La Sonora Santanera

Nace en el año de 1955 y su fundador fue Carlos Colorado Vera que era originario del pueblo de Barra de Santana del estado de Tabasco y en su inicio se les conoció como Tropical Santanera. En 1959 cambió su nombre a sugerencia del cómico «Palillo» al de Sonora Santanera. El 5 de Abril de 1960 graban su primer disco., el tema: «la Boa» cuya autoría es de Carlos Lico, buen cantante, que era tartamudo, pero cantando desaparecía. En este primer disco hay un tema: «Caperucita» donde interviene la voz de una niña, que pasando los años sería Janet Arceo, gran comunicadora y empresaria. A fines de 1060 conocen a la que sería la primera voz femenina, la Chamaca de oro, asi se conoció a Sonia López de la que todos los temas fueron éxitos. Tres años después se separa para hacer su carrera como solista.

Sonia López cuenta que los buscó para contratarlos y en la fiesta tuvo la oportunidad de que ella cantara dos veces ( ella solo había cantado en las fiestas escolares) Carlos Colorado djo «se queda» Sonia era menor de edad y no viajó en el autobus de la sonora, sino que iba en un carro particular

En 1986 transitaban hacia la feria de San Marcos y tienen un accidente donde muere su fundador Carlos Colorado y buena parte de los integrantes quedan lastimados. al regresar el grupo enfrentó diversos problemas por el nombre de la agrupación, cuyos derechos al parecer fueron cedidos a la esposa de Colorado.los pleitos por el nombre llevaron a que el grupo se dividiera  y surgieran La Única e Internacional Sonora Santanera, dirigida por Arturo Ortíz y Antonio Méndez; y la Sonora Santanera de Carlos Colorado y María Fernanda, dirigida por la viuda de Colorado y sus hijos. El estilo fue el mismo en ambas. En 1987 regresan con el tema «Dios si perdona, el tiempo no» y desde entonces hasta el presente la Sonora se hace presente.

Andrés Terrones es el cantante original de la Santanera y es el ícono y ejemplo viviente de longevidad y amor a la Sonora que fundó Carlos Colorado. Hace dos años se le rindió un homenaje por sus 65 años en la institución. La Sonora Santanera inición cuando los trios se encontraban en su mejor momento. Antes que ellos lucía y lucira siempre la Matancera, de origen cubano, Han llegado diferentes ritmos, pero la Santanera sigue en las preferencias del pueblo de varios países. Las mejores voces femeninas y masculinas han homenajeado a la institución cantando con ellos.

Curioso es el espacio donde se integra Sonia López, ella cuenta que los buscó para contratarlos y en la fiesta tuvo la oportunidad de que ella cantara dos veces ( ella solo había cantado en las fiestas escolares) Carlos Colorado djo «se queda» Sonia era menor de edad y no viajó en el autobus de la sonora, sino que iba en un carro particular

Cantantes de la Sonora santanera: Andrés Terrones, Silvestre Mercado, José Bustos, Sonia López,Tomás Cruz Ramales, Simón Hernández Vivanco, Juan Bustos, Mirko Amaur y Lizardi Aguilar.

Discografía: Es muy extensa le conté 65 suma de acetatos y CD.. si alguien esta interesado, aquí les dejo la liga: https://www.lasonorasantanera.mx/discrografia/

Esta tarde contigo recordando a la unica e internacional sonora santanera  in Carlos Leal A in mp3(31/01 a las 18:34:09) 02:05:27 16745983 - iVoox

La voz femenina y la Sonora Santanera

Fragmentos históricos

Tras firmar contrato con Columbia, la Sonora Santanera lanzó su trabajo debut La Boa / Los Aretes De La Luna (1960), sencillo que en poco tiempo se convirtió en un total éxito, dando así a conocer a la nueva Santanera. En ese entonces el grupo estaba conformado por: Carlos Colorado, Juan Bustos, Silvestre Mercado, Andrés Terrones, Rodolfo Montiel, Josué Ramos, Antonio Casas, Héctor Aguilar, David Quiroz, Sergio Celada y Armando Espinoza; formación que cambiara con el paso de los años.  Un año después de su debut, se unió a la agrupación Sonia López, quien ese entonces era menor de edad. Ésta debutó con la agrupación en 1961, a través del álbum ¡A Gozar! (1961), trabajo discográfico de doce canciones, entre las cuales estaban incluidas: Saca La Botella, Botecito De Vela y Por Una Cosa, tema que fue interpretado a dúo por López y Bustos.

