Las manos de la fundadora de Fernando Iwasaki

Peruano

Qué miedo me daba besar el hábito de la madre fundadora cada vez que las monjas nos arrastraban hasta la capilla del colegio para ver su cuerpo incorrupto. No me gustaban ni su cara de momia ni sus manos verdosas como bizcochuelos podridos. Aunque lo peor era esa Virgen adornada con el pelo de la madre fundadora, blanco y erizado como la telaraña de una tarántula.

Un día las monjas me encerraron en la capilla por mentirosa, amenazándome con la cachetada de la fundadora. Ellas creen que vomité de susto, pero tenía que impedir que me pegara. La mano izquierda sabía mejor.

El Cairo prepara inédito desfile de momias egipcias | El Mundo | DW |  01.04.2021

Gloría Ramírez: «Aproximación cronológica de las definiciones de la minificción y del microrrelato en Hispanoamérica y una apuesta por una teorización de su historia»

https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/44785/revistas_uva_es__ogigia_article_view_3940_3324.pdf?sequence=3&isAllowed=yhttps://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/44785/revistas_uva_es__ogigia_article_view_3940_3324.pdf?sequence=3&isAllowed=y

Puede ser una imagen de 4 personas, incluido Adriana Azucena Rodriguez
Fernando Sánchez Clelo, Lucía Herrera Sánchez, Gloria Ramirez Fermín, Adriana Azucena Rodríguez. presentando el libro de Resonancias, antología.

Marosa de Giorgio poeta uruguaya

Sendero. Tomado de la revista Letras Libres. Letraslibres.com

Uno. Dicen que tomaba el sol desnuda en las lápidas de los cementerios. Que era una mujer oscura, una solitaria excéntrica a la que todo el mundo observaba con condescendencia. Nunca se casó ni tuvo hijos. Dicen que era como una musa lautréamontiana. Siempre se la podía encontrar en el mítico bar Sorocabana de Montevideo, donde pasaba muchas horas sola, fumando, enfundada en una falda ajustada y unos tacones altos. Dicen que era coqueta y que hasta en las elecciones de su vestimenta se identificaba con los animales: colgante con murciélago, broche de mariposa, mantones con alas, antifaz de gato, y el pelo como si estuviera siempre en llamas, coloradas o naranjas. Dicen que presidió todas las tertulias en los cafés de su época. Que su presencia tenía una energía extática. Que era avasallante pero retraída. Tímida, aunque siempre era el centro de la atención. Con estas contradicciones parece como si sus biógrafos se hubieran dejado seducir por esos rutilantes oxímoron, esa comunión barroca de los opuestos que recorren su obra, y no pudieran ponerse de acuerdo al respecto.

Dos. María Rosa di Giorgio nació en 1932 en la localidad uruguaya de Salto. Era la primogénita de Pedro di Giorgio y Clementina Médici, quienes habían emigrado con sus familias desde la Toscana hasta la orilla oriental del Río de la Plata. Tenía una hermana menor, Nidia, con la que siempre se sintió muy unida. Su abuelo materno y su padre administraban dos fincas familiares contiguas donde se dedicaban a la plantación de árboles frutales. Estos son los entornos donde transcurrió su infancia y los que se asoman, “resplandecen”, como diría ella, en la mayor parte de su obra.

Publicó su primer libro, Poemas, en 1954. Luego le siguieron Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1968), La guerra de los huertos (1971), Está en llamas el jardín natal (1975) y una veintena más de títulos de poesía, compilados en Los papeles salvajes (2008), al cual la etiqueta de “Edición definitiva” le corresponde solo por haber sido publicada cuatro años después de la muerte de la autora. Con Misales (1993) inauguró sus libros de relatos eróticos, seguido por Camino de las pedrerías (1997) y Rosa mística (2003). En 1999 publicaría Reina Amelia, su única novela. Tanto su obra poética como la narrativa son deudoras de ese hijo bastardo y con “aptitudes especiales” que es la prosa poética, con la que creó en más de cincuenta años una de las obras capitales de la poesía hispanoamericana. No voy a asignarle originalidad porque eso no existía para Marosa. Sus libros son como un bar abierto las veinticuatro horas al que entramos y salimos cuando queremos y donde nos saludan, acodados en la barra, Santa Teresa junto a Rubén Darío y Severo Sarduy.

