Monólogo anónimo

SOLEDAD ANDENMe revienta que no tenga libertad de hacer las cosas que deseo, simplemente porque a él no le parece bien. Pues soy una mujer que trabajo como mula, y por eso ¡ sólo por eso! Deberían dejarme hacer lo que me de la gana. Pero así es la vida de las casadas. Soy una mujer y mi tiempo libre lo tengo que utilizar en atender el marido y a los hijos. aunque estés de prisa y cansada tienes la obligación de hacer el amor, mantener la casa arreglada, la ropa limpia, y tener la comida lista. Después que has hecho todo, todavía te dicen, qué debes de hacer con el suspiro de tiempo que te queda.
Sólo una cosa me impide mandar todo al carajo: ¡y son mis hijos!

la jirafa

jirafas nocheTe es sencillo doblar y desdoblar nubes como si fueran almohadas. Detienes tu mirada en ellas: corren fantasmas presurosos seguidos por dinosaurios imponentes y minúsculos gusanos que reptan por entramados profundos y grises .En la noche, cuando el sueño se esfuma tus ojos de laguna caen en el manto prendido.Así las horas pasan: jugando ajedrez en los cielos con la osa mayor. ¿Qué aroma tienen las estrellas? ¿Qué secretos te ha contado la luna? Animal celestial que siempre miras a Dios.

 Terrible para ti, inclinar tu cuello para beber el agua terrenal.

Instantánea

DSCN1841Se oye el ventilador de la computadora. Afuera gritan, -es el vendedor de periódico- Hay una calma que no lo es. En los dormitorios se oye una alarma, voy y solo silencio; por la ventana, el tordo azul negro me mira. Es un día nublado, los cotorros ocasionalmente chiflan a mujeres que no pasan. Van y vienen los carros, dejando su cuota de ruido. Muy a lo lejos, se abre un silencio prolongado y escucho el canto de la primavera. Me encimo en su silbido, mientras el humo del café revolotea.

El fluir

CREPUSCULO

Vuelan las garzas
como la juventud.
Se va el otoño
con su soledad de hojas,
mustias, livianas:
que ya nunca veré,
que ya nunca veré.

Un puño en mi baño

Hoy en la mañana cuando me duchaba, escuché que abrían la puerta. Al darme vuelta, me encontré con mi esposo en una actitud de recuperar una noche perdida de sexo. Le hablé con sutileza, le dije que ya tendríamos tiempo, pero el agua que caía de mi pelo dejaba gotas que se prendían a la piel, tal vez eso lo excitó tanto como mis palmas al acariciar mis pechos cuando los enjabonaba. Hubiese querido sentir lo mismo, sin embargo, la prisa, la urgencia de citas contraídas me tenían sin deseos. Sólo pensaba en el maldito tiempo que nunca es suficiente. Sentía un coraje que no deseaba expresar. Logré decirle suplicante: por favor, déjame salir. En un titubeo me zafé de sus brazos.

Llegué a mis labores y atendí las citas contraídas, pero atrás dejé un puño que estalló en la puerta del baño.

Talluelos

021Leve sonido
es al romper un tallo,
a nadie ofende,
sucede en los caminos;
en mi interior
también tengo talluelos
que se fracturan:
un amigo que engaña
o un hijo que nos miente.

La noche

guadaColabas café.

 —Abre la nevera y saca lo que apetezcas —me dijiste.

—Te guardé un poco de comida por si te daba hambre a media noche. ¿Quieres música? Sabes que cuando vienes a mi casa, me deshago contigo. Quisiera ser tú para adivinarte el pensamiento. Subamos las cosas. Relájate. Miraremos la alborada sin tensiones. ¿Dime has soñado con darme un beso? ¡Ah sí supieras cuantos te he dado! Me ha dolido la boca de besarte tanto y de morderme cada vez que pronuncio hacia adentro tu nombre. Sube y acuéstate. Quiero que seas  y que mis manos descubran tus oscuridades. Mis besos quieren ser caballos y recorrerte palmo a palmo. Acuéstate, que las sábanas no tendrán más olor que el tuyo y el mío. Cierra los ojos, que la noche será inmensa…

Llueve, llueve…

 

lunaEl sol glorioso adormece las montañas. Una nube camina en el desfiladero del cielo, otras parecen gigantes prehistóricos que recién han nacido. Platican y se amontonan, cubriendo de grises la inmensidad. El sol ardiente cubre los mosaicos de la colina y de reojo contempla a una luna que pende de almidones. 

