Hacia el oriente

 Desfalleciente, libro mi batalla. Miro la montaña, el viento que mueve la arboleda y el horizonte donde nado persiguiendo al sol. Volver la cabeza y mirarme jugando con la pandilla. Recorrer a pie las grandes avenidas y sentir el frío cortante que adormece. Los hijos son hombres, nadie me acompaña y el eco de mis tacones solo suena para mi. A veces llegan olores de jazmines y me deleito. Alegre vainilla que golpeas, intenso café que me hace latir. Caricias olvidadas, mujeres que sombrean la pared. Sigo en el camino apretando contra mi pecho la esperanza. Llueve y el horizonte cada vez mas cerca. Nadar cerca del sol será bello.

renoir atardecer

Renoir

Agua serenada de Emilio Abreu Gómez

Beber agua serenada es como beber agua de luceros. La gente tiene la costumbre de sacar por la noche una jarra de agua para que reciba el sereno. Al día siguiente muy de mañana, se recoge y se guarda. Para los enfermos del corazón no tiene precio. Unos se alivian y otros se mueren pero éstos llegan a la muerte con gran serenidad.

noche

 

Tomado de Antología virtual mexicana – Alebrije de palabras

Choca erótico

Se fue el transporte, 
se abrazaron, con ansia,
con beso y fiebre.
Bajo el árbol de cedro,
las piernas de ella;
compás acanelado
daban inmensidad.
amor

Nana

Será melón será sandía,
será la niña que llegó de día.
las mariposas llegan y se van.
y vuelan con miguitas de pan.
De su frente ella desprende
aromas de capulines
por eso la luna
la perfuma con jazmines.
Ella detiene el cielo,
pringando de luz
sonríe con las mariposas
que vuelan y se van.
mariposas.2

La trama de Penélope de Paula Cescón

Luego de dos largas décadas de ausencia, se le ocurre aparecer justo ahora cuando ella, rendida de soledad, se enamoró perdidamente de una de sus sirvientas, la dulce joven que con cuerpo seductor como canto de sirena, supo levantarle el velo y transformar en miel tanto infortunio. ¡Maldito el momento en que juró a Ulises fidelidad eterna!
Es hora de conjugar juramentos. Pero, ¿cómo? Si el deseo ya ancló en la más deliciosa y húmeda de las bahías. Y su bahía, se llama Agneta.
Ulises se encuentra con una esposa distante, la cual alegando un shock provocado por las circunstancias, implora tiempo para el encuentro carnal.
El tiempo preciso para terminar otro sudario que, con alevosía, cuatro suaves manos ya comenzaron a tejer.

penelope alex alemani

Alex Alemani

Las razones de San Pedro

La cola era interminable para entrar al cielo. Entre el gentío estaba el cura que la muerte sorprendió vestido con su sotana, a su lado un taxista con su gafete de la ciudad de México. Salió San pedro y tomó al taxista del brazo y lo llevó hacia las puertas del cielo. El cura no podía dar crédito de tamaña injusticia.
-¡Porqué te llevas a él, si yo dedique mi vida a serle fiel al señor, cuerpo, alma y oración!. ¡No es justo!
-No diga burradas padre, cuando estaba en el sermón, sus feligreses eran pasto del aburrimiento, su voz tranquilizante daba como resultado una gimnasia de cabeceos y profundos bostezos. En Cambio Andrés como excelente taxista de la ciudad de México, rebasaba a diestra y siniestra, pasaba altos, iba en doble sentido y sus pasajeros al escuchar el chirriar de las llanta entonaban un padre nuestro colmado de fervor y sinceridad.
Con Andrés, la feligrecía creció.

cola (1)

Un hombre de palabra

Antes de salir el sol, tomaba sus arreos y se presentaba con la cuadrilla, los separaban por parejas; observaba el mapa, identificaba su ruta. La ocupación era cargar una bomba con un químico que abatía el mosco en aquella zona palúdica. Rancherías alejadas, dispersas. Todo el día caminando, roseando las casas. Regresaba entrada la noche.
Cada día estás más flaco y pálido Celedonio.
Si, yo creo que me está haciendo mal el trabajo, pues, aunque no quiera respirarlo, el polvo se mete.
¿Qué polvo es?
En la caja de cartón duro con forma de botella dice D. D. T. y trae una calavera.
-Mejor salte, antes de que sea demasiado tarde.
La calle era un jolgorio de chamacos que jugaban en la calle, tras la pelota que iba de un lado para otro y el que pitaba era el buen Celedonio.
-Ya renuncié. Desde mañana estaré trabajando de vaquero. Había hecho buenos amigos con los compañeros del paludismo y gente que vive en los ranchos apreciaban el trabajo. No todos, otras se escondían.
-¿Esconderse? ¿por qué Celedonio?
-Dentro de la norma, todo aquel que haya presentado fiebre un mes antes o en el momento, se le tiene que pinchar con una lanceta y sacarle una gota de sangre que uno extiende en una laminilla de vidrio, según nos dijeron es para ver si la persona tiene o no paludismo. Se esconden para que no se les saque sangre. Unos por el dolor causado por la lanceta, otros dicen en que las gotas de sangre el gobierno las vende. ¿Usted cree?
Le desee suerte en su nuevo trabajo, seguramente tendríamos más tiempo para poder platicar, me parecía un buen amigo, lo saludaban con cariño y respeto. Un hombre de palabra, decían de él.
Movía la cabeza, y en un principio me reí de la burrada de los campesinos: “El gobierno quiere vender nuestra sangre” pero un segundo pensamiento me llevó a deducir que la desconfianza de ellos hacia las autoridades era inmensa. Después supe que veinte años antes había entrado el ejército y había masacrado a un pueblo vecino.