Tres. En uno de los pocos retratos que se conservan de ella, nos sostiene la mirada con elegante superioridad en un plano contrapicado, como si la persona que se lo tomó se hubiera arrodillado, evidenciando así su condición plebeya ante la “reina mariposa”, como la bautizaron su hermana Nidia y su sobrina Jazmín en su epitafio.

Cuatro. “Panteísmo” le decían algunos a la expresión religiosa que resplandece en su obra, donde el fenómeno de la vida, el sexo y la muerte se observa con asombro, con curiosidad infantil sin un atisbo de filtro moral. En sus fábulas, las vírgenes se inician en el misterio del sexo copulando con animales, plantas, ángeles y hasta con Dios, creando un continuum indisociable entre experiencias sexuales y místicas tan característico de su obra.

Cinco. Hay quienes se preguntan qué habría sido de su obra si Marosa di Giorgio no hubiera nacido en el campo, en ese Salto rural, ese transplante de la Toscana, donde su padre y su abuelo se dedicaron a la horticultura. Y sí que a sus lectores más urbanitas nos incomodan esos hurones, esos lobos, perros, ratones que se casan con las vírgenes, violan y asesinan a las flores que vuelven a renacer. El gran tema de su obra no fue la naturaleza, esa naturaleza que era puro referente, entorno, contexto, atrezo provisorio, sino el paraíso perdido de la inocencia, el desamparo ante el sexo, la muerte y los miedos de la infancia.

Seis. Su primera invención fue ella misma. Su nombre, la contracción de sus dos nombres de nacimiento, esa fue su precoz performance creativa: actuaba de Marosa. Quizá por eso prefería los recitales poéticos a las conferencias. Le encantaba memorizar sus poemas y los recitaba con sutiles inflexiones de la voz, con naturalidad, sin afectación.

Siete. Clementina, su madre, tuvo una hermana gemela, Josefina, que también había sido poeta. Pero quienes la conocieron afirman que, en realidad, Marosa siempre quiso ser actriz profesional aunque eso era imposible en el Uruguay de los años cincuenta. Por eso tuvo que conformarse con ser empleada de la oficina del Registro Civil de Salto, su ciudad natal. Cuando terminó el liceo, cursó unos meses de derecho y abandonó. Después trabajó de redactora en la sección de sociales del periódico local donde escribió sobre bautismos, casamientos y velorios. Dicen que era una dactilógrafa veloz, aunque nadie sabe por qué escribió toda su obra a mano, como ha dejado constancia Daniel García Helder en la edición de Los papeles salvajes, su obra poética completa. Así como su vida de funcionaria municipal, su muerte fue bastante prosaica: le diagnosticaron cáncer de huesos en 1993 y murió en 2004, a los 72 años. Su sobrina Jazmín dice que lo último que conversaron en su lecho de muerte fue acerca de un gato naranja con los párpados dorados que observaba a Marosa desde el alféizar de la ventana de su habitación. Y el gato le sonreía con ternura. ~

Los papeles salvajes' de Marosa di Giorgio: uno de los trece libros más  votados de la Lista Arcadia 2019
La tía Glicina llegó a la tarde, en carretela negra con moños plateados. Era muy bella.
Dio un breve salto y se vieron sus piernas largas, leves. Entró a la sala y se sentó junto a mi madre y sus hermanas, pero un poco más lejos con cierto aire distante. Yo me le acerqué y quería rozar su falda, azul, color de plata, y no me animaba. Ella me ofreció un paquete del que caía confitura como abejas o alhajas. No me atrevía tampoco, me fui, pero volví y pedí. Comí una yema. Ella propuso :

– Ve ahora, por un rato, sal.

