De Rubén García García
llueve por fin
en el pueblo olvidado.
Se cae el cielo…
se caeeeeeeeee
gritan los niños, espantados…

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
De Rubén García García
llueve por fin
en el pueblo olvidado.
Se cae el cielo…
se caeeeeeeeee
gritan los niños, espantados…

de Paola Tena
Del libro Minidecamerón compilado por Paola Tena
Cuando el chofer le anunció aquí es y abrió la puerta del microbús,
él se bajó con la maleta llena de sus pertenencias apretujadas y se
quedó más perdido que la proverbial aguja en el pajar de la gran
ciudad. El día en que le entregaron el nombramiento le explicaron
mil veces y una cómo llegar a un hotel cercano a su nuevo empleo,
sin embargo, en noche cerrada todas las calles se parecían y en
una de ellas lo sorprendieron tres tipos que le hurgaron en
bolsillos que ni él mismo sabía que tenía, lo dejaron hecho un
ovillo a punta de patadas junto al muro de una vivienda y huyeron.
Oyendo el escándalo, una viejecita se asomó por la
ventana de la susodicha casa y viéndolo tan malherido, como
pudo lo ayudó a entrar, le desinfectó las heridas con alcohol del
‘98 y le ofreció una muda de ropa de su difunto marido para
cambiarse el traje hecho jirones.
Al otro día se personó en su nuevo empleo. Buenos días,
Señoría, lo recibió el secretario del juzgado, perdone que no lo vamos a
dejar ni respirar, pero están esperando sentencia unos facinerosos que acaban
de coger. Cuando el nuevo Juez de Instrucción salió a la sala de
audiencias llevando todavía la ropa prestada, no pudo evitar
sonreír satisfecho ante la cara de sorpresa de sus tres amigos
nocturnos. El día estaba empezando muy bien.
Pediatra es su identidad “oficial”, escritora
es su personalidad no tan secreta. Ha publicado microcuentos en
varias antologías y revistas dedicadas al género minificcional. Ha
sido ponente en sesiones de animación a la lectura e imparte
talleres de Escritura Creativa y elaboración de fanzines. Es autora
de Las pequeñas cosas (Ediciones La Palma, 2017), y los libros
cartoneros “Cuentos incómodos” y “MiniBestiario” (Cartonera
Alebrije, 2019, 2020).

Obituario escrito por Ennio Morricone.
«Yo, Ennio Morricone, he muerto.
Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto. Es imposible nombrarlos a todos.
Pero un recuerdo especial es para Peppuccio y Roberta, amigos fraternales muy presentes en los últimos años de nuestra vida.
Solo hay una razón que me impulsa a saludar así a todos y a celebrar un funeral en privado: no quiero molestar.
Saludo con mucho afecto a Inés, Laura, Sara, Enzo y Norbert, por haber compartido conmigo y mi familia gran parte de mi vida.
Quiero recordar con amor a mis hermanas Adriana, María, Franca y a sus seres queridos y hacerles saber cuánto los he amado.
Un saludo pleno, intenso y profundo a mis hijos Marco, Alessandra, Andrea, Giovanni, a mi nuera Mónica y a mis nietos Francesca, Valentina, Francesco y Luca.
Espero que entiendan cuánto los amaba.
Por último, María (pero no última). A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar.
Para ella es mi más doloroso adiós».
https://www.bbc.com/mundo/noticias-53316116

Rubén García García
Cada vez que ella acariciaba a Duque, él metía su hocico entre sus piernas y segundos después daba tres ladridos, lo hizo muchas veces. Recordó el fino olfato de los canes y se hizo revisar por un ginecólogo. Resulto un cáncer incipiente que resolvió con un tratamiento oportuno. Evitó los controles subsecuentes bañándose cada semana con su mejor amigo.
Ruben García responsable del blog y escritor de mnis, cuentos y poesía

