pedimento

sierraNo me ofreciste el agua de tus ojos,

luna llena,

un latido.

Pedí ser hilandero de silabas.

Revolverme.

atisbar las estrellas;

las alboradas,  sobrevivir  atardeceres;

 jugar con la Osa mayor.

Quería ser poeta

y tus ojos miraron el ave en el desfiladero.

 

SENRYU

pasifae¡Cielo! ¡Aclárate!
¡Deja que el sol la mire
y la desnude!

Después de la media noche

lluvia-correr

Casi era la media noche y las cuentas no ajustaban. Me faltaba abrir y leer correspondencia que llegó del Ministerio de Hacienda. Mi espalda pide algo blando. ¡El calor desesperante! Los abanicos insuficientes. Abriré la ventana y levantaré un poco la cortina metálica para que corra aire fresco. A esta hora la gente se va retirando a sus casas y la calle, poco a poco, se deshabita.

Soy contador, superviso los estados financieros y hago el cálculo del tributo que el comerciante pagará al estado. Tener trato para atender a los jefes de las dependencias, a los empleados que agilizan los trámites y a quienes nos contratan, es un trabajo arduo que exige ser discreto. Miraré la correspondencia, uno nunca sabe qué vendrá. El estilete para abrir cartas lo guardo en la bolsa de mi camisa, si lo dejara en el escritorio, desaparecería en el mar de papeles.  Veamos, esta es del diario de la federación dónde manifiestan un cambio en la norma 00325. Para fortuna mía, se refiere a las iglesias. Mis cincuenta años ya golpean. Ahora comprendo lo que el viejo tuvo que trabajar para comprar este espacio. ¡Me lo dejó de herencia! A los sesenta seguía con la fabricación manual de zapatos. Es un local que está en el subsuelo de un edificio de principios del siglo XX que, con el paso del tiempo, ha quedado en el primer cuadro de la ciudad. Escuchaba el paso presuroso de la gente. El sonido de la sirena en la lejanía.

Abrazaba la cintura con las manos tratando de que el dolor disminuyese; pero no, se hizo cruel. Decidí reposar en el sofá, que dispongo para los clientes, me digo que sólo serría un momento. Boca abajo y levantando poco la testa es como mejor descansaba. En dicha posición mis ojos pueden mirar hacia la calle y ver el paso de las personas.

Ocho días después desperté sobresaltado en la cama de un hospital. Una luz mortecina brotaba de una lámpara que está sobre el buró. Mi esposa dormía profundamente en una poltrona acojinada. Yo trato de ubicarme mentalmente. ¿Cómo llegué a este lugar?

Recuerdo que en el momento de sumergirme en el sueño, vi  borrosamente, las zapatillas de una mujer, y después el ruido de su cuerpo recargado parcialmente sobre la cortina metálica. Al mirar sus piernas vi que una mano alzaba su falda. Ella respondía con gemidos entrecortados. En un instante, el individuo levantó la cortina y, agachados, se introdujeron en mi local. Retozaron sobre la vieja alfombra, sin percatarse de mi presencia. Con la blusa abierta, él destrabó el brasier  y acercando los pezones al centro los succionaba a la vez. Ella, en silencio, metía sus dedos entre la abundante cabellera. Me quedé estupefacto cuando él sacó un delgado puñal que hundió de un golpe por debajo del pezón izquierdo.

–¡Estúpida, mil veces estúpida! –le gritaba–. A mí no me engañas. ¿Acaso crees que no me daría cuenta de que tú y el dueño de este sitio tienen amores?

Después de esa exclamación de odio, sacó el puñal del pecho y se abalanzó sobre mí; cuando me daba vuelta para enfrentarlo, parte de la luz cayó sobre su rostro y, con sorpresa, comprobé que se trataba de una mujer. Fue lo último que divisé antes de sentir la punta acerada en mi carne y la sangre que se deslizaba humedeciendo mis ropas.

La llegada del médico a la sala interrumpió mis pensamientos.

–Le daré el alta –dijo luego de revisarme, y agregó, antes de salir– pero no me explico su estado de inconsciencia, ya que la herida no interesó ninguna zona vital.

Tampoco comprendió la tensión muscular en la expresión de mi cara y la crispación de mis manos cuando le pregunté por el cadáver de la mujer.