Yo tendría seis años y salí, me escondí detrás del aparador donde había un licorero que parecía una planta. Espiaba. Y espiaba.
La señora Glicina tía, contaba :

– Tuve otro…placer.

Mi madre y hermanas bajaron la cabeza ; acaso, un poco avergonzadas.
La señora Glicina dijo :

– Fue con un rey.

Y entró en minucias. Repetía grititos y gemidos, suaves, picantes como ajos, ajíes oscuros. Se tocaba con dedos largos, tenuemente, las partes extremas y detallaba. Se dio vuelta y mostró la cola. Allí hizo un tintineo por largo instante. Acaso expresando :

– ¡Si vieran lo que pasó aquí…en la cola !

Luego, púsose erguida y agregó :

-Pero el amor mayor fue hecho en las tetas. Cosas de rey.

En ese momento, se oyó un fru-fru y los pezones de tía Glicina quedaron fuera.
Traspasaron el tul plateado y se mostraron amoratados, violados al máximo, acaso, por un rey.
Ella aguardó unos minutos y luego dijo con voz hermosísima :

– Voy a enfriar mis tetas.

Y fue, plena de gracia, hasta la fuente, y echó agua fría en esas partes, y volvió a la silla.
Los pezones se habían vuelto atrás de la gasa y miraban con ojos en espera de nuevas maravillas.
Oscureció. Y más oscureció. Todos los rostros parecían más blancos, más blancos.
Y en los lejanos altares sonó el Ángelus y empezó a formarse otra diadema.
https://verseando.com/blog/marosa-di-giorgio-de-la-flor-de-lis-la-tia-glicina-llego-a-la-tarde/




 

Piero de Vicari Argentina

Compartiendo Sendero

AL QUE A HIERRO MATA…

A decir verdad, Cupido, como dios mitológico, nunca tuvo muchas luces. Ni siquiera es un experto en el tema de arquería. Viene cumpliendo su misión con un desparpajo sin límites. Es común que sus flechas no den en el blanco y reboten en cosas y lugares impredecibles. Pero las últimas noticias de su desdeñoso oficio, nos han dejado perplejos: sin querer, se ha flechado a sí mismo y transcurre hoy sus días, como un loco, dándose besitos y caricias.

JUEGOS SIMBOLICOS

El sueño consiste en lo siguiente: camino por una fina telaraña, recorro los cientos de kilómetros que tiene su entramado. Me parezco a una eterna equilibrista de circo en el instante de la prueba decisiva. Con delicados pasos, avanzo de manera infructuosa, resbaladiza: temo caer hacia el abismo. Un ojo puesto en la delgada tela de araña, el otro en su extrema posición de vigía. El equilibro, aunque tenso, puede llegar a ser indispensable en estas instancias. En verdad, no me preocupo por la altura, solo pienso en el final, mi final y despierto. Todos los días la misma historia, todos los días el mismo sueño. Estoy harta de tanto simbolismo. El único consuelo es saber que, aparte de otros accidentes fortuitos, sea ese el más temible destino de la mosca.

SIMBIOSIS DE LA GUILLOTINA

Por un descuido, olvidé mi cabeza en la oficina del trabajo. No me fue fácil regresar a casa sin la orientación precisa de los ojos. Pero los pies, acostumbrados a las huellas del camino, enfilaron los zapatos con un rumbo fijo. Llegué a mi casa y aquí estoy, libre de toda cavilación, enteramente libre como un cuerpo sin cabeza.

REFRANES PELIGROSOS

“El ojo del amo engorda el ganado” repetía con frecuencia el estanciero. Por eso no dudó en sacrificar su vista para alimentar a las reses que, hoy día, pastan alegremente en las hectáreas de su hacienda.

