Hay-ku por Maramín-Ricardo Linares

HAIKU: su creador fue Masaoka Tsunenori (Shiki) (1867-1902)

-Son tres versos con la métrica: 5-7-5
-Habla del presente: aquí y ahora.
-Sin metáforas.
-Sin personificaciones.
-Sin subjetivismo.
-Se evita los adjetivos.
-Abundan los sustantivos.
-No lleva título.
-No lleva rima.
-No es lírico ni poético.
(lo poético se encuentra en la naturaleza, no en la forma de narrar una escena que nos impacta)
-Lleva kigo (Estación del año, directo o indirecto)
-Lleva kireji (cambio de pensamiento)
-Está basado en la naturaleza y en el hombre pero sin incluirse, es parte de la misma.
-Se evita la muerte, miseria, sexo, etc., si se menciona, tiene que ser tangencial, de forma que quede en un segundo plano.

Ejemplo:

Trina el jilguero
en la copa de un árbol.
Huevos en nido.

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Hay dos clases más de haiku:

Con kakekotoba: que es cuando el kireji está en el segundo verso y representa tres imágenes, relacionadas entre sí.

Ejemplo:

Inundaciones.
Garza encima de un tronco.
Nido flotando

Sin kakekotoba: que es cuando el kireji está en el segundo verso y hace un seguimiento con el tercero aportando solo dos imágenes.

Ejemplo:

Placas de hielo.
El sol en el crepúsculo
brilla en el mar

Atentamente:
Maramín-Ricardo Linares

El gato de Ana María Shua.

Ese gato parece una persona por la mirada inteligente de sus ojos, porque sabe pararse en dos patitas, por la forma en que desdeña el alimento balanceado y se sienta a la mesa como un comensal más para devorar no sólo la carne, sino el pan y la ensalada.
Parece una persona porque se sirve de sus garras casi como si fueran manos, porque lo visten de esa manera absurda, con un jean azul y la camisa a cuadros.
A tal punto parece una persona que necesito mirarlo fijamente y repetirme una y otra vez es un gato es un gato es un gato es un gato es un gato mientras me pregunto cuándo me devolverá los dólares que le presté el mes pasado.

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Scott Fitzgerald Epitafio

“Estuve borracho muchos años, después me morí”.

Francis Scott Fitzgerald

(Francis Scott Key Fitzgerald, Saint Paul, 1896 – Hollywood, 1940) Narrador estadounidense, considerado el máximo interprete literario de la llamada «era del jazz» de los años veinte de su país. Creció en una familia católica irlandesa. Estudió en la Universidad de Princentown, sin llegar a graduarse, y luego se alistó en el ejército para participar en la Primera Guerra Mundial.


F. Scott Fitzgerald

Con su novela inicial, A este lado del paraíso (1920), obtuvo gran popularidad, lo que le permitió ir publicando sus cuentos en revistas de prestigio como The Saturday Evening Post, y convertirse en una de las figuras más representativas del «sueño americano» de la década de 1920. Se trasladó a Francia junto con su mujer, Zelda Sayre, personaje fundamental para Fitzgerarld, tanto en la felicidad como en la desdicha, ya que fue su inspiración y compañía en el decenio de gloria que les tocó vivir, y el centro de sus preocupaciones a partir de 1930, cuando él se hundió en el alcohol y ella en la demencia (murió en el incendio de la clínica donde estaba recluida, en 1948), y ambos debieron afrontar las consecuencias del fracaso y la miseria.

En Francia acabó de escribir la que se considera su obra maestra, El gran Gastby (1925), la historia del éxito y posterior decadencia de un traficante de alcohol durante la ley seca, que se fabrica una identidad aristocrática y a partir de allí vive como un fantasma en una mansión, consagrando todas sus fuerzas y dinero a conseguir a la mujer que ama. Fitzgerald describió en sus páginas un arquetipo que estaba surgiendo por entonces en Estados Unidos: el individuo de clase baja y de escasa moral que utiliza cualquier medio a su alcance para triunfar.

Sedoka a lo imprevisto

Se fue el monzón
y en la rama del árbol
hay un pez de colores.
Hoy salió el sol
y el alcatraz dormido;
me invito de su copa.

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Al grano, sin rodeos…

Palabras como puños (o cómo usar menos adjetivos y mejorar tu estilo)

 CARLES ROSELLÓ LENGUAJE Y ESTILO 63 COMENTARIOS

No todas las palabras fueron creadas iguales.

Algunas son fuertes (marea, sangrar, abeto) y traen a la mente multitud de imágenes y asociaciones.

Otras son débiles (aparentemente, deprisa, completo) y apenas modifican el fluir del pensamiento.

