Eduardo Galeano

Ocurrió en África, en Ifé, ciudad sagrada del reino de los yorubas, quizás un día como hoy, o quién sabe cuando.
Un viejo, ya muy enfermo, reunió a sus tres hijos y les anunció:
—Mis cosas más queridas serán de quién pueda llenar completamente esta sala.
Y esperó afuera, sentado, mientras caía la noche.
Uno de los hijos trajo toda la paja que pudo reunir, pero la sala quedó llena hasta la mitad.
Otro trajo toda la arena que pudo juntar, pero la mitad de la sala quedó vacía.
El tercer hijo encendió una vela.
Y la sala se llenó

Galeano

J.J.Arreola fragmentos. (1)*

En una escena narrada por Antonio Alatorre con cariñosa malicia, aparece un imberbe Arreola recibiendo, con un ramo de rosas, al actor y director francés Louis Jouvet, en el andén de la estación de trenes de Guadalajara. El episodio pudo haberse perdido en el álbum de las provincianas ilusiones perdidas de no ser porque, gracias a Jouvet, Arreola pudo llegar, poco tiempo después, a París. Entre 1945 y 1946, debutó como comparsa en la Comédie Française, codeándose con Jean-Louis Barrault; se introdujo en el mundo de Paul Claudel, de Pierre Emmanuel y de Roger Caillois aunque sufrió la tensión formativa implicada en los magisterios -contradictorios y complementarios- de Octavio Paz y Rodolfo Usigli. Regresará a México convertido en un actor, juglar y mimo que desplegará su talento antes en la escritura que en las tablas, publicando Varia invención (1949) y Confabulario(1952) e integrándose a Poesía en Voz Alta, después. Al retomar el camino de Julio Torri, Arreola despojó a nuestra prosa de todo aquello que fuera ostentación, vulgaridad y didacticismo. Su narrativa, por llamarla de alguna manera, fue como un amanecer límpido tras la noche humeante de las revoluciones y las guerras civiles.

juan josé arreola

-* A cien años de su nacimiento

Tres piezas sobre Arreola

El solidario de Luis Torregrosa

Le dolía mucho más la miseria ajena que la propia, así que cuando fue inmensamente rico no le costó trabajo sentir repugnancia por la riqueza de los demás.

Solidaridad

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte I)

Unos minutos en uno mismo no hace mal.

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

A pesar de lo poco humilde del título de la entrada, lo que me mueve a escribirla (al igual que las que seguirán a ésta) es un honesto sentimiento de pequeñez y de humildad. Trataré de explicarme: desde hace unos días vengo viendo a mi alrededor que algunas personas a las que quiero, se sienten presas de un pesimismo profundo e, incluso, de hasta una notable pérdida del natural deseo de vivir. Quien esto escribe cree, precisamente, que la vida carece de un sentido a priori y, también y por sobre todo, de un sentido soteriológico (es decir, de un sentido que tiene que ver con la doctrina de la salvación cristiana y, por extensión, de toda salvación post morten); en síntesis, vamos, que a esto que llamamos vida no le veo sentido alguno ni del derecho ni del revés; y sin embargo, me veo abrazando a esta oportunidad…

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Apuntes de un niño, el abuelo

Me llevaron mis padres a una casa desconocida, después supe que era la de un hermano de mi padre. Allí estaba un cuarto atiborrado de flores y en medio un ataúd. Dentro del cajón, que lo vi enorme, estaba un señor que nunca había visto. Mi padre me levantó con sus brazos.

-Éste es tu abuelo. -me dijo.

De tez blanca, nariz prominente. Supe que había salido de Líbano, llegó a Nueva York, de allí tomó otro barco y arribó al puerto de Tampico. Por tierra llegó a la ciudad de Monterrey, en tren se embarcó hacia la ciudad de México. Sus compatriotas le dieron mercancías y le orientaron a que se fuera a una ruta. Vendiendo telas iba de pueblo en pueblo hasta que se acercó a uno donde conocería a mi abuela paterna. Mi abuelo no sabía una letra de español, hoy en mi vejez, medito las dificultades que pasó para poder subsistir en una tierra extraña, con idioma y costumbres diferentes y lo peor con un pueblo próximo a una guerra civil como lo fue la Revolución Mexicana.