ACTO FINAL

Soy mago. El mejor de los magos. Nadie podrá igualarme. Superarme, jamás. Para demostrarlo, desaparezco en los puntos suspensivos de este cuento…

Brevilla: PIERO DE VICARI:«LA LECTURA COMO TRAMPA»
Nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires, Argentina) en 1963. Es Profesor de Historia y Empleado Judicial. Fue Presidente de la Seccional San Nicolás de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) entre los años 1992/1994. Fue Director de la Escuela Municipal de Lengua y Literatura “Andrés del Pozo” dependiente de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Nicolás, entre los años 1991/2001.
· Desde 1994 a la actualidad es Co-director del Sello Editorial sin fines de lucro Yaguarón Ediciones. Desde 1991 a la fecha es coordinador de talleres literarios, tanto en San Nicolás, como en las ciudades bonaerenses de Ramallo y Campana.
 
Ha editado los siguientes libros de poemas: “Poemas del caballo azul” (Premio Publicación del Fondo Editorial de San Nicolás, 1989); “Gato de piel lunar” (Yaguaron Ediciones, 1996); “Vicio de manos” (Mención de Honor en el Certamen Nacional de libros de poemas “Fundación Acero Manuel Nicolás Savio”, 1999); “Palabra Lázaro” (Contiene los poemas que obtuvieron el Primer Premio Nacional de Poesía en el Certamen “250 años de la fundación de San Nicolás”, 2002).
 
Su obra, tanto poética como narrativa, ha sido recogida por diversas antologías y revistas del país y el extranjero. Sus poemas han sido parcialmente traducidos al italiano, francés, inglés, alemán, servio, croata, ruso, guarany, italiano, catalán y portugués.   Página del poeta: http://poesiadevicari.blogspot.com

Natalia Madrueño mexicana

minificionista

Natalia Madrueño es mexicana, licenciada en Letras Hispánicas y máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universitat de Barcelona. Escribe ensayo, cuento y minificción. Publicó algunos de sus textos en distintas antologías, periódicos y plaquettes digitales.

Dirigió talleres, mesas de lectura, promoción de escritura creativa y charlas con escritores juveniles como Kevin Brooks, Antonio Malpica, Loreto Sesma, entre otros.  Pertenece al jurado 2019-2020 del Programa de Fomento a la Lectura y Expresión Escrita (PFLEE) de la Universidad de Guadalajara y del concurso Minificciones desde el encierro 2020 de la editorial universitaria. En diciembre del 2018 recibió a la poeta uruguaya Ida Vitale, premio Cervantes 2018 y premio FIL2018, con un ensayo dedicado a su obra narrativa.

Es una persona increíble, dotada de muchos valores humanos. Además, a Natalia le gusta el café, las manos, el chocolate, la música, la comida y el viento.

Sus minificciones se encuentran ya en numerosas revistas nacionales e internacionales: “íkaro” (Costa Rica), “Relieves” y “Km0” (Argentina), “Revista Culturel” (El Salvador); y en las recopilaciones: “Antología virtual de Minificción mexicana”, “Mar de voces” (Ed. Universitaria) y en “Historias mínimas” (Ed. Dendro).

Escribe con un estilo particular y a manera de protesta: tocando temas necesarios y pertinentes para la actualidad.

Escritora que dedica gran parte de su obra a la microliteratura, escribiendo desde temas sociales, pasando por historia de horror, a veces, con elementos fantásticos, a veces escribe historias de fantasía y terror. Al tiempo que se muestra comprometida con la época y el mundo en que le toco nacer, a través de la microliteratura, Natalia Madrueño hace denuncia social. Sirviéndose de las letras para decir al mundo que a ella no le hace feliz tantas injusticias.

Natalia escribió y publicó, microcuentos con variadas temáticas que van desde amor hasta el terror.  Podemos leer algunos ejemplos de su excelente literatura:

Desaparecida [i]

Te extraño con cierto desencanto, en partecitas, como lo acordamos aquélla vez ¿te acuerdas, o tal vez fui yo quien lo acordó? Extraño tu aroma, tu risa, tu inmediatez cuando sabías lo que quería desayunar. Extraño tus líneas y tus curvas. Quizá sea porque sigo amando tu sexo y la idea que tengo de ti ahora que no estás. Pero a ti, lo que es a ti agrupada, completita, no te extraño. Te quiero ahí, justo donde frente a ti me desnudé tantas veces sin pudor, donde me hacías el amor tantas veces nos diera la gana ¿o era yo quien te fornicaba sin razón y sin mesura? Te extraño allá donde me dijiste adiós cuando nos avisaron que debíamos permanecer guardados por la cuarentena. Extraño de ti incluso esa última vez en que dijiste –NO-.