De Sergio ceballos
Por Amanalco de Becerra se cuenta la historia de doña Cata —una mujer santa y oscura de piel como los zapotes floreados en verano—. Los jueves de mercado compra claveles y laureles que deja en el camino del río junto a una cruz solitaria y sin nombre. —Jamás preguntes por el nombre, mucho menos a doña Cata, porque te pega con el bastón de pirul que lleva bajo el brazo —es lo que mi abuela siempre ha dicho. Doña Cata camina sola, de vez en cuando con su burro, de vez en cuando con el perro, pero la yegua siempre la deja en casa pa’ que nadie la chulee, pa’ que nadie se la lleve. No quiere que nadie mire su yegua, que nadie la toque, y va nuevamente a la cruz, sola con su sombra, sollozando, gimiendo en el recuerdo perpetuo, “duérmete rosal que el caballo se pone a llorar…”; camina por la vereda, remoja las enaguas al andar por el río. Llora y eleva palabras a la amada que ha partido. No quiere que nadie vea la yegua, porque la yegua no es suya, es de Amalia, su amada.
Sergio Ceballos (Metepec, Estado de México, 1994).
Licenciado en Ciencias Políticas Públicas. Activista en pro de la igualdad de género, los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+ y luchador social para la erradicación de la violencia en contra de las mujeres y niñas.

por Rubén García García
Abraham Lincoln (1809-1865) Mártir que luchó por los derechos civiles de los blancos y que tras una cruenta guerra civil alcanzó la victoria. Fue asesinado por un negro en el teatro Ford. Esperaba la puesta en escena de “Yanga”, un héroe negro que luchó en contra de los españoles. Una obra escrita por Kaneth un indio maya.

Rubén García Garcia blogero, minificcionista, militante de la tercera edad, tarde, pero llego a este nuevo género de la literatura.
De Katalina Ramírez
A Edgar N.
Dina, una feminista disfrazada de víctima en la Biblia, no fue
realmente violada, sino una mujer apasionada que prefirió romper
las reglas antes que su corazón. Jacob, el padre y patriarca, no
pudo comprenderlo, sino hasta ahora, cuando Dina, en otro
cuerpo —pero con la misma mirada— se presenta ante él en el
círculo para pedirle perdón y perdonarlo. Hija y padre se abrazan,
hija y padre se hermanan, hija y padre llaman al viento para que
derribe las paredes que él ayudó a levantar.
Katalina Ramírez Aguilar (México). Licenciada en Literatura y
Filosofía por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ha
trabajado como editora en diferentes editoriales, y de manera
independiente. Ha publicado microcuentos y poemas en siete
antologías internacionales, y en revistas nacionales. Ha publicado
un libro de poesía, “Lengua soy” (3 norte y Universidad Iberoaméricana( y uno de microficción «Música primigenia» (BUAP 2018)
.

Fuente Microdecamerón. Paola Tena
Agustín Cadena
No es de la ciudad. Vino a buscar trabajo y lo encontró. Mientras logra hacerse una vida mejor, alquila una habitación en una casa de huéspedes vieja y barata. Ha cobrado su primer sueldo y, en cuanto cambió el cheque, fue a un almacén de ropa y se compró dos suéteres, un vestido, una falda y dos blusas: su primer vestuario de mujer. Nada es fino, pero ella espera que con el tiempo vaya mejorando, y está contenta. En su cuarto, ha puesto las prendas sobre la cama y, una por una, las agarra con cuidado como si temiera arrugarlas o gastarlas con sus manos de muchacho; las palpa, las huele, las desdobla, les corta el hilo de plástico de la etiqueta con un cortaúñas y se las vuelve a probar. Ya se las probó muchas veces, primero en la tienda y ahora aquí. Le gusta mirárselas en el espejo. Piensa que con el próximo sueldo va a comprarse unos zapatos, un perfume, tal vez ropa interior. Se felicita por haber hallado tan buenos precios. De pronto siente hambre; recuerda que no quiso cenar para no gastar esta noche. Y porque estaba cansada de recorrer las tiendas. Es otra clase de hambre, piensa, la que ha saciado.
Minutos más tarde, ya en la cama y en la oscuridad de la habitación, se deja arrullar por el murmullo asordinado de la avenida y por el alegre ronroneo de su estómago. Su estómago que hasta hoy era de hombre.
Agustín Cadena (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1963). Estudió la licenciatura en Letras y la maestría en Literatura comparada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Además de novelista, cuentista, ensayista, poeta y traductor, ha sido profesor de la FFYL de la UNAM, de la Universidad Iberoamericana, del Austin College de Texas y de la Universidad de Debrecen, en Hungría. Ha escrito más de veinte obras que han merecido diferentes premios.

Antología de minificciones alternas
Rubén García garcía
El viejo sol
aún seduce las nubes
y las sonroja.

