Nuevas versiones de las historias bíblicas — Lapizázulix la galaxia del cuento

Otra versión Ninguno, entre los discípulos, amó a Jesús con la devoción, con el fanatismo, con la fidelidad de perro con que lo amó Judas. Pero ahí estaba precisamente la mácula de su amor: en la falta de vuelo. Lo amaba con amor burgués, doméstico, de rienda corta. Nada de aventuras, nada de peligros, nada […]

Nuevas versiones de las historias bíblicas — Lapizázulix la galaxia del cuento

Aromas de Rubén García García

Sendero

El beso intenso

que retozó en tu vientre,

nunca volvió.

Rubén García García

El ayer lejano. Duele porque ya no estoy en tus pensamientos. Hay días en que tus manos acarician mis mejillas, y mis piernas rodean tu cintura. Los labios gritando hacia dentro y después el silencio cómplice. Hoy nos encontramos en el cinema, tú fingiendo una plática con tu pareja, yo, simulando no verte. Solo los aromas se mezclaron como lo hicieron alguna vez.

Jennifer López se vuelve vendedora de una tienda! y presume sus curvas en  jeans

Mareas de Salvador Terceño

Relatos que me gustaron del muro de Miguel Ángel Flores tomado de Fb

MAREAS
De niño siempre veraneábamos en septiembre, un mes, como solían explicarnos cada año, sin muchedumbres ni calor. Mis padres trabajaban todo el verano y el día uno salíamos a disfrutar nuestra esperada quincena de playa. Éramos muchos hijos y resultaba necesario buscar lugares tranquilos donde gozar del sol y del mar.
Les encantaba plantar la sombrilla muy cerca de la orilla, cuando la marea estaba baja, y esperar a que subiera. En ocasiones, el agua comenzaba a cubrir nuestros pies y a anegar esterillas y bolsos. Mi padre detestaba tener que modificar nuestra posición y, un par de horas después, el agua nos llegaba al ombligo. Según la época y la fase del ciclo lunar, al final de la mañana o de la tarde, nos llegaba al cuello o incluso nos cubría la cabeza.
Perdimos a Juanito en el noventa y tres y a Lucía y Miguel en el noventa y cinco y noventa y seis, respectivamente. Éramos muchos hermanos y ya estábamos acostumbrados.
Lo que nos cogió por sorpresa fue que, en el noventa y ocho, tras bajar una marea crecida, el mar nos devolvió a Lucía, sana y salva. Apareció sentada en su sillita rosa, toda sonriente y cubierta de algas. Tengo hambre, dijo. Y mi madre le dio un bocadillo.

Salvador Terceño Raposo

Cuando era fan de El Padrino

Levantó la sábana y vio una cabeza de caballo; gritó, y aún más al ver asesino.

—Prepárate a morir, Ramón.
—Me llamo Paco.

El asesino tras disculparse le dijo que era la tercera vez que le pasaba, cogió la cabeza y se marchó.

Ramón, con una sonrisa, se durmió plácidamente.

Escrito por Rubén José Huertas Rojo 

La paciencia del paciente

Decía sí con un par de pestañeos, solo uno para el no, guiñaba el ojo izquierdo para el no sabe y el derecho para el no contesta. La misma rutina de todas las semanas para cumplimentar las cincuenta preguntas de la encuesta de satisfacción, en la unidad de enfermos terminales.

Escrito por Rafa Olivares

Genética

«Todo trabajo bien hecho necesita de mucha práctica y una gran dedicación». Repetía una y otra vez las palabras que su tiránico padre le había enseñado, al tiempo que se ensañaba con las muñecas de su hermana.

El aplicado niño, ya con los genes predispuestos, empezó a labrarse un futuro.