Del día en que viví en el mar[ii]

“Llamadme Ismael” Herman Melville

Siempre fue la lucha del hombre contra la bestia. Claro, eso era bien visto por mí hasta antes de hoy, pues de un día para otro, cuando por la mañana abrí los ojos, me vi atrapado en una especie de red mientras un hombre vociferaba su triunfo al mismo tiempo en que me picoteaba con su lanza.

Cuando lo vi a los ojos, sentí amor por él, un amor extraño e incomprensible. Cuando  me vio a los ojos, pude leer en él emoción y odio, un odio conocido e inconfundible. Entonces comprendí lo que pasaba, yo había dejado de ser Ahab el capitán, el marinero, el hombre, para convertirme en el cetáceo que tanto había perseguido antes.

Injusticia[iii]

Es mentira todo lo que creía sobre el amor, y si hay que culpar a alguien de mi desgracia es a mi madre, que en paz descanse, o mejor no, que no descanse. ¡Ella y sus estúpidas palabras! : “Hija, para el amor no hay edad”. Y por hacerle caso ahora sufro como nunca lo había hecho.

Sucedió cuando me armé de valor y decidí confesarlo todo, pues acababa de enterarme gracias a Martita, mi vecina, que Luis, el amor de mi vida, estaba muy enfermo. Desde entonces mi dolor se incrementó sin contar que, además, puedo sentir cómo todos me odian, empezando por su familia. No, nadie entiende ni podrá entender lo mucho que lo amo; es más, ni yo lo entiendo. Mire que enamorarme a estas alturas y además de él, de Luisito, que es tan joven y lleno de muerte a sus 16, mientras yo a mis 70 estoy tan vieja y llena de vida.

 De pequeñas mordidas[iv]

Pues mire usted, comencé por mordisquear sus labios. Las personas normales suelen besar, pero yo mordisqueo. Mordí sus pies, en especial me detuve en su dedo pulgar derecho. Tan gordito él, tan suave. Perdón, pero si tan sólo supiera las miles de sensaciones que brotaban de mí cada que la mordía.

     También mordí sus muslos, ahí usé un poquito más de fuerza. En ese momento supe que no le disgustaba lo que hacía, al contrario, ya gemía como si estuviera a punto de explotar; sin embargo, sé que aún no lo hacía porque en realidad sintió un orgasmo cuando llegue a su sexo. Ahí me detuve por mucho tiempo y repartí un montón de múltiples mordiditas, aunque debo confesar que algunas no tan pequeñas. Creo que cuando subí a su vientre, sin afán de alardear, ella ya había ido y vuelto unas tres veces al mundo del cosquilleo profundo y de los cuerpos entumidos. Ya ve que dicen que las mujeres son multiorgásmicas y ella de seguro lo era.

Después me suplicó que no la dejara, pero tuve que hacerlo porque soy casado. Así que no fui yo, y aunque en su cuerpo la única señal de supuesto maltrato son mis dientes, yo no la maté. Créame, debió morir de amor.

Un mito[v]

Una tarde de septiembre, entre sonrisas y café en mano conocí a un hombre que con su canción calmaba bestias y dotaba de sensibilidad algunas piedras. No debía mirarme y no debía mirarlo, pero su voz era tan hermosa que no pude evitar admirarlo.

Entonces mi suspiro.
Cuando llegó el silencio y se viró para encontrarme, ya nos habíamos perdido para siempre, y aunque sus ojos negros y profundos se encontraron con los míos que ya lo amaban, tristes los dos, aceptamos que no podíamos pertenecernos. Él tenía a su Eurídice y yo a mi Orfeo.


