Versitos seis y siete

flor de silencioEn la montaña
junté mis poesías
y prendí fuego.
Nada quedó del río,
ni del rubí,
ni la flor de tus hombros.
Eres recuerdo,
como también lo soy.
De la montaña
descendí encanecido,
pero dispuesto
a sentir el asombro
del vuelo de las garzas.

7-

Leve sonido
es al romper un tallo,
a nadie ofende,
sucede en los caminos.
En mi interior
también tengo talluelos
que se fracturan:
un amigo que engaña
o un hijo que nos miente.

Sueño

niñoAnoche soñé. Tenía en mis brazos un bebé de meses, lo trataba como a una cosa. No le daba de comer. Estábamos en un cuarto de hotel y esperaba a su madre para entregárselo. Como no llegaba, lo dejé sobre un montículo de ropa fuera del hotel, creyendo que anduviera por donde anduviera se percataría de su hijo.

Volví al cuarto y ya casi al llegar, me llegó el presentimiento de que la madre tal vez no lo viese, y regresé. Frenético corría para rescatarlo. Al encontrarlo sano y salvo, sentí como si se hubiese abierto el día después de meses de no ver al sol; y a trote, corrí con él buscándole agua y alimento.

Tenía la preocupación legítima de que el bebé me necesitaba, y yo sonreía con él y apretándolo en mis brazos, corría bajando por caminos de lodo, después escalones. Buscaba en aquel pueblo un puesto donde comprar agua y leche. Cuando vi al bebé comer, sentí que estaba bien, fue un momento de gloria y luz para mi interior y lo acerqué a mi cuello, dándole golpes suaves sobre su espalda y apretándolo sobre mi corazón.

La peste

¡Qué grandes fuimos cuando conducíamos a millones de roedores desde Asia hasta Europa! La sangre de la rata era amarga; y dulce, la de los hombres. Por cada familia infectada sólo quedaba la mitad para contarlo. Si Atila fue el azote de Dios, nosotros lo fuimos de los hombres.peste

Versitos del uno al cinco

marip

Tardes de invierno
me agobian con su píe
al recordarte.
El flash de mi memoria
no sabe y me perturba.

2.-

Inquebrantable
lo que siento por ti,
es mar y hueso
inmenso azul profundo
que teme a tu desprecio.

3-

Llegan mujeres
que pasan a mi lado
zurciendo anhelos
doblando orillas de hombre.
Entre mis sueños
susurraba tu nombre.
Nunca llegaste.
¿Acaso te escondías?
No lo sé…no lo sé

4-

Oscuridad
y silencio en la calle,
nadie transita,
solo yo y mis recuerdos.
El golpeteo
del frío asusta mi alma.
Cuando mi caja
se abra seré ligero
como ave entre los vientos

5

abrió la tarde.
Cuida una primavera,
es breve, mínima,
con dificultad pía;
pero es robusta.
Me comenta la tarde
que su plumaje
esta hecho de arcoíris
de viento y agua,
y cada hora que pasa
se fortalece.
No te extrañe, me dice
que cuando cante

el mundo se despierte
vistiendo mariposas.

La foto

mujer caminandoEl cura penetró al dormitorio de la señora Josefina Santa Cruz. Sobre la pared, la imagen de Cristo, una foto de ella con el obispo. En otra se le miraba con el pelo largo, pantalón deportivo y caminando entre los eucaliptos. Tenía el clavo de un probable infarto. En su lecho, el pelo caoba y trenzado. La mirada fulgía ajada y tierna. Su médico ya había iniciado tratamiento y en breve llegaría la ambulancia.

El cura Anselmo recordaba las veces que organizó a la comunidad para que la iglesia se mantuviese. La recordaba rezando en la capilla. Lo hacía a solas. Su conducta humilde, servicial. ¿Qué podría confesar, si en ella todo era cristal? Preguntó suave.
—¿En qué has ofendido al Señor?
—Males antiguos regresan y deseo estar preparada. No lo he ofendido, pero quiero llegar hacia Él, con mi mejor traje.
—Siempre has sido transparente, hija mía.
—Mi vida en la comunidad la he hecho con las ventanas abiertas, pero hay espinas que siguen.
—Te escucho.Sigue leyendo «La foto»

Callejero

perroSentada bajo la sombra del almendro, una niña mira hacia el caserío imaginando que su perro yace con el lomo quebrado en alguna callejuela. Su mirada es llorosa. Las amigas que pasan la saludan. Algunas acompañadas de sus mascotas.

Está por regresar a su casa cuando siente el roce de un lomo peludo por sus piernas. Sabe qué es. Se hace la indiferente y alzando la voz lo regaña por no avisarle dónde se había metido.
-¡Dos días sin saber de ti! ¡Es demasiado!
El Perro le mueve la cola. Ella no se inmuta. Su mirada profunda se vuelve más triste y avizora que en un futuro, “Callejero” no regresará.

