Cómo el cerebro nos engorda y qué hacer con esto

«En realidad no está obesa, solo un poco gordita» Eso dice una señora mientras compro verduras en el supermercado; también margarina, galletas, pastel de tres leches, frituras para ver la serie favorita.

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Todo en nuestro cuerpo se regula por el cerebro. Yo, cuando todavía no sabía mucho de la fisiología, solía pensar que como el cerebro era tan complejo, la función del cuerpo fue servir al cerebro siendo una especie de portador orgánico. En serio, para mi ha sido una gran sorpresa entender que el cerebro se desarrolló hasta el nivel actual de complejidad persiguiendo la misma tarea que todos los seres vivos en la Tierra: la supervivencia del organismo, es decir, del cuerpo.

El cerebro tiene ciertas funciones que se desarrollan con la participación, casi siempre parcial, de la conciencia y la razón, y otras, donde la conciencia siendo una chica inestable e impredecible, no tiene y no tendrá el acceso jamás: por ejemplo, la regularización de los procesos fisiológicos. Pero para cumplir con estos procesos, el organismo tiene que realizar ciertas acciones las cuales para la conciencia y la razón…

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Así apareció en un libro de texto de primaria Editorial Sm Español 6 2007

TESPA 6 .Capítulo 10 La naturaleza y sus misterios,Edición 1. Lectura

Pág. 236

 El misterio de la lluvia

[Ilustración de un hermoso atardecer o el comienzo de éste. Predominarán los rayos del sol, no obstante, el cielo estará cubierto (en parte) por unas espesas nubes blancas y grises, alguna con la forma de un animal prehistórico o parte de éste. Se divisará la caída del sol sobre una impresionante colina y sobre ésta tendrá el efecto de destacar una variedad de colores. A lo lejos en el infinito cielo se verá la luna llena u ovalada, como se observa cuando aún está de día.]

 

El sol glorioso

adormece las montañas.
Una nube pasajera
rema para juntarse
en el desfiladero del cielo.
Otras
caminan torpes,
parecen gigantes
prehistóricos
que recién han nacido.

Platican y se amontonan,
cubriendo de grises

la inmensidad.

El sol ardiente

cubre los mosaicos
de la colina
y de reojo
contempla
una luna almidonada
que pende
como un globo
en el firmamento.
mosaicos: obras artísticas de diversos materiales pegadas a una superficie para formar un dibujo.
pende: cuelga.
Lectura
Pág. 237
 
[El mismo escenario de la página anterior, esta vez con una fuerte lluvia. Se apreciarán gruesas gotas que caen sobre la tierra. Los árboles reflejarán el impacto del viento sobre ellos. Y algunas aves buscarán refugio entre las ramas de los árboles, podrían verse grillos o chicharras buscando también refugio]
 
Llueve, llueve, llueve.
Caen gotas temerosas,
y poco a poco
cambian a tejos líquidos
que golpetean la tierra.

Los remolinos

envuelven
a los arbustos.
Los pájaros asustados
brincotean
sobre las ramas
y chillan
cuando el viento silva
entre las hojas.
Por un momento
llega el silencio.
Una quietud sospechosa
hace que las chicharras
callen,
y que los grillos,
guarden silencio:
es la intemperie
que tiembla.
tejos: trozos pequeños de teja u otro material.
intemperie: a cielo descubierto, sin techo.
Pág. 238
[Paisaje similar al de las ilustraciones anteriores, pero destacando ahora un fuertísimo aguacero. Un rayo impresionante se verá como naciendo de una montaña: centro de la ilustración.  En primer plano o más cercano, unos grillos se refugian dentro de un tronco grande y seco, en otro plano, a salvo de la lluvia, unas hormigas en un túnel o camino de tierra subterráneo se mantienen secas y en actitud de escuchar lo que ocurre afuera]
Una luz repentina
parece salir de la tierra
y emerge
del mismo corazón
de las montañas.
Es un flash gigante
que toma impresiones
a la copa del cielo.

