Sendero
A las dos de la mañana convoqué al rebaño de ovejas y solo llegó una.
—¿Dónde están las demás?
—Están recibiendo instrucciones del nuevo perro ovejero
—Entonces, ¿tú por qué estás aquí?
—Me dijo que me las daría hasta el final…

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Sendero
A las dos de la mañana convoqué al rebaño de ovejas y solo llegó una.
—¿Dónde están las demás?
—Están recibiendo instrucciones del nuevo perro ovejero
—Entonces, ¿tú por qué estás aquí?
—Me dijo que me las daría hasta el final…

sendero
El botón de la espiga se mece con la brisa. Para la oruga es una montaña con vientos huracanados. Emprende el recorrido desde la raíz y alcanza la cúspide. Un Tordo lo espera.
El gusano recorre con la mirada la vastedad del paisaje, mientras disfruta el inefable sabor del pétalo.
El pájaro lo lleva en el pico «Tanto esfuerzo que hizo para llegar a la cima, que él merecía el placer de un bocado de la flor»

Sendero
Hasta el último segundo fue ofensiva; murió sacándome la lengua.

Sendero
Fueron meses de estar a la sombra de Aymara. La enseñanza era para toda la vida y con el compromiso de transmitirlo. En su tierra, un pueblo entre las montañas de un clima templado con noches de frío y avalanchas de neblina que se tragan hasta la iglesia. Llegamos a su choza construida con barro y techo de palma. Afuera se oía el rumor del viento y el aullido de los coyotes en la lejanía No había camas con colchón, ni frazadas suficientes para abrigarse y sin embargo tenía tibieza. Me dormí en un catre de lona y con una colcha de franela. A las cinco de la mañana cuando ella me despertó el café estaba hecho. Cuando abrió la mañana ya habíamos caminado tres o cuatro kilómetros y se veía el filo de una cañada donde el rumor de la cascada era fondo para una gran variedad de aves que pasaban volando cerca de nuestras cabezas. Nos sentamos y de la bolsa de su camisa saco alpiste y una docena de aves comían en su palma. Más tarde llegaron colibríes cuando puso miel en el hueco de su mano.
«Te traje a esta cima porque es un lugar diferente a todo lo que ves. Hay mucha energía y algunas plantas solo se dan por aquí. Pensé que no podrías llegar y que tomarías descansos. Me da gusto que hayas sido capaz de hacerlo en el primer intento. No puedes encontrar una mente sana en un cuerpo enfermo.Te das cuenta que a nuestro alrededor hay muchas rocas, en una de ellas te sentirás mejor que en las demas, cuando la localices ese será tu sitio donde tu todo recibirá la calidad y calidez de nuestra amada tierra. Por ahora vamos a identificar las plantas, y si es necesario cortar alguna de sus hojas hay que pedirles perdón y permiso. Ellas como nosotros son seres vivos con capacidad de hablar y sentir y aunque te parezca increíble tienen inteligencia. La mayor parte de las personas solo usan sus sentidos de manera vana, son capaces de ver, de mirar, pero no de observar. Oyen, pero no escuchan. Comen, pero no diferencian cada uno de los sabores, ni mucho menos la mezcla de ellos. Solo llegan a clasificar los olores en agradables y desagradables. La piel del cuerpo es un prodigio de emociones y sensaciones y tienen su manera de hablar, de hacerse escuchar. Esto es lo primero que debes de conocer, sin embargo, hay otros sentidos que con el tiempo y paciencia tendrás que despertarlos. Y aun siendo una maravilla los que tenemos, tampoco son de confiar, lo que miramos solo es un plano de la realidad y para poder entender y comprender debes de utilizar mucha energía y lo que más deteriora a nuestra fuerza somos nosotros, es decir la importancia que tenemos, que nos damos, y mira que solo somos una parte de la vida».
Los días fueron de intenso trabajo con los sentidos. El cuerpo era ejercitado por las caminatas que se hacían sobre las piedras del río. Me enseñó una marcha tipo militar, que con una venda en los ojos me hacía seguirla utilizando el oído, las vibraciones de su pisada o el olor de manzanilla que utilizaba para su pelo. Hasta que un día en la oscuridad y la neblina fui capaz de ir tras de ella. «Un día correrás detrás de mí en otros planos, agresivos y más oscuros que éste».
De vez en cuando recibía un breve mensaje de él: la gente es muy desconfiada, creen que el cambio de color del agua se debe al uso de un tipo de magia negra. Las muestras que mando a la capital se pierden. Tengo deseos de verte. Estos meses se me han hecho años. No siempre llega señal, tengo que irme a un cerro… Un día dejé de recibir sus brevedades y al principio lo atribuí a la ausencia de señal. Me empecé a inquietar cuando en más de un mes no recibí ni una carita sonriente.
Aymara se dio cuenta de mi ansiedad. «Tiene más de un mes que no sé nada de él». «¿dónde dices que fue?» «al pueblo y sierra de Zacualopán» «Dices que el gato negro es un regalo que te hizo» Asentí. «Antes de que te duermas, piensa intensamente en él y trata de recordar lo que has soñado».
Las enseñanzas me habían cambiado, Mis sentidos poco a poco habían sido entrenados para que los utilizara de la mejor manera. Me hice más callada y aprendí a platicar conmigo. Lo que conocía era solo una pequeña muestra de una concepción más extensa. Un conocimiento que se había heredado de antiguas culturas. Una manera de entender la vida, que mi bisabuelo practicaba.
Esa noche recorrí las vivencias que tuve con él, como es que la vida nos hizo coincidir. Fue tan intenso que lo soñé en su risa, con el fino elástico de su cuerpo cuando corríamos en la playa salpicados por la brisa y el rumor del oleaje. Lo recordé en aquella primera vez, al saber que era virgen, se detuvo. Me escuché con claridad cuando le dije que siguiera. Esa primera vez es un sello imborrable para la memoria de cualquier mujer.
Un tiempo después de estar siguiendo las indicaciones de mi nana. Entre dormida y despierta me dio la impresión de que ella estaba a un lado de mi cama. En otra ocasión la veía de pie con los brazos extendidos haciéndome la seña de la siguiera. Quería hacerlo, pero algo me lo impedía, hasta que me solté y volamos por los cielos de la ciudad. Al despertarme respiré ansiosa el viento fresco de la alborada. No sabía cómo, solo sabía que ella me esperaba en mi estudio. Fui hacia el patio oloroso a rocío. Al abrir la puerta ella estaba aluzada por una veladora. Sin escuchar su voz acaté su orden de que me arrodillara bajo la luz de la veladora. Se hizo un profundo silencio y escuché en mi cabeza una voz desconocida, con un tono hueco pero íntimo.