–¿Cuál mujer, cuál cadáver? –contestó tartamudeando.

–La que mataron frente a mí.

–¿Se siente bien? No había ningún cadáver, usted estaba solo, tirado sobre un sillón, boca abajo, con parte del estilete clavado muy cerca de la arteria axilar. ¡No había nadie más! –y se retiró negando con la cabeza.

Me quedé abrumado.

–Seguramente aluciné –atiné a decir.

Una semana después, cuando estaban remodelando el despacho, ordené que quitaran el piso de madera para cambiarlo por cerámica. El obrero encontró un pequeño puñal, fino, largo, que parecía de juguete. Miró en forma furtiva a ambos lados y, sigilosamente, lo escondió debajo de sus ropas.

Yo bajé la mirada y preferí callar.

Silencio

beso despues de la lluvia de jorge blancoTus ojos tenían instantes de barcos lejanos detenidos en el mediodía. Te dije en silencio, que los años nunca dejaron de existir. Abriste tu ventana y la luna descubrió el hemisferio de tus pechos. Esa noche, el tul de la cortina danzó al vaivén de tu pelo. Te busqué tantas veces, pero nadie dijo nada, sólo los barcos encallados pretendían la palabra, pero las olas furiosas sonantes, rumiaban.

Biografia

amantes

Un día nos encontramos en la corriente del río. Fuiste reina blanca, yo, alfil negro; decidimos ser viento para retozar en la tierra. Hubo flores y aromas. También llegaron tiempos amargos, mudos, y el silencio indeseable se hizo salitre.

Senryu 3

 

 

Mi barco viaja

separando las aguas.

Bruma en el puerto.barca.paintings-ships-pirates-battles-sea-wallpaper-507723uerto

Senryu

¡Qué tentación!

Recorrer con el labio

tu suavidad!

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Fertilizando el fuego

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Abrazo tus hombros, beso tu cuello. Mi nariz respira pegado a tu oído. Deja que tus ojos se pierdan a través de la ventana y percibe como recorro tu cerviz. Tu espalda es mar, mis labios barca. Me atrae el canto de tu sirena cuando hincado te prodigo glosas que fertilizan el fuego.

La bimba

bimbas

la garza hunde su pico en las entrañas. Una y cien mil veces lo hace, obsesa por el manto petrolero que yace en subsuelo. Nada le cansa, ni el sol abrazador; ni la tromba que en los huecos del cielo se gesta.
La garza inmóvil dejó su pico de tubos en el fondo del fondo. El manto aún huele a petróleo y a residuos de riqueza; quieta, presa del silencio basto

Senryu

flor camapan

Azul y blanco,

campanas perfumadas

que el viento mece.

El político

politico

En el corredor de tu casa

tienes flores,

hamacas.

una poltrona que mece tu cuerpo;

una maceta que labraron indios purechas.

Bajo el silencio,

reclinandote en la mecedora

esparces tu maldad.

Llegan

como palomitas avergonzadas

la nausea,

la vergüenza,

lo servil

el cochupo

y la impunidad

Dando traspiés

llega un corazón confuso;

él no escogió

Ni tu alma,

ni tu cuerpo,

ni la avaricia.

 

 

Entre los pinos hayku9

DSC02010El ruiseñor

Silba desde los pinos

Rumora el agua

Makiu, el hada y el león

leon

Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega, deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Es que cuando cierro los ojos, sale un león y me persigue.
El Hada sonríe.
—Eso es fácil de resolver. duerme.
Al cerrar los ojos, Hay un enorme león y que la persigue. Ella abre los ojos y pregunta a la niña:
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quien se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe satisfecha cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sabana y cierra sus ojos, divisando la floración de las azaleas. Entre los tallos y las flores blancas, irrumpe el color negro de una melena y el brillo afilado de unos ojos

Hayku8

Arboly viento.

El viento y el frío

Desfloran las espigas.

Soledad del árbol.

Corazón en trote

A tu espalda sorprendo con una estampida de finas gotas.

Lluvia breve en  tus sábanas agostadas.

Y te preguntarás ¿de dónde vino esto?

 ¿Por qué tengo perlado el sendero de mi brazo?

No hay nada que explique.

El corazón ha corrido toda la tarde visitando tu pensamiento

 y sabes que el agua calma la sed y mi lluvia,  a tu corazón.

 

mujer en alcoba