La mudez termina
y las gotas

rompen
en desbandada
como caballos
que irrumpen
en la pradera.
Las hormigas esperan
desde los subterráneos.
Sabían del diluvio
y precavidas
pastorearon su rebaño,
ordeñaron su dulce
y ahora escuchan
el chapoteo del agua
y el canto angustioso
de los grillos
que se resguardan
en un tronco
viejo y cansado.
emerge: sale a la superficie.
flash: destello breve e intenso.
irrumpen: aparecen con fuerza, entran violentamente.
Lectura
Pág. 239
[Ilustración de la salida del sol, ya de muy tarde, después de esta tempestad.
Destacar en la ilustración los colores naranjas, rojos y violetas. Que se vean los charcos de la lluvia que cesó, pero que predomine el nuevo escenario.]
El sol es acorralado
por los brazos negruzcos,
pero se mantiene
como testigo brillante
en la curva del arco.

Rompen los truenos

en el piso del cielo
como si los gigantes
corrieran
de un lado a otro
presintiendo
el fin del mundo.
Todo regresa a su lugar.

Pero el sol

se ha quedado
impávido.
Enhebrados los colores,
tirando al infinito el naranja,
el violeta,
el rojo,
para darle
el vestido glorioso
a la luna
cuando en la noche baile
dejando sus ropajes
entre los picos de las montañas.
Rubén García García
mexicano. Nació en Álamo Veracruz 1946
impávido: sin miedo, con serenidad.
enhebrados: encadenados, enlazados.

 

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Carlos Pellicer es música y color

pellicer

DESEOS

Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón,
beber la penumbra de una cosa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,
ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, dejar de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
¡Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color!

Cotidianas

Se fue la lluvia. Todavía La hoja se mueve en la copa del naranjo. Los azahares de un blanco se macularon a un amarillo pálido. Algunos yacen en el barro. La perra dormita enroscada, a veces, abre su ojo y gruñe. El cielo tiene aislados borrones. Este lunes, como todos los lunes, las gallinas no ponen. El obrero salió temprano a trabajar con la compañía que jode a los diablos del subsuelo. El faro petrolero es un gigante de fierro, el fuego del quemador en la claridad parece una fogata; la luz del sol promete arrebato. La florecita del jardín ya se despertó. Camino ligero y silbo. Por La tarde el bochorno será insoportable. Habrá una siesta inevitable.

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Mi mamá se fue a algún lado de VALENTIN GRIGORIEVCH RASPUTIN

La mosca avanzaba en forma irregular hacia la ventana. Correteaba sin detenerse y lo hacía rápidamente.