Dónde tendría el cerebro para aceptar a este bueno para nada? Ronca peor que cerdo Hace dos años sentí el alboroto de las mariposas. ¡Tan bien que estaba! Si comía bien, si no también. Si quería irme a bailar, lo hacía. Me casé. Ahora tengo que lavar, planchar, hacer de comer, aparte de la joda que te dan en la fábrica de ropa. En la noche quieras o no, si el marido desea tengo que complacerlo. ¡Ah, pero eso no es todo! También tengo que tolerar a sus amigos. «Mi amor tráenos otra cerveza y, más botana para picar». Cuando se van hay que limpiar y poner todo en orden. ¡Escuchen como ronca! Ni la vida le corre. ¡Cómo él no tiene que levantarse temprano! ¿a quién le echo la culpa? Si mi madre viviera tendría que darle la razón. Enojada me decía: «¡Nunca se te va a quitar lo bruta!»

Sendero
Escucho el río, me llena su rumor. Son tantos años de convivir con él, desde mi choza lo disfruto en su ir. En el crepúsculo se encienden las chicharras y junto a las luciérnagas, se hace la fiesta. Un día no estaré. Diré a mis hijos que me laven con su agua, que el rezandero, y el coro estén en silencio, para escucharlo solo a él en su divino rezo.

Sendero
Despertó en la madrugada con sed. Fue a la cocina, abrió la nevera y asió la jarra, que en vez de agua tenía una cara con la boca abierta por donde salía una lengua polvosa y aplanada. Tengo sed, —dijo con voz aniñada. Violentamente se incorporó de la cama con lumbre en la garganta y su corazón desquiciado. Se quedó inmóvil y masacrado, esperando la mañana.