Escrito por María Galerna

La minificción negra:Rafael Fernández y Azucena Franco

«O dispara usted o disparo yo», antología de Lilian Elphick

Rafael Fernández
Eficiente

La nota se viralizó rápidamente en las redes sociales: Lolo, el
enfermero, había sido absuelto.
Lolo —en realidad Lorenzo Lomelí, el enfermero del penal—
fue juzgado por haber matado a un recluso. El interno había llegado a
la enfermería inconsciente tras un intento de suicidio. Mientras el reo
luchaba por su vida, Lomelí inclinó la balanza hacia el lado oscuro.
Aunque en un principio, el criminal, trató de ocultar su
responsabilidad; cuando las pruebas lo pusieron en situación difícil,
terminó confesando.
Dijo que el preso había intentado acabar con su vida porque
estaba sentenciado a purgar una pena de 25 años. Explicó que ese
castigo le había sido asignado por intento de homicidio: había tratado
matarse a sí mismo.
Si lo hubiera salvado -razonó el apodado Lolo- su condena
hubiera aumentado, como consecuencia del segundo intento de
homicidio. Esto, sin duda, lo habría llevado a intentar de nuevo el
suicidio; tentativa que de no resultar exitosa, hubiera incrementado la
pena.
En suma -recapituló el recién absuelto- se generaría una serie de
intentos de suicidio, que ocasionarían costos al ayuntamiento y que
necesariamente resultaría exitosa en algún momento.
Lo único que hice fue ahorrar tiempo y dinero, concluyó.

Rafael Fernández. Nació el 17 de junio de 1951 en el Distrito
Federal. Es Doctor en ingeniería por el Instituto Politécnico de
Toulouse, Francia. Es autor del libro de cuentos Eros y Tánatos. Ha sido
antologado en Minificcionistas de El cuento. Revista de imaginación. Es autor
de varios libros de divulgación de la ciencia, el más reciente Derrotar a
la ignorancia como en el juego del maratón. Es creador y guionista del cómic

de divulgación de la ciencia: Dime abuelita por qué. Actualmente prepara
la edición de una colección de minirrelatos de base científica. Blog.

Azucena Franco
Muerte por amor

Desde pequeño tuvo un amor muy especial por Nadia, unos
cuatro años menor, jugaba con ella, le tenía paciencia, hacia rabietas, él
aguantaba. Cuando fue alguna vez a recogerla a la escuela, de lejos
estaba pendiente de lo que ocurriera, quién se le acercaba, quién le
hablaba. Ya adolescente, una tarde Nadia sola en la casa, a escondidas,
bebía licores de su padre, quería conocer una borrachera, según sus
planes estaría sola hasta el otro día. Él llegó por casualidad, en vez de
montar en cólera, como Nadia esperaría, le hizo gracia el hecho y
empezó a tomar con ella. Pasó un buen rato, oían música, bebían, ella
le contaba de sus amigas, lloró cuando recordó que Gloria no la invitó
a su fiesta. Luego nuevamente se puso contenta, en tanto él tomaba
mucho más fuerte. De pronto Nadia se aproximó, lo besó
apasionadamente, él se entumeció, después de la sorpresa, la rechazó
aventándola, ella nuevamente se acercó, al fin él respondió. Después de
los besos, vinieron las caricias, ahí en la sala, sin palabras, a medio
vestir, tuvieron furibundo sexo, se quedaron dormidos luego. Un par
de horas más tarde, Nadia reaccionó, un escalofrío recorría su piel,
náuseas, temor, el estómago revuelto, se dio cuenta horrorizada de lo
que había pasado. Fue al clóset donde el padre escondía el arma, la
tomó, sin pensar más nada, a sus catorce años y a poca distancia,
descargó varios tiros sobre su hermano.

Azucena Franco. Mexicana,

es Maestra en Letras
Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; es
coautora de MicroBerlín. De minificciones y microrrelatos, ¡Nocauts!
Microrrelato internacional de boxeo, Imaginarios de papel, la edición mexicana
de ¡Basta! Cien mujeres contra violencia de género y otros textos, asimismo ha
publicado en diversas revistas y blogs literarios; ha presentado
ponencias en congresos nacionales e internacionales de minificción.

e-Kuóreo: 188. Dispara usted, o disparo yo

Imaginante Angélica María Ramírez Madrigal

Antología Pequeficciones hecha por Chris Morales y Jose luis Ortiz Soto


Mamá siempre me dice que no debo creerme todo lo que dicen los
cuentos. Luego la escucho gritar:
—¡Manooolooo, ya está tu desayuno! ¡No olvides ponerte las
botas!
Manolo es nuestro gato.
Me preocupa que hoy empezó a leer Hansel y Gretel.

Angélica María Ramírez Madrigal (México).