Institución musical sobresaliente de México

Ese mismo año, la agrupación publicó su tercer LP titulado Sonora Santanera (1961), disco en el que Sonia o la Chamaca de Oro, como seria conocida desde entonces, interpretó éxitos como: Mi caprichito y De México a La Habana. Este trabajo fue seguido por Baile A Los Ritmos Tropicales De Sonora Santanera (1961) y Sonora Santanera Canta Sonia López (1962), álbum que llevaría al grupo a la cima. Este último fue interpretado íntegramente por La Chamaca de oro, constó de doce canciones e incluyo éxitos como: Ya No Vuelas Conmigo, Corazon De Acero, Besame Por Favor, Canela Pura, El Ladron y Semana De Amor.  El éxito de este trabajo fue tal, que a partir de entonces la Santanera dedicó un espacio en cada presentación para introducir algunos de los temas del álbum interpretados por la Chamaca de Oro. En 1963, López abandonó la banda para iniciar su carrera como solista.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por debajo de la mesa de Manzanero con Luis Miguel

 

Luis Miguel y los boleros viven encadenados desde que en la década de los noventa el artista mexicano penetrara en este estilo musical y descubriera su hábitat.

‘Por debajo de la mesa”, original de Armando Manzanero, es la canción que mejor refleja el idilio entre ambos. Convertido en menos de veinte años en un clásico del género que nunca pasará de moda.

Si tuviera que elegir un adjetivo para calificar ‘Por debajo de la mesa’  optaría por sensual. Despierta lo que nos imaginanos pero no conocemos. Puro deseo al son de los violines y de una impecable ejecución del oboe en la introducción.

Los arreglos y la dirección musical a cargo del desaparecido Bebu Silvetti, junto con la garganta y la elegancia interpretativa de Luis Miguel, dieron el brillo que precisaba esta genial composición de Manzanero, construida sobre un romanticismo a flor de piel. De cualquier forma, ‘Por debajo de la mesa’ es una obra que prueba empíricamente que el instrumento musical mas preciado es la voz.

La salida al mercado  topó inicialmente con las críticas negativas de la prensa musical, pero no opinó así el público y los seguidores de Luis Miguel, que se lanzaron en avalancha a las tiendas de discos.

Finalmente, obtuvo también numerosos galardones. Además fue nominada a canción pop del año en Estados Unidos, donde alcanzó el número uno en la lista latina de la prestigiosa revista Billboard.

Ejemplo evidente de que las baladas viven mientras haya dos personas enamoradas. Poco más de tres minutos bastan para hacer sufrir y soñar al mismo tiempo.

Manzanero, como autor, cosechó el premio anual Lo Nuestro y el Premio América gracias a este poema con música de fondo. Perfección desde la letra hasta el arreglo. Manos, roces, pies traviesos… son las imágenes que nos evoca nuestra mente cuando escuchamos su melodía. ¿Quién no quisiera vivir una historia así? El amor es un arte y Manzanero lo domina. El maestro lo considera su creación favorita, como confesó en varias ocasiones.

Definitivamente, se tiene que amar para poder sentir plenamente esta canción.

VÍDEO

Filmado en blanco y negro, tiene como escenario un famoso restaurante neoyorquino que retrocede varias décadas para retratar el ambiente de los locales de los años cuarenta. Pareja guapa, cantante atractivo, música encandiladora… Ingredientes que garantizan el cielo.

Pero el trasfondo es otro. Generemos polémica. ¿No es ‘Por debajo de la mesa’ un himno a la infidelidad? ¿Un relato de un amor prohibido? De esos que se viven con intensidad, pero que nunca tienen final feliz. Placer y sufrimiento en igual medida.

