Los últimos años pasaron por mi mente, tu palabra amable que me encendía. Luego tu silencio que no me explicaba. Ayer me deshice de mis nudos y vine a verte, soy una mujer que me gusta enfrentar cara a cara con la vida. Te encontré doblado en una silla y con la mirada ausente. Regresé apesadumbrada. Comprendo, con un ahora de claridad, que lo que nunca llega, duele menos que lo que llega tarde.
La carretera corre hacia la lejanía. Escucho el motor que pasa a mi lado. Es una motocicleta que se vuelve diminuta. Corro, el sol sobre la espalda y mi sombra sobre el gris del asfalto. En la cima, encharcado de sudor puedo tomar las nubes. Podría lavarme la cara con el agua del rio, el que corre abajo y parte los cerros. Seco de la garganta. Soy lluvia que riega mis pasos.
La moto viene de regreso, tan veloz que se pierde en las nubes.
Cada día, cada día que pasa, se está perdiendo la bondad, la amabilidad, la empatía, entre guerras y negocios, entre humillaciones y el egoísmos más exacerbado. Y una sonrisa tenebrosa planea por este mundo, y la gente la confunde con la alegría. El ser humano, se está convirtiendo sólo en ser, la humanidad la está […]
Cuando supe que era una de las finalistas del sillón verde de Patricia Esteban Erlés me dio una taquicardia de la buena. Aquí comparto el microrrelato y sus comentarios
:CONDENA REAL
La reina y el rey aguardaban con las manos entrelazadas, mientras ahí fuera el verdugo afilaba la brillante hoja de la guillotina. –Muy dulce –dijeron unos. –Tan rápido –opinaron otros. –Demasiado misericordioso –concluyeron los demás. Entonces abrieron las rejas de la prisión y así, después de ataviar a sus majestades con sayos viejos y alpargatas raídas, los abandonaron a su suerte en una casita maltrecha de la periferia. Ha transcurrido un año. Las antes suaves manos de la reina languidecen plagadas de callos y sabañones a fuerza de lavar con lejía la ropa de toda la familia, y su paladar ha olvidado el placer de las fresas con crema. El rey depuesto pasa casi todas las noches borracho, gracias al sueldo miserable que le pagan por cargar bloques para levantar la catedral que él mismo ordenó construir. El príncipe y los delfines nunca estuvieron más sucios, más flacos y así de felices, correteando todo el día tras los rapaces de la barriada. Pronto, un puñetazo anónimo habrá de partirle el cuello al monarca durante una gresca de cantina, y a ella la encontrarán al alba –luego de haber ahogado a sus hijos en el agua de un barreño–, pendiendo de una cuerda improvisada con un pañuelo de seda que logró ocultar en el escote, el día en que la turba enfurecida y hambrienta los arrancó del Palacio Rea
l.»La primera finalista del concurso dedicado al asesino fue Paola Tena, autora mexicana que vive en Tenerife. Me gustó mucho esta falsificación histórica de corte versallesco, Paola, porque perfilas el marco que hace reconocibles a los personajes con referencias muy bien elegidas, muy precisas. Por ejemplo, la rabia del pueblo que desea una condena más radical para sus soberanos, queda bien representada por el diálogo, no hace falta más que esas frases para entender la inquina que desarrollas muy ingeniosamente. La muerte por guillotina es algo muy light comparado con lo que tú ideas luego. Una vida en la miseria desconocida hasta entonces para esos reyes ajenos al mundo real, durísimo, de sus súbditos, es el preámbulo perfecto, el prólogo a la muerte que finalmente reciben . Tu cuento tiene una estructura limpísima, tripartita, que se sigue muy bien, pese a que cuentas un proceso sostenido en el tiempo, cosa que el microcuento no suele aguantar bien. Has esbozado una descripción muy ajustada de la nueva vida de todos los integrantes de la familia real, su ocupación real, de realidad y no de realeza, en ese descenso socia. Las ropas, el nuevo espacio, las ocupaciones, incluso la reacción sorprendente de los príncipes, niños inocentes al fin y al cabo, más felices ahora, ayudan a visualizar esa nueva situación. El juego de palabras del título, justamente relacionado con la polisemia del adjetivo “real”, entendido como antónimo de “real” en el sentido en que los eran ese rey, reina y sus hijos, es muy ingenioso. El final es perfectamente ubicable en la trama, una vuelta de tuerca muy curiosa y bien traída, porque revela la profundidad de ese odio social, que aísla y aniquila en el ostracismo, tan parecido, por ejemplo, al que se llegó a sentir en Rusia por la malograda familia del zar.»
