Chifla frenético,
desde lo alto del mango,
y no llega la pájara.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Chifla frenético,
desde lo alto del mango,
y no llega la pájara.

For sale: Baby shoes. Never worn. Se vende: zapatos de bebé. Nunca usados.
Atribuido a Ernest Hemingway, pero no es suyo. De hecho, hay versiones que se remontan a 1906, cuando el escritor solo tenía siete años. Aun así, en Twitter ha inspirado los cuentos de seis palabras con el hashtag #SixWordsStory.

En la microficción leída, es el lector quien termina imaginándose el final.
Mi abuela y yo vivimos entre extraños. La casa no parece lo suficientemente grande para acoger a todos los que se presentan a distintas horas. Se sientan a cenar como si se les hubiera estado aguardando —y de hecho siempre hay un sitio puesto para ellos— o entran en el salón principal huyendo del frío, frotándose las manos y quejándose del clima, y se instalan junto al fuego y toman un libro que hasta entonces me había pasado inadvertido y continúan la lectura desde una página marcada con un separador de papel gastado. Como es obvio, algunos de ellos son alegres y simpáticos mientras que otros son antipáticos: malhumorados o taimados. Con algunos hago una amistad inmediata —nos entendemos mutuamente a la perfección desde que nos conocemos— y espero verlos de nuevo en el desayuno. Pero cuando bajo a desayunar no están allí, y a menudo nunca vuelvo a saber de ellos. Todo esto es muy inquietante. Mi abuela y yo jamás mencionamos estos ires y venires de extraños por la casa. Pero observo su rostro delicado y rosado cuando ella entra en el comedor apoyada en su bastón y se detiene sorprendida: se mueve tan despacio que esto es casi imperceptible. Un joven se levanta de su lugar, aferrando su servilleta a la altura del cinturón, y va a ayudarla a sentarse en su silla. Ella se adapta a la presencia del joven con una sonrisa nerviosa y una cortés inclinación de cabeza, aunque yo sé que se siente tan consternada como yo por el hecho de que él no estaba allí en la mañana y no estará al día siguiente y sin embargo se comporta como si todo esto fuera de lo más normal. Pero muy a menudo, por supuesto, la persona sentada a la mesa no es un joven educado sino una solterona delgada que come rápido y en silencio y se retira antes de que nosotros terminemos, o bien una anciana que nos frunce el ceño a los demás y escupe la cáscara de su manzana al horno al borde del plato. No hay nada que podamos hacer. ¿Cómo podemos librarnos de gente que nunca invitamos y que de cualquier modo se marcha tarde o temprano por su propio pie? Aunque pertenecemos a generaciones diferentes, a mi abuela y a mí se nos enseñó que jamás debemos hacer preguntas sino sólo sonreír a las cosas que escapan a nuestra comprensión.
http://pajaroslanzallamas.blogspot.com/2019/12/tres-cuentos-de-lydia-davis.html

¿Me dijo que la próxima vez cometiera un crimen en A y fingiera que lo había hecho en B, mientras usted me esperaba en C? o ¿debía encontrarlo en B, cometer el crimen en C mientras usted me aguardaría en A? No puedo recordar el silogismo que me planteó aquella tarde en la quinta de Triste-le-Roy. Debo confesar que me recuerda esa vieja paradoja de Aquiles y la tortuga, sin embargo, voy a matarlo ahora mismo, sin respetar su lógica implacable. Discúlpeme, Lönnrot, nunca fui bueno para las matemáticas. !
! Julio Ricardo Estefan nació en 1963. Participó en las antologías: Monoambientes (2008), Velas al viento (2010), Fervor de Tucumán2010), Brevedades (2013), El mundo de papel (2014), Grageas 3 (2014) y Cien páginas de amor (2015). Publicó La excepción a la regla (2009), Juegos de Superhéroes (2010), La señal inválida (2011) y La torre de papel (2013). Es editor de La aguja de Buffon ediciones. Es miembro fundador de la Asociación Literaria «Dr. David Lagmanovich». !