[i] Publicado en la antología Microbios, 2020 de Dendro ediciones.

[ii] Publicado en la antología Microbios, 2020 de Dendro ediciones.

[iii] Publicados en Mar de voces, 2017 de la editorial universitaria.

[iv] Publicados en Mar de voces, 2017 de la editorial universitaria.

[v] Publicados en Mar de voces, 2020 de la editorial universitaria.

Natalia - Portafolio
http://inmediaciones.org/natalia-madrueno-del-amor-al-terror/

Gabriela Aguilera Valdivia minificiones

JUEGO DE MANOS

Quizás de villanos. Estar así, rozar con intención un dedo en el acto rutinario de pasar un plato en medio del almuerzo familiar, luego los ojos, uno en uno. Entonces un tocarse en secreto, la línea del mantel como frontera de la escena, ese punto en que los comensales, suegros, cuñados, cónyuges, sobrinos, hijos, no ven, y menos imaginan que hay dos manos batallando una caricia.

Más tarde, la suerte maldita de tener un momento a solas, apenas un instante que no saben cuánto durará, ese tiempo justo en que por arte de magia los otros no están presentes, la suavidad de la tarde envolviéndolos, la algarabía de los pájaros en el crepúsculo, el rumor de los almendros y las manos, los dedos, las palmas pueden ahora hallarse enteras sobre la rugosidad de un banco de madera, reconociéndose, espejo una de la otra, una contra otra y entonces ya no evitan el contacto y la pasión sube hasta las bocas que, estremecidas, inician la lucha de labios y lenguas y dientes, en un beso culpable de villanos crueles.

TENGASE PRESENTE

Seré un montículo de cenizas y desearé quedarme detenida en tus labios, cautiva en tu lengua, prisionera en tu garganta. Querré ser condenada a permanecer en ti, cuando despojada de cuerpo, se levante la brisa y me haga volar hasta tu boca, obligándote a engullirme.

FRONTERAS DEL TERRITORIO

A las mujeres prisioneras de Venda sexi

Mi cuerpo empieza donde tus dedos lo acarician, responde a tus manos con la perfección de la palabra. Mi cuerpo se abre para recibirte, darte espacios, sumarse a tus movimientos. Mi cuerpo era con el tuyo y así estaba previsto en una historia de destinos que venía desde el silencio.

Mi cuerpo termina ahora, en esta habitación tan grande como el silencio de donde venía nuestra historia de destinos. Termina ahora mismo, cuando me tocan manos que no puedo ver porque tengo los ojos vendados. Alguien me obliga, me hiere penetrándome con la fuerza del vencedor. Mi cuerpo está hecho jirones y el dolor es extenso porque no hay fronteras para el horror. Mi cuerpo cercado es ahora un territorio de guerra.

Gabriela Aguilera Valdivia: Escritora, estudió antropología en la Universidad de Chile y realizó un diplomado en Estudios Mexicanos en la UNAM. Ha publicado Doce guijarros, (1976), Asuntos privados (Editorial Asterión, 2006), Con pulseras en los tobillos (Editorial Asterión, 2007) y En la garganta (Editorial Asterión, 2008)…
Ganó el segundo lugar en el concurso de cuentos Eusebio Lillo (1993), obtuvo una nominación en el Primer Concurso de Cuentos Eróticos de la revista Caras en 2004 y también en la segunda versión, en 2005. Ganó el segundo lugar en el concurso de cuentos de la Municipalidad de Peñalolén en 2005 y fue nominada en el concurso Jacinto Benavente, en España, el mismo año. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías de Ergo Sum y en la antología de microcuentos eróticos de mujeres latinoamericanas, Microscopios eróticos (publicada por la española Ediciones Atómicas). Es antologadora y editora de los libros objeto de Ergo Sum desde 2005, y desde 2007 forma parte del Comité Editorial de Editorial Asterión.