La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue victima de una avispa que la tomó desprevenida inoculándole su semen. Habrá, semanas después, una noche glamorosa donde cientos de avispas saldrán luciendo en el vuelo una estola de seda.
«Estoy predestinado a realizar una hazaña para mi pueblo» se dijo Antonioni, después de haber salido con vida ante una muerte inminente. Su hijo tuvo una vida parecida, y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Ambos murieron de viejos. El suceso se repitió en generaciones. El último de la dinastía nunca se cuestionó. Moriría crucificado en las afueras de Roma pensando que su esfuerzo para la nueva religión de «amaos los unos a los otros», había sido en vano.
Con tantos artistas de renombre que me anteceden- se lamenta el ciego, sentado en un banco de la plaza- Homero, John Milton, Bach, Joyce, Borges, Y yo no soy capaz de terminar siquiera una cuarteta.
Palos de ciego
En el día los videntes se apoderan de la ciudad y miran con lástima a los que titubean en las esquinas, tratando de adivinar el cambio de luces, y luego tratan de abrirse paso entre la muchedumbre tanteando la vereda con sus bastones blancos.
En la noche los no videntes se aventuran sin problemas por las calles, cruzan de uno a otro extremo de la ciudad, tratando de no atropellar a esos pobres transeúntes que titubean en las esquinas, aferrados a unos bastones blancos que alguien les ha prestado.
Con mis propios ojos
Cuando el barman supo que ese hombre que pedía una copa era de Chile, pero llevaba largo tiempo en Madrid, le confidenció que el había vivido muchos años en Valparaíso, señalándole orgulloso un afiche clavado en la pared. Luego agregó nostálgico:
-Lástima que el tiempo termina borrando los recuerdos.
-No siempre, amigo. Podemos ver el país más cerca cuando estamos lejos. Reconozco el sabor de este vino a ojos cerrados. Cuando llueve como hoy vuelvo a oler los grandes aguaceros del sur. En una escarcha matinal puedo palpar las nieves de nuestra Cordillera. Una vez pude escuchar en una playa de Galicia el oleaje salobre de Chiloé.
Ya ve, amigo. Se puede inventar un país con la memoria.
Luego tomó su bastón blanco y salió a la calle.
Para oírte mejor
Ser bella y además inteligente suele traerte complicaciones. Nunca estás segura de las intenciones de los que se te acercan. Las más de las veces parecen interesados en tus ideas, pero al cabo de unos minutos descubres que tienen la mirada fija en tu escote.
Por eso me saludas con alegría cuando nos topamos en la calle, en un parque o en alguna tertulia. Los ciegos inspiramos confianza porque prestamos atención especial a las palabras. También poseemos un olfato prodigioso.
Premonición
Con la seguridad de que ella siempre regresaba al amanecer, compraba algo de pan en el puesto de la esquina y luego tomaban un café juntos, él manipulaba a tientas el televisor para oír las noticias o los diálogos insulsos de alguna teleserie, y luego se dormía. Podía distinguir por el olor con quienes se encontraba ella cada noche. Compadecía los olores tímidos, los olores marinos le producían celos, el olor a ternura solía impregnársele en la ropa.
Una noche ella volvió sorpresivamente, y se notaba alterada. El captó con alarma ese olor ácido que emana de los tipos celosos, propicios a la violencia. La sintió registrando unos cajones, mover las perchas del ropero, dirigirse a la puerta de salida.
Él intentó prevenirla, pero ya era tarde.
Camino a Corinto
Edipo, rey de Tebas, no se quitó los ojos al saber que la mujer que había desposado era su madre. Pero hay otra versión, no menos terrible, que afirma que Yocasta sorprendió a su hijo dormido y le quitó los ojos con los broches de su vestido, para impedir que Edipo fuera a Corinto en busca de su madre adoptiva, Mérope.
Complicidades
Suelen encontrarse en la calle o en un parque y caminar un trecho juntos. Él dobla su bastón blanco plegable, porque le estorba, y le habla y le habla en voz alta, sin mirarla. La sordomuda despliega con elocuencia su lenguaje de signos.
No saben que a veces el amor es ciego. No saben que también puede ser sordo y mudo.
Sobre ruedas
-No te deprimas por un accidente más – ella posó su mano en el hombro del ciego, en un gesto de consuelo. Todavía tienes mucho camino por recorrer.