 El niño pensó que iba por un camino y esperó hasta ver si otra mosca no la seguía porque quería saber si realmente era un camino. Pero no había más moscas. A decir verdad, había, pero no andaban en el techo y el niño pronto perdió el interés en ellas. Se enderezó en la cama y gritó
-¡Mamá, ya desperté!
 Nadie le contestó.
 -¡Mamá! -llamó. Soy yo. Ya desperté.
 Silencio.
El niño esperó, pero el silencio seguía.
 Entonces saltó de la cama y corrió descalzo hacia la estancia. Estaba vacía. Miró primero el sillón, luego la mesa y las repisas con sus filas de libros, pero no había nadie. Todo estaba simplemente en su lugar, ocupando un espacio.
El niño corrió precipitadamente a la cocina, después al cuarto de baño. Nadie estaba escondido ahí tampoco. -¡Mamá! -gritó el niño.
Su grito se hundió en el silencio que inmediatamente se hizo más denso. El niño, desconcertado, corrió de nuevo a su habitación; las huellas de sus talones y de sus dedos desnudos se marcaban sobre el piso pintado y al enfriarse se esfumaban y desaparecían.
-Mamá -dijo el niño con la mayor tranquilidad que pudo-, desperté y tú no estás.
Silencio.
-¿No estás, verdad? -preguntó.
Su rostro se contrajo mientras esperaba la respuesta; volteó hacia todas partes, pero la respuesta no llegaba y el niño rompió a llorar.
Entre lágrimas, caminó hasta la puerta y empezó a jalarla. La puerta no cedía. Entonces la golpeó con la palma de la mano, luego la empujó con el pie desnudo, lastimándose, y su llanto creció con más fuerza.
Estaba de pie, en medio de la habitación y sus tibias y grandes lágrimas rodaban por su cara y caían al suelo. Después, sin dejar de llorar se sentó.
Todo a su alrededor le escuchaba en silencio.
Sentía que de pronto, a sus espaldas, se escucharían pasost pero nada sucedía y no podía recuperar la calma.
Permaneció así un largo tiempo. ¿Qué tanto? No lo sabía.
Finalmente se acostó en el piso y se puso a llorar. Estaba tan cansado que ya no se sentía a sí mismo y ni siquiera se daba, cuenta de que estaba llorando. Su llanto era tan natural como su respiración y ya no estaba bajo su control. Al contrario, era más fuerte que él.
De repente, al niño le pareció que alguien estaba en la habitación.
De un salto se levantó y empezó a mirar a su alrededor. La sensación que lo había hecho ponerse de pie no cesaba y el niño corrió a la otra habitación, después a la cocina y al cuarto de baño. No había nadie.
Sollozando, regresó y se tapó los ojos con las palmas de sus manos. Lentamente empezó a quitar las manos de sus ojos y una vez más miró a su alrededor. Nada había cambiado en la habitación. El sillón estaba vacío, la mesa estaba sola, los libros aguardaban como siempre en las repisas, pero sus lomos de diferentes colores miraban tristemente y como a ciegas. El niño se quedó pensativo:
-No lloraré más -se dijo-. Mi mamá no tardará. Seréun buen niño.
Se fue a la cama y enjugó su rostro lloroso con el cobertor. Después, sin apresurarse, como si anduviera de paseo, recorrió el departamento, examinando cosa por cosa. Una idea luminosa cruzó por su mente.
-Mamá-dijo a media voz-, quiero hacer pipí…
No era cierto, pero sabía que si su mamá estaba en la casa sólo así la haría acudir inmediatamente.
-Mamá- repitió.
Pero su mamá no estaba en la casa. Ahora lo había entendido definitivamente.
Tenía que hacer algo. “Me pondré a jugar. Mi mamá tiene que venir” -decidió-. Se fue al rincón donde estaban todos sus juguetes y eligió a la liebre. Era su consentida. Se le había caído una pata y su papá varias veces le había propuesto pegársela, pero él de ningún modo había consentido. Volver a tenerla con sus dos patas sería aceptar que ya no la quería
porque se había quedado con una sola y la otra, además, andaba por ahí, en alguna parte y vivía ahora su propia vida.
Juguemos, liebrecita -propuso el niño.
La liebre asintió en silencio.
-Tú estás enferma. Te duele una patita y ahora yo te voy a curar.
El niño acostó a la liebre en la cama, tomó un clavo y hundiéndolo en el vientre de la liebre, la inyectó.
La liebre estaba ya acostumbrada a las inyecciones y jamás se quejaba.
Como si hubiera recordado algo, el niño se puso pensativo. Después se alejó de la cama y miró hacia la sala. Todo estaba igual, y el silencio, como antes, se balanceaba de un rincón a otro en la habitación.
El niño suspiró, regresó a la cama y miró a la liebre. Estaba recostada tranquilamente sobre una almohada.
-No, así no -dijo el niño-. Ahora yo seré la liebre y tú el niño pequeño. Tú me curarás a mí.
Sentó a la liebre en una silla y se acostó en la cama. Encogió una pierna y empezó a gemir.
Sentada en la silla, la liebre lo miraba sorprendida con sus grandes ojos azules.
-Yo soy la liebre, me duele una pierna -le explicó el niño.
La liebre callaba.
-Liebre -le preguntó él enseguida-, ¿a dónde se fue mamá?
La liebre no contestó.
-No te duermas. Mira, dilo ¿A dónde se fue mamá?-demandó el niño y tomó a la liebre de un brazo. La liebre seguía callada.
El niño había olvidado que era él el que contestaba siempre por la liebre y que enseguida representaba el papel de los dos, y ahora, en serio, le exigía una respuesta. Había olvidado que la liebre era sólo un juguete como los otros, como sus cubos que se colocaban uno junto al otro sólo si alguien los ponía, como sus coches que caminaban sólo si alguien los jalaba, como sus animalitos de peluche que rugían y corlversaban sólo si alguien rugía y contestaba por ellos.
Se había olvidado de todo.
-Habla, habla -exigía.
Y la liebre seguía callada.
El niño la arrojó al suelo, saltó de la cama y se fue sobre ella dándole de puntapiés.
La liebre rodaba por el suelo dando saltos y volteretas y el niño rodaba también, saltaba y daba vueltas alrededor de la liebre, repitiendo sin parar “Habla, habla, habla.” Pero la liebre ni contestaba ni podía tampoco librarse de él porque sólo tenía una pata. De repente el niño lo comprendió. Se detuvo y se quedó mirando cómo la liebre, apretando su cara contra el suelo, lloraba en silencio. Oyó su llanto. Se inclinó sobre la liebre y perplejo exclamó con todo el peso de su culpa:
-Mi mamá se fue a algún lado.
Y en ese momento al niño le pareció que alguien subía por la escalera.
-¡Mamá!-gritó arrojándose hacia la puerta, pero tropezó con el sillón y se cayó. Sin dejar de escuchar se incorporó, mas en la puerta no había nadie. Y entonces el niño rompió de nuevo a llorar. Lloraba de dolor y de soledad. Lo que era el dolor ya lo sabía, pero acababa de conocer la soledad.