En la morgue, la cara del occiso me resulta familiar. Saco mi libreta y anoto: traje gris, contextura delgada, un metro ochenta, tez blanca, unos cincuenta años, ojos celestes, cabello rubio, herida de bala en el parietal derecho, sin orificio de salida, presenta rastros de pólvora (eso indica que el caño del arma estuvo en contacto con la piel al momento del disparo). La mano derecha no muestra restos (habrá que esperar el test de parafina). Vuelvo a la oficina con una idea martillándome la cabeza. Al otro día leo los informes: el test ha dado positivo, el revólver es un Colt calibre 38, las únicas huellas son las del occiso. Mientras los datos comienzan a encajar unos con otros, tengo un presentimiento. Necesito despejarme. Voy hasta el baño a mojarme la cabeza. Alzo el peine, me miro en el espejo y comprendo: en este caso soy el investigador, el asesino y la víctima. !

o dispara usted o disparo yo Antologia de Lilian Elphick
Desde que el marido de Úrsula cruzó de mojado la frontera, su compadre no dejaba de buscar cualquier pretexto para visitarla en su casa y ella, adivinándole las intenciones, lo invitó a comer un domingo a mediodía y preparó para agasajarlo un guiso de gallina, servido con dos salsas distintas. –¿Cual le gusta más, compadre? –le preguntó entrecerrando los ojos, como calándolo. –Los dos están muy sabrosos, comadrita, pero para serle sincero, esta gallina con salsa de chipotle no tiene rival. –Mire qué curioso –respondió Úrsula, –porque esa receta me la dio mi comadrita, su mujer. Y luego agregó: –¿Sabe que estoy pensando, compadre? Que la gallina siempre es la misma, y lo único que cambia es la salsa. Como con las mujeres, ¿no cree usted? Entendiendo la indirecta, el hombre siguió preocupándose por su comadre, pero eso sí, de lejecitos y sin hacer más intentos por degustar su guiso de gallina.
Del microdecamerón

Paola Tena. (México, 1980). Pediatra de profesión y escritora por vocación. Ha publicado algunos de sus microcuentos en antologías de minificción (Señales mínimas , Ediciones Idea, Tenerife, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria, Madrid, 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, Barcelona, 2013; Vamos al circo, BUAP, Cd. de México, 2017; Las musas perpetúan lo efímero, Micrópolis, Lima, 2017). Ha publicado sus microcuentos en diversos blogs y revistas digitales, participando de manera activa en las redes sociales. Las pequeñas cosas es su primer libro.
Ya no queda ningún José Arcadio en el pueblo, y menos aún Aurelianos. Desde aquella funesta inundación que arrasó con casi todo, los escasos pobladores se aseguran de que ningún Buendía vuelva a pisar Macondo.
El viento mar
trajo pulpos poetas,
y una sirena.RGG
La enredadera
asciende y busca el sol
La lombriz a la luciérnaga

Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?

Mi mirada se perdió en la inmensidad de aquel lugar, en su luz encantada. Asentí y mi padre sonrió.— ¿Y sabes lo mejor? —preguntó. Negué en silencio— La costumbre es que la primera vez que alguien visita este lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo. Es una promesa muy importante. De por vida —explicó mi padre—. Hoy es tu turno.
http://mar-palabrasilencio.blogspot.com/2012/12/la-sombra-del-viento-fragmento-carlos.html

