terminado y tengo que abrir una lata de atún. Cuando encuentro el abrelatas ya se nos ha hecho tarde. Corro al garaje. Apenas puedo respirar. Los niños no se despiertan.
Poesía Japonesa
Rubén García García
Está lloviendo.
Y las hojas de la hierba
se zarandean.

O dispara usted o disparo yo: Antología de Lilian Elphick, autores Judith castañeda, Luis A. chávez, Gerardo farías.
Judith Castañeda Suarí. Luis Alberto Chávez Fócil
Judith Castañeda
Líneas de investigación
Aquí está el arma homicida, detective, dijo la voz, y unos dedos
de raso blanco depositaron sobre la mesa la calibre 22 que desapareció
de la escena del crimen. Mientras aferraba la culata, la mano envuelta
en un pañuelo, intenté recordar dónde había escuchado aquella voz un
poco rasposa, como de enferma de la laringe.
La he oído antes, pensé. Al levantar la vista me encontré con
unos retazos arrancados a la oscuridad por el foco. La mitad de una
boca rojísima, unas hebras negras, la solapa de un abrigo, el sombrero
cubriendo unos ojos castaños, o eso imaginé.
Se trataba de una desconocida. Pero su voz, ¿de dónde?
Lo supe después, cuando ya no tenía conmigo el arma, cuando
en la División de Homicidios cotejaban mis huellas dactilares con las
de la culata, que eran idénticas. Una noche soñé con aquella mujer. ¿Es
seguro, alguien se habrá dado cuenta?, me dijo entonces, al tomar la
pistola como si la amortajara con sus guantes. Le contesté que nadie,
que la música había cubierto el disparo, y ella se fue para dejarme a
solas con el muerto y su caja de seguridad. Debía salir a cantar.
Ahora me arrepiento de la nota que le puse más tarde en el
escote: Ven mañana para repartirnos el botín, el arma guárdala hasta
que te avise. Supongo que después la llamé, pero no lo recuerdo; no
siempre tengo presentes mis sueños.
Judith Castañeda Suarí.
Ciudad de México, 1975. Técnico en
química industrial y alumna en los talleres literarios de Alejandro
Meneses, Beatriz Meyer y José Prats. Ha publicado en suplementos
culturales de circulación local, en la revista Crítica y en antologías de
cuento y minificción como Lados B, de Nitro/Press, Antología virtual de
minificción mexicana y Ráfaga imaginaria, publicada por la Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla. Autora de los libros de cuento Dios
de arena y Aire negro.
Luis Alberto Chávez Fócil
Ángulo de toma
La cámara inicia con una panorámica desde la llanura, avanza sin
cortes poco a poco hacia la cabaña que se observa al fondo; la puerta
de la cabaña se abre, entra la cámara y continúa, para tomar a un
hombre sentado a la cabeza de una mesa, la cámara se aproxima,
avanza hacia el rostro del hombre, entra por la frente y sale dejándole
un agujero atrás de la cabeza: sesos, sangre, esquirlas de hueso, brotan
de la cabeza del hombre, que cae al suelo, la cámara rompe una
ventana, sigue avanzando por la llanura, se escuchan sirenas de
patrullas, bajan varios policías, le disparan a la cámara, ninguno logra
atinarle, la cámara se pierde en el horizonte…
Luis Alberto Chávez Fócil. Estudió teatro y cine en la Ciudad de México. Becario SOGEM 1992 en la Casa Internacional del Escritor, Bacalar, Q. Roo. Ejerce trabajo periodístico.
Gerardo Farías
Seguridad
Limpió con gran esmero toda la sangre. Su pecho estaba
hinchado de orgullo y sonreía inequívoco de su anonimato. Se marchó
caminando lentamente. Pero a sus espaldas el fantasma de su víctima
ya comenzaba a tomar forma.
Gerardo Farías. Nació en Morelia, en 1985. Es profesor de
literatura e inglés y tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana
por la Universidad de Guanajuato. Es miembro activo de la Sociedad
de Escritores Michoacanos. Es coautor del libro de crítica literaria
Revueltas (Conaculta/ FONCA/2013) y participó en el libro El vicio de
vivir. Ensayos sobre la literatura de José Revueltas (Tierra Adentro/2014). Y
es autor de dos libros de minificciones: Sobre el olvido y el juego (Canapé/
DF/2013) e Inventario del Crimen (Diablura Ediciones/2016).