Texto de Luis Racionero Entre la idea y la realidad, Entre el movimiento y el acto. Cae la sombra. T.S Elliot. Hace unos años dos escritores franceses, Pauwels y Bergier, anunciaban el retorno de los brujos; a finales de 1975 teníamos uno en la televisión, doblando cucharas, dinamizando relojes, y sacando el quicio al muy […]
Haiku: la inmediatez del zen — Montucanahualt
Rubén García García
Eduardo Gotthelf, Arg.
Bramaba la tormenta, había derribado un poste dejando a Daisy Manor sin electricidad. La lluvia deshojaba los rododendros, los pétalos color sangre tapizaban el sendero de grava. El golpe en la puerta estremeció a los presentes. El mayordomo, de facciones malayas, hizo pasar a Hércules Poirot. –Bon soir. ¡Quéclima tan horrible tienen ustedes en Inglaterra!– dijo, a modo de saludo.
El detective se agachó. Observó que los zapatos del muertoEn la sala, apenas iluminada por el fuego del hogar y algunas velas, estaban los dueños de la mansión, sus invitados, la servidumbre y Lord Essex atravesado por un atizador, cadáver aún tibio que mancillaba la alfombra. estaban mojados, y que en su mano izquierda escondía una pequeña llave. –—Très interessant —dijo para sí. Se levantó y miró a cada uno de los presentes, como midiéndolos. Se retorció el bigote y preguntó concalma —Miss Essex-Dalton, ¿por qué mató usted a su padrastro?
La aludida se repuso en una fracción de segundo. Corrió hacia la puerta, donde chocó violentamente contra el Inspector Billings, de Scotland Yard, que en ese momento entraba. Atontada por el golpe,fue arrestada por dos policías que venían detrás. Más tarde, mientras los empleados de la funeraria hacían su trabajo, Billings se acercó a Poirot, a quien el mayordomo, agradecido, acababa de servir una copa de coñac.
—Dígame, mister Poirot, ¿cómo supo quién cometió el asesinato?
—Ah, mon ami, –respondió éste, girando la copa —eso es algo que deberá deducir usted mismo.

Edición Lilian Elphick
La soledad es peligrosa. Es adictiva.
Una vez que te das cuenta de cuánta paz hay en ella,
no quieres lidiar con la gente.
Carl Jung
Al fin he encontrado a mi verdadero amor. Ese hallazgo me hace
vivir en un estado de euforia y voluptuosidad perenne. Cada
amanecer despierto dichosa, me abrazo, camino, leo, siempre en
mi nube de felicidad.
Al atardecer me invito a tomar café y antes de dormir,
feliz, me invito una copa de rojo vino.
Dina Grijalva (México). En la primavera de 2008 visitó Buenos
Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora
y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción
son: “Goza la gula”, “Las dos caras de la luna”, “Abecé sexy”,
“Mínimos deleites”, “Miniaturas Salmantinas” y “Cuestión de tiempo”.
Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con
habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas en una
veintena de antologías. Ha publicado una antología de
minificciones eróticas, bajo el título de “Eros y Afrodita en la
Minificción”.

Rubén García garcía
En medio de la pandemia, el imperio del norte vive momentos complicados. Los blancos cansados de la pobreza y la injusticia protestaron violentamente después del asesinato de Smith por la policía negra. A la multitud no le importó que se estuviera inmerso entre las patas de una epidemia. Solo abrieron el recuerdo de Lincoln, que luchó contra la esclavitud; tomaron las calles, levantaron los puños y marcharon en caravana exigiendo el mismo trato que se daba a los negros.
Rubén García con 74 años de edad aún aspira a dejar un buen recuerdo en narrativa. Médico de profesión, actualmente jubilado y atrapado en la palabra, en la minificción, en el cuento y en hayku y feliz de conocer a mi último nieto que se los presento.


MEDIA ABUELA Siempre tuve media abuela. Me miraba con su único ojo, me abrazaba con la mitad de las costillas y apenas un pecho. Respiraba con un pulmón y cuando escuchábamos música, ponía la oreja izquierda hacia los altavoces. Un día, mamá cavó un agujero junto al haya roja. Enterramos la cajita con sus cenizas y las trenzas que le cortaron a los quince años. Aunque murió la mitad de ella, la lloramos entera. UN ROTO PARA UN DESCOSIDO En el verano de 1999, sin darme cuenta, me enamoré de un hombre al que le faltaba el brazo izquierdo, supongo que tuvo que ver con que soy tuerta del ojo derecho. Con el paso de los días pude constatar que no era el brazo izquierdo lo único que le faltaba pero cuando vine a darme cuenta ya no tenía remedio: me había enamorado como sólo se puede enamorar una colegiala tuerta.
El microrrelato de los viernes: Dos micros con fragmentos