Sabiduria

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No había luz. Diestros jinetes con burros llevaban agua en recipientes. Así abastecía un depósito para el aseo. La casa permitió un espacio para observar pacientes delicados. La auxiliar se encargaba del cuidado, alimentación, limpieza y Nemesio de hacer mandados. Ambos sabían hablar el totonaco. Este lugar es habitado por gente creativa, hacedores de milenios, herederos de la gran ciudad del Tajín, danzadores del cielo, talento para esculpir la piedra y transformarla en belleza. Riqueza poco comprendida.

La yegua

yegua pedro Méndez.oleo sobre tela blogLa yegua tenía asma y sudaba copiosamente. Encharcado el lomo. La silla se movía de un lado a otro. Íbamos pegados a la montaña. Al pasar sobre una peña, la silla resbaló a un lado, y mi cabeza quedó hacía abajo, y los pies  arriba.

—¡No se mueva! ¡No se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! —¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico, ¿quién chingaos nos va a curar? ¡Ey… ey! Tú pendejo, ¡amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pueblo se queda sin matasanos,  ¡Tanto trabajo que costó convencerlo! ¡Dale un vaso de caña para el susto, y otro para que le vuelva la sangre! No se preocupe doctor. Ya verá que en el camino y en la vida, nos topamos con yeguas mañosas.

Añoranza

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Me parece verla por las mañanas, sorbíamos café. Ella sentada en mis piernas; pendiente de la taza.

—¿No quiere más? yo sonreía, mientras mi mano jugaba con el rulo, me extasiaba el olor de su pelo.

Todo está igual: los libros, el viejo ventilador, las flores. A mí me falta ella, tal vez a ella le sobre yo.