Y con un ademán decidido empujó la silla de ruedas.
Se busca un voluntario
– A tu hermanito menor no me lo llevas a ese juego de Guillermo Tell- le advirtió la madre al niño, que se aprestaba a salir con su arco, flechas y una manzana- si quieres lleva a tu abuelo, que ya ni sale de la casa el pobre desde que se fue quedando ciego.
Para decir adiós
Por varios años fue su Lazarilla y su única guía. Lo acompañó a descubrir ciudades maravillosas. Cuando se cansó de él lo llevó a conocer los acantilados de Ronda.
Te ocultas de mí
Me finjo ciego y me dejo guiar por ti,
aferrado a tu abrigo amarillo,
mi lazarilla tierna y despiadada
capaz de dejarme abandonado en cualquier parque público
y reaparecer de pronto a la vuelta de la esquina
Borges en su laberinto
Advierte, joven, que un día la caótica
y asombrosa diversidad de tus experiencias
se reducirá a expresiones que ocultan
piadosamente la realidad:
el viaje, el amor, la memoria, el olvido.
La clara tarde me permite hoy reconocer
Los difusos contornos de algunos anaqueles.
Mi tiempo empieza a ser medido ahora
por los cada vez más numerosos
libros que ya no he de leer.
***
Juan Armando Epple,
profesor de literatura latinoamericana de la Universidad de Oregon, es uno de los iniciadores de los estudios sobre la minificción, habiendo publicado varios ensayos a contar de 1984. Ha editado las antologías Microquijotes (2005) Cien microcuentos chilenos (2002), Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano (1999), Para empezar. Cien microcuentos hispanoamericanos (1990) [con Jim Heinrich]. Co-editor de Los mundos de la minificción. Actas de las Jornadas Internacionales de Mini ficción, Universidad de Las Palmas de Gran Canarias, 2008. Valencia, Spain: Advuana Vieja, 2009. Fue editor invitado del número especial sobre el microcuento latinoamericano de la Revista Interamericana de Bibliografía/ Inter-American Review of Bibliography, Vol. XLVI, N.1-4 (1996), que incluye sus aportes «Brevísima relación sobre el cuento brevísimo», pp. 9-17, and Appendix «Breviario de cuentos breves latinoamericanos», pp. 193-311. Es autor de los libros de minificciones Para leerte mejor, Santiago, Mosquito Editores, 2010 y Con tinta sangre, Santiago, Mosquito Editores, 1999. Segunda edición: Barcelona: Thule Editores, 2004.
Pedaleó sin rumbo tratando de huir de la avalancha. Detrás de sí una inmensa ola blanca lo seguía. Cuando se detuvo, se encontraba en otro mundo
Doble caldo
Rubén García García – México
Asistí a mi propio velorio y escondido entre las coronas de flores veía a mis deudos; curiosamente mi esposa no estaba entre ellos. Recorrí los pasillos de la vetusta casa y de los muros salieron unas manos que me ahorcaron; desesperado intenté zafarme tratando de romper el abrazo; mis dedos rodearon sus nudillos y reconocí la protuberancia del anillo; el que le regalé, una noche antes de que la sepultara con su amante.
Virus subversivo
Biyú Suárez –Bolivia
¡Y me trató como a una bacteria! Contaba sus penas el virus enamorado.
Día libre
Manuela Vicente Fernández – España
Doña Asunción quiere ir siempre con el mismo taxista. Guarda su número en la cartera, junto al carnet de identidad y la cartilla del seguro. Muchas veces lo llama con la excusa de ir al médico, y él le pregunta a qué hora tiene que estar en el centro de salud. A la hora que puedas, hijo –contesta ella–. Ya sabes, tengo el día entero para mí.
La cena
Armando Alanís – México
Después de cenar, mamá caníbal anunció a sus pequeños hijos que se habían quedado sin padre.
Alebrijes
Lester F. Ballester – Cuba
La noche se ha vuelto fúnebre y temerosa. Bajo un recuerdo de siglos dispersos, camino por la jungla sabiéndome perdido, desando los senderos, sintiendo la hierba en mis pies descalzos. Entre la espesura del tiempo, veo a un jaguar colorido, una iguana con alas y un gallo sin cresta que me llevan a un prado con cielo, a un amanecer con Luna. Mi nave está deshecha. Me he vuelto un astronauta perdido, un marciano a la fuerza.
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