Nombres y verbos suelen ser fuertes y, si tus frases reposan en ellos, tus historias cobran vida y los personajes saltan de la página y agarran al lector por la solapa.

Adjetivos y adverbios, en cambio, suelen ser débiles y cuando abusas de ellos tus textos se vuelven lentos, pesados, borrosos, imprecisos e, igual como ocurre con la frase que estás leyendo, aburren profundamente al lector que, soñoliento y confundido, comprensiblemente se plantea dejar de leer.

Si aprendes a usar menos adjetivos tus palabras reflejarán mejor tus ideas y maravillarán al lector igual como lo hacen contigo.

Conseguirlo requiere esfuerzo (¿qué vas a colocar en el lugar de ese adjetivo?), pero merece la pena.

Aquí tienes una guía que te ayudará a lograrlo.

1. Identifica los adjetivos y los adverbios

El primer paso para usar menos adjetivos y adverbios es encontrarlos. Así que, ¿cómo vamos de gramática?

Aquí tienes un repaso relámpago:

  • Los nombres designan seres: casa, perro, abrigo.
  • Los verbos designan acciones: amar, lanzar, frotar.
  • Los adjetivos modifican a los nombres: la casa grande, el perro viejo, el abrigo gris.
  • Los adverbios modifican a los verbos (y a otras palabras): amar apasionadamente, lanzar lejos, frotar enérgicamente.

Cuando acabes de escribir una frase o un párrafo, identifica los adjetivos y los adverbios. Esto te dará un primer diagnóstico.

Aquí tienes un ejemplo de lo que te estoy sugiriendo (adjetivos en rojo, adverbios en azul):

«Los adjetivos y los adverbios, en cambio, suelen ser débiles y cuando abusas de ellos tus textos se vuelven lentos, pesados, borrosos, imprecisos e, igual como ocurre con la frase que estás leyendo, aburren profundamente al lector que, soñoliento y confundido, comprensiblemente se plantea dejar de leer.»

2. No escuches los cantos de sirena: los adjetivos y los adverbios parecen bellos, pero no lo son.

Repite conmigo: «hablaba armoniosamente«.

Fíjate bien: «armoniosamente«.

¿No te parece bello el serpenteo envolvente con el que el «mente» arrastra a la armonía un poco más allá de lo que tenía previsto?

Cuando escribas, las palabras débiles intentarán seducirte. Y a menudo lo conseguirán.

¿Por qué?

Porqué a ti, que ves en tu cabeza aquello que quieres contar, te parecerá que ese adjetivo o adverbio lo describe perfectamente.

¿Acaso no es armoniosa su forma de hablar?, te dirás. ¿Por qué no puedo decir que «hablaba armoniosamente» si, realmente, hablaba armoniosamente?

Porque el lector no puede ver dentro de tu cabeza y decir que alguien hablaba armoniosamente, por cierto que sea, no le ayudará a sentir ninguna armonía.

Tu tarea como escritor o escritora no es decirle al lector lo que debe sentir, sino provocar en él ese sentimiento. Y eso no se consigue con adjetivos.

Cuando oigas cantos de sirena, tápate los oídos, o átate a un mástil, como hizo Ulises, pero no te dejes seducir. Evita los adjetivos y adverbios fáciles y esfuérzate en mostrar, mediante nombres y verbos, porqué su forma de hablar era armoniosa.

«Los adverbios son como el diente de león. Si encontráis uno en vuestro césped, os parecerá bello y único. Si no lo arrancáis, sin embargo, al día siguiente tendréis cinco, y cincuenta al día después… y luego, amigos míos, vuestro césped estará totalmentecompletamenteavasalladoramente cubierto de dientes de león. Entonces los reconoceréis por la mala hierba que realmente son, pero ¡ay!, entonces será demasiado tarde».Stephen King

3. Elimina los adjetivos y adverbios redundantes

¿Qué tienen en común la blanca nieve, el frío invierno y las duras piedras?

Que las tres son expresiones redundantes.

Salvo excepciones, la nieve es blanca, el invierno frío y las piedras duras.

Reserva los adjetivos para la nieve azul, los inviernos cálidos y las piedras blandas y no malgastes la atención del lector con lo que ya sabe.

Algo parecido ocurre con los adverbios.

Alguien totalmente convencido está, simplemente, convencido.

Algo absolutamente perfecto es, simplemente, perfecto.

Tienes mucho que contar y la atención del lector está siempre a punto de abandonarte: ve al grano.

4. Busca alternativas para los que resistan

Una vez eliminados los redundantes, tu texto seguirá plagado de adjetivos y adverbios (los que hablan de nieves azules e inviernos cálidos).

No te rindas.

Aunque su función sea necesaria, aún puedes deshacerte de ellos y conseguir que tu frase impacte mejor al lector.

