Sendero
El zapote mamey es oval, carne olorosa.
asalmonado.
La semilla, café brillante en armonía con el fruto.
Verla es arrobarse.
La fruta de eva.
El nonagenario acarició la piel, olfateo y se la llevo al pecho.
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Puede ser excepcional mente medida o bien verso libre, abarca diferentes temas pero cargado hacia el amor o desamor.
Sendero
El zapote mamey es oval, carne olorosa.
asalmonado.
La semilla, café brillante en armonía con el fruto.
Verla es arrobarse.
La fruta de eva.
El nonagenario acarició la piel, olfateo y se la llevo al pecho.
-Mamá, mamá¿dónde está mi papá?
– Es nedia noche–
Fue a trabajar.
Y vuelve al sueño.
«Cómo le dices al niño de tres años,
que se fue a robar»

Rubén García García
Aquí, donde el camino se bifurca, espero a una mujer. ¿ qué llegará primero? Si la muerte o la esperanza.

Rubén García García
Escuche:
es un débil sonido,
quizá un tallo que no soportó la fuerza del ave.
En un mundo de estridencia, eso poco importa.
Pasó en algún lugar de mi corazón.
Mi cara de jugador ocultó a mis semejantes el dolor de un pesado golpe.
Nadie se dio cuenta de la hipocresía de mi sonrisa.
Si por coincidencia los compañeros mencionaban tu nombre
llegaba tu imagen como una miríada de peces.
Todo se fue,
quedó el páramo,
el frío, el estupor, la indiferencia.
Oculto en mi guarida, ya no recuerdo nada y los días pasan
como pedacitos de papel que son arrojados de una ventana de un piso cualquiera.

Rubén García García
Pronuncio despacio tu nombre.
¡Qué escuche el golpe de mi lengua!
como el agua que golpea sobre las lajas
y humedece las estrellas.


Rubén García García
Lava la ropa,
atiende a los hijos,
y se levanta por la noche y los besa.
Él duerme a pierna suelta.

Rubén García García
Hay días
que vuelven.
—Días periféricos—
Los intuyo,
los transito con fingida indiferencia.
es tarde,
—nada regresa de lo que cae—
los vagones se abren
y me veo contigo tomados de la mano
mientras las aves pasaban sin vernos.
Tu cabello bailaba un tango
sudamos mezclados en la sábana.
—El silencio es tardo y explosivo—
Tengo que volver antes de que amanezca.
mañana será ajetreado…
Y, no tenemos después.
De Rubén García García
tu cabello
caía lacio,
y tu frente
esparcía bengalas.
Era un pez
en tu fluidez.
Fuimos,
gacela, felino,
Santos recuerdos;
es mi paraíso
del cual nadie puede expulsarme.
El día se ha ido.
Quedó el almizcle
de tus manos
recorriendo mi espalda.
los besos
son pasos que se alejan.





Rubén García García
Es Rock pesado.
Bebidas adulteradas.
La estridencia es un zipper
que no deja pasar
ni el gemido de un orgasmo;
mucho menos
el camino vascular de una daga.

De Rubén García García
El gato duerme,
y sueña con ratones;
lo busca el perro
para ladrarle
en la boca del oído…
Por Rubén García García
Te recordé
sentada sobre mis piernas.
Envuelto de tu luz;
nunca imaginé cuan pesada era tu levedad,
y a punto de encontrarte, desapareces.
A veces me da por el verso libre

De Rubén García García
Llegaron las aguas!
En la mañana, aún con el sol anunciaron su llegada.
Fue un trueno que erizó las antenas de las hormigas.
El sol se hizo menos,
como la gente que al despedirse mete por debajo de su sombrero el pelo alborotado.
Llegaron las aguas con su cohorte de damiselas para confeccionarle al cielo una capa de grises azules. borroneados.
Aaahhh… mi corazón se rinde ante septiembre, y salgo disparado a quitarme las ropas porque llegaron las aguas.
Rubén García García, por edad ya no se cuece al primer hervor, aunque conserva las emociones de niño y de la adolescencia uno que otro terrón encendido.

El viento movía las ramas y la tarde despedía al bochorno.
Bajo el árbol de caimito esperé el ocaso.
Las ramas parecían brazos caídos.
Se cerraba el día.
Me imaginé al sol con su sombrero hasta las orejas.
la luna de cobre y en su ombligo el conejo agazapado.
Las ramas iban y venían al son del viento.
Yo, me entregaba al bing bang de la mecedora,
la misma que me conoció el trasero de niño.
Mañana lloverá. me dijo el grillo,
así es, dijo la chicharra apretando sus alas.
A un costado, pegados a la cerca, los galanes tenían su fiesta;
y cada vez que abría la flor,
se escuchaba la gritería de:otro, otro otro…
.mañana lloverá suave y sin rencor.
Llegó un día sin luna
y me envolvió…
solo dejó su aroma
de madre selva.
y el carbón de sus ojos.

Vladimir Volegov