La minificción negra:Rafael Fernández y Azucena Franco

«O dispara usted o disparo yo», antología de Lilian Elphick

Rafael Fernández
Eficiente

La nota se viralizó rápidamente en las redes sociales: Lolo, el
enfermero, había sido absuelto.
Lolo —en realidad Lorenzo Lomelí, el enfermero del penal—
fue juzgado por haber matado a un recluso. El interno había llegado a
la enfermería inconsciente tras un intento de suicidio. Mientras el reo
luchaba por su vida, Lomelí inclinó la balanza hacia el lado oscuro.
Aunque en un principio, el criminal, trató de ocultar su
responsabilidad; cuando las pruebas lo pusieron en situación difícil,
terminó confesando.
Dijo que el preso había intentado acabar con su vida porque
estaba sentenciado a purgar una pena de 25 años. Explicó que ese
castigo le había sido asignado por intento de homicidio: había tratado
matarse a sí mismo.
Si lo hubiera salvado -razonó el apodado Lolo- su condena
hubiera aumentado, como consecuencia del segundo intento de
homicidio. Esto, sin duda, lo habría llevado a intentar de nuevo el
suicidio; tentativa que de no resultar exitosa, hubiera incrementado la
pena.
En suma -recapituló el recién absuelto- se generaría una serie de
intentos de suicidio, que ocasionarían costos al ayuntamiento y que
necesariamente resultaría exitosa en algún momento.
Lo único que hice fue ahorrar tiempo y dinero, concluyó.

Rafael Fernández. Nació el 17 de junio de 1951 en el Distrito
Federal. Es Doctor en ingeniería por el Instituto Politécnico de
Toulouse, Francia. Es autor del libro de cuentos Eros y Tánatos. Ha sido
antologado en Minificcionistas de El cuento. Revista de imaginación. Es autor
de varios libros de divulgación de la ciencia, el más reciente Derrotar a
la ignorancia como en el juego del maratón. Es creador y guionista del cómic

de divulgación de la ciencia: Dime abuelita por qué. Actualmente prepara
la edición de una colección de minirrelatos de base científica. Blog.

Azucena Franco
Muerte por amor

Desde pequeño tuvo un amor muy especial por Nadia, unos
cuatro años menor, jugaba con ella, le tenía paciencia, hacia rabietas, él
aguantaba. Cuando fue alguna vez a recogerla a la escuela, de lejos
estaba pendiente de lo que ocurriera, quién se le acercaba, quién le
hablaba. Ya adolescente, una tarde Nadia sola en la casa, a escondidas,
bebía licores de su padre, quería conocer una borrachera, según sus
planes estaría sola hasta el otro día. Él llegó por casualidad, en vez de
montar en cólera, como Nadia esperaría, le hizo gracia el hecho y
empezó a tomar con ella. Pasó un buen rato, oían música, bebían, ella
le contaba de sus amigas, lloró cuando recordó que Gloria no la invitó
a su fiesta. Luego nuevamente se puso contenta, en tanto él tomaba
mucho más fuerte. De pronto Nadia se aproximó, lo besó
apasionadamente, él se entumeció, después de la sorpresa, la rechazó
aventándola, ella nuevamente se acercó, al fin él respondió. Después de
los besos, vinieron las caricias, ahí en la sala, sin palabras, a medio
vestir, tuvieron furibundo sexo, se quedaron dormidos luego. Un par
de horas más tarde, Nadia reaccionó, un escalofrío recorría su piel,
náuseas, temor, el estómago revuelto, se dio cuenta horrorizada de lo
que había pasado. Fue al clóset donde el padre escondía el arma, la
tomó, sin pensar más nada, a sus catorce años y a poca distancia,
descargó varios tiros sobre su hermano.

Azucena Franco. Mexicana,

es Maestra en Letras
Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; es
coautora de MicroBerlín. De minificciones y microrrelatos, ¡Nocauts!
Microrrelato internacional de boxeo, Imaginarios de papel, la edición mexicana
de ¡Basta! Cien mujeres contra violencia de género y otros textos, asimismo ha
publicado en diversas revistas y blogs literarios; ha presentado
ponencias en congresos nacionales e internacionales de minificción.

e-Kuóreo: 188. Dispara usted, o disparo yo

Imaginante Angélica María Ramírez Madrigal

Antología Pequeficciones hecha por Chris Morales y Jose luis Ortiz Soto


Mamá siempre me dice que no debo creerme todo lo que dicen los
cuentos. Luego la escucho gritar:
—¡Manooolooo, ya está tu desayuno! ¡No olvides ponerte las
botas!
Manolo es nuestro gato.
Me preocupa que hoy empezó a leer Hansel y Gretel.

