Basho…

Se extingue el día
pero no el canto
de la alondra

Una descripción puede (y debe) contener otros elementos a parte de los visuales.

Introducir detalles auditivos, táctiles o incluso gustativos, ayuda a crear una experiencia más completa de aquello que queremos contar. El «canto» de la alondra de este poema es un ejemplo perfecto de ello.

Cuando describas algo, menciona los sonidos, olores y sensaciones que lo acompañan. Ayudarás al lector a experimentar tu historia de un modo más rico.

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hay-kus  Carles Roselló…https://creatividadparaescritores.com

Narrativa y metáfora por Eduardo Benavides

Como todos sabemos, la metáfora es una figura literaria que establece una relación entre dos elementos y que gracias a la cual uno de ellos pasa a ser el sentido figurado del otro. Hay una comparación tácita que permite que este mecanismo funcione y que el lector acepte la frase «sus dientes eran perlas». Se trata de una metáfora básica que expresa no sólo el color, sino también una textura, un brillo, un cierto lujo que refuerza la idea de dientes sanos, agradables. (Aunque la metáfora sea ya manida…) Estas metáforas, llamadas de primer nivel, ponen en contacto dos elementos de forma más o menos explícita, como podemos deducir por el ejemplo citado. Pero también existen otras metáforas, llamadas de segundo nivel o de situación que permiten una conexión menos directa entre dos realidades, haciendo que ambas se insuflen vida, se contaminen -por así decirlo- mutuamente. Ya no se trata simplemente de dos elementos, uno de los cuales representa al otro, de manera figurada. Ahora hablamos de todo un sistema de elementos vinculados tácitamente entre sí y que, a ojos del lector, apenas dejan ver sus lazos. Se podría decir que no son del todo perceptibles en una primera lectura pero impregnan el ánimo del lector de manera contundente. Así, si lo que deseamos es contar la historia de un hombre que tiene problemas con su jefe y con sus compañeros de oficina, a través de una metáfora de situación podemos describirlo luchando contra la fotocopiadora, con la estrechez del cubículo que le han designado, atendiendo llamadas telefónicas que no le corresponden… elementos todos estos que permiten al lector establecer una conexión sutil con lo esencial: sus problemas laborales con los demás.

 

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Leyendo a Basho

Niebla matinal sobre
una montaña sin nombre

¿En qué situación podemos encontrarnos ante una montaña “sin nombre”? Cuando estamos en un lugar desconocido.
¿Puedes sentir, al leer este haiku, la ligera inquietud que se experimenta al despertar en un lugar desconocido, ante una montaña «sin nombre»?
A veces, decir las cosas de un modo indirecto es la forma más potente de expresarlas.
Fíjate en como la idea de este poema pudo haberse descrito de un modo más directo (pero menos eficaz):
Amanecer lejos de casa
Niebla sobre las montañas
Sugerir e insinuar son recursos potentes porque, al no darle todo el trabajo hecho al lector, le obligamos a poner de su parte y esto transforma la lectura una experiencia más activa y estimulante.

Los mejores haikus de Matsuo Bashō (y lo que puedes aprender de ellos)

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Cuarta gestión estratégica

Un cura va conduciendo por una carretera cuando ve a una monja en pie en el arcén. Él para el auto y ofrece llevarla, lo que la monja acepta. Ella entra en el coche y cruza las piernas mostrando su belleza. El cura se descontrola y casi choca con otro auto. Después de lograr controlar el coche y evitar un accidente, no se resiste y pone la mano en la pierna de la monja. La monja lo mira y dice:
– Padre, recuerde el salmo 129…
El Padre se perturba:
– Disculpe, hermana, la carne es débil… y saca la mano de la pierna de la monja.
Llegando a su destino la monja agradece y, con una sonrisa enigmática, baja del auto y entra al convento.
Así que llega a la iglesia, el cura corre hacia las Escrituras para leer el Salmo 129, que dice: _”Adelante, persista, más arriba encontrará la gloria del paraíso.”_
*Conclusión:* _si Usted no está bien informado sobre su trabajo, puede perder excelentes oportunidades_

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El racconto, apuntes de narrativa de Eduardo Benavides