VALENTIN GRIGORIEVCH RASPUTIN (MI MAMÁ SE FUE A ALGUN LADO

Hijo de campesinos, nace Valentín Rasputin en la aldea de Ust-Udá, distrito de Irkutsk, en 1937. Ha publicado cuatro novelas: “Vive y Recuerda” “El Ultimo Plazo”, “El Dinero para María” “El Adiós a Matiora” y dos decenas de cuentos. Rasputín forma parte de esa inesperada pléyade de escritores siberianos (Astáfiev, Abrámov, Bykov, etcétera) que ha causado asombro en las últimas décadas. No obstante, es difícil considerarlo ya “como el más destacado de los escritores siberianos”, etiqueta que él mismo ha rechazado alguna vez. Con su novela “El Adiós a Matiora” Rasputin ha traspuesto los límites de grupo y ha alcanzado un lugar destacado no sólo en la literatura rusa, sino en la literatura de nuestro tiempo. A diferencia de los escritores del grupo siberiano, Rasputin se preocupa más por describir las atmósferas que crean los hondos y contradictorios conflictos interiores de sus personajes que por la trama de las historias que cuenta. Profundo conocedor del alma humana es el más afortunado heredero de esa tradición que sale del “Capote” de Gógol y que continúa con Dostoyevski y con Chéjov.

http://milcuentosrusos.blogspot.com/2011/04/valentin-grigorievch-rasputin-mi-mama.html

El precursor de Cervantes de Marco Denevi

Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa, aunque tenía no menos de treinta años y las señales de la viruela en la cara. También inventó un galán, al que dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de aventuras, lances y peligros, al modo de Amadís de Gaula y Tirante el Blanco. Se pasaba todo el día asomada a la ventana de su casa, esperando la vuelta de su enamorado. Un hidalgüelo de los alrededores, que la amaba, pensó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en un rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario caballero. Cuando, seguro del éxito de su ardid, volvió al Toboso, Aldonza Lorenzo había muerto de tercianas1.

