En una escena narrada por Antonio Alatorre con cariñosa malicia, aparece un imberbe Arreola recibiendo, con un ramo de rosas, al actor y director francés Louis Jouvet, en el andén de la estación de trenes de Guadalajara. El episodio pudo haberse perdido en el álbum de las provincianas ilusiones perdidas de no ser porque, gracias a Jouvet, Arreola pudo llegar, poco tiempo después, a París. Entre 1945 y 1946, debutó como comparsa en la Comédie Française, codeándose con Jean-Louis Barrault; se introdujo en el mundo de Paul Claudel, de Pierre Emmanuel y de Roger Caillois aunque sufrió la tensión formativa implicada en los magisterios -contradictorios y complementarios- de Octavio Paz y Rodolfo Usigli. Regresará a México convertido en un actor, juglar y mimo que desplegará su talento antes en la escritura que en las tablas, publicando Varia invención (1949) y Confabulario(1952) e integrándose a Poesía en Voz Alta, después. Al retomar el camino de Julio Torri, Arreola despojó a nuestra prosa de todo aquello que fuera ostentación, vulgaridad y didacticismo. Su narrativa, por llamarla de alguna manera, fue como un amanecer límpido tras la noche humeante de las revoluciones y las guerras civiles.

juan josé arreola

-* A cien años de su nacimiento

http://confabulario.eluniversal.com.mx/tres-piezas-sobre-arreola/