Nelson Mandela

Cuenta Nelson Mandela
Después de convertirme en presidente, le pedí a algunos miembros de mi escolta que fuésemos a pasear por la ciudad. Tras el paseo, fuimos a almorzar a un restaurante.
Nos sentamos en uno de los más céntricos, y cada uno de nosotros pidió lo que quiso. Después de un tiempo de espera, apareció el camarero trayendo nuestros menús. Fue justo entonces cuando me di cuenta de que en la mesa que estaba frente a la nuestra, había un hombre solo, esperando ser atendido.
Cuando fue servido, le dije a uno de mis soldados «ve a pedirle a ese señor que se una a nosotros».
El soldado fue y le transmitió mi invitación. El hombre se levantó, cogió su plato y se sentó a mi lado.
Mientras comía sus manos temblaban constantemente y no levantaba la cabeza de su comida. Cuando terminamos, se despidió de mí, sin apenas mirarme, le di la mano y se marchó.
El soldado me comentó:
Madiva, ese hombre debía estar muy enfermo, ya que sus manos no paraban de temblar, mientras comía.
¡No, en absoluto! la razón de su temblor es otra. Me miraron extrañados y les conté:
Ese hombre era el guardián de la cárcel donde yo estuve encerrado. A menudo, después de las torturas a las que me sometían, yo gritaba y lloraba pidiendo un poco de agua y él venía me humillaba, se reía de mí y en vez de darme agua, se orinaba en mi cabeza.
Él no estaba enfermo, estaba asustado y temblaba, quizás esperando que yo, ahora que soy presidente de Sudáfrica, lo mandase a encarcelar y le hiciese lo mismo que él me hizo, torturarlo y humillarlo. Pero yo no soy así, esa conducta no forma parte de mi carácter, ni de mi ética. Las mentes que buscan venganza destruyen los estados, mientras que las que buscan la reconciliación construyen naciones.

Dios.com

Tomado de «cien fictiminimos» de Jorge Oropesa



El mundo recibió con desconfianza el portal de internet que anunciaba ser creado y atendido por el mismísimo Todopoderoso. Sin embargo, conforme los milagros fueron conociéndose, la gente sintió tocadas las fibras más íntimas de su ser en renovadas olas de fe. Sonriente, el demonio respondía todos los mensajes que llegaban hasta el portal; por fin había logrado revivir la vieja quimera de que Dios existe.

*Nació en la Ciudad de México. Licenciado en Informática por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), con maestría en Educación. Está antologado en Vampiros transmundanos y tan urbanos (2011) y en varias revistas y suplementos literarios. Ha participado en el portal http://www.ficticia.com desde la fundación de la ciudad.

Presentación del Libro Cien Fictimínimos – Ficción Mínima

Cien fictiminimos: microrrelatario de Ficticia. Compilador Alfonso Pedraza

Presentación del Libro Cien Fictimínimos – Ficción Mínima

Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia es una selección de microrrelatos de escritores procedentes de diversas nacionalidades que han participado en el Taller de Minicuento del portal digital de Ficticia, llamado La Marina.

Estos textos han sido elegidos por  especialistas y escritores del mundo hispanoamericano y por los ficticianos, de entre 25 mil obras publicadas y trabajadas en red

