Sendero
Juego ajedrez
con las luces del cielo.
Tengo caballos,
alfiles, un rey negro,
y una dama que al bailar
tira sus velos.
Danza luna,
Antes de que se vayan los gitanos.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Puede ser excepcional mente medida o bien verso libre, abarca diferentes temas pero cargado hacia el amor o desamor.
Sendero
Juego ajedrez
con las luces del cielo.
Tengo caballos,
alfiles, un rey negro,
y una dama que al bailar
tira sus velos.
Danza luna,
Antes de que se vayan los gitanos.

Sendero
el río
con su rumor eterno.
El cuchicheo
al hundir los remos.
El pescador y la palidez,
El sueño y lo soñado

sendero
Amar hasta que te duela
y quedarse con la experiencia.
¡Nunca se sabe!
si será el último,
con la mujer,
o con la vida…

sendero
Las ideas sin puerto,
son pájaros que se van.
El recuerdo se construye con días intensos.
El hombre tiene riqueza,
cuando es capaz de sembrar sus emociones.
¿Qué ejercicio me darán si después de mi muerte,
hay arboles carentes,
retorcidas osamentas,
donde no sacie un clarín,
y el camino sea un edén de ortigas?

Sendero
¡Esto no puede quedar así!
Quiero una guitarra
que tenga cantos de sirena,
maderas de naufragio
y vientos de fino olor.

Sendero
Al secarte te digo que eres mío.
Aliso tu cabello con el peine de marfil que una tía me regaló.
Mientras escojo tu ropa, te visto de capitán y me cuadro ante tu altivez.
Qué placer tenerte a mi lado.
arroparte en mi regazo,
hacerte caricias, morder tus cachetes y meterte en mi pecho…
Vamos capitán, no llores
que ya no tarda tu mamá;
pero te quiero como si fuera, o más todavía.

sendero
Me gusta contarte los pormenores;
cosas sin importancia.
me gusta frotarte la espalda mientras enjabonas.
Platicarte, una vez más, el sueño de conocerte.
Oler tu piel de hierba
Y vigilar tu siesta de la tarde.
Me gusta besar a mi hijo a través de la ventana de tu ombligo.
Es sencillo, hasta simple: me gusta ser parte de ti cuando me abrazas.

sendero
Se fue la tormenta
y en la rama del árbol
cuelga un pez de colores.
El alcatraz,
después del sol de la tarde;
me invitó una copa.

Sendero
Me hablas al oído.
Tu voz me guía al enredo,
tus susurros son aves entre la neblina.
Cuando hablas así,
escucho el reverbero de tu boca que me pide.
No me cuchichees al oído
porque respondo a tu silbido,
y después no sé qué me da
por despintar la mora de tus labios.

Sendero
En el pantano,
cantaron al bochorno las chicharras.
“si oyes su canto, -salte dijo mi madre;
alborotan a las ranas,
y ellas, a las víboras.
A las espadas del zacate,
les hice una cama de sol,
y cuando estuvieron a punto de polvo
me hice una almohada.
Me arrulla el canto de las ranas;
y por la mañana me rompen las chicharras.

sendero
Un día nos encontramos,
y fuimos viento;
bamboleamos al bambú,
y pulsamos a la flauta.
Se fueron los días de flor y sinsonte
Quedó el silencio
La hierba sucia.
Y marginado de la esperanza…
Volviste.
Cómo vuelve lo auténtico,
lo que nunca se pudre.

Sendero
Distante la pedrera.
Traerla y construir un nuevo puente…
tardaría.
Necesito un año luz
para levantar los muros
y darle al puente una silueta de pájaro.
Tardaría;
pero volvería por ti.

sendero
La tarde pesa.
Por la ventana
las gotas ruedan.
El vaho exhalado
se anuba.
Dibujo con la uña
la curva de tu paso,
la doblez de tu cabello.
Musito la canción del viajero
que a su regreso
solo el silencio lo esperaba.
Musito tu nombre
mientras el viento silba;
y hace caer las flores del limonero.

Sendero
El rumor del agua,
el zarandeo de la rosa,
el matiz de la luz;
la voz del pájaro.
Todo se detiene
cuando el colibrí
sin moverse
llena su corazón de miel.

Sendero
Si la inclino se mueve una avalancha de semillas.
Cuando el viento bambolea su pelo, se prenden los oboes al caer la tarde.
Si me abraza entre sus pechos escucho el tam tam y me traslado a un baile en la prehistórica sabana.
Mi corazón es azuzado por el azogue de su ombligo.
Cerrando los ojos, la dejé ir