Angélica María Ramírez Madrigal (México).

Soy actriz de teatro y
cuenta cuentos desde hace quince y cuatro años, respectivamente. A
través del teatro llegué a la narración oral con el personaje de Gica
Cuentacuentos. Tengo la fortuna compartir la literatura en escena para
todo público, contar cuentos en cualquier espacio vital y transmitir
mensajes que nos hacen crecer juntos en una misma sociedad.

Cuento infantil clásico: El Gato con Botas | Bosque de las Fantasías

Preguntan por papá de Rubén García García

-Mamá, mamá¿dónde está mi papá?

– Es nedia noche–

Fue a trabajar.

Y vuelve al sueño.

«Cómo le dices al niño de tres años,

que se fue a robar»

Cuáles son las viviendas que más suelen robar?

La minificción negra de México

De la antología «o dispara usted o disparo yo» Lilian Elphick antóloga

Rafael Fernández
Eficiente

La nota se viralizó rápidamente en las redes sociales: Lolo, el
enfermero, había sido absuelto.
Lolo —en realidad Lorenzo Lomelí, el enfermero del penal—
fue juzgado por haber matado a un recluso. El interno había llegado a
la enfermería inconsciente tras un intento de suicidio. Mientras el reo
luchaba por su vida, Lomelí inclinó la balanza hacia el lado oscuro.
Aunque en un principio, el criminal, trató de ocultar su
responsabilidad; cuando las pruebas lo pusieron en situación difícil,
terminó confesando.
Dijo que el preso había intentado acabar con su vida porque
estaba sentenciado a purgar una pena de 25 años. Explicó que ese
castigo le había sido asignado por intento de homicidio: había tratado
matarse a sí mismo.
Si lo hubiera salvado -razonó el apodado Lolo- su condena
hubiera aumentado, como consecuencia del segundo intento de
homicidio. Esto, sin duda, lo habría llevado a intentar de nuevo el
suicidio; tentativa que de no resultar exitosa, hubiera incrementado la
pena.
En suma -recapituló el recién absuelto- se generaría una serie de
intentos de suicidio, que ocasionarían costos al ayuntamiento y que
necesariamente resultaría exitosa en algún momento.
Lo único que hice fue ahorrar tiempo y dinero, concluyó.
Rafael Fernández. Nació el 17 de junio de 1951 en el Distrito
Federal. Es Doctor en ingeniería por el Instituto Politécnico de
Toulouse, Francia. Es autor del libro de cuentos Eros y Tánatos. Ha sido
antologado en Minificcionistas de El cuento. Revista de imaginación. Es autor
de varios libros de divulgación de la ciencia, el más reciente Derrotar a
la ignorancia como en el juego del maratón. Es creador y guionista del cómic

de divulgación de la ciencia: Dime abuelita por qué. Actualmente prepara
la edición de una colección de minirrelatos de base científica. Blog.

Azucena Franco
Muerte por amor
Desde pequeño tuvo un amor muy especial por Nadia, unos
cuatro años menor, jugaba con ella, le tenía paciencia, hacia rabietas, él
aguantaba. Cuando fue alguna vez a recogerla a la escuela, de lejos
estaba pendiente de lo que ocurriera, quién se le acercaba, quién le
hablaba. Ya adolescente, una tarde Nadia sola en la casa, a escondidas,
bebía licores de su padre, quería conocer una borrachera, según sus
planes estaría sola hasta el otro día. Él llegó por casualidad, en vez de
montar en cólera, como Nadia esperaría, le hizo gracia el hecho y
empezó a tomar con ella. Pasó un buen rato, oían música, bebían, ella
le contaba de sus amigas, lloró cuando recordó que Gloria no la invitó
a su fiesta. Luego nuevamente se puso contenta, en tanto él tomaba
mucho más fuerte. De pronto Nadia se aproximó, lo besó
apasionadamente, él se entumeció, después de la sorpresa, la rechazó
aventándola, ella nuevamente se acercó, al fin él respondió. Después de
los besos, vinieron las caricias, ahí en la sala, sin palabras, a medio
vestir, tuvieron furibundo sexo, se quedaron dormidos luego. Un par
de horas más tarde, Nadia reaccionó, un escalofrío recorría su piel,
náuseas, temor, el estómago revuelto, se dio cuenta horrorizada de lo
que había pasado. Fue al clóset donde el padre escondía el arma, la
tomó, sin pensar más nada, a sus catorce años y a poca distancia,
descargó varios tiros sobre su hermano.