Vean las imágenes. Las miradas cómplices y sutiles de Luis Miguel con la mujer de la mesa. Ella intercambia un mensaje con el artista solamente escrito con los ojos. Él le corresponde. Deseo expresado con elegancia. Ella parece dispuesta a dar un paso más, pero, por contra, no permite que su pareja se insinúe a la camarera. Los celos duelen, pero no nos damos cuenta de que también dañan cuando el perjudicado es otro.

LETRA

Cada frase de ‘Por debajo de la mesa’ transmite un sentimiento profundo y cargado de sentimientos. Nuestra alma sufre un movimiento con cada expresión escrita por Manzanero con una sutilidad tan sensual como carnal.

Por debajo de la mesa acaricio tu rodilla

y bebo sorbo a sorbo tu mirada angelical

y respiro de tu boca esa flor de maravilla

las alondras del deseo

cantan, vuelan, vienen, van

Y me muero por llevarte

al rincón de mi guarida

en donde escondo un beso

con matiz de una ilusión

se nos va acabando el trago

sin saber, qué es lo que hago

si contengo mis instintos

Oh! Jamás te dejo ir

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir

si tu pudieras, un minuto estar en mi

tal vez te fundirías

a esta hoguera de mi sangre

y vivirías aquí, y yo abrazado a ti

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir

que no hay momento, que yo pueda estar sin ti

me absorbes el espacio

y despacio me haces tuyo

muere el orgullo en mí

y es que no puedo estar sin ti

 

Desde <https://blogs.elcorreo.com/musica-callada/2016/10/31/luis-miguel-por-debajo-de-la-mesa/>

 

Piensa en mí, una canción de todos los tiempos de Agustín Lara

Luz Casal – Piensa en mi

  

Han sido muchos los ejemplos de canciones que han reivindicado su calidad o han vuelto a la actualidad de la mano de su inclusión en una banda sonora cinematográfica. El bolero ‘Piensa en mi’ es una de ellas. Porque el tema que escribió el maestro mexicano Agustín Lara en 1935 renació para la audiencia en 1991, gracias a que Pedro Almodóvar –con su habitual buen ojo para la música– la eligió para dar sonido a su producción ‘Tacones lejanos’.

La magnífica interpretación, dulce y romántica, la firmó la asturgalaica Luz Casal. En el filme, fue Marisa Paredes la que encarnó la reaparición artística de la cantante y actriz Becky del Páramo tras años alejada de los escenarios españoles.

La voz desgarrada de Luz esparce al aire una letra profunda y verdadera que recoge los tópicos del desamor: una entente imposible, un corazón roto, perennes ganas de llorar, amores malos, soledad eterna, un alma torturada… para conformar un tema eterno que está por encima de modas.

Porque, pertenezcamos a la generación que pertenezcamos, nos transmite emoción y miles de sentimientos. Y es que, ¿quién no ha llorado alguna vez por amor, por la nostalgia del ser amado que se ha ido, pero que sigue esculpido en nuestras mentes evitando cualquier intento de consuelo?

Una composición, en suma, que nunca produce indiferencia porque nos habla de experiencias vitales que pudieron ser nuestras, que tal vez pasaron por nuestra existencia cargadas de emoción y que todavía reviven en nuestro interior pese al paso de los años y de que ya tenemos una vida detrás.

Un bolero clásico que nos habla de la soledad y el sufrimiento que queda cuando el amor se fue, de los que te remueve por nada y por todo. Musicalmente, la versión de Luz quiso huir de ello. No pretendió dar un nuevo matiz o actualizar el estilo con nuevos arreglos sino que buscó repetir el original. Para ello, se volvió a grabar con instrumentos propios de la época original. La voz, la suya personal, es símbolo de una presencia vocal y humana única, según dijo alguien a quien no recuerdo.

Esta composición se escuchó en el entierro de la mujer más rica de España, Rosalía Mera, la primera esposa de Amancio Ortega, el fundador de Zara. La interpretación, que tuvo lugar en el cementerio de la parroquia coruñesa de Santa Eulalia de Liáns, en Oleiros, corrió a cargo del grupo de música Luar na Lubre. Luz Casal también estuvo presente, aunque no llegó a cantar.

