¡AGUANTA HIJO!
Una semana antes había caído un rayo: aislado, seco, ausente de agua, que partió en dos al cedro. A puro golpe de hacha y machete lo desmenuzó; dejó el tronco principal con una rama adelante y varias atrás, con el propósito de que su hijo jugara. Juvenal, después de la faena, sudaba copiosamente.
El agua llegó sin aviso. Su esposa lo despertó porque lloraba el cerdo y el perro no cejaba de ladrar. Al levantarse para buscar el machete, se hundió en el barro hasta las rodillas. Se allegó a la lámpara, como pudo. ¡Dios! ¡La presa debe de haberse roto! Tomó el sable, el lazo; pensó refugiarse con su familia en casa de su compadre Filemón que había construido su casa mirando el cerro, pero cambió de idea, el arroyo no le dejaría paso.
— ¡Mujer, apresúrate! ¡El agua sube muy rápido!
— ¡Déjame al menos soltar los animales, para que ellos solitos busquen su vida! ¿Pero, adónde vamos?Sigue leyendo «¡AGUANTA HIJO!»
LA INUNDACIÓN
Llovía, llovía mucho. ¿Cómo le permití a ese borracho que se quedara en la cocina? Es cierto, me dio lástima y me puso su carita de triste.
— Nomás esta noche —me suplicó.
Y qué le iba a hacer, una no tiene corazón para decir que no; y con esa agua, ni modo que lo echara.
Sólo tuve tres hijos. Los varones se fueron lejos a buscar trabajo y prometieron volver. La mujer, según supe, andaba por ahí rodando. Del marido, mejor ni hablar: ése sólo se hizo silencio y humo.
Esta casa es mía, pero he pagado doble. La primera vez que la compré, fueron cinco años de lavar y planchar. Cuando me instalé, llegó la autoridad a cobrarme el predial, multas y recargos. Si no pagaba, me embargarían la propiedad. Sentí que me moría, me ataqué de lágrimas, sofocos y después de rabia.
Fui a la casa del presidente municipal. Mis manos sentían el frío y el filo de mi cuchillo. Esperé; llegó cerca de la media noche: en la puerta de su casa lo enfrenté y hablé con el coraje en la boca.
— Ustedes tendrán el gusto de quitarme la casa, pero las cosas no se van a quedar así, ¡todavía tengo buenas nalgas para ver a quién se las doy!
Me miró como midiendo mi enojo, no lo sé, pero sólo pagué el predial y me disculpó las multas.
Fueron ardores de tanto lavar y planchar que, con el tiempo, fertilizaron en reumas que me sorprenden en las madrugadas. Si tan sólo hubiera tenido otro hijo, a lo mejor estaría aquí, conmigo; pero, la verdad, ya no quise abrir las piernas,Sigue leyendo «LA INUNDACIÓN»
Un perro me sigue
Al mirar la tarde comprendí que no llegaría al entronque con la luz del día. El último paciente que visitaría moraba en el extremo opuesto. Estudiaba medicina y alguien me dijo: —Vaya a Chacotla, por allá los reumas se dan como si los sembraran y le queda como a hora y media de la ciudad de México.
Chacotla podría haber estado cerca del mar; tiene tanto polvo apelmazado que daba la sensación de ir pisando la arena; pero nada más. La gente limita sus solares con plantas de nopal y de ese modo protegen sus bienes y aprovechan la dulzura de la tuna.
Al caminar por las calles parece que sólo habita el silencio. Sus casas son de muros gruesos, ventanas pequeñas y una puerta. El frío, el polvo y su quehacer atan a los chocotlenses a ser serios y reservados.