Azucena Franco. Mexicana, es Maestra en Letras
Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; es
coautora de MicroBerlín. De minificciones y microrrelatos, ¡Nocauts!
Microrrelato internacional de boxeo, Imaginarios de papel, la edición mexicana
de ¡Basta! Cien mujeres contra violencia de género y otros textos, asimismo ha
publicado en diversas revistas y blogs literarios; ha presentado
ponencias en congresos nacionales e internacionales de minificción.

Brevilla: "Estampas", por Azucena Franco

La visita de Rubén García García

Llegó la abuela a cenar. Mal comió dos tamales, su taza de chocolate, pellizco el pan y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, y todos nos levantamos. En la puerta nadie se animaba a encaminar a la abuela, hasta que mi madre le dijo: usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final de la calle comienza el cementerio.

Abuelita no quiere estar sola en Navidad, ofrece llevar la cena

Espíritu aventurero de Raúl Brasca

Argentino

Espíritu aventurero
a Miguel Gomes
Conocí todas las selvas, los desiertos y los hielos de la Tierra.
Solo, en el fondo de la caverna más profunda, vi las flores
que mueren cuando se las ilumina y oí el lento gorgoteo de
los líquidos invisibles, la continua digestión del mundo. Ni
los monstruos de las fosas abisales ni los seres gelatinosos y
transparentes de los planetas cercanos me son extraños. Estaba en la plenitud de mis fuerzas cuando agoté el espacio
posible para la aventura. Entonces conocí el aburrimiento, la
desesperación de haberlo visto todo.
Por eso me lancé a navegar en el mar del tiempo. Vi a Sodoma hundirse entre nubes de azufre y quemarse la biblioteca de Alejandría, vi a un hombre que inauguraba el fuego
cuando los glaciares demolían el paisaje. Había notado que,
casi insensiblemente, las cosas ocurrían cada vez con mayor
lentitud, pero al principio no le di importancia. Primero la
barba no me crecía, luego el áspid no terminaba de picar a
Cleopatra, después podía seguir el recorrido del relámpago
como había seguido en mi casa el crecimiento de un ciruelo.
Ahora estoy atrapado en el vértice del remolino: en el
puro tiempo. Es terrible para un espíritu como el mío este
estado en que nada puede ocurrir: ni mi fuga ni mi muerte.

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Historia

Palabralab: Raúl Brasca: ''Escribir sin leer, conduce más al balbuceo que a  la pretendida originalidad''
Autor de cuentos, microficciones y ensayos. En 1989 fundó, con otros cuatro escritores, la revista Maniático Textual que estuvo en quioscos y librerías hasta 1994. Compiló quince antologías, once de ellas de microficciones, algunas en colaboración con Luis Chitarroni. Su obra ficcional y ensayística fue publicada en antologías, publicaciones académicas, revistas y suplementos literarios de Argentina y numerosos países de América y Europa. En el país recibió, entre otros, los premios del Fondo Nacional de las Artes y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La Universidad de Carabobo (Venezuela) le otorgó la «Orden de Alejo Zuluoga» que confiere a personalidades de la cultura. Fue ponente y conferencista en congresos internacionales, ha dictado clases magistrales, talleres y seminarios en varias universidades europeas y americanas y se desempeñó como jurado en certámenes literarios nacionales e internacionales. Colaboró con bibliográficas sucesivamente en el suplemento literario del diario La Nación y la revista ADN. Creó las «Jornadas Feriales de Microficción» que coordina y conduce anualmente en la Feria del Libro de Buenos Aires desde 2009. Un jurado internacional le otorgó el «Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola» correspondiente a 2017 que organiza la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y el Seminario de Cultura Mexicana.

http://webs.sinectis.com.ar/rbrasca/biografia.html

EL COLOFÓN — manologo

Pensaba que un colofón era un colofo grandazo, descomunal, inmenso. Un gran bicho, parecido a los dinosaurios de las ilustraciones, pero en versión maxi. Una especie de dragón (dragón y colofón sonaban igual) como el de los cuentos. Cierto día, ocioso, la palabra colofo le vino a la mente y se puso a buscarla en […]