Recordando a Chespirito
Los chifladitos 1992
Recordando a «Shakespierito».
- Oye Lucas, ¿Tú crees que sea útil ser poeta?
- Claro que sí, Chaparrón, si no, ¿Qué pretexto vas a encontrar para morirte de hambre?
- Sí, pero yo quiero decir: ¿Tú crees que si hubiera más poetas la gente avanzaría con más seguridad por la vida?
- No, Chaparrón, para avanzar con más seguridad lo que hace falta es sincronizar los semáforos
- Estás en lo cierto, pero de cualquier manera para algo deben servir los poetas…
- Bueno, yo los utilizaría para disolver manifestaciones.
- ¿Para disolver manifestaciones?
- Sí. Chaparrón, ¿No te has fijado en cómo se desbarata una reunión en cuanto alguien se para a declamar un poema?
- Estás en lo cierto.
- Además, en esta época, ¿A quién le interesa que la luna sea blanca?
- A los del Ku Klux Klan.
- No, pero yo estoy hablando de gente no de animales. [..] Pero de cualquier manera tú no debes darte por vencido. Acuérdate que los poetas no son los únicos seres inútiles que existen en el mundo. También hay abogados, economistas, críticos de teatro, empresarios de boxeo; con el agravante de que el abogado te manda a la cárcel, el economista te manda a la bancarrota, el crítico de teatro te manda a la televisión y el empresario de boxeo te manda al manicomio, si no es que al cementerio. En cambio, los poetas a lo que más que pueden mandarte es al diccionario para que averigües qué fue lo que quisieron decir.
— Los Chifladitos 1992
Tomado del fb del muro de Jorge Luis Barradas.

Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario
«Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario» https://www.elfinanciero.com.mx/algarabia/palabras-heredadas-los-cambios-historicos-de-nuestro-vocabulario
Un año más, Rubén García García
La vida
Cumplir setenta y cinco años y divertirse entresacando palabras para armarlas, desarmarlas y rearmarlas es un trabajo de dioses. Inicias con una idea, la «terminas», la guardas en el estantero. Un día sin tiempo, pasas y la reconoces, la peinas y la acicalas.
Siempre critiqué a mi tía por estar sacándole brillo a sus figuras de porcelana, y me acuso de poseer la misma obsesión; hacer que brille la historia. Pero las palabras están vivas y las más, rebeldes y desobedientes. Es un estira y afloja y nunca terminas.
Insatisfecho desaparezco y al cabo de poco o mucho tiempo regreso y digo : palabras, palabritas palabrotas ya regresé. Un día no lo haré, mientras las sigo amando y como padre digo: que es lo mejor que me ha dado la vida.
¡Salud blogueros!