Los escritores que han sido recogidos en esta antología: Jorge Oropeza, Joseph M. Nuévalos, Erendida Herrera, Gustavo Marcovich, Alfonso Pedraza, Luis Bernardo Pérez, Miriam Chepsy, Luis Torregrosa, Lola Díaz-Ambrona de Llera, Berta Sileno, S.M. Hernández, Amélie Olaiz, Delia Guerrero, Carlos De Bella, Jorge Pardo Pedrosa, C. Pérez Cárdenas, Isabel Segura Boutry, José T. Espinosa-Jácome, Lucía Díaz, José Manuel Dorrego Sáenz, Beatriz Patraca, Verónica Mendoza, Rubén García García, Ricardo Robles, Gerardo de Torre, Ojo Rojo, José Luis Vasconcelos, Nélida Vidal, José Luis Sandin, Laura Hermosilla, Rafael García Z., Sergio Patiño Migoya, Paola Cescón, Manuela Fernádez, Juan Lobaces, Juan Carlos Sánchez, Víctor Antero Flores, Elizabeth Pérez Ramírez, Mónica Ortelli, Rubén Pesquera Roa, Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda, Gabriel Bevilaqua, Gilberto Marti Lelis, Elisa de Armas, Hugo López Araiza Bravo, José Manuel Ortiz Soto, Ponciano Palacios.Este artículo fue publicado en AntologíaConcursos de microrrelatosGénero literarioNoticias y etiquetado Alfonso PedrazaAmélie OlaizBeatriz PatracaBerta SilenoC. Pérez CárdenasCarlos De BellaDelia GuerreroElisa de ArmasElizabeth Pérez RamírezErendida HerreraGabriel BevilaquaGerardo de TorreGilberto Marti LelisGustavo MarcovichHugo López Araiza BravoIsabel Segura BoutryJorge OropezaJorge Pardo PedrosaJosé Luis SandinJosé Luis VasconcelosJosé Manuel Dorrego SáenzJosé Manuel Ortiz SotoJosé T. Espinosa-JácomeJoseph M. NuévalosJuan Carlos SánchezJuan LobacesLaura Elisa Vizcaíno MosquedaLaura HermosillaLola Díaz-Ambrona de LleraLucía DíazLuis Bernardo PérezLuis TorregrosaManuela FernádezMiriam ChepsyMónica OrtelliNélida VidalOjo RojoPaola CescónPonciano Palacios.Rafael García Z.Ricardo RoblesRubén García GarcíaRubén Pesquera RoaS.M. HernándezSergio Patiño MigoyaVerónica MendozaVíctor Antero Flores por Ana Calvo RevillaEnlace permanente.

De esta obra estaremos tomando ficciones que por su calidad literaria enriquecera los textos de sendero.blog.

Atte el administrador: Rubén García García

La cobija – SENDERO BLOG

El vicio del deseo

de Rubén García García

Me gusta dormir boca abajo para relajar el cuello. Debí soñar que ella me daba masaje, tenía arte para hacerlo. últimamente me ofrecía una aspirina. Solo sentí un piquete y las luces se apagaron. Me enterraron en el sótano. Cosa graciosa en este lugar yo me hacía el muerto para no ser descubierto en el juego de las escondidas,
Salí del encierro a nuestra recámara. Dormía de espaldas a su amante, la desperté acariciando su frente. Abrió los ojos. espantada de ver mi cara llena de gusanos, los suficientes para ocasionarle un infarto en un corazón ingrato, pero ya dañado por una fiebre que tuvo en su juventud. El sujeto dormía boca abajo muy parecido a como yo lo hacía. Encontré la aguja de raquea y entró sin resistencia, profundamente en su médula espinal. Le di la vuelta y lo reconocí. Siempre supuse que mi otro yo me envidiaba.

Las 20 películas de terror más espeluznantes de la última década

Poesía Japonesa

Rubén García García

Bajo la sombra,
se abrazaron con ansia,
con beso y fiebre.
las piernas de ella;
compás acanelado…
flor en la oscuridad.

Dos niños enamorados y uno más imbecil - Magia - Wattpad

Ray Bradbury, el genio de la ciencia ficción que odiaba las nuevas tecnologías

https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-08-20/escritor-bradbury-centenario-ciencia-ficcion_2719415/

El hombre que no quiso ser Gabriel García Márquez | Cultura | EL PAÍS

https://elpais.com/cultura/2020-08-19/el-hombre-que-no-quiso-ser-gabriel-garcia-marquez.html

Hayku

Basho

Amanecer lejos de casa
Niebla sobre las montañas

Sugerir e insinuar son recursos potentes porque, al no darle todo el trabajo hecho al lector, le obligamos a poner de su parte y esto transforma la lectura una experiencia más activa y estimulante.