EL COLOFÓN — manologo

Pequeficciones de México

Antología realizada por Chris Morales y José Luis Ortiz Soto

Mundodisco
Victor Hugo Pérez Nieto
La trigonometría y las leyes físicas no son reales. Prueba de ello es el
mundo sobre cuatro elefantes montando una magna tortuga que nada
lentamente en el espacio y cuya simetría profunda está presente en la
estructura fantástica del niño, quien poco recordará de grande lo que
aprendió fuera del Imperio Ágata.
Las ciencias exactas nunca bastarán para explicar hacia dónde
nada la tortuga en el cosmos que los chiquillos recorren al vuelo de un
rechoncho escarabajo con la pata amarrada al cordel. Tampoco hay
ecuación matemática para que en los chaparrones noctívagos del
verano, caigan las estrellas sobre las charcas de la acera y se pongan
al alcance de párvulos pies que gozan haciéndolas desaparecer a
pisotones mientras ellas ríen.
Todo, en la infancia, está en el entendimiento de la magia, no de
la ingeniería, porque al amor, a la amistad, a la fidelidad de un perro, al
ronroneo del gato y a todo lo que es realmente importante, no se le ha
inventado un sistema métrico y está más allá del alcance de la mano,
de la vista y del entendimiento de los adultos, educados para pesar y
medir lo superfluo y resignarse a morir intoxicados en sus verdades.
La fantasía es la única salvación plausible de la propia vida.
Aunque no lo enseñan en el colegio, eso cualquier chico lo sabe.
Victor Hugo Pérez Nieto (México). Es autor de Tesoros de México
(2011), La Noche de los Orfelunios (2012); Feralis (XV Premio
Nacional de Novela 2012); Del Chiquistriquis y Otros Demonios
(2013); y compiló la antología Tintas del Lerma (2014). Participa en
libros y revistas de cuento nacionales y extranjeras. Columnista de la
Organización Editorial Mexicana (OEM).
PequeFicciones
Salto mortal
Marcos Pico Rentería
La acrobacia siempre me ha asombrado. Sin duda, esa es la única
razón por la que vengo al circo todos los años. Me gustan los saltos.
Los giros. Las piruetas que generan los cuerpos suspendidos en el
aire. Esos cuerpos de maíz que se abren y entoldan sus alas blancas y
caen justo antes de ser estrujados por mis blanquecinas muelas.
Marcos Pico Rentería (México, 1981). Profesor de español en
Defense Language Institute. Su investigación se centra en literatura
latinoamericana, principalmente en torno al desarrollo del cuento y
ensayo en la producción mexicana de la segunda mitad del siglo XX y
comienzos del XXI. Su obra ha aparecido en revistas literarias y
académicas como Conexos, Campos de Plumas, Caleidoscopio, La
Santa Crítica, Revista Crítica, Confluencia y en antologías como
Alebrije de palabras (BUAP, 2013).
PequeFicciones
El centro de la manzana
Katalina Ramírez
A Emma y maestra Estrella
En la escuela Emma se come una manzana, y al llegar al centro
descubre un pequeño hueco con forma de estrella. Su maestra le dice
que si se la come podrá́ convertirse en una. Emma llora porque no
quiere ser estrella, lo que recordará después es que en realidad es una
estrella que se convirtió́ en niña.
Katalina Ramírez Aguilar (México, 1990). Licenciada en Literatura y
Filosofía y diplomada en Edición y Comercialización de Libros. Ha
organizado eventos masivos de fomento a la lectura, trabajado como
editora en EDAF y actualmente dirige la editorial Cariátide. Tiene
publicados un libro de poesía: Lengua soy, edición español-náhuatl; y
uno de minificción: Música primigenia. Se encuentra incluida en la
Enciclopedia de la Literatura en México y la Antología Virtual de
Minificción Mexicana.

