Rubén García García
Verte volar
como palomita de papel
a mi alrededor;
es inefable.
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Rubén García García
Verte volar
como palomita de papel
a mi alrededor;
es inefable.
de Carmen de la Rosa
Ana ya no añora el corazón de Vronsky palpitando contra su
pecho, ni sus abrazos, ni la borrachera de sus besos. Ya no. Hace
meses que atravesó Rusia, oculta en un carruaje con su hijo mayor,
Seriozha, y la pequeña Ana. Cruzó la frontera suiza. Vendió sus
joyas y compró la casa. En San Petersburgo se rumoreaba que
unos asaltantes los habían asesinado, a ella y a los niños. Poco a
poco fueron llegando las otras. Huyeron de sus maridos y de los
amantes apuestos que las intercambiaban como si fueran muñecas
vestidas de seda y tafetán.
Las extranjeras, así llaman los habitantes de Brienz a las
mujeres que viven con sus hijos en la casa del lago, que persiguen
luciérnagas en el jardín, descalzas, en las noches de verano. Ya
acabó para ellas el encierro y la locura y el daño. Su desesperación
de bellas fieras enjauladas. Ningún Karenin les podrá negar el
divorcio, ni arrebatarles sus criaturas.
A veces Ana despierta en la madrugada, escucha el silbido
de una locomotora que se acerca, el traqueteo de las vías de un
tren fantasma y siente el vértigo de evitar, en el último segundo,
la muerte.

Carmen de la Rosa (España). Escritora y médica rehabilitadora.
Sus relatos y microrrelatos aparecen en los libros “Entre humo y
cuentos”, “Todo vuela“, “Acordeón”, las antologías: “Somos
Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Ellas”, “Eros y Afrodita
en la minificción”, “Perdone que no me calle”, “Antología
española de Minificción en redes” “100 palabras para mamá”; en
varias revistas y blogs. Ganó el I y el X premio de relatos breves
“Mujeres” del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

La otra historia
Hamlet mató a Claudio. Explicó a los policías, al defensor, al
fiscal y al juez que sólo había cumplido con la venganza reclamada por
el espectro de su padre. Al cabo de los alegatos el juez dictaminó
prisión perpetua, y aseguró que el muchacho nunca dudó, ni vaciló, ni
siquiera reflexionó o buscó otros caminos para saber si efectivamente
Claudio había envenenado al viejo.
¿Es posible dilucidar un crimen?
Lee mató a John, Jack mató a Lee y luego se murió de cáncer de
pulmón. ¿Por qué mataron a John? ¿Por qué silenciaron a Lee? La
Comisión W no pudo dilucidar el caso, luego lo tomó la Comisión X y
posteriormente la Y. Al problema de la muerte de los protagonistas se
agrega ahora el inminente fin del abecedario.
Raquel Guzmán. Autora tucumana, residente en Salta
desde 1978, publicó Quiero volver a casa -Premio de Poesía Editorial
Argos (Córdoba 1991), como así también cuentos y poemas en revistas
y antologías. Coordinó en colaboración con la escritora Miriam
Fuentes la antología cooperativa Eva decidió seguir hablando. Poesía de
mujeres en el noroeste argentino (2009). Recibió en Salta el Premio
Provincial de Poesía 2016 con su obra Zócalo. Como investigadora de la
Universidad de Salta ha publicado libros y diversos artículos de crítica
literaria.

de Rubén García García
Al caer la gota de agua
se muestra el silencio.
lejos se oye un grillo.


La tempestad, de Giorgione (Giorgione Barbarelli da Castelfranco, 1477-1510) es uno de los cuadros más misteriosos de la Historia del Arte, a pesar de su pequeño tamaño, porque ha traído de cabeza a los investigadores que no se ponen de acuerdo sobre el tema representado ni el significado de esta obra. Si analizamos […]
La tempestad. De Giorgione hasta nosotros — El Blog de Arena
De Paola Tena
Era Dimas de tan mala calaña y peores pulgas que no le hacía
ascos ni a los asuntos más turbios: se aseguraba siempre de saldar
sus deudas con billetes falsos, comer sin pagar aunque fuera una
manzana en el mercado y robar las monedas de la canasta de los
mendigos ciegos. Nunca se negaba si lo invitaban a participar de
crímenes jugosos aunque tuviera que desplazarse y fue en uno de
estos viajes cuando, cargado con una pequeña enfermó
repentinamente en un pueblo alejado de la mano de Dios;
agonizando, entregó hasta el último de los malhadados billetes
para que lo sepultaran en una tumba con su nombre, porque
siendo niño su abuela lo asustaba contándole que las almas de los
enterrados en la fosa común no encuentran descanso.
Creyendo que se trataba de una donación, los habitantes
del pueblo construyeron una escuela, ampliaron el centro de salud
y reformaron la ermita, donde desde entonces veneran a Dimas
como a un santo. Lo único que lamentan estas buenas personas
es no haber tenido tiempo de postularlo como candidato a
gobernador del Estado, o como mínimo, diputado al muy
honorable Congreso de la Nación.

