camellosDios obsequió  a tu cuerpo jorobado de una resistencia sobre natura. En la armonía de tu paso se descubre una paciencia infinita: El sol duro, el frío cruel,  y  las dunas que duermen la siesta del tiempo.

Todo lo recorres.

—No hay prisa, llega lejos el que camina sin pensar en la lejanía— Pareces decir.

Transitas en silencio, haciendo camino sobre la arena, y el chasquido de tus labios es un pedimento de fuerzas. Al final, tus piernas se arrodillan y tu testa besa el suelo, como hacen los elegidos.