ranchería

La ausencia de Aurelia Esteves

Me dice que yo siempre tengo seis años porque es la edad en la que morí. No sabe que sólo existo porque ella me convoca cada noche, agarrada a la foto de un niño. Yo la visito para que sus lágrimas tengan nombre. Nunca le diré que no soy su muerto. Sé que me necesita más que mi propia familia, cuatro casas a la izquierda.

blanco y negro niño

Intimidades del género

En la noche me dolieron las rodillas y prometí no hacer el amor como si rezara. Mi mujer no lo sabe, se fue a un retiro con las beatas del pueblo.

mujer desnuda

Sin título de odilon ortíz trujillo

-¡No adán; por ahí no!
-Entonces dale vuelta a la hoja.

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Salvador Viniegra.

Tomado del libro «alebrije de las palabras» Escritores mexicanos en breve.

compilación de José Manuel Ortíz  Soto

Fernández Sánchez Clelo

UAP

La prueba -chiste-

Dos ancianos se encuentran hablando sobre el envejecimiento:
Mira, la peor parte se la llevan nuestras lindas mujeres.
Además, ellas siempre se negarán a admitir que envejecen y tratan por cualquier medio de esconder sus achaques.
¡Sabes qué ! Tienes toda la razón.
Te cuento que he encontrado un buen truco para hacerles ver sus discapacidades por medio de un jueguito.
Si quieres saber si tu mujer se está empezando a quedar sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta.
Cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros. Después a 2 metros y luego a 1 metro.
Ya no le quedará más remedio que darse cuenta que está sorda.
El viejito encuentra que la idea es buena y cuando llega a casa se coloca a 10 metros de su señora y pregunta levantando la voz:
«Cariño, ¿qué hay de cena?»
No recibe respuesta.
Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo: «Cariño ¿qué hay de cena?»
No recibe respuesta por lo que decide acercarse a 2 metros: «Mi amor ¿qué vamos a cenar?» y tampoco le responde.
Se acerca a 1 metro de ella y… «Mi vida ¿qué vamos a cenar?»
Y la señora enfurecida le contesta : Te he dicho 4 veces que Pollo con Papas Fritas; ¿Estás Sordo o estás Pendejo?»

ancianos

La espera

El agua fría del pozo corrió sobre su espalda, no pudo evitar un resoplo. Con el baño se fueron los restos de un sueño inquieto. La mañana no abría. El resplandor de la luna le daba luz a la recámara de su madre; le dejó una fruta, la intención de besarla y un recado.
Contempló el patio con sus frutales. Por un instante, se vio jugando con sus hermanos, mientras su madre daba de comer al cerdo. Se fue. Sólo llevó la esperanza. 
Habían pasado dos años y la madre seguía con la manutención de la prole, pidiéndole a la virgen Morena por el hijo ausente y llevándole, cada quince días, una veladora al templo.
Golpeaba la ropa con furia, deseando sacar la tristeza; sólo conseguía endurecer el dolor. No podía sacarlo del recuerdo. Lavaba, a pesar del desaliento, humedeciendo de lágrimas la manga de su camisa. En la noche, rendida, lo veía entre sueños.

Una mañana, al despertar, encontró sobre la mesa rústica –al lado del rosario- su taza con leche y una nota. Supo que él estaba, que había vuelto cobijado por la oscuridad de la madrugada y fluyó su llanto; en el regato corría el dolor de dos años. ¡Sus ruegos no habían sido en vano! El cansancio lloviznó en su interior y la piel se hizo fresca, dentro fluía una esperanza realizada. El sueño cobró lo que ella le debía, tanto, que no pudo abrir los ojos, pero eso ya no le importó. Su hijo estaba en su recámara durmiendo.

madre de Gauguin

Gauguin