“Aquí hoy yo; mañana tú”
es la idea básica que transmiten todos los epitafios, pero cada autor imprime su sello personal. Algunos son graves, muchos poéticos y también hay quien ni bajo tierra abandona el humor.
El hombre abrió los ojos y le llevó sólo unos segundos recordar todo. Desde hacía tres días estaba metido en esa alcantarilla maloliente. Tenía hambre y sed. Se tocó el bolsillo y comprobó, una vez más, que el arma seguía allí, la revisó… sabía que la necesitaría si los sicarios del jefe lo encontraban. Caminó hacia la salida tratando de no pisar las heces que flotaban. Un ruido lo puso en guardia y se agazapó… sólo una rata, con más miedo que él, lo miró sorprendida. Aspiró el aire fresco de la noche. Caminó unos metros y vio el bar de una estación de combustible. Primero fue al baño y se lavó, luego espió a través de los vidrios: solamente había un hombre tomando un café, entró y pidió un sanguche y una cerveza, se sentó en un rincón a saborearlos. Decidió partir lo más pronto posible. Llegó a la estación y compró un boleto hacia el sur. El traqueteo del tren lo sumergió en una duermevela tenaz. El vasco lo había mirado con sus ojos helados al descubrir su traición y había ordenado su ejecución… Sudoroso, se despertó aliviado de salir de la pesadilla. Comprobó que no había nadie, esperó que el tren partiese para cruzar las vías y tomar el camino que lo llevaría a la casa de su infancia. Miró hacia arriba y los destellos del sol lo cegaron, al mismo tiempo escuchó el disparo, antes de caer comprendió que la traición no se perdonaba.
Mónica Druetta es docente y escritora. Reside en Córdoba, en su pueblo, Tancacha, desde que nació. Ha participado de diversas antologías literarias y ganado concursos nacionales e internacionales desde sus comienzos en la escritura en el año 2014. Es miembro activo del sitio literario Falsaria y otros grupos literarios. Escribe poesía, narrativa y teatro.
Escribirás cien veces: «el ave canta, aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas*”. —No puedo—, gimoteaba el Correcaminos a su mentora.

Después del Covi ya nada es igual. La pandemia ha hecho daño. Ayer encontré a Frankenstein salir de un taller de maquillaje y observarse detenidamente en uno de los enormes espejos que se instalan para marketing. No, nada que se le parezca, era un fifi, lucía una cabellera en dorado que terminaba con una breve colita de pato. Cicatrices, ninguna, parecía ser sacado de una revista para señoras maduras. Lo seguí hasta una sala de espera donde departía con un grupo de personas a quienes les confesaba que era un monstruo y todos reían hasta romperse la mandíbula. Poco después se puso serio y espero su turno para un maniquiur. Yo soy el hombre lobo y por mi olfato sé reconocer que efectivamente era Frank. Con franca desaprobación y para calmar mi enojo me fui a perseguir a los carros que velozmente pasaban por el bulevar.
Las comillas («,», “, ‘) son signos tipográficos utilizados para demarcar niveles distintos en una oración. Se utilizan, por ejemplo:
En español se utilizan tres tipos de comillas:
Asimismo se distingue entre comillas de apertura («,”,’) y comillas de cierre (»,”,’). Las comillas dobles (altas) de apertura se llegan a presentar en forma simétrica a las de cierre, o en forma inversa a estas últimas. Cada uno de estos signos tiene su propio uso. Como norma general, se utilizan las comillas castellanas. Si dentro de lo entrecomillado apareciera una segunda cita, se utilizarían otras comillas. Lo más frecuente es entrecomillar desde fuera hacia dentro, en el orden: «…”…’…’…”…»
Las comillas simples se utilizan para marcar ejemplos en casos en que no resulta apropiado el uso de la cursiva. También se prefiere su uso para presentar el significado de una palabra: El autor dijo: «las comillas (’signos de puntuación utilizados para demarcar niveles distintos en una oración’) se usan profusamente en mi obra».
Dice la norma que los signos de puntuación de una oración que contiene un texto entrecomillado deben colocarse después de las comillas de cierre. Sirva de ejemplo el anterior. Sin embargo en inglés es al contrario, o sea, antes de las comillas de cierre.
En español, no se deja espacio alguno entre las comillas y su contenido. Cada idioma tiene sus propias normas de aplicación de las comillas.