Azucena Franco
La noche y el alcohol son el empuje, el pretexto que Raúl necesita. Dominando la vergüenza, la inquietud, logra llegar a esa casa, a ese cuarto; la curiosidad y el deseo son más poderosos. Al escuchar el toquido, Vanesa sonríe triunfante, ha visto por la ventana de quién se trata, mira sus uñas, “voy”, responde, una última vista al espejo comprueba el maquillaje, la peluca, el escote, la minifalda, todo bien puesto, se sabe irresistible. Coqueta abre, da un beso en la mejilla, conoce a los primerizos, se sienta al borde de la cama, “acércate, papacito, no muerdo”, dice provocativamientras palmea el lecho. Él llega algo nervioso, ella lo abraza, despacio besuquea tras la oreja, la nuca, alcanza los labios. Raúl, venciendo su resistencia, se entrega a novedosos besos; la acaricia, pechos, caderas; sube la mano entre las piernas, encuentra un pene erecto que manosea. Vanesa tuerce la boca, regresa, se da cuenta que la seducción ha terminado para ella, molesta se deja hacer, es parte del trabajo, sabe que lo que él busca, es lo que ella odia.
Azucena Franco (Ciudad de México). Es maestra en
Literatura Latinoamericana por la Facultad de Filosofía y Letras UNAM. Ha participado como ponente de temas literarios en congresos nacionales de la UNAM, e internacionales en Tenerife, Berlín, Valparaíso y Bogotá. Ha publicado cuentos y minificciones en una docena de antologías, y en diversos blogs y revistas electrónicas.

Por Rubén García García
Te recordé
sentada sobre mis piernas.
Envuelto de tu luz;
nunca imaginé cuan pesada era tu levedad,
y a punto de encontrarte, desapareces.
A veces me da por el verso libre

de Ildiko Nassr
Han salido de casa sin abrigo y ya empieza a nevar. No pueden
detener la caminata en este punto o morirían congelados. La
mujer piensa en las bolsas de comida congelada que reposan en el
freezer. El hombre aprieta la navaja suiza en su bolsillo. No quiere
que ella sepa de sus temores. Sabe que hoy no será el último día
de sus vidas y no piensa desperdiciar ni un minuto en
preocupaciones vanas. Deben ir por su objetivo y regresar a casa
lo más rápido posible. No debe darle poder al frío que podría
terminar con ellos. Le hace una señal a la mujer para que apure el
paso. No es lo más adecuado. Está desesperado, pero quiere
mantenerse calmo ante ella.
La mujer camina casi sin sentir los pies: percibe cómo se
van congelando los dedos y el frío sube por el cuerpo cansado. Si
llega al corazón, morirá. Apura el paso ante la señal del hombre.
No quiere mostrarse débil o cansada ante él. Caminan contra la
nieve y el viento. Llegan a destino cuando la noche cubre todo
con su manto oscuro.
Recogen la cesta que está en el lugar indicado y
emprenden el regreso en el mismo silencio que sólo se interrumpe
por el sonido de alguna sirena a lo lejos. Al regresar, podrán
alimentar a los otros infectados hasta que la primavera derrita la
nieve y mueran. O sanen. Lo que ocurra primero.
Ildiko Nassr (Argentina). Ha publicado los siguientes libros de
microrrelatos: “Placeres cotidianos” (Editorial Macedonia, 2007,
2011 y 2017), “Animales feroces” (2011), “Ni en tus peores
pesadillas” (2016), “Los hermanos mayores” (2017), “Urgencias,
disimulos y rutinas” (2019) y en coautoría “Hilos Dorados”
(2017). Sus microrrelatos han sido incluidos en las mejores
antologías del género.
De Roque Grillo
Apagó el candil. La sombra de la indigna, balanceándose al
extremo de la soga le ayudó a conciliar el sueño.
Cuando retiró el puñal del corazón, ya había olvidado el motivo
de su encono.
Roque Grillo,
mendocino, acusa casi 70 años.
Periodista desde los 14, forma parte de la Cofradía del Cuento Corto,
de Mendoza, Argentina con cuyos integrantes participó en un par de
antologías o en la creación colectiva Con la Literatura no se juega. Está
retirado, empeñado en domar, desde hace cinco años, una hamaca
paraguaya.
De Ome galindo
“¡Estoy hasta la verga!”, gritó para sus adentros. En los tres meses que llevaba trabajando en el bar, jamás había tenido que atender una mesa tan horripilante. Una bola de locas y jotitas que se ponían a reír estruendosamente, sólo con el afán de joderle la vida a todos los que estaban a su alrededor. Lo peor era ese traveco de gruesas carnes que se sentía la gran diva. Abría la boca antes de darle el trago a su bebida, y levantaba patéticamente el dedo índice en vez del meñique, para darse aires de grandeza, seguramente. Escuchó el doble tintineo de la campanilla. El pedido de su mesa. Enojado, David fue a recoger la charola.
—¿Les dejo su pedido?
Madame Jerome, con sus recién estrenadas uñas, detuvo por el brazo a David y le dijo con una voz grave que intentaba subir por la escalera rota de las clases sociales:
—Miamor, ¿y cuándo te sientas a comer con nosotras?
David se quedó inmóvil. El perfume de abuela, el picor de las uñas, esos ojos envueltos en fucsia, el aliento que mezclaba lascivia, tabaco y alcohol. Reparó en la barba que empezaba a crecer a paso micrométrico en la papada de Jerome, y quiso correr de ahí. Arrancó su brazo de la tenaza del travesti, y se alejó: enrojecido, tentado, curioso y muy, pero muy, excitado.
Ome Galindo (Guadalajara, Jalisco, 1986). Docente y doctorando de la Universidad de Guadalajara. Su
obra narrativa y ensayística está recogida en diversas antologías. Miembro del podcast cultural Las 9
noches y del Programa Nacional de Salas de Lectura donde hace actividades literarias con juegos de rol.