Si tienes un hondo penar, piensa en mí…
si tienes ganas de llorar, piensa en mí…
ya ves que venero tu imagen divina,
tu párvula boca que siendo tan niña
me enseñó a pecar

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras
quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí…

VERSIONES

Justo es ofrecer en primer lugar la interpretación original del propio AGUSTÍN LARA.

Impresionante, por desgarrada y cruel, la revisión que firmó CHAVELA VARGAS.

LOS PANCHOS, como siempre, dieron su deliciosa visión del clásico mexicano.

La cantante mexicana EUGENIA LEÓN, de gran prestigio en su país, quiso aportar su matiz a este clásico.

El puertorriqueño DANNY RIVERA pretendió dotar a la canción de un aire más moderno. Cuestión de gustos.

LUZ CASAL nació en Galicia (La Coruña, 1958), pero se crió en Asturias, donde formó sus primeros grupos. Al cumplir la mayoría de edad –entonces se alcanzaba a los veintiún años– decidió apostar firmemente por la música y se encaminó hacia Madrid en busca de una oportunidad.

Su voz rasgada hizo coros hasta que consiguió grabar un single lleno de insinuación y erotismo que le permitió ser telonera de Miguel Ríos en 1983. Aún se la recuerda por su lunar en la mejilla derecha y su afición a los vestidos extravagantes con colores rojo y negro.

Se hizo con un nombre que ya la encaminó hacia una carrera sólida con una docena de trabajos en el marcado. Inicialmente cultivó el rock y luego las baladas desgarradas, como la que hoy analizamos. De hecho, su interpretación de ‘Piensa en mi’ supuso un punto de inflexión en su andadura profesional.

Cuando mejor situada estaba en el panorama musical hispano le fue diagnosticado un cáncer. Entonces inició una nueva lucha, una batalla sin cuartel que finalmente se saldó con una victoria. A nadie le extrañó que triunfara sobre la enfermedad, porque Luz siempre ha sido un símbolo de fuerza.

ASÍ NACIÓ LA CANCIÓN MÁS SEXUAL Y PROHIBIDA DE LA HISTORIA POR ANA LÓPEZ-VARELA

Serge Gainsbourg y Jane Birkin, en su casa de París.

Dos iconos sexuales del siglo XX dándolo todo para una sola canción, la suya. Brigitte Bardot, masturbándose a su lado para regalarle los mejores gemidos de su repertorio. Jane Birkin, bailando con él cada noche hasta darle una hija. Hoy puede resultar complicado entender qué suscitaba en las mujeres de la época aquel tipo flaco y narigudo –hay quien diría que feo–, de aspecto desaliñado y prepotencia francesa. Pero lo hacía. Vaya si lo hacía.

“Puede que sea feo», solía disculparse Gainsbourg cuando notaba que alguien se hacía la misma pregunta. «Pero la fealdad es más fuerte que la belleza: al menos esta dura para siempre”. Además cuando las mujeres más guapas del mundo suspiraban a su lado él ya no era Lucien Ginsburg (París, 1928) , aquel hijo de ucranianos exiliados marcado con la estrella de judío en su niñez. No, hacía años que había cambiado su “nombre de perdedor”, según sus propias palabras, por el de Serge Gainsbourg. Era un tipo duro que encadenaba un cigarro con otro y se abandonaba a placeres mundanos como la música, la pintura y, por encima de todo, las mujeres: el hilo conductor de su vida. Una existencia cuya banda sonora principal fue, sin duda, Je t’aime… moi non plus, la canción más sensual y escandalosa de la historia.

Aquel invierno de 1967 que este tema vio la luz, Serge llevaba ya un lustro bajando las persianas de tugurios en los que besaba a mujeres y tocaba el piano con la misma intensidad –sus juergas con Boris Vian debieron ser épicas–. Su imagen de cantautor rebelde, su rol de enfant terrible, sus letras juguetonas y, sobre todo, canciones como Le Poinçonneur des Lilas protagonizada por un revisor de metro suicida, le habían dado fama mundial. De hecho, hacía solo dos años que había ganado Eurovisión con su Poupée de cire, poupée du son en la virginal voz de France Gall. Aunque si algo marcaba aquellos meses fríos de París era el amor que el compositor sentía por Brigitte Bardot. Un amor casi enfermizo.