Cuentos infantiles de pequelandia | Dibujos de profesores, Derechos de los  niños, Escuela dominical

No puedo olvidarte — LAS PALABRAS DE XAVIER

Tener tus manos, tus manos entre las mías, solo un momento, solo eso, para saberme, sentirme más humano y que tú me guíes en ese mundo que necesito, de caricias, cariño y bondad. Rozar tu cara con la yema de mis dedos. Para darte, para ofrendarte todo mi ser, el que guardo en la profundidad […]

No puedo olvidarte — LAS PALABRAS DE XAVIER

Veinte apuntes breves sobre la brevedad por Ricardo Sumalavia

  1. ¿Cuándo una historia es mínima? ¿Cuándo lo mínimo cuenta
    una historia? Estas podrían ser preguntas pertinentes, aunque no
    siempre lo pertinente es buen compañero cuando lees un texto
    literario. Aceptemos el pacto y comencemos el juego.
  2. La microficción en el siglo XXI ha encontrado un lugar natural
    en el ciberespacio. Si antes los editores se resistían para llevar al
    papel estos escritos, para privilegiar la publicación de cuentos y
    novelas, las distintas plataformas digitales han ampliado por mil
    (o más) estas posibilidades.
  3. Llegada la pandemia, gran parte de nuestras vidas, más que
    nunca, se concentró en el mundo virtual; en un mundo en el que
    la microficción ya había colocado su bandera para delimitar territorios y establecer colonia.
  4. Se delimita un territorio genérico, pero al mismo tiempo la
    globalización también hace lo suyo y diluye linderos nacionales.
  5. ¿Existe, por ejemplo, una microficción peruana distinta a la
    microficción argentina o mexicana? ¿Y si fuere el caso, dónde reside la diferencia? Yo creo que no hay una diferencia por nacionalidades. Pero diferencias existen, y muchas, tantas como autores
    hay. Pero tantas, que podemos hablar de una comunidad de la
    diferencia.
  6. Por supuesto, siempre hay alguien que quiere poner orden, incluso cuando no queremos que haya orden. Están los críticos, los
    investigadores, los profesores universitarios, los propios escritores
    (y los que son todo a la vez, que son muchos –yo, por ejemplo–).
    Y están las antologías.
  7. Para entender una antología, me valgo de un símil. Una cosa
    es una fiesta a la cual invitas a tus amigos que les encanta bailar,
    que son magistrales incluso, y otra una reunión de los mejores
    Historias mínimas │ 10
    bailarines. El segundo puede ser muy instructivo, ser espacio de
    muestras de talento y creatividad, etc., pero no deja de ser un
    evento. El primer caso, en cambio, nunca deja de ser una fiesta, y
    todos la pasan muy bien.
  8. ¿Te gustan las fiestas o te gustan los eventos?
  9. Pero las alternativas no se agotan en ese símil. Hay antologías
    que buscan una tercera vía: un evento festivo.
  10. Dendro Ediciones ha optado por esta tercera vía en Historias
    mínimas. Reúne escritores de variadas trayectorias y de merecido
    espacio a nóveles autores.
  11. (Relean el punto 5). Por una cuestión de orden (relean el punto 6), apuntaré algunas constantes halladas en esta comunidad
    de la diferencia y que justifican, a mi criterio, este evento festivo
    (relean el punto 9, solo si tienen mala memoria).
  12. Es innegable que vivimos en una época de paradigmas alterados. Por lo tanto, las preguntas, desde la narración, no son
    fórmulas retóricas o de estilo. Efectivamente, encontramos en esta
    colección microficciones cuyo hilo narrativo integra la reflexión a
    estos cuestionamientos. Dicho de otro modo, textos que buscan
    establecer la relación acción-pensamiento. En algunos casos, plantear la pregunta es el gran logro. En otros, plantear o sugerir conclusiones, también son alternativas válidas desde la ficción breve.
  13. Estas Historias mínimas no eluden el compromiso social, tampoco sacrifican su estética por esos nobles fines. Sus autores saben
    que en el siglo XXI la palabra impresa o virtual sigue sacudiendo
    conciencias. La microficción, en su eficacia estética, nos devuelve
    a un mundo que creemos conocer, pero que en realidad no hemos
    sabido observar.
  14. Podría pensarse que por oposición al punto 13, sobre los nuevos compromisos sociales, tocaría ahora hablar de las posibilidades de lo fantástico. En verdad, muchas microficciones de este libro, desde la estrategia de las rupturas de lo mimético (entiéndase
    momentáneamente por realidad), crean espacios diversos donde
    la crítica y el cuestionamiento no son ajenos. Estas microficciones
    Historias mínimas │ 11
    fantásticas no solo interpelan al lector, sino también a la lógica del
    propio texto.
  15. En este punto destaco también aquellos textos de este libro
    que buscan implosionar el lenguaje para crear una nueva dinámica discursiva. Y lo realizan con estrategias lúdicas, con una fuerte
    carga de ironía y humor.
  16. Por supuesto, las microficciones metadiscursivas del punto
    15 tampoco abandonan la posibilidad de las referencias metaliterarias. Este recurso, aclaremos, es frecuente en el mundo de la
    minificción, sin embargo, por ello mismo, el reto de efectividad
    es cada vez mayor.
  17. Otra de las variantes de la microficción que muestra esta selección de Historias mínimas es la predominancia del lirismo. Y
    no me refiero solo al empleo de imágenes sugerentes o un regodeo
    en el ritmo de la prosa; me refiero a la articulación de una trama
    desde una perspectiva lírica, que se permite, incluso, sacrificar el
    conflicto para alcanzar sus fines.
  18. Que quede claro que estas distinciones no son excluyentes. Se
    pueden hacer todas las combinaciones y mezclas posibles desde el
    punto 12 al punto 17, y el resultado será hallado en este amplio
    muestrario creativo.
  19. La proporcionalidad de textos y autores por países también
    puede ser un dato atendible. Podría indicar la mayor o menor
    frecuencia en la práctica de este género. En ese caso, según esa
    proporción, Perú está a la cabeza. O podría significar que las comunicaciones por casa son más nutridas, lo cual nos devuelve al
    punto 9. Entonces, ingresemos a este evento festivo.
  20. Ricardo Sumalavia podría estar equivocado desde el punto 1
    al 19, pero bien lo dice el maestro Augusto Monterroso: «Cuando
    sientas duda, cree; cuando creas, duda».
    Ricardo Sumalavia
    Lima, octubre de 2020

