Sendero
El cadáver yacía bajo los escombros de la barda. El periodista comentó con el vecino: «qué mala suerte del occiso que al pasar le haya caído la barda de cantera». «La muerte de él fue, hasta cierto punto, culpa del “Pifas” que es un perro bravo. El difunto y el perro no se tenían simpatía. Muchas veces lo vi molestándolo. Esta vez fue con una varilla, le picó las costillas. El dóberman saltó la protección de herrería, y Gonzalo que así se llamó, cruzó la calle y corrió por donde se alza la barda del convento, y sobrevino el temblor que lo sepultó. «¿y qué fue del perro?». El “Pifas” volvió a saltar la barda y se echó a dormir bajo el árbol.