Dicen que durante el cortejo que ambos artistas tuvieron, Serge prometió a Brigitte componerle la canción de amor más bella jamás compuesta. Nadie sabe si fue aquello lo que convenció a la actriz para rendirse a los encantos del cantante. Y aunque estaba casada entonces con Gunter Sachs, lo cierto es que ambos vivieron un romance que duró 86 días y, de paso, incendió la sociedad francesa.

Escándalo en el estudio de grabación

Para Serge todo empezó como un juego. Primero, con la ayuda de Michel Colombier al fusilar los acordes de A Whiter Shade of Pale, número uno indiscutible de la radio fórmula francesa ese verano que estaba facturado por el grupo Procol Harum. Después, al inspirarse para su letra en un discurso de Salvador Dalí del que su primera mujer, Elisabeth Levitsky, había sido asistente. «Picasso es español. Yo, también. Picasso es un genio. Yo, también. Picasso es un comunista. Yo, tampoco». Bajo aquel mantra daliniano pergeñó su “Te amo…yo tampoco”. El último movimiento fue proponerle a Bardot cantarla a dúo como si realmente estuvieran haciendo el amor.

Dos días más tarde, el 10 de diciembre de 1967, los amantes entraban al estudio para grabar Je t’aime… moi non plus. Al cantarla, ambos arrastraban las palabras [«Je vais et je viens, entre tes reins» (Voy y vengo, entre tus caderas) / «Tu es la vague, moi l’île nue» (Tú eres la ola, yo la isla desnuda) / «L’amour physique est sans issue» (El amor físico es un callejón sin salida) ]. Lo hacían, tal vez, sin saber que con aquello daban carpetazo a su romance. Bueno, más bien daban la excusa para que Gunter Sachs forzara su final.

Al día siguiente, el marido de Brigitte, al igual que toda Francia, escucharía la canción en Radio Europa 1. Sus celos justificados –el técnico de sonido de la grabación desvelaría más tarde que, para hacer creíbles sus susurros, la pareja se había “tocado” ante los micrófonos– acabaron en un despacho de abogados. Así, con medio país escandalizado, Sachs amenazó a la emisora con llevarla a los tribunales mientras Brigitte convencía a Gainsbourg de que no incluyera la grabación en su inminente disco.

Serge no lo hizo, pero si trató de conseguir, sin éxito, que Marianne Faithfull o Valerie Lagrange, interpretaran las partes de Bardot para poder editarla de nuevo. Acababa de cumplir 40 años y el que estaba llamado a ser el pasaje más caliente de su biografía, se había enfriado. Pero no su pasión por la belleza femenina. Tan solo tardó un año en volver a obsesionarse con una mujer.

El culpable fue el director de cine Pierre Grimblat y su oferta para protagonizar el drama Slogan junto a Jane Birkin. Aquella veinteañera londinense llegaba de rodar Blow Up (1966) con Michelangelo Antonioni. La joven, recién divorciada y con un bebé, había escandalizado a su país al desnudarse y mostrar su vello púbico en la cinta. Frente a la cámara era dinamita, pura provocación. La química con Gainsbourg era inevitable. La fascinación del francés por ella, también.

La seducción empezó con la primera claqueta del rodaje y desde la primera noche. Su primera cita fue una fiesta improvisada por Grimblat. Gainsbourg y Birkin bailaron hasta el amanecer, Serge la llevó a sus rincones fetiche, de un club de travestis a un bareto ruso. Acabaron en la habitación del Hotel Hilton que Serge solía frecuentar con sus conquistas. Birkin aseguró tiempo después que nunca sucedió nada en aquella suite. Pero sus noches juntos no cesaron. Serge la llevó a Venecia y París y ella se rindió a sus encantos. Bueno, a casi todo. Le costó acceder a algo que a Gainsbourg le obsesionaba desde que la conoció: volver a grabar con ella Je T’aime… moi non plus. La actriz no confiaba en sus dotes como cantante, pero Serge no era un tipo cualquiera. Ya no era Lucien, seguía saliéndose con la suya.

la obsesión definitiva

Un año y cuatro días después de la grabación con Bardot, el 14 de diciembre de 1968, Gainsbourg volvía al estudio, ésta vez con Jane, para registrar la nueva versión. El arreglista del tema fue Arthur Greenslade, con el que John Barry, el exmarido de Birkin, había trabajado para la banda sonora de Goldfinger. El propio Barry sugirió a su otrora esposa que era la persona idónea para dar forma a la canción donde ella fingía un coito con su nuevo amor. Arte en estado puro.

