A veces me da por ser cursi cuatro de rubén García García

sendero

Qué silencio!

Este crepúsculo invade las piezas de mi pensamiento

Afuera

la lluvia menuda y fría que humedece el jardín

destellos que perturban

espacios sombríos de oscuridad

Escucho

la caída de mis palabras mudas

el reptar de un suspiro

Siento

la insoportable sombra de tus pasos

Tu silencio de mar inerte

Nunca

imaginé la intemperie sin ti

y con el peso de tu adiós.

Fastidio de Rubén García

Sendero

Va el ciempiés…

sueña ser mariposa,

camina con sus juanetes

y busca reposo bajo las adormideras.

los vidrios en sus pies le recuerdan la vida.

Si la vida se durmiera:

sin hambre,

sin tristeza,

sin dolor.

¿Sería un placer?

Pero no.

La vida sigue y es un fastidio.

para el seco tinaco,

la hormiga,

y el ciempiés que sueña con ser mariposa.

Si yo cambio, todo cambia: El ciempiés cojo

La memoria de Rubén García García

Sendero

Mi memoria es penumbra,

tarde temblorosa,

Llovizna seca.

Vivencias con ala rota.

Árbol mocho,

deshabitado.

Cantos sordos.

Palabras sueltas,

rendijas de algo.

Lejos se fueron tus pasos.

Olvidaré que soy.

¿Seré mar?

Agua que ahoga las visiones,

memoria de espuma que se abre

cuando el ave se hunde.

y levanta el vuelo llevando un pez hacia las nubes.

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A veces me da por ser cursi dos de Rubén garcía García

Sendero

Hoy surjo

como fantasma en tu mirada.

Te veo en los quehaceres,

limpiando el cuadro que un amigo te regaló,

ordenando tu ropa,

cepillando tu pelo.

¡Qué gusto!

cuando me cuelo

en tus pensamientos.

y, escucho:

¡Cómo no desear una noche contigo ¡

Me haces sentir una delicada flama

y en un instante

me convierto en el camino que cruza los hombros de la montaña.

Y, cuando te vuelves frío,

¡soy meteorito que desciende a los desiertos ¡

Te gusta que sea fuego,

flor de luz,

Reír,

y llenar de barcos mi cielo…

Cómo decirte que me gustaría estar una noche contigo

PI Pintado a mano de pintura al óleo gente pensando Mujer con el marco de  estirado : Amazon.es: Hogar y cocina

Interpretación a una leyenda Totonaca de Rubén García*

El leñador se desperezó estirando el cuerpo. Se calzó las botas y fue por sus arreos. Con el dedo pulgar comprobó el filo. Observó a la lejanía y con una leve inclinación de la testa saludó a los cuatro puntos.

Respiró hondo y de a poco fue moviéndose en círculos, iniciando una danza de gratitud por los bienes concedidos.

Con las manos ceñía el mango del hacha y lo giraba, cortando gajos de viento con el borde plateado. Los tacones de sus botas sonaban en el piso como si miles de potros trotaran sobre la estepa.

Avanzaba, se detenía y daba vueltas por encima del piso. Parecía una libélula. El sudor hacía regatos dibujando el perfil muscular de su cuerpo.

Después la mirada caía sobre los grandes árboles y el sonido de caballos se transformaba en golpes certeros sobre los tallos. Provocando el miedo germinal por los estruendos.

El sudor del cuerpo corría por cordones de cristal… .Las gruesas de leña se disponían como tambores acostados.

Del norte y del sur llegaban vientos que revolvían la oscuridad del cielo. Los hatos rodaban. El leñador corría de un lado a otro tratando de contener los atados.

Enojado levantaba el hacha y las luces que caían sobre filo, se convertían en relámpagos. Poseído, disparaba rayos hacia la luna, hacia la tierra.

El sudor incesante formaba arroyos que al resbalar por los promontorios cuajaban en cascadas ahogando las ínsulas. Al volver a danzar, llegaba la calma y daba fin a la furia cuando se dormía ocupando la mitad del cielo.

Tajín o ciudad del trueno.

Todo sobre el Tajín, la ciudad del trueno en Veracruz - Matador Español

Se fue la lluvia de Rubén García García

Sendero

Hubo una mujer que te decía lluvia, apasionada.

Por las tardes, cuando los pájaros volaban en bandada buscabas sus versos.

Tardes inmensas, abrasadoras, que envejecían lentas, piras, carbones errantes,  sándalo a la memoria.

llegó el sol de nieve, se fue el agua, cayó la hoja dejando huecos donde antes había murmullos.

Se fue la tarde, los patos, la rosa, y la pupila se vio los gansos.

El adiós tiene terrones con sonidos de un mar prehistórico.

 Al abrir el libro queda el esqueleto de una hoja dejada por descuido.

Se fue la lluvia, llegó el frío a la ciudad. • Amo Tijuana