La encajuelada

De Gabriela Aguilera Valdivia

A Jaime Muñoz por sus encajuelados

Tomado de «O dispara usted o diasparo yo» Antología realizada por Lilian Elphick



Un auto abandonado en un sitio baldío siempre es sospechoso.
Los niños juegan fútbol en esos lugares y es fácil que uno de ellos,
curioso, se acerque al auto y después llame a los demás. Lo más seguro
es que rodeen el auto, que intenten abrirlo y si no pueden, rompan un
vidrio con una piedra. Posiblemente alguno finja que conduce y otro se
entretenga en apretar botones y mover manijas. Es obvio que uno de
esos movimientos será el preciso y la cajuela se abrirá con un sonido
seco. Los niños que permanecen fueran del auto, rodeándolo y
haciendo morisquetas frente a los vidrios, levantarán la cajuela
empinando los pies, estirando las manos. Y es indudable que se
encontrarán de frente y para siempre con la mujer muerta, bulto
ensangrentado, su pelo pegajoso, el rostro destruido por la detonación,
la cruz de oro colgando de su cuello. Correrán, gritando. Llegará la
policía, examinará el auto, localizará el nombre del dueño en el sistema
de tránsito, se dará cuenta que ha sido encargado por robo. En pocas
horas estarán en la casa, verificarán relación con la víctima. Dirán que
es necesario llevarlo a la brigada para interrogarlo. En el interrogatorio,
derribarán una a una las coartadas esgrimidas hasta que sólo quede la
verdad desnuda que lo llevará a una celda por 10 años y un día.
«Mejor no», se dice, mirando desde la ventana su querido auto
recién lavado. Y luego come el arroz pegajoso y la tortilla sosa que le
ha servido la mujer de la cruz de oro en el cuello, como siempre,
regañando

Alma viva

Una sentida letanía

Avatar de Maria Jesus BeristainMJB Maria Jesus Beristain

Alma viva
desordenada y contradictoria del mar
(Whitman).

Sí, soy ola
nací mojada por el agua salobre,
caprichosa
y con caricias de mujer.

Hija del mar,
soy el frágil juguete de los vientos
y la música sin letra de las tempestades.
Soy el largo llanto, rebelde
de la cólera
y la placidez
de la armonía conmovida.

Soy el acorde plural de los zumbidos
de las caracolas
en los abismos del gran azul ilimitado…

Soy el alma viva desordenada y contradictoria del mar.

@mjberistain (collage)


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Cien años de Ray Bradbury..