Birkin y Gainsbourg, promocionando la canción.

La aniñada voz de Birkin funcionaba aún mejor que la de la rotunda Brigitte Bardot. Pero la discográfica de Gainsbourg temía que volviera a repetirse aquel escándalo. Por eso, la portada del single, editado en febrero de 1969, especificaba que su contenido no era recomendable para menores de 21 años. Aquella pegatina no evitó el revuelo. Ni las ventas de discos. Hasta el Vaticano pidió la retirada de la canción, condenándola al infierno, a través de L’Osservatore Romano. Se prohibió su difusión en las radios italianas y también fue censurada en otros países, entre ellos, España.

Ninguna canción había representado hasta el momento un acto sexual tan directo Nunca antes una canción había dejado tan poco a la imaginación. Dijeron para desacreditar la canción que Birkin era menor de edad. Aseguraron que el de la grabación era un orgasmo real. Muchos demonizaron a Serge por verbalizar un tabú hasta entonces como lo había sido el sexo sin amor. Daba igual, la canción seguía fascinando. En Inglaterra fue el primer tema de habla no inglesa en llegar al número uno de sus listas de ventas. Se mantuvo en ellas 33 semanas y vendió un millón de copias.

La cuadratura del círculo llegaría con la película Si Don juan fuese mujer (1973) en la que el director Roger Vadim llevó a Bardot y Birkin a compartir escena de cama, ambas desnudas. El morbo estaba servido. Probablemente nadie lo sentiría como Serge Gainsbourg. Y, tal vez, la normalización de aquella historia permitió que en 1986, Bardot ya separada de Sachs, accediera a que se publicara una nueva mezcla de su versión. Su condición fue que los beneficios fueran destinados a su asociación de defensa animal. Amor en otra escala.

Serge siguió con sus excesos. Sus borracheras le apartaron de Birkin, quien le había dejado en 1980 pero para la que continuó componiendo. Serge tampoco dejó de fumar cinco cajetillas de tabaco al día ni de provocar. Junto a su hija Charlotte, teniendo ella 13 años, ensalzó el sexo familiar cantando Lemon incest. Confesó en un programa de televisión su fascinación por Whitney Houston. “He dicho que me la quiero follar”, gritó mientras trataba de pellizcar a la cantante.

Gainsbourg murió en 1991, a los 62 años. Sus últimas actuaciones desvirtuaron en parte su obra, pero jamás la magia de Je t’aime…. moi non plus. Un tema versionado hasta la saciedad con versiones entre las que destacan la de Giorgio Moroder y Donna Summer grabada en 1978 para la BSO de la película Thank God it’s Friday; Chayanne y Natalie grabada como Exxtasis en 1992; Nick Cave y Anita Lane como I Love You…Nor Do I en 1995; Pet Shop Boys y Sam Taylor-Wood en 1998; Kylie Minogue como parte promocional de su marca de lencería LoveKylie en 2003; La Costa brava en 2004; Cat Power y Karen Elson en 2006; o Madonna en 2012.

Brigitte Bardot dijo en 2011 que Je t’aime…. moi non plus era “el más maravilloso, único, verdadero y fantástico homenaje que se ha hecho al acto de hacer el amor”. No exageraba. La canción pasará a la historia así, como el himno a la libertad sexual de toda una generación que las siguientes han hecho suya sin pensárselo. Y así seguirá por mucho que la televisión española abuse de ella para sonorizar escenas de cama y encuentros sexuales de reality. Aunque bien pensado, quizás sea esa explotación precisamente la mayor prueba de que estamos ante la canción definitiva.

https://www.revistavanityfair.es/poder/articulos/asi-nacio-cancion-sexual-prohibida-je-taime-jane-birkin-serge-gainsbourg/23215?fbclid=IwAR1qlvFS1eqUMOSzZF9pZObCf0Bz6ezDBeJWCEQ5zFao7XMdp-q94XD3fqg

Swite de Star Wars de Jhon Williams

 

Dices el nombre de John Williams, y te dan ganas de ponerte a tararear. Hasta el espectador con menos oído tiene en su memoria cinéfila los temas principales de películas inolvidables, como la saga de La guerra de las galaxiasEn busca del arca perdida, o incluso los violines de La lista de Schindler. Más de un centenar de partituras para el cine le convierten en leyenda.