Sendero
Brinca sobre los juncos y trepa al macizo. La serpiente se ha tragado a sus semejantes, aún de su miedo, ella no renuncia a cantarle al conejo que vive en la luna. Su tono de soprano complace y se suman a la voz el coro de grillos. El tlacuache, el que robó el fuego a los dioses, se ha preparado víbora en su jugo para disfrutar con la panza llena el concierto.

Sendero
El mismo rosal que vimos aquella noche me ha dado otra flor: bella y perfumada. De ti, solo el recuerdo.

Sendero
La planicie de mi pecho era el descanso de tu mejilla. La palma de mi mano acariciaba la oscuridad de tu pelo, que deja escapar los aromas de manzanilla. Mañana no estarás, eres como una libélula que va, que viene, se asoma y parte. Fugaz siempre fugaz, que al cerrar mis ojos te escondes. ¿De dónde eres? Voy detrás de tu aroma que se desvanece en el zacatal de la sabana. El ladrido de los perros y el silbato de la empresa me hace consciente que tendré que internarme entre la selva para encontrar la chapopotera. A veces, no sé qué me da y creo que estás detrás de una ceiba y despacio voy y solo encuentro una monarca que abre y cierra las alas.

Sendero
El cadáver yacía bajo los escombros de la barda. El periodista comentó con el vecino: «qué mala suerte del occiso que al pasar le haya caído la barda de cantera». «La muerte de él fue, hasta cierto punto, culpa del “Pifas” que es un perro bravo. El difunto y el perro no se tenían simpatía. Muchas veces lo vi molestándolo. Esta vez fue con una varilla, le picó las costillas. El dóberman saltó la protección de herrería, y Gonzalo que así se llamó, cruzó la calle y corrió por donde se alza la barda del convento, y sobrevino el temblor que lo sepultó. «¿y qué fue del perro?». El “Pifas” volvió a saltar la barda y se echó a dormir bajo el árbol.

Sendero
Hay voces que vienen de un velorio de hace años, pero no, son las mujeres que cuchichean, mientras tallan la ropa en el vientre rugoso de la piedra. Los niños grandes cuidan a los chicos y las mujeres parece que rezan. Pero no, es el río que murmura. Cerca, los hombres platican y beben. La espuma de la cerveza tunde y resbala. En silencio, ellas esperan a que la ropa esté seca. El ave que estaba en el risco se ha ido, dejando en el desfiladero la tarde noche y el vacío.

Sendero
No había nada que decirse, nuestras miradas satisfechas se entendían. Un golpe con tu codo en mis costillas me decía que el camión de la media noche no tardaría en pasar. Afuera la lluvia azotaba a los árboles de pino. Decidí no vestirme, ni mojarme, ni dejar de abrazarla, mañana me iría antes de que llegasen sus padres, pero con el deseo de que me viesen saliendo de su casa. Total, ya era tiempo de que supieran que su hija tenía un amante. Un novio formal con senos pequeños, pero dispuesta a desposarla.

Sendero
Mamá, yo recuerdo que mi abuela era delgada con su cabello negro trenzado y bien ordenado y por sus brazos correosos tenía un enramado de venas cuando apretaba su puño. ¡Claro que sí!, así era. Ella, dos veces por semana se iba con su bote a comprar leña por la bocana del río. A mi mamá no se le dificultaba nada, a los varones que crio los traía cortitos y ¡ay! de aquel que le rezongara. Era dura, muy dura, pero nos enseñó a trabajar y a respetar lo ajeno. Era delgada y hábil para manejar los rápidos, cargar la leña y regresar a casa. Pendiente que tuviéramos la panza llena y el sueño a flor de ojo. Siempre se aseguraba de que el pabellón estuviese bien para evitar que fuéramos alimento para los moscos. Era la primera en levantarse y lo sabíamos por el sonido de los trastes y el olor del café. Los gallos cantarían después.

sendero
De autos recientes bajaban señoras a punto de parir apoyadas del brazo de un varón, tan ansioso o más que ellas. Celia escuchaba emocionada las palabras de aliento: «todo va a salir bien amorcito». Un camillero llegaba con una silla de ruedas y era el marido que exigía trasladarla hasta la sala de recepción del hospital. Ella tocó su panza lisa, y cabizbaja regresó a preparar la cena, como hace cinco años.