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EL PREMIO “The Versatile Blogger
Este blog nació con la idea de dar orden a un caótico número de textos de prosa, poesía, minificción y demás. Hoy lo veo y no me encuentro satisfecho, pues el caos se ha peinado pero allí está. Jamás tuve la idea de hacerlo para obtener algún reconocimiento o premio. Quizá el mejor estímulo que he tenido es que un grupo de blogeros me ha acompañado en el camino. Pues el oficio de escribir se hace en soledad y uno se ve animado por los comentarios que llegan de tan lejos. -El humo mágico del buen Carlos- Ayer, una amiga recién me dio la sopresa de que me había otrogado el premio:The Versatile Blogger”. Ella es flori, quien tiene un blog que escribe con sencillez y aporta reflexiones acerca del mundo, de la vida. Ella al recibirlo lo narra de la siguiente forma:
«…En fin quiero darle las gracias a Candy Rose White por otorgarme este premio, ¡Me has regalado una alegría amiga!. Ella es una mujer muy especial y se puede percibir a través de sus palabras llenas de cariño y amistad. Ella a su vez recibió el premio de nuestro amigo Alan Rulf, cómico periplo, mítico; el lo recibió de las manos de Mercedes, nuestra abuelita virtual, y ella de Cruz del Sur, nuestro entrañable amigo». Como ven el premio va de mano en mano y el significado que veo es entrelazar a los amigos que teniendo un quehacer común nos conozcamos a través de una cuerda de amistad y de afecto.
Las cosas que puedo decir de mí teóricamente deben de ser bastantes por el recorrido que he tenido en la vida, pero ella también me ha dicho que el silencio es la música adecuada para la creación. Me complase ser útil y poder ayudar a mis convivientes, quizá esa fue una de las razones por el que estudié medicina y una maestría en salud pública. Traer niños al mundo, rescatarlos de las enfermedades y educarlos para su desarrollo físico y mental. El arte en todas sus manifestaciones satisface mi deseo interior. La música es compañía permanente, desde los grandes clásicos, hasta las manifestaciones populares que definen el caracter de una región. La pintura me llena los ojos y después mueve mis sentimientos. Me extasía el impresionismo. Hubo un momento en mi vida que mis piernas se sintieron enormes y me atraganté de paisajes y corrí bajo los naranjos, bordeando el mar y dejando huellas en la playa. Nada más bello que sentir como te golpea el viento y cómo avanzas entre caminos viejos, mirando las curvas del río y trotando bajo la lluvia . Cuántos pensamientos dejados a la vera. La vida te cobra facturas y tanto trote limó mis rodillas. ¿ Pero quién te quita lo bailado?
Amo a mi familia, mi madre, mis hermanos, mi esposa, hijos y nietos que tengo. Amo el jardín cuando el fruto revienta o cuando la flor se mece bajo una tarde fresca.
Hay talento en todas partes del mundo. Sin embargo elegiré basado en el afecto y gusto que me han causado. Antes doy gracias a flori por dedicarme este premio, mismo que dare a Ann y Stella.
El premio es para Anne Fatosme. http://annefatosme.com/ y para Stella Mantrana http://apuntodecaramelo.wordpress.com/
Felicidades para ambas.
LA VISITA
Entré con timidez y respeto. Para llegar al corredor eludí flores de durazno y arabescos de arañas en los perones. Salió una niña espigada, pelo largo, tez morena y una sonrisa franca. Le pregunté.
— ¿Aquí vive la señorita Edna?
Asintió. Me vio cansado y me ofreció una poltrona. Acepté y se lo agradecí devolviéndole la sonrisa. Poco después salía.
—Dice mi hermana que si no la espera tantito. Al mismo tiempo que me traía un jarro de agua y otro de café.
—Ahorita le traigo pan, verá que le gustará reteharto, pues anoche lo hizo mi abuelita.
¡Claro que me gustará! Este pan sólo lo comes por estas tierras de frío con hornos de barro y flores de durazno. —Pensé.
El corredor era largo y estaba resguardado por grandes macetas con helechos, azaleas y enredaderas que al escalar llenaban los ángulos formando un arco de hojas y flores.