Antonio Aguilar… el héroe de bronce

«Antonio Aguilar… el héroe de bronce» https://www.milenio.com/opinion/carlos-diaz-barriga/milenio-retro/antonio-aguilar-heroe-de-bronce

Mi Gusto Es! | Mexican culture, Mexico history, Mexican artists

Dalí, escultor. — El Blog de Arena

. “Lo menos que puede pedírsele a una escultura es que no se mueva”. Es conocida esa frase con la que Salvador Dalí criticó a la obra de Alexander Calder y sus móviles que se balanceaban en un frágil equilibrio. Dalí es conocido por todos por sus pinturas y sobre todo por sus relojes blandos y […]

Dalí, escultor. — El Blog de Arena

Descortecía del suicida de Carlos Vitale

DESCORTESÍA DEL SUICIDA

En la estación de Can Boixeres una mujer protestaba por la detención de los trenes. En la estación de Sants un hombre se había arrojado a las vías. En la estación de Can Boixeres una mujer protestaba por los constantes suicidios en las horas de máxima afluencia de público.

MEDIDA POR MEDIDA

El cardenal juzgaba que el gran error del régimen franquista había sido permanecer en el poder cuarenta años. La duración ideal de una dictadura debía ser de diez años.

EL PLACER DEL TEXTO

Una máquina de escribir atravesaba la noche. También mi pensamiento escribía su página nocturna.

LA PUERTA CONDENADA

De niño, en el barrio, se relataba la aventura de un vecino que había sobrevivido a un naufragio flotando durante una semana sobre una puerta. Desconozco quién era e incluso si la peripecia acaeció de verdad, pero no dejo de meditar en ese hombre, azul y agua, negro y agua, asido a una puerta por la que no es posible huir.

BORRADOR

Debería pasarme a limpio.

LAS CUENTAS CLARAS CONSERVAN LA AMISTAD

Dos escritores se conocen en la presentación de sus respectivos libros. Dado que simpatizan de inmediato y ambos ignoran la obra del otro, acuerdan no leerla para prevenir que un eventual juicio desfavorable enturbie su naciente amistad. Los dos cumplen su promesa y, por ello, su estima mutua se afianza cada vez más hasta el final de sus días.

(Estos textos seleccionados por el autor pertenecen a Descortesía del suicida)

Descortesía del suicida, Editorial Candaya, Barcelona (España)
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A la caza del conejo de Mario Levrero

XVIII

  «Creo haber atrapado un conejo», dije, acariciando la suave vellosidad de Laura, que es tan joven. Ella ríe con una carcajada fresca y huye; yo recomienzo pacientemente la búsqueda.

CAZANDO CONEJOS EN CHUECAS Y ARROYOS - YouTube

5 poemas que se convirtieron en canciones – Infobae

«5 poemas que se convirtieron en canciones – Infobae» https://www-infobae-com.cdn.ampproject.org/v/s/www.infobae.com/educacion/2021/05/10/5-poemas-que-se-convirtieron-en-canciones/?amp_gsa=1&amp_js_v=a6&outputType=amp-type&usqp=mq331AQFKAGwASA%3D#amp_tf=De%20%251%24s&aoh=16206746117230&csi=0&referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&ampshare=https%3A%2F%2Fwww.infobae.com%2Feducacion%2F2021%2F05%2F10%2F5-poemas-que-se-convirtieron-en-canciones%2F

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El Barón de Dunsany

“El irlandés Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIIIº barón de Dunsany, más conocido por la posteridad literaria como Lord Dunsany, es considerado un maestro del relato y uno de los padres de la fantasía moderna, aunque su talento va mucho más allá de cualquier etiqueta con la que se le quiera encasillar. Los elementos oníricos y maravillosos de sus narraciones se conjugan de una manera sugerente, extraña e inconfundible. Amigo de Yeats, admirado por Jorge Luis Borges, la huella de Dunsany puede rastrearse en una larga lista de autores en la que se encuentran Tolkien o el cineasta Guillermo del Toro, sin olvidar a H. P. Lovecraft, que consideraba a Dunsany su máxima influencia, junto con Poe”.