Escucha una selección de las mejores bandas sonoras de John Williams, desde «Tiburón» hasta títulos más recientes como «Harry Potter» o «Memorias de una geisha».

John Williams nació en Long Island, en Nueva York (aquí dan ganas de cantar con Frank Sinatra “New York, New York”) el 8 de febrero de 1932. No tuvo que irse muy lejos para tomar gusto a la música, pues su padre era percusionista en la CBS Radio y formaba parte del Quinteto de Raymond Scott. Él empezó a tocar el piano con 7 años, y con el firme propósito de ser concertista se traslado con la familia a Los Ángeles con apenas 15 años; el padre entonces trabajó esporádicamente para el cine. Ya por entonces le gustaba dirigir grupos musicales, pues estaba al frente de su propia banda de jazz. Con un talento poco común, a los 19 años estrenaba en público una sonata para piano compuesta por él mismo.

Lo suyo no era sólo afición o saber de oído. Estudió muy en serio en UCLA y en Los Angeles City College, quería aprender a dirigir orquestas. Entre los maestros que le tutelaron se encuentran Robert Van Eps y Mario Castelnuovo-Tedesco. Como trabajaba en serio y aquello era claramente su vocación, durante el servicio militar dirigió una orquesta en el ejército del aire. Su formación no la considera acabada nunca, de modo que recibe más inputs en la neoyorquina escuela Juilliard, de la mano de la mítica Rosina Lhevinne. En la Gran Manzana se gana la vida tocando jazz en clubs, pero Lhevinne le anima a que no deje de crear su propia música. Regresará a Los Ángeles, y Hollywood encontrará en él a un compositor con el talento de un gigante.

Pero no todo fue llegar y besar el santo. Lo que sí es verdad es que pudo trabajar junto a los compositores hollywoodienses más importantes, nombres de la talla de Bernard HerrmannAlfred Newman o Dimitri Tiomkin. Él tocará el piano, y hará trabajos de arreglos en Fox y Columbia, donde trabaja con André Previn. Incluso conoce ahí a su esposa, la actriz y cantante Barbara Ruick, su esposa hasta que fallece en 1974. Con ella tuvo tres hijos. En 1980 contraerá segundas nupcias con Samantha Winslow, con la que vive en Boston.

Williams hará mucho trabajo en tele, apareciendo en los créditos como Johnny Williams, a finales de los 50 y principios de los 60. Sus primeros trabajos en cine de entidad son El señor de Hawaii (1963) y Código del hampa (1964). Suya será la partitura de la popular serie televisiva Perdidos en el espacio (1965)William Wyler le permite dar a su película Cómo robar un millón (1966) el requerido tono de comedia sofisticada de ladrones. En 1968 logra su primera nominación al Oscar por El valle de las muñecas. Será un habitual de las estatuillas doradas, cuenta en su haber con 5 Oscar de 47 nominaciones. El primero será en 1972 gracias a su trabajo de adaptación del musical El violinista en el tejado. Trabajar para el cine reconocerá que puede ser agónico, y que no dejas de estar en manos de los grandes estudios, pero él logrará una posición ciertamente privilegiada.

En los 70 su nombre queda asociado al cine de catástrofes, sus partituras vibrantes de animada orquestación encajan perfectamente en La aventura del Poseidón (1972), El coloso en llamas (1974) y Terremoto (1974). También es la década en que conoce a un tal Steven Spielberg, un director para el que compondrá la mayoría de las bandas sonoras de sus películas. La cosa empieza con Loca evasión (1974) y sigue con la mítica, popular y pegadiza música de suspense y terror de Tiburón (1975), su primer Oscar por una partitura original para el cine. Gracias a su feliz colaboración con Spielberg tendrá el Oscar por E.T., el extraterrestre (1982) y La lista de Schindler (1993). 26 trabajos cuenta, por ahora, con este director.