En 1951, Ray Bradbury escribe el cuento “The Pedestrian” (“El peatón”), manifiesto y sostén de su obra futura. En el relato, una noche de noviembre del año 2053, un hombre llamado Leonard Mead sale a caminar, como lo ha hecho los últimos diez años de su vida. Cuando está a punto de llegar a su casa, es interceptado por la luz y la sirena de la única patrulla que existe en la ciudad de tres millones de habitantes. Una voz metálica lo increpa y lo obliga a levantar las manos, con la amenaza de un disparo. Sigue un interrogatorio donde nos enteramos de que Leonard no tiene televisión, es soltero, es escritor (a cuya respuesta el policía escribe: “No profession”), camina de noche por el placer de hacerlo. Es obligado a subir a la patrulla. Ante la pregunta de Leonard de adónde lo conducen, obtiene la única respuesta proporcionada por la autoridad: “To the Psychiatric Center for Research on Regressive Tendencies”. Lee más: Bukowski: terror y excesoEl resplandor maldito de Charles Bukowski El atropello sufrido por Leonard es una muestra del autoritarismo y del absurdo que rigen el texto de Bradbury. Si no fuera por la explicación sobre el destino anunciado del protagonista, el relato se aproximaría a las pesadillas inexplicables de Franz Kafka, que parecen condicionar la vida social desde que la humanidad descubrió que su obligación principal para convertirse en ser civilizado era destruir todo aquello que se opusiera a su búsqueda de la que considera felicidad. A fines del siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau descubrió la importancia espiritual de la autolocomoción, que lo llevó a escribir Las ensoñaciones del paseante solitario. En la centuria siguiente, William Hazlitt y Robert Louis Stevenson escribieron notables ensayos sobre el arte de caminar, costumbre tanto física como espiritual, benéfica para el cuerpo y para el alma. Henry David Thoreau, gran caminante a quien se debe también el ensayo “Walking”, publica en 1849 un texto titulado “La desobediencia civil”, y Herman Melville escribe su texto sobre Nathaniel Hawthorne, quien dice “no” a todo lo que lo condiciona. Pocos años más tarde, Melville publica ese texto luminoso y oscuro llamado Bartleby, cuyo supremo acto de rebeldía en la capital financiera del imperio es atrever la frase, firme y contundente: “Preferiría no hacerlo” (“I would prefer not to”). Por lo anteriormente expuesto, podemos ver que la rebelión de Leonard tiene raíces profundas en el país donde nació Ray Bradbury hace cien años, el 22 de agosto de 1920, en Wakegan, Illinois. La supremacía de la máquina y su vertiginoso desarrollo provocó la desaparición de costumbres ya arraigadas. En 1982, José Agustín publicó la novela Ciudades desiertas, en la cual descubre, entre otras cosas, que en las calles de las grandes urbes estadunidenses no circula nadie peatonalmente, y quien lo hace de esa manera es una persona extraña. Sospechosa. Dicha impersonalidad es retratada por Bradbury en el relato “There will come soft rains”, que tiene lugar el 5 de agosto de 2026. El cuento advierte contra los peligros de una sociedad tecnificada donde todo está predeterminado y la intervención humana es mínima, cuando no aparece negada en absoluto. De ahí la amenaza que representa el peatón de Bradbury para una sociedad que basa su felicidad en tener una o varias televisiones planas, hacer su propio programa, estar atados a sus audífonos y hacer del olvido y la ignorancia una forma fácil de felicidad. O de ignorancia y olvido. El descubrimiento del bombero Guy Montag de que detrás de cada libro que quema se encuentra una voluntad humana vuelve tan aterradora y tan actual su metáfora. Aunque ediciones en lengua latina como la traducción danesa de la novela originalmente adoptaron el título 233º Celsius para hacer la conversión decimal a la temperatura en que arde el papel, el original y afortunado Fahrenheit 451 se encuentra grabado a fuego en el alma de lectores de varias generaciones. Bradbury en 1997. (Foto: Steve Castillo | AP)El cuento titulado “El peatón” apareció en 1951, cuando el joven escritor apenas rebasaba la treintena. Había publicado el año anterior su visión de Marte y los marcianos, para modificar el horizonte de la que por comodidad llamamos ciencia ficción. Había escrito ya el relato “The Fireman” (“El bombero”), prefiguración de su novela mayor. Ante la falta de un espacio adecuado para hacerlo en su modesto hogar de Venise, California, donde se había instalado con su reciente y joven familia, eligió un espacio en la biblioteca de la Universidad de California en los Ángeles, donde escribió el primer borrador de su novela en una máquina de escribir alquilada, la cual lo obligaba a la rapidez, entre sus deberes como padre de familia y la tiranía de la máquina, a la que alimentaba con dinero cada media hora. No era sólo la juventud lo que lo impulsaba a escribir con rapidez. Dice Bradbury, refiriéndose a esa época, y a lo que se mantuvo fiel toda su vida: “escribía muy rápido, porque quería ser muy honesto —quería ser emocionalmente honesto—. Siempre he creído en la escritura rápida, para sacar las cosas antes de tener tiempo de pensar en ellas. Quería ser fiel a mi lógica interna”. Pensador y poeta Líneas arriba hablé de que a Ray Bradbury se le considera el revolucionario de la ciencia ficción. De hecho, uno de sus primeros y bien ganados premios fue en 1949, cuando fue nombrado el mejor autor de ciencia ficción por The National Fantasy Fan Federation. Bradbury es un gran escritor que no requiere de complementos adnominales ni de otras muletas que lo ayuden a caminar. Es un pensador y un poeta, creyente en la frase que envuelve y da en el blanco. Sus situaciones son siempre sorpresivas y nos enfrentan al fulgor provocado por el terror o lo sagrado. Su lenguaje y su imaginación apuestan por la frase sinuosa y sus adjetivos son plenos en significado. Insistió que había que leer poesía porque de tal manera se ejercitan músculos que no utilizamos de manera cotidiana. Su vecindad con la poesía no se halla solo en sus periodos armónicos y en la elección de la palabra justa, sino en su continua referencia a poetas y sus creaciones, como se aprecia en varios de sus títulos y situaciones. Sería necesario que otro gran escritor, llamado Jorge Luis Borges, descubriera que las Crónicas marcianas son estremecedoras porque provocan en nosotros ese nuevo calosfrío que sólo nos brindan la novedad y la sorpresa. ¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima? Toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo “fantástico” o a lo “real”, a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science fiction? En este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en Main Street. Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara. Quiero asimismo destacar el episodio titulado “El marciano”, que encierra una patética variación del mito de Proteo. Como el texto amoroso o el policiaco, la llamada ciencia ficción y el género de horror abundan en imitaciones burdas e ínfima calidad. Bradbury restaura la gloria de la escritura. Como Richard Mattheson y Stephen King, demuestra que el gran autor lo es en la arena donde lo coloquen, y torea con la misma responsabilidad ante plaza llena o a solas frente al toro que otorga la gloria o la muerte. Así describe su aventura el autor: “la ficción de las ideas, la ficción donde la filosofía puede ser modificada, desarmada, y puesta otra vez en su sitio. Es la ficción de la sociología, la psicología y la historia compuestas y ordenadas por el tiempo. Es la ficción donde puedes instalar y echar abajo tus ideas políticas y religiosas. Puede ser una alta forma de relojería suiza. Puede ser poesía. Así ha sucedido con algunos de los grandes autores del pasado, desde Platón hasta Lucano, hasta Sir Thomas More y François Rabelais, pasando por Jonathan Swift y Johannes Kepler hasta Poe y Edward Bellany y George Orwell”. Ray Bradbury tuvo una relación estrecha con nuestro mexicano domicilio, donde descubrió el terror cotidiano, por lo mismo ya ignorado, de las momias. Sus ecos se encuentran mayoritariamente en el relato “The Next in Line”, tan próximo a otros enamorados de México como D. H. Lawrence y Malcolm Lowry. Contrariamente a ellos, Bradbury juega con sus lectores y nos otorga una triple vuelta de tuerca. Otro relato que lo aproxima a México es aquel en el cual un grupo de jóvenes viste alternadamente el mismo traje color crema que todos cuidan en extremo, pues en ese afán se les va la vida. Ray Bradbury fue un hombre feliz, un ser de familia a quien siempre vemos radiante en sus fotografías de juventud y madurez. Desde muy joven, cuando vendía periódicos para sostenerse y era un enamorado de los dinosaurios y las películas de Lon Chaney, supo que iba a convertirse en escritor, y se mantuvo fiel a ese muchacho que publicó en mimeógrafo su propia revista. Por esa persistencia tuvo a su lado a grandes ilustradores, como queda claro en el libro lleno de imágenes Bradbury. Illustrated Life de Jerry West. La que acompaña este texto fue especialmente hecha por el talentoso Bef, y muestra a Bradbury feliz, vestido de astronauta y sobre la superficie de Marte, esa que imaginó tantas veces. Ray Bradbury llegó al fin de sus días en la Tierra el 5 de junio de 2012. Dos meses más tarde, el 6 de agosto de ese mismo año, la nave que transportaba el robot Curiosity pudo posarse en la superficie marciana. Actualmente, tenemos acceso inmediato a fotografías del planeta, en alta resolución y como síntesis de las imágenes tomadas a lo largo de varios días. Podemos comprobar científica y tangiblemente los hallazgos sobre el planeta, pero no por ello dejaremos de soñar con los ojos abiertos, como nos enseñó Bradbury. Bradbury no fue tan ingenuo como para suponer que la felicidad es un estado permanente. Sus relatos y novelas nos aproximan al lado siniestro de la vida, al corazón de sombra que en todos palpita pero del que tarde o temprano saldremos. La última frase de su novela Fahrenheit 451 así lo afirma: “When we reach the city”. Todos queremos volver a transitar, vivir y merecer el espacio negado en este momento por el enemigo invisible. Una semana después de que aparezcan estas líneas, el 20 y el 21 de agosto, se llevará a cabo el encuentro virtual “Ray Bradbury en El Colegio Nacional”, donde participaremos astrónomos, neurocientíficos, lingüistas, poetas y novelistas que desde su área de especialidad ofrecen diversas interpretaciones sobre el autor. Sus conclusiones son materia de otro artículo, pero la vigencia de Ray Bradbury demuestra la viveza y el entusiasmo que provocan su descubrimiento o su relectura. En palabras del poeta Jorge Esquinca, la primera instalación humana en Marte debería llamarse Estación Bradbury, pues él sí supo hacer más puras las palabras de la tribu para enseñarnos a mirar con otros ojos las estrellas. Bradbury en El Colegio Nacional El 20 y el 21 de agosto, a las 18 horas, El Colegio Nacional rendirá un homenaje virtual a quien imaginó una fantasmagoría que se inspiraba por igual en el futuro de la humanidad que en el triunfo de la sinrazón tecnológica. Participan Luis Fernando Lara, Antonio Lazcano, Susana Lizano, Jaime Urrutia Fucugauchi, José Antonio de la Peña, Luis Felipe Rodríguez Jorge, Pablo Rudomin, Juan Villoro, Vicente Quirarte, Francisco Hinojosa y Gabriela Frías, y lo hacen desde varios puntos de vista: el de la biología, la geofísica, la astronomía, la lingüística, la literatura. Los seguidores de Bradbury pueden ingresar a las siguientes plataformas: http://www.colnal.mx, ColegioNacional.mx (en Facebook) y @ColegioNal_mx (en Twitter). Lee más: ‘Amores modernos’: una gran película con poca pacienciaJulio Torri o la estética de la miniaturaApestados rusosLa paz como actividad ÁSS Tags Relacionados: Laberinto Ray Bradbury Ciencia ficción https://www.milenio.com/cultura/laberinto/ray-bradbury-centenario-autor-fahrenheit-451