Incisiones, minis, de Lorena Escudero

Minificcionista y Dra en física

Despertar*
1
DONDE TERMINA el mundo, comienzan tus pestañas. Y allí, un
segundo después, la luz.

Nota del editor: Este texto fue publicado en Microtextualidades. Revista Internacional de Microrrelato y Minificción, Nro. 4, 2018. Lorena Escudero 10 Implosión
2
ES CIERTO QUE el inmenso colisionador produjo diminutos
agujeros negros. Pero no fue eso, no. Tras su hallazgo, los físicos
teóricos alumbraron una avalancha de hipótesis, los
experimentales extrajeron aludes de datos para probarlas o
refutarlas. Y no solo eso. Ingenieros estudiando métodos
alternativos de calibración de la electrónica, matemáticos
desarrollando nuevas fórmulas, estadísticos revisando los
modelos para el análisis, divididos en frecuentistas y bayesianos y
bayesianos con afinidad frecuentista. Todos participamos en la
propagación de mundos a partir de detalles del mundo, cada vez
más complejos y prolíficos en artículos y conferencias. También
los humanistas, debatiendo las intrincadas conexiones entre los
científicos y sus cosmos. Sociólogos investigando cada rivalidad
pre y post descubrimiento, historiadores reflexionando sobre su
marco temporal. Incluso los poetas, y ellos fueron los peores,
dando rienda suelta a universos cada vez más lejanos del original.
Hasta que la presión fue insoportable. Fue así como finalmente
destruimos el mundo.

Nota del editor: Este texto fue publicado en Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana, Nro.11, Vol. 3, 2019. Incisiones 11 Mareas
3
EL HOMBRE que me visita no es un verdadero pescador. Lo sé
por el modo en que recoge las conchas de mi orilla y se sumerge
con ellas sobre la palma de su mano. Pero tiene la intuición de
buscarme en los momentos de marea baja, que le aseguran
incursiones profundas. Bromea cuando encuentra los trozos de
botella que con el tiempo pulo como si fueran gemas. Cuando se
aleja siempre lo hace con la resaca de regresar a mí. Supongo que
mi sal le cura alguna herida que no confiesa, y yo me lleno de algas
en su ausencia.