Desde lo más dentro lo regaña con gimoteos.
– ¡No has sido buen perro! ¡Eres libertino, andariego!
El can lame sus manos, chilla, mueve la cola. Ella suspira, lagrimea. Toma de la calle piedras y cerrando los ojos, las tira a no darle y le grita.
– ¡Vete!
Camina dándole la espalda y, después, corre hasta perderse en un punto.

Por qué no fuiste como Esteban

pareja-cafe-blogEsteban siempre sonríe, me busca en todos lados con su mirada y cuando creo haberlo perdido, me asalta con su insistencia, pero se retira en silencio cuando percibe mi indiferencia. En cambio tú… En el bar la penumbra es cómplice. Soy yo la que te besa, la que se desliza entre tus piernas y en mi fantasía deseo poseerte mientras el saxofonista vuela tocando la melodía. Estoy deseando tu embestida, sin voluntad para rechazarte. ¿Por qué no fuiste como Esteban?

Frenesí

mujer derojoSintió una erección tan violenta que por un segundo se sintió adolescente. Tuvo que pasar más de media vida para encontrarla.
-Éres lo que busco, le dijo al oído, sujetándola de las caderas. El perfume de sus cabellos lo enloquecía y sus labios rodaban sin cesar.
Dentro, la barca del infarto desataba sus nudos.

La guerra

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos muertos están calientes. Vivieron con la negrura que los abuelos inculcaron. Estamos sin lágrimas, apedreados de la boca. Las mujeres se retiran despacio con sus senos blancos, llenos de leche y angustia.
Se fueron los muertos a pelear en otros silencios, adelgazando sus almas, afilando los odios.

A Cástulo

imagesTe vieron por las calles con las manos de barro ahuecadas como cántaros clamando agua. Me contaron que tus pies desnudos pisaban vientos sumergidos, vacío de tus roperos. El cedro que cuidaste, ahora se lo comen las hormigas, y el maizal apunta con mazorcas sin granos. Campos desiertos de fe, terrones solitarios donde crece la hierba que, ausente de savia, se ha quedado sin tallos.

¿Recuerdas el piano de teclas cabizbajas? Todavía no sabe que enterraste tus años. Me lo contaron sin querer, y yo grité mi dolor sin palabras.

Estoy desordenado, confuso. Anoche sentía que tus cabellos tocaban mi cuerpo. Mientras soñaba, llegaban aromas del viento que respiramos, y yo lo negaba con gritos de silencio. Hubo otras noches que oía tus pasos recorriendo a trote mis latidos y me levantaba habitado de ti. Hoy cantaron los pájaros, eran los mismos que volaban por nuestras tardes de a pie. Sé que nada es cierto, es mi torpeza o mi cuerpo que sueña. ¡Qué difícil es decirme que te espero!

Ratones

untitledÉramos chavales, niños grandes. Al regreso de la escuela pasaba por tu casa que parecía tener en la ventana figuras de ratones. Un día me regalaste una corbata tejida con la palidez de tus manos. Nos citamos por el camino de los pájaros. Te quité tus cántaros, se perdieron espacios y mi aliento sopló en tu barro. Fuimos flauta que el viento hizo sonar.

Mortalidad feliz

Maury PersevelLos senos de la adolescente reposaron en la media cara del senador. Percibiò la fragancia del nardo que abre. Y aceptò sin reclamo que ella serìa su tumba. La corbata de seda que aprieta. La seda de su vientre y la caida al abismo despuès de retozar entre el vainillal del monte.

La flor

floreesEscuché atento. Seguí con la vista la mirada del águila. Estábamos en lo alto de un risco y divisé entre el mar la barca de los pescadores.
– ¿Has notado que el amor tiene muchos caminos? Es como una cabellera: veredas que van, lunas frías que pasan sin retorno, trópicos que los pájaros dejan caer, tejos que mueven el corazón. Fíjate en la piedra salobre donde el mar da las horas. Es una lápida que la gaviota desprecia y donde anidan remolinos de viento. En el medio se da el parto de la vida: hay una flor retadora que se levanta, desafiando al viento, al mar y a la gaviota.

El gato del tejado

Gato en el tejado de zinc calienteMe dicen el gato del tejado porque me gusta trepar a los techos para contemplar a los que pasan. ¿Ven a ese niño de pelo oscuro, ojos grandes y mochila azul? Es Armando. Regresa de la escuela y no se ha dado cuenta de que se va a tropezar. Siempre anda soñando como el ave cuando navega en el cielo. Aquélla es María. Una simpática niña muy amiga de él. Van a la misma escuela y son compañeros de clase.
– ¡Te vas a tropezar Armando! ¡Mira por donde andas! Le dice María.
Él reacciona y evade el tronco, levanta su mano y la saluda con alegría.

Ella también tiene sus sueños. Sueña con ser doctora para curar a su padre y comprende que debe aplicarse en el estudio para que cuando sea grande, su corazón abarque a los que sufren sin quejarse.

El cielo ya se pinta de grises y naranjas, debo regresar; la anciana a la que acompaño estará preparando el café con pan y me extrañará, si no me acurruco entre sus piernas pidiéndole leche.