Soy actriz de teatro y
cuenta cuentos desde hace quince y cuatro años, respectivamente. A
través del teatro llegué a la narración oral con el personaje de Gica
Cuentacuentos. Tengo la fortuna compartir la literatura en escena para
todo público, contar cuentos en cualquier espacio vital y transmitir
mensajes que nos hacen crecer juntos en una misma sociedad.

Cuento infantil clásico: El Gato con Botas | Bosque de las Fantasías

Preguntan por papá de Rubén García García

-Mamá, mamá¿dónde está mi papá?

– Es nedia noche–

Fue a trabajar.

Y vuelve al sueño.

«Cómo le dices al niño de tres años,

que se fue a robar»

Cuáles son las viviendas que más suelen robar?

La minificción negra de México

De la antología «o dispara usted o disparo yo» Lilian Elphick antóloga

Rafael Fernández
Eficiente

La nota se viralizó rápidamente en las redes sociales: Lolo, el
enfermero, había sido absuelto.
Lolo —en realidad Lorenzo Lomelí, el enfermero del penal—
fue juzgado por haber matado a un recluso. El interno había llegado a
la enfermería inconsciente tras un intento de suicidio. Mientras el reo
luchaba por su vida, Lomelí inclinó la balanza hacia el lado oscuro.
Aunque en un principio, el criminal, trató de ocultar su
responsabilidad; cuando las pruebas lo pusieron en situación difícil,
terminó confesando.
Dijo que el preso había intentado acabar con su vida porque
estaba sentenciado a purgar una pena de 25 años. Explicó que ese
castigo le había sido asignado por intento de homicidio: había tratado
matarse a sí mismo.
Si lo hubiera salvado -razonó el apodado Lolo- su condena
hubiera aumentado, como consecuencia del segundo intento de
homicidio. Esto, sin duda, lo habría llevado a intentar de nuevo el
suicidio; tentativa que de no resultar exitosa, hubiera incrementado la
pena.
En suma -recapituló el recién absuelto- se generaría una serie de
intentos de suicidio, que ocasionarían costos al ayuntamiento y que
necesariamente resultaría exitosa en algún momento.
Lo único que hice fue ahorrar tiempo y dinero, concluyó.
Rafael Fernández. Nació el 17 de junio de 1951 en el Distrito
Federal. Es Doctor en ingeniería por el Instituto Politécnico de
Toulouse, Francia. Es autor del libro de cuentos Eros y Tánatos. Ha sido
antologado en Minificcionistas de El cuento. Revista de imaginación. Es autor
de varios libros de divulgación de la ciencia, el más reciente Derrotar a
la ignorancia como en el juego del maratón. Es creador y guionista del cómic

de divulgación de la ciencia: Dime abuelita por qué. Actualmente prepara
la edición de una colección de minirrelatos de base científica. Blog.

Azucena Franco
Muerte por amor
Desde pequeño tuvo un amor muy especial por Nadia, unos
cuatro años menor, jugaba con ella, le tenía paciencia, hacia rabietas, él
aguantaba. Cuando fue alguna vez a recogerla a la escuela, de lejos
estaba pendiente de lo que ocurriera, quién se le acercaba, quién le
hablaba. Ya adolescente, una tarde Nadia sola en la casa, a escondidas,
bebía licores de su padre, quería conocer una borrachera, según sus
planes estaría sola hasta el otro día. Él llegó por casualidad, en vez de
montar en cólera, como Nadia esperaría, le hizo gracia el hecho y
empezó a tomar con ella. Pasó un buen rato, oían música, bebían, ella
le contaba de sus amigas, lloró cuando recordó que Gloria no la invitó
a su fiesta. Luego nuevamente se puso contenta, en tanto él tomaba
mucho más fuerte. De pronto Nadia se aproximó, lo besó
apasionadamente, él se entumeció, después de la sorpresa, la rechazó
aventándola, ella nuevamente se acercó, al fin él respondió. Después de
los besos, vinieron las caricias, ahí en la sala, sin palabras, a medio
vestir, tuvieron furibundo sexo, se quedaron dormidos luego. Un par
de horas más tarde, Nadia reaccionó, un escalofrío recorría su piel,
náuseas, temor, el estómago revuelto, se dio cuenta horrorizada de lo
que había pasado. Fue al clóset donde el padre escondía el arma, la
tomó, sin pensar más nada, a sus catorce años y a poca distancia,
descargó varios tiros sobre su hermano.