Pesadilla, publicada en la batidora literaria

Del Libro «nadie piensa en los niños» de Santiago Eximeno
Español
Bajo un árbol
Cae una nuez. La niña mira hacia arriba, hacia las ramas del árbol,
pero no ve a la pequeña ardilla. En el bosque ya ha anochecido y
la niña tiene los ojos hinchados de tanto llorar.
Todavía cree que su padre volverá a buscarla.
De hombres y trenes
Desde la ventana de su habitación el niño veía pasar los trenes.
Sentado en su silla de ruedas, consciente de que nunca volvería a
caminar, el niño acercaba su rostro hasta que su nariz rozaba el
cristal y miraba cómo los vagones se desplazaban de un lado a
otro, recorriendo las vías como bestias temblorosas. Bestias que
temblaban, sí, temblaban de miedo.
En ocasiones su madre entraba en la habitación y le
acariciaba la cabeza y le decía que no se preocupara, que no
tuviera miedo, que no volvería a ocurrir. Que ya podía salir del
cuarto, apartarse de aquella ventana. Él asentía, pero no se movía.
De mayor seré maquinista, le decía a su madre, y ella
recordaba el accidente en las vías y lloraba y le decía lo orgullosa
que estaba, le decía lo valiente que era.
Maquinista, pensaba ella, para dominar sus miedos.
Maquinista, pensaba él, para introducirse en el interior de
una de aquellas bestias temblorosas y dominarla y descarrilarla y
saldar la deuda.
Al alba
Amanece cuando Mundego vuelve a casa, amanece cuando se
interna en ese edificio ruinoso que alberga el cuarto vacío, triste,
frío, que nunca ha sido capaz de llamar hogar. Mundego habla en
voz alta mientras abre la puerta, murmura resabios y maldiciones
que le acompañan de la noche al alba. Cada recuerdo en forma de
mirada esquiva, de gesto de desprecio, de susurro avergonzado,
acompaña hasta la mesilla donde deposita con cuidado los billetes
arrugados con los que el hombre enjuto, torvo, al que obedecen
las mujeres de la noche, le pagó la jornada. Después, como
siempre hace al amanecer, se encierra en el cuarto de baño para
derramar su dolor. Mientras Mundego llora su desconsuelo, vierte
en la bañera desportillada del cuarto de baño esas lágrimas
contenidas durante la larga noche, lágrimas de soledad, de
culpabilidad, lágrimas que no puede compartir con los extraños
que frecuenta cada día en esta ciudad desconocida, oscura, que no
le acepta por mucho que él lo desee. Mundego llora y llora y llora
sin pausa, y solo se detiene cuando la bañera está llena por
completo de su tristeza.
Entonces, como hizo aquella vez que no ha podido
olvidar, se sumerge en el frío líquido sin retirar una sola prenda
de su cuerpo, en busca de ese niño sin nombre que no tuvo suerte,
ese niño que viajaba con ellos en esa noches sin luna, perdido
entre la multitud que inundaba la barca, y justo antes del amanecer
cayó al mar.
Ese niño sin nombre que sus manos vacías, trémulas,
frías, no lograron encontrar.
Paciencia
Ya pensaríamos más tarde en acostarnos. Ahora era el momento
de encender la tele, de ver dibujos animados. De saltar en el sofá,
de reír, de gritar. De buscar en la nevera la tableta de chocolate
que siempre estaba escondida detrás de las verduras.
Ya tendríamos tiempo más tarde de preocuparnos del
vaso de leche volcado, de la silla caída, de los dedos de la abuela
engarfiados en el mantel. Era el momento de enfrentar nuestras
espadas de madera, de fintar, de atravesar las defensas del otro.
De exhibir nuestras habilidades mientras en la televisión Íñigo
Montoya vengaba a su padre.
Era tiempo de duelo, pero no queríamos pensar en ello.
Al fin y al cabo, mamá no vendría a buscarnos hasta la
noche.
Amor de madre
¡Qué feliz vemos a Dulce cuando entra en el mar!
Sonríe desde que la bajamos de su silla de ruedas y no
deja de hacerlo mientas la llevamos en brazos por la arena.
Después, cuando sus piernas, finas como palillos, entran en
contacto con el agua salada, grita de emoción.
¡Qué alegría verla nadar!
Se sumerge bajo el agua y aparece de nuevo entre risas y
espuma. Y salta y se hunde y vuelve a salta, y después nos saluda
con un movimiento de su cola.
Pero termina la tarde y debemos volver a casa, así que
mamá nos ayuda con la red y la atrapamos y la arrastramos por la
arena, de vuelta a su silla de ruedas. Dulce llora y grita y nos
amenaza, y creo que si pudiera nos daría patadas con sus pequeñas
piernas, pero mamá la abraza y la consuela y le susurra cosas
bonitas.
Yo siempre digo que eso sí es amor de madre

Aunque ha publicado varias novelas, frecuenta el relato y el microrrelato, y es en estas distancias cortas donde muestra su repertorio más exquisito.
¿Quién imita a quién? De mutaciones, plagios y analogías — Lapizázulix la galaxia del cuento

La copia perfecta Nasrudín estaba en Turquía visitando a un amigo. Una noche, se sentaron fuera, bajo el cielo estrellado. Enseguida, el mulá empezó a dar sonoras muestras de aprobación. —¿Por qué haces “¡ooh!” y “¡aah!”? —Estaba admirando tu cielo y me asombraba de la maestría de los pintores de cielos de aquí. Han hecho […]
¿Quién imita a quién? De mutaciones, plagios y analogías — Lapizázulix la galaxia del cuento
Murmullos de Rubén García García
Baraja de minificciones
Mi abuela, ahora con la pandemia, parece un río interminable. Ora a sus abuelos, a sus padres, al cura que la casó y a sus hijos, nietos, biznietos y sigue la parentela. Entre la abuela y un tal padre Rentería, que ofició en la Media luna al servicio de un tal Pedro Páramo, sigue reza y reza para ser perdonado, ¡me tienen hasta la madre!, y no dejan que concilie el sueño eterno.