Para George Lucas, compondrá la música de La guerra de las galaxias (1977), oscarizada, y se asociará a la saga de Indiana Jones. También es sobresaliente su trabajo en la saga Superman (1978). Fuera de la órbita spielbergiana y luciana está la jugetona música de Solo en casa (1990) y secuela, su memorable partitura de Las cenizas de Ángela (1999), su incursión en el mundo Rowling en dos títulos de Harry Potter (2002 y 2004), y la música de aire oriental para Memorias de una geisha (2005).

A punto de cumplir los 80 años, tiene dos nominaciones al Oscar por sendos trabajos con Spielberg, en Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio y War Horse (Caballo de batalla). Sobre la envergadura de su aportación al cine de Spielberg da idea este comentario sobre su colaboración en Encuentros en la tercera fase: “»John se convirtió en algo más que un mero compositor de alquiler. Fue un colaborador creativo en todas las fases de postproducción, y se pasó los días enteros durante quince semanas en el estudio de mezclado y en las salas de edición”. Por supuesto, su próximo trabajo es para su fiel patrón, en el biopic de Lincoln. Más allá del cine tiene 50 composiciones, incluidas distintas fanfarrias para las Olimpiadas, y los especialistas le sitúan en el movimiento neorromántico, con influencias de Richard Wagner.

https://decine21.com/biografias/john-williams-12870

John Williams

Historia de la canción «al tiempo», José José y Marco Antonio Muñis

Una apuesta, entre Renato Leduc, y un condiscipulo en la clase de Julio torri trajo como consecuencia el soneto.

Un saltillense, Julio Torri, fue causa indirecta de que Renato Leduc escribiera su más conocido poema, aquel soneto tan conocido que comienza con el verso «Sabia virtud de conocer el tiempo…». Don Julio, en efecto, era maestro de la Escuela Nacional Preparatoria. No era -hay que decirlo- un buen maestro. Sus clases aburrían de tal manera a los alumnos que éstos se dedicaban a los más variados entretenimientos mientras Torri, con voz en tono menor, y vacilante, hablaba a las paredes. Leduc hizo una apuesta con uno de sus condiscípulos, de nombre Adán Santana, y para ganarla escribió en la clase de Torri aquel celebérrimo soneto en que se usa la palabra «tiempo» que, como se sabe, no rima con ninguna otra, si no es con sus derivados. En superar esa dificultad consistió la apuesta.

“Sabia virtud de conocer el tiempo” escribió Renato Leduc como pie de un poema que, transformado en canción, adquirió gran popularidad. Cuentan los enterados que todo surgió por una apuesta que el autor pactó con sus amigos bohemios quienes lo retaron a escribir un soneto con la palabra tiempo, a sabiendas de que en español no tiene consonante.  La rima es un elemento formal para la construcción de esta complicada expresión de la poesía clásica: un soneto sin ritmo, métrica y rima no es soneto.
La mayor parte de los sustantivos, adjetivos y algunas otras expresiones gramaticales en nuestro idioma, es de naturaleza polisémica; esto es, las palabras pueden tener diferente significado en relación con su contexto.  Así, el poeta utilizó la misma palabra, en distinto sentido para ganar la apuesta y conseguir un equilibrio estético entre el fondo y la forma.  Versificar no es lo mismo que hacer poesía.

 
 

Sabia virtud de conocer el tiempo,
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo,
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto tiempo,
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro tiempo,
ignoraba yo aún que el tiempo es oro.
Cuánto tiempo perdí, ay, cuánto tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cuánto añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.

Renato Leduc

renato leduc y leonora carrington - Buscar con Google: | Leonora  carrington, Carrington, Female artists

Una historia que vale la pena  contarla…Renato Leduc y Leonora Carrington, pintora

 

 

 

 

Simone y Pablo Milanes, Brasil, Cuba y México

 

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Y si les gustó,  van unos boleros. Es una hermosa voz, musical, suave y educada.