Azucena Franco. Mexicana, es Maestra en Letras
Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; es
coautora de MicroBerlín. De minificciones y microrrelatos, ¡Nocauts!
Microrrelato internacional de boxeo, Imaginarios de papel, la edición mexicana
de ¡Basta! Cien mujeres contra violencia de género y otros textos, asimismo ha
publicado en diversas revistas y blogs literarios; ha presentado
ponencias en congresos nacionales e internacionales de minificción.

Brevilla: "Estampas", por Azucena Franco

La visita de Rubén García García

Llegó la abuela a cenar. Mal comió dos tamales, su taza de chocolate, pellizco el pan y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, y todos nos levantamos. En la puerta nadie se animaba a encaminar a la abuela, hasta que mi madre le dijo: usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final de la calle comienza el cementerio.

Abuelita no quiere estar sola en Navidad, ofrece llevar la cena

Espíritu aventurero de Raúl Brasca

Argentino

Espíritu aventurero
a Miguel Gomes
Conocí todas las selvas, los desiertos y los hielos de la Tierra.
Solo, en el fondo de la caverna más profunda, vi las flores
que mueren cuando se las ilumina y oí el lento gorgoteo de
los líquidos invisibles, la continua digestión del mundo. Ni
los monstruos de las fosas abisales ni los seres gelatinosos y
transparentes de los planetas cercanos me son extraños. Estaba en la plenitud de mis fuerzas cuando agoté el espacio
posible para la aventura. Entonces conocí el aburrimiento, la
desesperación de haberlo visto todo.
Por eso me lancé a navegar en el mar del tiempo. Vi a Sodoma hundirse entre nubes de azufre y quemarse la biblioteca de Alejandría, vi a un hombre que inauguraba el fuego
cuando los glaciares demolían el paisaje. Había notado que,
casi insensiblemente, las cosas ocurrían cada vez con mayor
lentitud, pero al principio no le di importancia. Primero la
barba no me crecía, luego el áspid no terminaba de picar a
Cleopatra, después podía seguir el recorrido del relámpago
como había seguido en mi casa el crecimiento de un ciruelo.
Ahora estoy atrapado en el vértice del remolino: en el
puro tiempo. Es terrible para un espíritu como el mío este
estado en que nada puede ocurrir: ni mi fuga ni mi muerte.

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Historia

Palabralab: Raúl Brasca: ''Escribir sin leer, conduce más al balbuceo que a  la pretendida originalidad''
Autor de cuentos, microficciones y ensayos. En 1989 fundó, con otros cuatro escritores, la revista Maniático Textual que estuvo en quioscos y librerías hasta 1994. Compiló quince antologías, once de ellas de microficciones, algunas en colaboración con Luis Chitarroni. Su obra ficcional y ensayística fue publicada en antologías, publicaciones académicas, revistas y suplementos literarios de Argentina y numerosos países de América y Europa. En el país recibió, entre otros, los premios del Fondo Nacional de las Artes y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La Universidad de Carabobo (Venezuela) le otorgó la «Orden de Alejo Zuluoga» que confiere a personalidades de la cultura. Fue ponente y conferencista en congresos internacionales, ha dictado clases magistrales, talleres y seminarios en varias universidades europeas y americanas y se desempeñó como jurado en certámenes literarios nacionales e internacionales. Colaboró con bibliográficas sucesivamente en el suplemento literario del diario La Nación y la revista ADN. Creó las «Jornadas Feriales de Microficción» que coordina y conduce anualmente en la Feria del Libro de Buenos Aires desde 2009. Un jurado internacional le otorgó el «Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola» correspondiente a 2017 que organiza la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y el Seminario de Cultura Mexicana.

http://webs.sinectis.com.ar/rbrasca/biografia.html

EL COLOFÓN — manologo

Pensaba que un colofón era un colofo grandazo, descomunal, inmenso. Un gran bicho, parecido a los dinosaurios de las ilustraciones, pero en versión maxi. Una especie de dragón (dragón y colofón sonaban igual) como el de los cuentos. Cierto día, ocioso, la palabra colofo le vino a la mente y se puso a buscarla en […]