El amor no conoce idioma.

revolucion

Contricción de Juan josé Arreola *

Ya sé, con algún teólogo moderno, que el mal también es útil. Puede desembocar en el bien. Y hay una idea muy bella precisamente de ese teólogo, que dice que el arrepentimiento puede modificar el pasado y hacer que todos los acontecimientos de la vida se coordinen hacia un fin.
Lo importante es lograr que en la hora de la muerte, todos los hechos de la vida armonicen y se subordinen al acto final de conciencia. Que a través de una visión cónica, en lo más profundo se vea el primer acto de conciencia, simultáneo con el último. La contrición es la única manera de irse del mundo. Nada debe ser más triste que morirse rencoroso o sediento de vida. Podría yo decir, porque probé de todo un poco.

caravaggio

 

 

*A los cien años de su nacimiento

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Tanka al deseo

¿Con qué me iré?
¿Venimos a vivir?
¿Con qué propósito
ando sobre la tierra?
¿Qué dejaré
cuando deje de ser?
¿daga filosa?
¿Quizá rueda que gire?
¿o árbol lleno de nidos?

Van árbol

Van gogh

El mapa de los objetos perdidos J.J.Arreola*

El hombre que me vendió el mapa no tenía nada de extraño. Un tipo común y corriente, un poco enfermo tal vez. Me abordó sencillamente, como esos vendedores que nos salen al paso en la calle. Pidió muy poco dinero por su mapa: quería deshacerse de él a toda costa. Cuando me ofreció una demostración acepté curioso porque era domingo y no tenía qué hacer. Fuimos a un sitio cercano para buscar el triste objeto que tal vez él mismo habría tirado allí, seguro de que nadie iba a recogerlo: una peineta de celuloide, color de rosa, llena de menudas piedrecillas. La guardo todavía entre docenas de baratijas semejantes y le tengo especial cariño porque fue el primer eslabón de la cadena. Lamento que no le acompañen las otras cosas vendidas, las monedas que he podido gastar. Desde entonces vivo de los hallazgos que el mapa me otorga. Vida bastante miserable, es cierto, pero que me ha librado para siempre de toda preocupación. Y a veces, de tiempo en tiempo, aparece en el mapa alguna mujer perdida que se aviene misteriosamente a mis modestos recursos.
Juan José Arreola
No. 128, Enero-Marzo 1995

*A cien años de su nacimiento

Arreola y Rulfo

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Arreola y Rulfo. Foto tomada de diario «Milenio»

La tierra y el agua

Ya no hay tierra virgen,
Las miradas que te han escarbado
no han sido para adorar tu belleza;
Han sacado de sus baúles
los aparatos de microondas
para rastrear las pepitas que esconden las grutas.
Planean con trompos subterráneos las charcas de petróleo coagulado.
Te ama el indio, el varón que vomita oscuridades para que no te penetren, Te aman el tigre, el murciélago y los pájaros que aúllan para causar miedo a las botas que atropellan a la fauna.
No le digan al agua que se abra en cascadas; que mejor se esconda en los veneros sagrados. La buscan con las pezuñas para hacerla presa, que busque el fondo o el mismo cielo.Qué no la encuentren por el bien de todos.Ya le pusieron precio y su foto aparece en las pirámides de la selva y en el árbol del volador.

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Los días de fiesta se fueron

Fueron días de palabra,
salía a borbotones de sangre,
incontenible hemorragia que en vez de matarnos
nos hacía vivir una fiesta interminable
de caricias, emociones.
Estábamos en la misma nave,
fluíamos del mismo sol
y el agua era la sustancia que permitía que saltaramos
como nomos en un mar de espuma y color.
Un día atardeció,
el otro se hizo denso,
luego sobrevino el frío
y una oscuridad súbita se instaló.

Nada pesa más que el silencio.
Silencio que muerde fino,
que medra meticuloso
como animal. Come una porción,
luego otra y otra y otra y no mata,
solo hiere respetando el sístole
.Estas atrapado en una red que no se ve
pero la sientes, estas vivo porque piensas y percibes el frío escalpelo.
No hay grito, y si gritas solo es a tu alma,
ya nadie escucha y las promesas de la feria
se destiñen en harapos.

Tienes que reinventarte
sacudirte el silencio,
la nada, la oscuridad
e inventarte un nuevo sol
que abra espacios de esperanza.

Salir a otro día
y recomponer tu ceniza
y volar, volar
antes que el silencio se eternice y te haga olvidar la palabra.

alma

De L’osservatore de Juan José Arreola*

A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

puertas de

  • A cien años de su nacimiento.

Cuando sueñas

Y cuando duermes
trenzo tu pelo
veo tu sueño
dejo que vuele
a su escondite.
Luego lo calco.
y vuelvo a mí.

mujer dormida vicente-romero-

Vicente Romero