Nota del editor: Este texto fue publicado en Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana, Nro.11, Vol. 3, 2019. Lorena Escudero 12 Los campos de batalla
4
ALGUNAS VECES su casa, claro, porque a los dos nos gusta ese
juego de invasión y dominio, tener la seguridad de tus toallas y tu
champú, las cerillas que compraste la semana pasada a mano.
Dejar que después falten algunas. Otras veces mi apartamento,
introducirla en mis reglas y mi orden, donde las cosas son del
color que me gusta, donde yo elijo el aroma de las velas. Dejar
que predomine su perfume después. También terreno neutral:
ciudades nuevas para ambos, habitaciones de hotel, tácticas y
estrategias para conseguir el poder, el lado preciso de la cama, la
elección del menú. Es importante mantener el equilibrio y evitar
acorralamientos, como visitas familiares o cenas en casas de
amigos. Trabajar para que cada rincón sea finalmente parte de un
inmenso campo de batalla: un cepillo de dientes, una camiseta
olvidada, fotografías, sábanas compradas juntos, cajones
compartidos. Y librar un día la batalla perfecta, la total rendición
mutua.

Nota del editor: Este texto fue publicado en Quimera. Revista de Literatura, Nro. 382, 2015, y en Los pescadores de perlas. Los microrrelatos de Quimera, de Ginés Cutillas, 2019. Incisiones 13 Calipso
5
CADA CIERTO TIEMPO algún Ulises sigue varando en mis orillas.
No cuesta arrastrarlos hasta mi cueva, alejarlos de sus barcos y de
sus esposas. No cuesta olvidar sus nombres. El mar borra sus
huellas al partir. Las olas infinitas ahogan sus voces y liman sus
rostros. A nadie oculto el secreto de la inmortalidad: perded
vuestra memoria ante el mar.

Lorena Escudero (Author of Formulario)
Doctora en Física e investigadora en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), Lorena Escudero (Soria, España, 1985) escribe relato y microrrelato desde muy temprana edad.
Ha ganado concursos en ambos géneros y participado en numerosas revistascomo “Microtextualidades” (España), “Quimera” (España), “Plesiosaurio” (Perú), “Atril” (España), “Salamanca Letra Contemporánea” (España), “Cita en las Diagonales” (Argentina) y “TheNextReview” (Londres). Sus letras han aparecido en blogs (“Las afinidades electivas” y “La Nave de los Locos”)y están incluidas en varias antologías: “Los pescadores de Perlas” (editorial Montesinos, España), “Futuro Imperfecto” (Ed. Clara Obligado, España), “Hokusai” (Revista Brevilla, Chile) y “Resonancias” (BUAP, México).
Tiene publicados los libros de microficción“Negativos” (Torremozas, Madrid, 2015), “Formulario” (La tinta del Silencio, México, 2019) e “Incisiones” (Quarks Ediciones Digitales,Perú, 2020).
“Negativos”, su primer libro de microficción, construye una analogía con la fotografía, con el «instante congelado» que nos da las claves, o las muestra apenas, de una historia más amplia y compleja. Textos que se han traducido al inglés o al griego, componen cuatro partes principales: de repentina ficción, que recoge los microrrelatos más lúdicos, que juegan tanto con el lenguaje como con otros géneros; de locuras y terrores, con historias de terror; de engendros y níspuras, microrrelatos intertextuales: revisión e inversión de bestiarios, relatos clásicos y mitos; de pérdidas, en los que dominan la identidad y las relaciones amorosas.
“Formulario”, nos cuenta, nació de la inquietud, y unión, de sus dos grandes pasiones: la escritura y el efecto sobre la misma por su formación científica. Libroobjetode la colección Minitauro, en forma de original y diminuto acordeón, combina ficción con fórmulas y conceptos físicos y matemáticos.
“Incisiones” es una mini antología heterogénea que recoge textos publicados en  diversos blogs y revistas; y puede descargarse gratuitamente, para que se animen a leerla, en el siguiente link: https://quarksedicionesdigitales.wordpress.com/2020/04/04/incisiones/.

Avión de una sola hélice de Rubén García García

Minificción

Estuve a un instante de proponerte matrimonio. Apretaba con mi mano la tuya y cuando estaba a punto de hacerlo recordé tu carácter firme de ser tú. Con tiento deslice mi mano, y haciendo que saludaba un conocido, rompí el momento comentándote “asi que no te gusta la nieve combinada” En el audio se escuchaba la canción “nosotros”

2Mario Morales y Marilyn Herbert1 comentarioMe gustaComentarCompartir

Desde el otro lado del cuadro: Gabriele Münter - Kandinsky y Erma Bossi  sentados a la mesa