 

  1. Tercianas: Fiebre intermitente cuyos accesos se repiten cada tres días. (Malaria) https://narrativabreve.com/microrrelatos      Picasso-6

Choka a la madre

En la montaña
sobre siglos de roca
divisé el mar.
Había espejos de agua,
y un sol agónico
que ensuciaba de cobre
el viejo barco.
El cóndor me miró
cuando bajaba,
caían en mi cuerpo
la incompetencia,
la náusea feroz
y no evitar
la herida del rosal;
del cielo roto;
llovizna un gris metálico,
¡ la clara oscuridad!

tierra herida

Una oda a la oxitocina: el amor desde el punto de vista biológico

La sustancia del amor

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Por qué nos enamoramos, por qué nos atraemos, para
qué todas estas complicaciones que vienen con el amor? La vida tiene sin fin de
aspectos interesantes a parte del amor. Un biólogo sabe muy bien qué responder
a la pregunta sobre la atracción. Detrás de la pasión, del deseo y un huracán
de emociones yace el proceso reproductivo.

Si nos abstraemos de todo lo que sabemos del sexo y
los sentimientos y sensaciones que lo acompañen, e imaginemos el proceso de la
realización sexual de una pareja, no podremos negar que es bastante extraño. Si
imaginamos que detrás de este proceso no hay ninguna estimulación, entonces,
obligar a las personas, o incluso, a los animales, hacerlo no sería una tarea
fácil.

Para que esto suceda, la naturaleza trabajó
millones de años antes que aparezca la reproducción sexual. Este tipo de
reproducción permite evitar la estabilidad de los organismos la cual…

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Mitos y verdades… ¿El café agota nuestras energías?

¿Un cafecito?

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Por Alona Gullbina

Café

No hay nada más real en este mundo que una taza de café bien cargado, pero ¿qué es real y qué no en relación con sus efectos en nuestra salud?


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Economía sumergida de Carmela Greciet

Aquel médico montó una empresa pirata en la misma planta de amnésicos del hospital donde trabajaba. Por un módico precio y como quien va a la perrera municipal, cualquiera podía adoptar como pareja a un hombre, a una mujer sin pasado.

pasajera fabio hurtado madrid

Tomado del Fb

Las locuras del amor

—¡Tienes que estar loco para pensar así! ¿Cómo se te ocurre decirle a esa muchacha que la quieres y, que te vas a casar con ella? ¡Pues qué! ¿Tienes la cabeza en las patas? ¿Con qué la vas a mantener? ¿Dónde vas a vivir? No tienes ahorrado nada, ¡ni para comprarte un par de calzones! Me dices que ella te dijo que sí. ¡Pero si la pobre está que se troza de flaca! No creo que pueda llevar una casa, ¡te lo juro! Antes de que pase una semana huye de ti. Nada más que te vea tirado en la cama, soñando en no sé cuántas cosas, se irá. ¿Qué me dices? — y lo miró fijamente.
—Nada, ya está decidido.
— ¿Decidido qué?
—Que nos vamos a casar.
—Y los papás de ella, ¿ya lo saben?
—En este momento debe de estar diciéndoles.
— ¡Por favor! ¡Vuelve en ti!
Se escuchan pasos por el corredor, tocan a la puerta; la madre, abre bruscamente. El matrimonio da las buenas tardes, y detrás, viene la hija, tan delgada como su sombra. Jorge, el padre de ella, se dirige directamente a la madre.
—Señora Josefa, perdone usted que venga a interrumpir sus quehaceres, el asunto que nos trae por aquí es delicado. Nuestra hija nos acaba de decir que se quiere casar con su hijo, Virgilio. Ya su mamá y yo le hemos hecho ver que su hijo no puede ofrecerle nada y, a pesar de todo, ella insiste.
—Lo mismo le he dicho a mi muchacho, ¡pero no hace caso! Está necio.
—Por eso venimos y ¡qué bueno que usted piensa igual que nosotros! ¡A ver si entran en razón! ¡Y que entiendan que la vida no es un instante!
Los muchachos, a pasos cortos, fueron acercándose uno al otro y, mientras los padres discutían los avatares de una vida en pareja, ellos buscaron la sombra del patio, cuchicheaban y se reían.
Cuando los buscaron iban rumbo a otro pueblo.

* Fue la base de un cortometraje que dirigí con la asesoría del cineasta multipremiado Ricardo Benet, obtuvo algunas menciones por sudamérica y españa. La institución que lo produjo no ha permitido que se vea en la plataformas. Solamente hay un avance.