EL COLOFÓN — manologo

Pequeficciones de México

Antología realizada por Chris Morales y José Luis Ortiz Soto

Mundodisco
Victor Hugo Pérez Nieto
La trigonometría y las leyes físicas no son reales. Prueba de ello es el
mundo sobre cuatro elefantes montando una magna tortuga que nada
lentamente en el espacio y cuya simetría profunda está presente en la
estructura fantástica del niño, quien poco recordará de grande lo que
aprendió fuera del Imperio Ágata.
Las ciencias exactas nunca bastarán para explicar hacia dónde
nada la tortuga en el cosmos que los chiquillos recorren al vuelo de un
rechoncho escarabajo con la pata amarrada al cordel. Tampoco hay
ecuación matemática para que en los chaparrones noctívagos del
verano, caigan las estrellas sobre las charcas de la acera y se pongan
al alcance de párvulos pies que gozan haciéndolas desaparecer a
pisotones mientras ellas ríen.
Todo, en la infancia, está en el entendimiento de la magia, no de
la ingeniería, porque al amor, a la amistad, a la fidelidad de un perro, al
ronroneo del gato y a todo lo que es realmente importante, no se le ha
inventado un sistema métrico y está más allá del alcance de la mano,
de la vista y del entendimiento de los adultos, educados para pesar y
medir lo superfluo y resignarse a morir intoxicados en sus verdades.
La fantasía es la única salvación plausible de la propia vida.
Aunque no lo enseñan en el colegio, eso cualquier chico lo sabe.
Victor Hugo Pérez Nieto (México). Es autor de Tesoros de México
(2011), La Noche de los Orfelunios (2012); Feralis (XV Premio
Nacional de Novela 2012); Del Chiquistriquis y Otros Demonios
(2013); y compiló la antología Tintas del Lerma (2014). Participa en
libros y revistas de cuento nacionales y extranjeras. Columnista de la
Organización Editorial Mexicana (OEM).
PequeFicciones
Salto mortal
Marcos Pico Rentería
La acrobacia siempre me ha asombrado. Sin duda, esa es la única
razón por la que vengo al circo todos los años. Me gustan los saltos.
Los giros. Las piruetas que generan los cuerpos suspendidos en el
aire. Esos cuerpos de maíz que se abren y entoldan sus alas blancas y
caen justo antes de ser estrujados por mis blanquecinas muelas.
Marcos Pico Rentería (México, 1981). Profesor de español en
Defense Language Institute. Su investigación se centra en literatura
latinoamericana, principalmente en torno al desarrollo del cuento y
ensayo en la producción mexicana de la segunda mitad del siglo XX y
comienzos del XXI. Su obra ha aparecido en revistas literarias y
académicas como Conexos, Campos de Plumas, Caleidoscopio, La
Santa Crítica, Revista Crítica, Confluencia y en antologías como
Alebrije de palabras (BUAP, 2013).
PequeFicciones
El centro de la manzana
Katalina Ramírez
A Emma y maestra Estrella
En la escuela Emma se come una manzana, y al llegar al centro
descubre un pequeño hueco con forma de estrella. Su maestra le dice
que si se la come podrá́ convertirse en una. Emma llora porque no
quiere ser estrella, lo que recordará después es que en realidad es una
estrella que se convirtió́ en niña.
Katalina Ramírez Aguilar (México, 1990). Licenciada en Literatura y
Filosofía y diplomada en Edición y Comercialización de Libros. Ha
organizado eventos masivos de fomento a la lectura, trabajado como
editora en EDAF y actualmente dirige la editorial Cariátide. Tiene
publicados un libro de poesía: Lengua soy, edición español-náhuatl; y
uno de minificción: Música primigenia. Se encuentra incluida en la
Enciclopedia de la Literatura en México y la Antología Virtual de
Minificción Mexicana.

Cuentos infantiles de pequelandia | Dibujos de profesores, Derechos de los  niños, Escuela dominical

No puedo olvidarte — LAS PALABRAS DE XAVIER

Tener tus manos, tus manos entre las mías, solo un momento, solo eso, para saberme, sentirme más humano y que tú me guíes en ese mundo que necesito, de caricias, cariño y bondad. Rozar tu cara con la yema de mis dedos. Para darte, para ofrendarte todo mi ser, el que guardo en la profundidad […]

No puedo olvidarte — LAS PALABRAS DE XAVIER