La primera alternativa es buscar un nombre (o verbo) que pueda sustituirlos:

  • En lugar de «un niño pequeño» puedes escribir «una criatura».
  • En lugar de «tocó dubitativamente» puedes escribir «tanteó».
  • En lugar de «un niño travieso» puedes escribir «un pícaro».
  • En lugar de «tocó tiernamente» puedes escribir «acarició».

Por último, si no encuentras ningún nombre o verbo que contenga la información que necesitas dar, intenta reconstruir la frase desde un ángulo distinto:

  • En lugar de «tecleaba deprisa» puedes escribir «sus dedos corrían sobre las teclas»
  • En lugar de «el metal brillaba» puedes escribir «el reflejo del sol, que daba de lleno sobre el metal, le deslumbró».

5. Quédate con los buenos

Los adjetivos y los adverbios no son palabras perversas que debas evitar a cualquier precio.

Debes evitar el abuso, que desafortunadamente es la tendencia natural. Pero cualquier palabra, usada con intención, puede ayudarte.

Josep Pla, un escritor catalán tan controvertido como brillante, era un maestro en el uso de los adjetivos.

No los evitaba en absoluto y, para colmo, solía utilizarlos de tres en tres.

Pero nunca los improvisaba y dice la leyenda que, en el tiempo que dedicaba a elegir uno, podía fumarse un cigarrillo.

Ahí va un ejemplo (adjetivos y adverbios en cursiva):

«Jo no he estat mai feminista, però encara menys masculinista. Són paraules que em fan horror. Crec que els homes i les dones són absolutament iguals i, si he tingut alguna preferència, ha estat per les dones. Elles són el sexe fort.»—

«Yo nunca he sido feminista, pero menos aún masculinista. Son palabras que me provocan horror. Creo que hombres y mujeres son absolutamente iguales y, si he tenido alguna preferencia, ha sido por las mujeres. Ellas son el sexo fuerte.»

Josep Pla

Conclusión: usa adjetivos y adverbios cuando no tengas alternativa, pero, incluso entonces, esmérate en tu elección.

Revélate contra la pereza

Minimizar el uso de adjetivos y adverbios te costará, sobre todo al principio.

Completar tus frases con ellos te permitiría decir algo pasable con poco esfuerzo, pero si quieres que tu prosa conmueva, necesitas hacerte amigo de los nombres y los verbos. Son duros de trabajar, pero son el camino.

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Hokku al ruido

Las chachalacas
astillan el silencio;
¡insoportable!

 

https://sipse.com/novedades-yucatan/la-cruel-venganza-de-las-chachalacas-55241.html

Eres tú, después de todo — El Blog de Arena

. Hace un par de semanas ocurrió en Argentina un hecho por demás desafortunado, que ha tenido una alta resonancia mediática. Un grupo de rugbiers asesinó a un muchacho a la salida de un local nocturno (hay diez imputados, desconozco cuántos de ellos son los verdaderos culpables del delito). El tema, de neto corte policial, ha tenido […]

a través de Eres tú, después de todo — El Blog de Arena

El ángel de la media noche

Decidió amarla con las alas puestas. Al día siguiente la novicia amaneció muerta. ¿quién puede prever que ella fuese alérgica a las plumas?

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Desmorona que un día podrían ser recuerdo…

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veo relámpagos horizontales,
en un zig-zag iridiscente.
Allá el verde de García Lorca
el amarillo de los girasoles de Gogh
mas por la gritería
no pude menos que admirar,
que eran parvadas de cotorros
que eclosionaron sobre la ciudad;
borrachos de vida,
sin respetar el rojo de los semáforos.
ni el silencio obligatorio de los hospitales

EL PEÓN CORONADO : 15 LECCIONES DE AJEDREZ PARA LÍDERES — CREATICA Factoría de Líderes

Para Daniel, por el coraje. “Sobre el tablero de Ajedrez se miden personas y no figuras”.” Emanuel Lasker Aficionados o no. Muchos de nosotros, nos hemos visto seducidos por el famoso juego ciencia, atraídos tal vez, por la similitud de las jugadas y maniobras, con nuestras humanas actitudes de coraje, lealtad, orgullo, desafío y cooperación. Cuenta una […]

a través de EL PEÓN CORONADO : 15 LECCIONES DE AJEDREZ PARA LÍDERES — CREATICA Factoría de Líderes

Tiene ojos negros RGG

Tiene ojos negros, de mirada aromática. Sé que soñó con una calle desierta y una arboleda con una cabaña que olía a posada. He caminado por las hosterías que conviven bajo la sombra vegetal buscando sus ojos negros. Regresé cabizbajo a casa y al chirriar la puerta me sobrecoge la posibilidad que me esté esperando en una calle desierta. 

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