El búho
El búho alisa sus plumas de la testa, los mofletes y lava su pico antes de dormir. Hoy no saldrá de caza el búho.
La luna canturrea bajo las estrellas.
Y él, la acompaña con el tambor de su pensamiento. No quiere disgustarla, sólo desea estar con su recuerdo; cuando pase por su viejo árbol, cantará de pico hacia fuera.
Dentro de él hierven vientos agitando el polvo que el tiempo ha depositado.
Es gracioso y él se da cuenta, que no puede evitar su pensamiento analítico; después expele un silbido que solo escuchan los vampiros.
No es extraño, es la manera en que los búhos suspiran.
Ha perdido la figura esbelta y por más que alisa el plumaje siempre da la impresión de ser un paréntesis. Nunca está solo, siempre acompañado por sus pensamientos filosóficos que laten en las sienes de su testa.
Es cierto tuvo amores pasados, que fueron y vinieron como esos chubascos que de un de repente pasan y se van.“Las féminas estorban las cadenas de mi inferencia”, solía decir, luego de un apetito corporal. Sin embargo , se enamoró de una que no tenía cursos, ni recursos y su método de análisis era un champurrado de tonterías.
La veía aletear alrededor de él demostrándole su entusiasmo. Hubo momentos que él sonreía, pero después, ella se hizo insoportable. Realmente no estaba hecho para el dulce y un buen día se alejó y, anidó en otras tierras.
Hoy la recuerda en su vejez y, comprende que hay fulgores que el pensamiento no puede obsequiar: el método magnifica la inmensa soledad en que vive.
Él ya no suspira y, ahora risotea como lo hace la hiena. La verdad es que llora, sólo que disfraza su emoción, pues no es saludable que pierda compostura e imagen y canta alargando el tono como lo hace el bandolón.
La luna pasó de prisa.
El instante
Esta calle no es de nadie, sólo mis pasos resuenan en el vacío del silencio. Ningún recuerdo me saluda, no escucho campanas que llamen a misa ni damas piadosas que pasen presurosas sacándose de la boca el Jesús. Nada, sólo yo con lo vivido. Lo llevo en una bolsa con jareta que cuando desate el nudo no tendré el sentido para escuchar una palabra o ver como se desliza una lágrima.
¡Cómo olvidarla!
Después de bañarnos subía mis piernas sobre su regazo, con habilidad masajeaba mis plantas y cortaba mis uñas,
luego retozábamos hasta la media noche. Un día, furiosa me gritó diciendo que la engañaba
y blandió el machete; la desarmé y sucio de ira, de un golpe le cercené la cabeza.
Desde entonces ando a salto de mata y el dolor se abre en los dedos cuando tropiezo con las piedras.
¡Nadie como ella! Tenía mano de santa para restaurar mis pies.
Pueden verla con imágenes en :http://www.youtube.com/watch?v=u2PXKKaeV-E
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Un hombre llamado José
Con cariño para: Stellamantrana y José Cruz jr.
Me recuesto en el asiento mullido del autobús y, logro un recuento de lo que me acontecía hace más de sesenta años. El ómnibus rodea la ciudad y, el paisaje fluye veloz. Estas tierras parceladas, eran exuberante selva. Pronto llegaré a la brecha de los Barriles y allí me apearé.
Los árboles que conocí, los cercenaron. Los recuerdo enormes, colmados de heno, con raíces gruesas y barbas, que salían de la obesidad del tronco. Sólo dejaron el zapote. En aquellos tiempos era un mozuelo que se abría. Ahora es el único gigante que mira hacia los pastizales donde rumia el ganado. La brecha, actualmente es un camino de terracería, pero, me llevará por el sendero que transitaba con mis mulas, cargadas de refacciones e hilos.
—¿Le alquilo un caballo? -dije al ranchero. Se quedó incrédulo.
—¿para qué? Solo espere al autobús y le dice al chofer donde desea bajarse. Además si lo tumba el caballo, no creo que aguante el golpe.
-No se preocupe, se montar bien y si algo me pasara, le dejo el costo del animal.
El caballo tiene paso ligero y responde. ¡Esto es placer! Lo del camión, con asientos mullidos es: comodidad. Lo escucho resoplar, es fiel a sus instintos. Él soporta mi peso y yo acaricio sus crines, le hablo y parece entenderme.
Salimos de la carretera y tomamos la vereda. Es el viejo camino a dos arbolitos.Sigue leyendo «Un hombre llamado José»
Barrunto
Despierto en la madrugada con la boca seca. Voy a la cocina, abro la nevera y saco la jarra,que en vez de agua contiene una cara con la boca abierta por donde sale una lengua polvosa y aplanada.Tengo sed, me dijo con voz aniñada. Con violencia me incorporo de la cama con lumbre en la garganta y mi corazón a galope. Estoy inmóvil y aniquilado esperando la mañana.
De ti
No era difícil que él descubriera mi culpa. Si me hubiese tocado se habría dado cuenta de mi piel enfebrecida, del calor que me dejaron unos besos ajenos, el latido de mis senos y el rocío de mi intimidad. Me alejé, no quise que me rozara con sus manos y que me despojara de las sensaciones que tú dejaste. Me quedé sola, con el pensamiento distante y pegando un botón que se derretía entre mis dedos. ¡Dios! Sólo las puntadas que atravesaron sus pequeños huecos saben mi secreto.
Cofradía
Marchan los borrachos dando traspiés por el camino terroso. Van de dos en dos haciendo altos súbitos. El más sobrio es quien lleva la garrafa de caña. Son cuatro litros que pondrán al centro. Ellos acomodarán sus traseros alrededor del galón y terminarán cuando no quede olor a caña. Éste es su sitio preferido: un solar baldío donde la
hierba crece y un árbol de naranja agria los provee de sombra y fruto.
Estarán tomando en cofradía. Brindando por lo que pudo ser y no fue. ¿Por qué más brindaran? ¿Por la mujer que abandonaron, por los hijos que no han visto, o por el rencor que tienen acumulado?
El final es una calca de otros ayeres, quedan tirados y camuflados por la hierba. Hay uno en pie, es un perro que siempre los acompaña y convidan de lo que comen y beben y él agradecido lame cara y boca, mientras ellos sueñan y sus manos anestesiadas acarician la testa del can.