 

 Caen gotas temerosas y poco a poco cambian a tejos líquidos que golpean la tierra. Los remolinos envuelven los arbustos. Los pájaros asustados brincotean sobre las ramas y chillan cuando el viento silba entre las hojas. Por un momento hay una quietud sospechosa que hace callar a las chicharras, y que los grillos guarden silencio: es la intemperie que tiembla.

 

 Una luz repentina parece salir de la tierra y emerge del corazón de las montañas. Es un flash gigante que toma impresiones a la copa del cielo. La mudez termina y las gotas rompen en desbandada como caballos que irrumpen en la pradera.images

 

 Las hormigas esperan desde los subterráneos. Sabían del diluvio y precavidas pastorearon su rebaño, ordeñaron su dulce y ahora escuchan el chapoteo del agua y el canto angustioso de los grillos que se resguardan en un tronco viejo.

 

 El sol es cercado por las nubes sucias y negruzcas, pero se mantiene como testigo oculto en la curva del arco. Rompen los truenos en el piso del cielo como si los gigantes corrieran de un lado a otro presintiendo el fin del mundo.

 

images (11) Todo regresa a su lugar. El sol se ha quedado impávido, enhebrando los colores, tirando al infinito el naranja, el violeta, el rojo para darle el vestido glorioso a la luna para que cuando baile, cuelgue sus velos sobre los picos de las montañas.

Monólogo

Por Asia llegamos a Europa montados en las ratas. Nuestro paso dejó huellas por el número de vidas que segamos. Qué grandes nos sentíamos al conducir a millones de roedores. La sangre de la rata era amarga y la del humano dulce. Por cada familia, sólo quedaba la mitad para contarlo. Si Atila fue el azote de Dios, nosotros lo fuimos de los hombres.

El presente

casa mama 001Mi deseo no se mueve. Este corazón sonríe y trota con el que no puede estar siempre conmigo. Obtengo momentos intensos compartiendo a tu lado; y cuando te vas, el vacío me consume. Todo desaparece cuando sonríes, y tu mano de letras tuerce la muñeca para escribir sobre mi pecho. Nunca sabré que es mejor: sí haberte conocido, o no, pero en este momento, mis días los llenas, y eso es enorme.

El ejecutor

DSCN0379El filo del machete reverberaba a la luz vieja del sol. Había diez en fila frente al ejecutor, brazos atrás y sujetados de las muñecas. A los primeros ocho, la cabeza seguía prendida al cuello, los ojos espantados y mirando el cielo. El noveno lo cercenó cuando imploraba, mas seguía implorando, hasta que tocó su frente y la testa rodó enrojeciendo el polvo del camino. El décimo lo dejó ir para que pregonase.

 

El monstruo

Hay tantas cosas que sopesar y nutrirse de ellas, que es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, tal vez lo escuchase con pena, invocando que aplaque sus instintos verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono, quizá en su momento le regale un pincel y la paleta de colores.

Mientras habla y yo hago que escucho, me instalo en la montaña que amplifica la respiración asmática del alpinista. Camino por la vieja ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de flores que las mujeres del pueblo cuidan.

» Aun estás allí» -me dice- Y sigue relatando, las aventuras del portero, con la vecina del diez.

El viento frío me hiela y embellece.

Postimbox

Un día me invitaste a tu casa. Después del viaje, me instalé en tu hogar. Nos hicimos reales, caminamos por las calles, fuimos a fiestas. Por las noches, alargábamos el tiempo. En las mañanas, cuando ellos dormían, hacíamos el desayuno, como dos conocidos de años. Una noche, nos acostamos y la vida nos hizo vivir lo que nunca sucedió en los sueños.

El desvío

Intuí que tu alma tiene la fuerza de esos remolinos que miramos en la pradera, levantan polvo, se agotan, pero después reinician con más fuerza. Nunca comprendí como es que  decías quererme  y, añadiste en un punto y aparte: …“que lo mejor para ti,  sería proponerse objetivos nuevos.”  me pregunté: ¿Porqué sacaste la hoz y segaste?

Más de alguna noche me dije: ¡Es qué esto, no puede decirlo ella!, movía la cabeza como esas marionetas estúpidas que encuentras en los mercados de vecindad. Entonces, cerré el libro y acepté de una vez por todas, que tu silencio era una indicación de que la complicidad se había roto.

Noticia tardía

Colecciono flores, y una de ellas, enorme, colecciona hombres. Ayer lo supe.