Qué dices? Que has conocido a una mujer, que te ha dejado tumbado, de tal manera que crees que ha sido un amor a primera vista. *** Dime; como se llama? Angelina, dices. *** Dime, amigo por casualidad, la has conocido en el bar al cual solemos ir de vez en cuando? *** Bueno, amigo […]
Asomada a la ventana de un quinto piso siento la brisa de la lluvia. Abajo hay un desfile de sombrillas de colores. Con empeño encuentro la gorra de Fernando Valenzuela. El bombín de Charles Chaplin. La gorra cazadora de cuadros de Sherlock Holmes. Allá va el de Indiana Jones. ¡Oh my God! el pulóver de Cortázar y la capa de Arreola. Allá, a lo lejos aparece el sombrero de la reina Isabel y al lado, otro de paja, ¿será el espantapájaros? No, es Chencha, porque camina como Chencha. Noooo es mi madre y yo ni siquiera he tendido la cama.
Bastó un balazo en el cielo del paladar y escurrió de la comisura un hilo de sangre. El cuerpo se acomodó en el sillón del dormitorio. Era media noche.
El ángel de la guarda del occiso se la pasó dando vueltas en la recámara. El cadáver, aún tenía el arma en la mano y la primera mosca revoloteaba.
El ángel maldecía molesto. «con lo que me encabrona hacer reportes a la santa sede»
Subió con jadeos a la montaña. Levantó los brazos y de su ojo de cíclope salieron destellos de luz que parpadearon sobre el tormentoso mar. Poco a poco la nave evitó los promontorios rocosos zigzagueando con destreza hasta llegar a salvo al muelle. Apagó su ojo. silbo satisfecho y atendió a los reclamos de su madre.
1559 Ciudad de México Los dolientes El águila de los Austrias abre sus alas de oro contra el limpio cielo del altiplano. Sobre un paño negro, rodeada de banderas, resplandece la corona. El túmulo rinde homenaje a Carlos V y también a la muerte, que a monarca tan invencible venció. La corona, copia exacta de […]
No hay nadie en casa. Presiento que alguien se esconde, tal vez sea el viento que mueve las cortinas. ¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, pero cuándo voy a pensar en un amigo, repiquetea el teléfono, contesto y pregunta: ¿Pensabas en mí? ¿Qué haces? Bastaron seis meses para que sacara las uñas. Me hizo quemar mi directorio, borrar de mi celular el archivo y prolongar mi permiso en el trabajo hasta que me llegó la liquidación. «con lo que gano es suficiente y alcanza para irnos de vacaciones» Él me dio su telefono y dejó que borrara sus contactos, la agenda la quemó y me dijo: estamos iguales. El amor que nos tenemos basta para ser felices en soledad. Cada ocho días vamos al colmado, «con ese vestido tan entallado, te faltaran al respeto. Llévate el vestido azul, es amplio y fresco» Vivimos en una casa que fue de sus abuelos, Tiene un patio extenso, jardines en floración y árboles frutales. Una casa de dos pisos y un sótano que sirve de cava. Ayer me di cuenta que cerca de la cava hay una media puerta camuflada. Pude abrirla y encontré una escalerilla que lleva a una pieza, que parece un bunker. Regresé días después. Encontré papeles dispersos y escrita la palabra Auxilio. Poco sabía de él, lo nuestro fue amor a primera vista y en un tris nos casamos, No hicimos fiesta, sino que tomamos un crucero y después de dos meses regresamos a esta mansión.
Ahora entiendo, soy su próxima víctima. ¡Claro! El no sabe, lo que sé. También ignora de lo que soy capaz.
Victoria Ocampo nació el 7 de abril de 1890 en el seno de una familia aristocrática de Buenos Aires.
Hija de Ramona Aguirre y Manuel Ocampo, ingeniero especializado en la construcción de carreteras y puentes.
Se radicaron en Francia cuando ella era una niña.
Tomó clases de música y fue educada por institutrices. Cursó estudios en la Soborna.
Se casó en noviembre de 1912 con Luis Bernardo de Estrada. Tras una larga luna de miel en Europa, iniciaron sus desavenencias. Regresaron a Buenos Aires y aunque vivían en la misma casa, sólo se encontraban en reuniones sociales para mantener las apariencias hasta que se separaron legalmente en 1922. Victoria Ocampo no tuvo hijos ni volvió a casarse.
Su primera publicación se tituló «Babel«, un comentario del Canto XV del Purgatorio de Dante, aparecido en el diario La Nación en mayo de 1920. Posteriormente publicó «De Francesca a Beatrice» (1924), «La laguna de los nenúfares» (1926), «Domingos en Hyde Park» (1936), «Emily Brontë (Terra incognita)» (1938), «San Isidro» (1941), «338171 T.E.» (Lawrence de Arabia) (1942), «El viajero y una de sus sombras: Keyserling en mis memorias» (1951), «Lawrence de Arabia y otros ensayos» (1951), «Virginia Woolf en su diario» (1954), «Habla el algarrobo» (1959), «Tagore en las barrancas de San Isidro» (1961), «Juan Sebastián Bach, el hombre» (1964), «Diálogo con Borges» (1969), «Diálogo con Mallea» (1969).
