DOS-LUNAS¡Bendito el marido que me ha tocado! Tiene horas que se fue, pero mi corazón me dice que se quedó la mitad de él. No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía porque es capaz de todo.

Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra. Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió como diciéndome: ¡eso no basta!

Cuando pienso hablarle a alguno de mis amigos, repiquetea el teléfono.

¿Qué haces? Me dice con voz recelosa.

Aquí, limpiando los viejos libros que heredé de la abuela.

¡Tirálos, eso es basura!

Lo haré a su tiempo.

Mis ojos se detienen en el pez dorado que parece mirarme , mientras él se despide con instrucciones y besos por el teléfono.

La abuela, siempre lozana y viuda.