Diferencias entre pleonasmo y redundancia

Tomado de amantes de la ortografía Fb

Ambos términos se refieren a la repetición innecesaria de términos; pero mientras que hablar de redundancia suele tener connotaciones negativas y se considera un vicio de expresión, el pleonasmo se considera una figura estilística.

Sin embargo, los límites entre ambos conceptos no están bien definidos y no resulta fácil hacer una diferenciación tajante. Lo que unos consideran redundancia, otros lo consideran pleonasmo; e incluso, algunos lingüistas afirman que se trata de la misma cosa.

Asimismo, al enfatizar el sentido de la frase, el pleonasmo contribuye a fijar en el receptor la idea que interesa al emisor. Por esta razón, los políticos abusan de las repeticiones léxicas y semánticas en sus discursos.

… Y «subir arriba» «bajar abajo»
Ante la duda, la RAE respondió que «la redundancia expresiva es un fenómeno normal en la lengua». «Subir arriba», «bajar abajo», etc., son expresiones redundantes pero expresivas, y a menudo útiles, en la lengua hablada. No cabe censurarlas.

A través de las sombras

De Elena Casero Viana

Tomado del Microdecameron coordinadora Paola Tena


Cada noche se asoma al telescopio. Se abstrae observando las estrellas, los cometas o la vía láctea. Permanece así varias horas. Cuando las luces de la ciudad se van apagando, los ruidos se amortiguan y la gente se recluye en sus casas, él ajusta la dirección del foco. Lo dirige entonces hacia las ventanas, hacia las sombras que se intuyen a través de las cortinas, a los gestos, cariñosos unos, bruscos otros. Hace un barrido visual por el barrio. Todo es igual cada noche. Cambia de nuevo la dirección hacia el firmamento. Sin embargo, algo le hace retroceder hacia las ventanas. Una cortina abierta, una figura femenina. Enfoca la lente hacia allí. Sonríe. Se da cuenta de que está siendo observado. Un telescopio como el suyo. Después de varios meses han dejado de buscar vida inteligente en el firmamento.

lamicrobiblioteca: DEDICATÒRIA DE PERIGEU / DEDICATORIA DE PERIGEO
Elena Casero Viana

Elena Casero Viana (València, 1954) es técnico de Empresas Turísticas y jubilada parcial en la multinacional Ford España S.L, aunque hubiera preferido ser músico. Hasta la fecha ha publicado Tango sin memoria (Mira Editores, 1996; reeditado en 2013 por Talentura Libros); Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004); Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009); Discordancias (Talentura Libros, 2011); Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), y Luna de perigeo (Enkuadres, 2017). Ha colaborado también en distintos libros colectivos de relatos, publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores, La Esfera Cultural o Generación Bibliocafé.

Reflexiones varias a partir de una lectura de Rayuela

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

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Hará cosa de un mes compré una edición de Rayuela, de Julio Cortázar; la cual terminé hace unos días y la cual disfruté muchísimo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la leí? No lo recuerdo; pero fueron más de diez años, eso es seguro. Esta lectura me hizo tomar nota de algunas cosas tangenciales, las cuales no tienen que ver, casi, con la novela en sí, sino con otras cuestiones que parten a raíz de ella.

Uno. Me pregunté qué habría entendido yo en aquella primera lectura de Rayuela. Hago memoria y por algunas referencias secundarias calculo que tendría unos catorce años. Me digo que probablemente no entendí nada y que, al igual que con el Zaratustra de Nietzsche debí haberme quedado con alguna imagen más fuerte que las demás; porque del libro en sí seguro que no capté nada. También me pregunté cuanto podrá entender…

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