  Como vimos en la clase anterior, la analepsis es un recurso literario cuyo funcionamiento propone un fragmento de la narración que, planteado de manera retrospectiva, rompe la secuencia cronológica de un relato. Y vimos de manera especial una forma de analepsis que el flash back. Ese chispazo repentino del pasado que viene a iluminar una secuencia del presente. Como hemos podido observar en los textos enviados, muchos no tuvieron en cuenta que el fragmento de flash back no es una rememoración: es un corte vertical en el relato, es un trozo limpiamente extraído del pasado y puesto en medio de una situación presente, por lo que se narra también en presente, como si estuviera sucediendo en el mismo momento, una interferencia que deja perplejo al lector y que sirve para hacer comprender mejor el funcionamiento de un cuento.
Pero no sólo el flash back sirve a este propósito. El racontto es otra forma de analepsis donde el narrador propone una intensa y amplia mirada retrospectiva para desarrollar el texto. El narrador suele posicionarse en tiempo presente en los primeros párrafos y desde ahí lentamente va descendiendo por la madeja de situaciones que han llevado a los personajes hasta allí, a menudo con tal intensidad que el lector pierde momentáneamente la conciencia de que en realidad todo es un recuerdo y es menester llevarlo nuevamente al presente con una frase que rompa la fluidez de la inmersión en el pasado. Observen este párrafo del cuento Tu ojos que me olvidaron tarde (del libro de cuentos Hasta luego, míster Salinger) del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez:
«Tú no entenderás lo que te digo. Sólo tus ojos retienen esa mínima ternura que fuimos. La repiten. La repitieron hace un rato. Y luego todo se disipó con sutileza. Cualquiera que nos hubiese contemplado hace unos instantes (el propio Iñaki que ahora baila contigo) habría tenido muchos problemas para saber que el año pasado éramos una figura inseparable en los pasillos de la universidad; tardes de cerveza helada; comida tailandesa; horas completas escuchando música electrónica, discutiendo las noticias del periódico; madrugadas en las calles más oscuras y feas de la ciudad para mordernos, explorarnos, para conocer que nuestras pieles también tenían el sabor del humo y la madera y las frutas y los árboles y las ventanas y las aceitunas y el papel y la cebada  y.
¿Ves? Hace meses que no pienso en estas cosas.»
En el racontto, todo resulta sutil y a menudo lento: casi siempre el narrador propone las líneas iniciales de los párrafos para situar al o a los personajes en un momento presente y desde allí ir rememorando poco a poco la cadena de acontecimientos que los han llevado hasta ese momento. Lean por favor El Camino, de Miguel Delibes, o también Pedro Páramo, para que vean como ambas historias se proponen como raconttos. También, si no los tienen a mano, pueden volver a leer el cuento de Fernando Iwasaki que colgamos en la clase XIII del nueve de mayo, El vuelo de la libélula, donde podrán observar cómo muchos de los primeros párrafos están en tiempo presente y son sólo una excusa para que el personaje rememore su pasado y vuelve -atención al dato- al momento inicial.

El reloj del tiempo de Pipobunorrotri*

Reloj que sellas el tiempo

con esos pasos alocados,

y juiciosos tuyos

que suenan

en el arpa del viento

cuando la lluvia muere

en el abrazo de un cristal,

convirtiéndose en esa gota

que llena el vaso:

del grito,

del beso,

de la rabia,

de la pasión.

 

En las esquinas escucho

como caen los segundos

en el negro asfalto

de la anárquica subsistencia,

floreciendo en su jadeo

el minuto del descuido,

que la hora, en su observatorio

carga y dispara

ese adjetivo;

del deseo del encanto,

del vuelo del tiempo

que el reloj cuenta

en la luna sobre la noche.

*

Hay momentos en un día en que el pavor se apodera de ti, sabes que es el principio de algo, sin definir el que, el dónde y el porqué, pero en un instante de uno de esos momentos, te percatas de que ese día ha llegado el fin de tus dudas”

Creo que desde el mismo día que nací, un 31 de diciembre de 1955, he sentido la necesidad de escribir, pero nunca he tenido el valor de publicar nada hasta ahora, quizás por un falso pudor… todo lo que escribía terminaba en el fondo de alguna maleta de cartón, sustituyendo esa necesidad por la lectura…»

Autor

 

Catédras de gestión estratégica

Dos funcionarios y el gerente de una empresa salen a almorzar y, en la calle, encuentran una antigua lámpara mágica.
Ellos frotan la lámpara y dentro de ella sale un genio.
El genio les dice:
– Yo sólo puedo conceder tres deseos, así que daré uno a cada uno de ustedes.
– ¡Yo primero, yo primero!, grita uno de los funcionarios. Yo quiero estar en las Bahamas dirigiendo un barco, sin tener ninguna preocupación en la vida… ¡Puff!, y se fue…
El otro funcionario se apresura a hacer su solicitud:
– ¡Yo quiero estar en Hawai, con el amor de mi vida y tomar interminables piñas coladas! ¡Puff!, y se fue…
Ahora Usted, dice el genio al gerente.
– Yo quiero a esos dos tontos de vuelta a la oficina para una reunión.
Conclusión: Deja siempre que tu jefe hable primero.

 

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