Salí antes de que se poblara la mañana. El pasto vidriado de rocío era una película donde se imprimía mi sandalia. Me pregunté ¿Cuántas generaciones habrán transitado por estos senderos? Sigue leyendo «LA VISITA»
BAJO LA LUNA
Nunca había estado en tal oscuridad! De niño pasé momentos sin luz, pero finalizaban en horas, y lo sabía porque el viejo ventilador empezaba a zumbar y los moscos volvían a sus escondites. En esta parte, cerca por aire y lejos por tierra, no había corriente eléctrica cuando llegué. Eran noches aluzadas por los candiles y adopté la costumbre de cargar en el bolsillo mi lámpara de mano.
Estaba deleitándome con el fresco, cuando escuché las buenas noches. Era un muchacho joven, de calzón, que sobresalía por la blancura de la manta.
— Mi mujer se va a aliviar y ya le empezaron los dolores —me dijo.Sigue leyendo «BAJO LA LUNA»
PASIFAE Y EL MINOTAURO
VIENTO Y TIERRA
Me sentí incómodo, como un niño pillado. Lo sabía, pero por extraña razón, no lo había resuelto, ahora la compañera al observarme, recriminaba.
— ¡No te da vergüenza tener las uñas de los pies tan largas!
No dije nada, sólo asentí con la cabeza. Tenían más de un mes de crecer. Había soñado repetidas veces que me volvía ave que surcaba rompiendo los vientos en el desfiladero. Subía hasta posarme en el risco elevado y mi ojo preciso me impulsaba hacia abajo en una caída vertiginosa. Abajo las bolsas del río. Caía en picada y regresaba a los cielos con un pez en mis garras. Por las noches escondía la mirada entre las estrellas y con júbilo iba a un lado de la alborada despertando a los amaneceres.
En las tardes, entre la gritería de los tordos que regresaban a la guarida de los cedros me veía inmerso en los sueños de Leonardo. O bien cuando veía a los zopilotes que parecen sestear en las sábanas del cielo. ¿Alimentaría mi extravío el deseo de ser pájaro? Recordé que mis ancestros Totonacos aún bailan la danza del volador y cuando el guía da la hora se lanzan al vacío, sobre el viento. Por un instante el cuerpo cardenal se convierte en pájaro, mientras la flauta ata el ayer y el hoy con una oración que se esparce por los cerros y recovecos del alma. Plácido dormía escuchando el aleteo de las garzas.
Un día en la mañana mis uñas lucían rectas, recién cortadas y la compañera, cerrando el ojo me decía:
— A ti, hay que tratarte como bebé. Y mostró los pedazos de córnea que había depositado en un frasco transparente. No tenía objeto una discusión. Me sentí como si me hubieran cortado las alas.
Meses después una dolencia se instaló en mis talones y tras de observar la radiografía, el médico dijo: Tiene los espolones más grandes que he visto. Así como están, se parecen mucho a los de un gallo viejo que ha rascado y rascado…
AMADA MEDUSA
Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y
si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito.
Aquella tarde, a hurtadillas llegué a su palacio. Detrás de los guerreros dormidos le declaré mi amor. Entendió que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Ayer vino Perseo, Sigue leyendo «AMADA MEDUSA»
MAMÁ CAMILA
Los sacerdotes poco iban a las rancherías y la gente apurada por la fé y las epidemias navegaban rio abajo y bautizaban en la playa. El mar no tiene palabra de honor y algunas veces, en la bocana del rió las olas encrespadas volteaban lanchas y la fiesta se convertía en tragedia. Mamá Meche va hasta su tiempo de niña y sigue platicando:donde quiera que ponías los ojos había vida, en el cielo: garzas, pelícanos, gaviotas, y muchas aves en el monte rompían el ruido de las chachalacas*, pero lo que más asombraba era el mar con su rugido y cómo después de cada ola, dejaba peces, jaibas y pulpos pequeños que reptando buscaban volver. Le digo: entre sueños, mamá, veo la casa donde
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LA MECEDORA
Cuando vi la flecha que indicaba que a la vuelta había un pueblo cercano, me dije: “Estoy cerca” Y es que el calor previo al mediodía se anunciaba con gotas de sudor por mi frente a pesar del acondicionador de aire del carro. Efectivamente di la vuelta y empolvado entre un matorral apareció el señalamiento del pueblo: “San Fernando “ 5 km. A paso de tortuga, pues la carretera era de terracería y dramáticamente veía como la aguja del termostato subía hacia un área de alarma. El carro y yo dimos gracias a Dios por haber llegado y situarnos bajo un enorme árbol.