Sus obras más importantes fueron la serie de «Testimonios«, diez volúmenes en total, publicados entre 1935 y 1977, y su Autobiografía, en seis volúmenes, que fueron editados tras su fallecimiento, entre 1979 y 1984. Como editora ofreció espacios en su revista «Sur» a escritores famosos y otros desconocidos. A causa de sus ideas políticas, contrarias al gobierno peronista, fue encarcelada.
Desde 1958 presidió el Fondo Nacional de las Artes. En 1962 obtuvo las condecoraciones de Officier de La Légion d’Honneur y de Commandeur des Arts et des Lettres otorgadas por el gobierno francés, y la distinción de Commander of the Order of the British Empire concedido por la Reina Isabel de Inglaterra. En 1967 la nombraron doctora honoris causa de la Universidad de Harvard. En 1976 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras, la primera mujer en ocupar ese lugar. Además fue presidenta del Directorio del Teatro Colón en 1933; Fundadora de la Unión Argentina de Mujeres y su presidenta de 1936 a 1938; Vicepresidenta Honoraria Internacional del Pen Club; y Miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes de 1958 a 1973.
Victoria Ocampo falleció en Buenos Aires el 27 de enero de 1979.
Sabías que…
El 27 de enero se cumplieron 44 años del fallecimiento Victoria Ocampo. Antonio Las Heras revela su poco conocido vínculo con el sabio suizo Carl Gustav Jung. Hace 44 años, el 27 de enero de 1979, falleció Victoria Ocampo. Entre sus historias de vida menos conocidas, está la de su vínculo con el célebre sabio […]
En kurú, los niños mayores de seis meses tienen prohibido chuparse el dedo. Medida preventiva y sensata de la tribu caníbal que sabe del poder del instinto.
Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín mientras afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.
Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.
¡Zas! Se fue la señal, la red y la luz. No quedó más remedio que ir a la iglesia y después al parque central, comprar un “algodón” o una nieve en el quiosco. Citada la amiga, dimos de vueltas alrededor de la alameda. «cómo lo hacían los abuelos». En minutos la neblina lo abarcó todo. Se oían los chillidos de las aves, también los suspiros y uno que otro gemido.
Miro a través de la ventana, la perra nevada juega con su sombra en el jardín y afinas tu arreglo en el espejo que cuelga de la sala de estar. Me pierdo en la floración de las buganvillas, pero mi oído me dice que vas y vienes de tu recámara al espejo, Capto el taconeo de tus botas en la duela. Es una pisada que hinca, con el ojo angulado veo que sacudes la cabeza y me roza tu mirada. No tarda el Taxi de la compañía en pitar el claxon y sé que no deseas ir al laburo. Los dos sentimos el deseo de perdernos en la intimidad del tiempo. Me volteo y reímos y sin decirlo nos asalta la idea de volar, pero volar es peligroso y el beso que me das solo queda a la orillas de mi boca.
Como me tienes de huésped, la noche podría meternos zancadilla.
Nació en Bellavista, Nayarit, el 2 de enero de 1954. Narradora y poeta. Licenciada en Educación Física por la Escuela Superior de Educación Física. Estudió el Diplomado en Creación Literaria por la SOGEM. Ha impartido diversos cursos y talleres literarios. Ha colaborado para El Búho (Suplemento del Excélsior), El Financiero, La Pluma del Ganso, La Prensa, Revista Álica de Nayarit, Voces Interiores, entre otros. Premio Nacional de Cuento Álica de Nayarit 1995. Premio Nacional Bienal de Poesía Alí Chumacero 2003-2004. Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2008. Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2009 otorgado por el IMCA de Hermosillo. Presea Pluma de Amorosa Raíz 2016 otorgada por la Barra Literaria Alí Chumacero. Presea Amado Nervo al Mérito Literario 2017 otorgado por el Senado de la República. Parte de su obra se encuentra publicada en diversas antologías como Poesía de raíces mágicas. Mujeres poetas en el País de las nubes (Oaxaca, Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, 2004), La mujer rota. Poesía de autoras y autores hispanohablantes (Guadalajara, Literalia, 2008), Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve, (Puebla, BUAP, 2012) y Cuentos Intrusos (e.a., 2017).
Jugábamos. Abrí la manivela y las gotas frías cayeron sobre tu cabello, la camisa se pegó a mis senos libres. Te jalé. Aun con la respiración entrecortada mordiste mi labio y había en tu boca yescas. Deslizaste tus besos para llegar a la lava. ¿Quién sentía el agua fría? saciaste tu sed ardiente en la plenitud de mis pechos. Epiléptica de mis deseos tomé tu península y la anexé como territorio conquistado. Sonaba el agua, el gemido y mi pierna fue una boa enroscada a tu cintura.