Fueron días de palabra,
salía a borbotones de sangre,
incontenible hemorragia que en vez de matarnos
nos hacía vivir una fiesta interminable
de caricias, emociones.
Estábamos en la misma nave,
fluíamos del mismo sol
y el agua era la sustancia que permitía que saltaramos
como nomos en un mar de espuma y color.
Un día atardeció,
el otro se hizo denso,
luego sobrevino el frío
y una oscuridad súbita se instaló.

Nada pesa más que el silencio.
Silencio que muerde fino,
que medra meticuloso
como animal. Come una porción,
luego otra y otra y otra y no mata,
solo hiere respetando el sístole
.Estas atrapado en una red que no se ve
pero la sientes, estas vivo porque piensas y percibes el frío escalpelo.
No hay grito, y si gritas solo es a tu alma,
ya nadie escucha y las promesas de la feria
se destiñen en harapos.

Tienes que reinventarte
sacudirte el silencio,
la nada, la oscuridad
e inventarte un nuevo sol
que abra espacios de esperanza.

Salir a otro día
y recomponer tu ceniza
y volar, volar
antes que el silencio se eternice y te haga olvidar la palabra.

alma