De Rubén García García
Llegaron las aguas!
En la mañana, aún con el sol anunciaron su llegada.
Fue un trueno que erizó las antenas de las hormigas.
El sol se hizo menos,
como la gente que al despedirse mete por debajo de su sombrero el pelo alborotado.
Llegaron las aguas con su cohorte de damiselas para confeccionarle al cielo una capa de grises azules. borroneados.
Aaahhh… mi corazón se rinde ante septiembre, y salgo disparado a quitarme las ropas porque llegaron las aguas.
Rubén García García, por edad ya no se cuece al primer hervor, aunque conserva las emociones de niño y de la adolescencia uno que otro terrón encendido.

De Rubén García García
llueve por fin
en el pueblo olvidado.
Se cae el cielo…
se caeeeeeeeee
gritan los niños, espantados…

de Paola Tena
Del libro Minidecamerón compilado por Paola Tena
Cuando el chofer le anunció aquí es y abrió la puerta del microbús,
él se bajó con la maleta llena de sus pertenencias apretujadas y se
quedó más perdido que la proverbial aguja en el pajar de la gran
ciudad. El día en que le entregaron el nombramiento le explicaron
mil veces y una cómo llegar a un hotel cercano a su nuevo empleo,
sin embargo, en noche cerrada todas las calles se parecían y en
una de ellas lo sorprendieron tres tipos que le hurgaron en
bolsillos que ni él mismo sabía que tenía, lo dejaron hecho un
ovillo a punta de patadas junto al muro de una vivienda y huyeron.
Oyendo el escándalo, una viejecita se asomó por la
ventana de la susodicha casa y viéndolo tan malherido, como
pudo lo ayudó a entrar, le desinfectó las heridas con alcohol del
‘98 y le ofreció una muda de ropa de su difunto marido para
cambiarse el traje hecho jirones.
Al otro día se personó en su nuevo empleo. Buenos días,
Señoría, lo recibió el secretario del juzgado, perdone que no lo vamos a
dejar ni respirar, pero están esperando sentencia unos facinerosos que acaban
de coger. Cuando el nuevo Juez de Instrucción salió a la sala de
audiencias llevando todavía la ropa prestada, no pudo evitar
sonreír satisfecho ante la cara de sorpresa de sus tres amigos
nocturnos. El día estaba empezando muy bien.
Pediatra es su identidad “oficial”, escritora
es su personalidad no tan secreta. Ha publicado microcuentos en
varias antologías y revistas dedicadas al género minificcional. Ha
sido ponente en sesiones de animación a la lectura e imparte
talleres de Escritura Creativa y elaboración de fanzines. Es autora
de Las pequeñas cosas (Ediciones La Palma, 2017), y los libros
cartoneros “Cuentos incómodos” y “MiniBestiario” (Cartonera
Alebrije, 2019, 2020).