Me habían recomendado el carpintero desde hace años, sin embargo por las rutinas de la vida no había tenido tiempo, mas ante el acoso de mi esposa, no me quedó más remedio que ir en su busca. Claro que hubiese sido fácil comprar el mueble , pero los que vimos, ella decía: “ Es madera comprimida” “ está rústico” “El color no combina” De regreso a casa su voz salió bronca “ Quiero que me lo mandes a hacer” Ella debió haber visto algún gesto en mi cara y de inmediato replicó: “ Claro, como tú no estás en casa y te la pasas bien divertido en tu trabajo” Suavizando la voz, le contesté que hiciera un dibujo del mueble que deseaba y que buscaría al mejor artesano.
Estaba en el parquecito del pueblo y de acuerdo con el mapa que traía, la carpintería no debería de estar a más de doscientos metros. Toqué la puerta y poco después una mujer con manchones de pelo canoso y ojos pequeños, abrió y me invitó a pasar. Dentro de la casa había un clima diferente: fresco, orden, sencillez. Los cojines de la sala estaban hechos con retazos de diferentes telas y colores. Las paredes blancas servían de marco a los retratos de familia y en una esquina: un ramo de flores recién cortadas y una veladora ardía. El olor de la madera, el barro y la cera, hacían una mezcla de fragancias. En medio, como división, estaba un juguetero. En él, una colección de piezas labradas: animales, trasteros, cajitas, baúles, deliciosamente decoradas con pintura. Sin duda estaba en la casa de un hacedor. Pero la pieza que más llamó mi atención y deseo fue la poltrona.Se encontraba al fondo y, algunos rayos se filtraban y caían en el respaldo, dándole una sensación de espejismo. La madera labrada, hacía juego con algunas figuras tejidas y que sobresalían por tener tonalidades suaves. La Poltrona se movía al compás de algunas ráfagas de aire.
— ¿Todo esto lo hizo su esposo?.
— Sí. Un artesano como pocos.
Me sonreí, ella también. tomé del jugetero un águila con las alas extendidas, en cuyos ojos se advertía la furia.
—Mi esposo cada mes decía, hoy es tu cumpleaños y me ofrecía una figura. ¡Estás loco, estás loco! le gritaba y él sonreía. Me contestaba que sí, que era por haberme encontrado. Yo me reía y le daba un beso, luego me arremolinaba en su pecho lleno de aserrín, para que no me viera llorar.
No pude más, me paré y rápido caminé hacia la poltrona, con el vivo deseo de dejarme caer; un grito agudo, helado, me detuvo.
— ¡No lo haga! Mi esposo tiene año y medio que falleció, pero al menos para mí sigue vivo y está allí. Cuando yo me siento es porque él desea cargarme en sus piernas y tal vez no lo crea, pero el sillón se mece, se mece…
EL DESVÍO
En la mañana salí apresurado hacia el trabajo. Por la tarde fui a la casa a comer y, sin hacer charla de sobremesa, regresé a la oficina para terminar los trabajos que debían irse por correo. Cuando llegué, te encontré en el patio meciéndote en la poltrona y mientras me sentaba en el otro sillón, vi cómo tu cara se iluminaba. Acaricié tu mano y sonreíste; sabíamos lo que eso significaba. Bajo la copa del árbol la luna caía sobre nosotros como si fuesen arras de oro blanco. El teléfono repiqueteó con insistencia y fui a contestar. Miraste mis ojos y descubrí ansiedad en los tuyos. Tengo que salir —te dije—, desviaste la cara y forzaste el sillón a balancearse y haciendo crujir a la madera… Sigue leyendo «EL DESVÍO»
EL PALOMO
TRABAJANDO DESPUÉS DE LA MEDIA NOCHE
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