Abrió el libro. Un enjambre de sílabas encimó sus sentidos. El corazón indiferente se hizo dulce, suave y empezó a latir; había terminado la oscuridad de la palabra y de los días.
Rubén García García Médico y escritor, entrando peligrosamente a la cuarta edad, pero capaz de emocionarse.
Ildiko Nassr me preguntó esta mañana dónde había estado todo este tiempo. Le respondí que probablemente haya estado viajando. No sabía qué palabras poner en mi boca para que no vuelva a usurpar este lugar que yo estuve ocupando las últimas semanas. Yo, que ni siquiera recuerdo mi propio nombre. Y ella se despertó tan alegre y tan llena de sensaciones traídas desde su infancia que no pude evitar despedirme y dejarla volver.
ldiko Nassr (Río Blanco, Jujuy, Argentina, 1976) ha publicado libros de poemas (Reunidos al azar, 1999; La niña y el mendigo, 2002; y en coautoría Ser poeta, 2007), de cuentos (Vida de perro, 1998) y de microrrelatos (Placeres cotidianos, 2007, e-book, 2011). Es licenciada en letras y coordina talleres de escritura creativa. Sus microrrelatos han sido incluidos en recopilaciones como la de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Barcelona, 2007); 1001 cuentos de una línea (Thule), Monoambientes. Microrrelatos del Noroeste Argentino, 4 voces de la microficción argentina (selección y prólogo de Raúl Brasca), El micorrelato en Tucumán y el Noroeste Argentino. Velas al Viento. Los microrrelatos de la nave de los locos. Selección y Prólogo de Fernando Valls. (Ed. Cuadernos del Vigía. Granada. España.), entre otras.
Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.
Siempre me consideré fea. Con los años mis caderas y voluptuosos senos me hicieron recuperar la confianza, hombres y mujeres pasaron por mi cama sin descanso. Después, aquellos que se declaraban siervos mío comenzaron a llegar tarde, a buscar justificaciones para aplazar los encuentros, cancelar citas, y al fin desaparecer uno a uno. Al mirarme en el espejo vi la monstruosidad de los años.
Diana Raquel Hernández Meza (Ciudad de México, 1985). Médica Cirujana por la UNAM. Forma parte de los libros Los adolescentes escriben II (UNAM, 2003), El libro de los seres no imaginarios. Minibichario (Ficticia, 2012), Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013), Eros y Afrodita en la minificción (Ficticia, 2016), Las musas perpetúan lo efímero (Micrópolis, 2017)
Sé que es él. No me cabe la menor duda. Su perfume, negro como la noche que me habita, lo delata. Siempre viene a la misma hora, cuando creen que ya duermo. Ella lo espera con ansia. Se empeñan en ser cautelosos, pero yo los sigo, atento, imaginando lo que se me niega. Parapetado tras la sombra que un día se posó sobre mis ojos llevo tiempo planeándolo. No quiero que se me escape el más nimio detalle. No quiero fracasar. No puedo. Debo calcular con matemática precisión la distancia exacta para no tropezar y errar el precioso objetivo. Ese que está en la mira desde que mi amigo nos vista con tanta frecuencia.
María Elena Lorenzin (Jáchal, San Juan, Argentina; Adelaide, Australia). Sus publicaciones más representativas son: El humor como resolución de lo imposible en la obra de Pablo Urbanyi (2007); Microsueños (2008) y microrrelatos incluidos en antologías de varios países.
Son las ocho de la mañana. Jean Colas, inspector de la Police Judiciaire de París, se levanta de la cama con un terrible dolor de cabeza. Es febrero, los escolares de la región parisina están de vacaciones. Su familia está en la montaña practicando esquí. Ayer, a las seis de la tarde, habló con ellos por teléfono. Además del dolor de cabeza, hay otra cosa que le molesta y angustia. Después de esa conversación con su esposa y sus hijos no se acuerda de nada de lo que hizo ayer por la noche. Cuando llega a su cuartel, 36 de quai des Orfebres, se encuentra con una enorme sorpresa. El inspector Pierre Durand, con el cual competía para ocupar el puesto del comisario Maigret, que está por jubilarse, había sido asesinado en su casa. La noche anterior con toda seguridad. Parte al domicilio del asesinado. A su llegada un especialista de la policía científica le informa que el inspector Durand fue ultimado con un arma blanca bien particular. La hoja no es recta, sino ondulada. «Como un kris malayo», dice espontáneamente el inspector Colas, gran coleccionista de dagas antiguas. El resto de la diligencia policiaca transcurre con algunas dificultades. El asesinato del inspector Durand atrae a la prensa. Tiene que parar en seco las preguntas de una periodista demasiado curiosa. En la tarde lo primero que hace al llegar a casa es constatar si su kris malayo está en su lugar de siempre. No lo encuentra.
Escritor chileno residente en Francia desde hace décadas. Libros publicados: Cuentos parisinos (RIL editores, 2011); traducción al francés de Subterra, de Baldomero Lillo (Edilivre 2013); Santiago mon amour (RIL editores, 2014).
Antología digital de microrrelatos Dispara usted o disparo yo. Santiago de Chile, marzo de 2017.
Hoy es un muy buen día para morir. Cada cosa viviente está en armonía conmigo. Cada voz canta un estribillo dentro mío. Toda la belleza ha venido a mis ojos. Todos mis malos pensamientos se han marchado.
Hoy es un muy buen día para morir. Mi tierra está llena de paz a mi alrededor. Mis campos han sido preparados por última vez. Mi casa está llena de risa. Mis hijos han venido a casa.
Desde pequeña practiqué el fino arte de la falsificación de firmas en reportes, permisos y materias reprobadas. A los 17 años me superé en la técnica del engaño; para recoger una boleta de calificaciones con cinco materias reprobadas, llevaba ropa y maquillaje en la mochila. A la hora de la entrega, entré al baño y me pinté la cara. Me puse en la fila de padres de familia y al llegar a donde las secretarias entregaban las boletas, dije que era la hermana de la irresponsable alumna. Creo que no me creyeron, pero por los niveles de desesperación que habrán notado en mí, aguantaron la risa y finalmente dijeron: Firme aquí.
Tomé asiento, a una indicación del hombre, frente a su escritorio. Todo en aquel despacho era de sello antiguo como si el tiempo se hubiera detenido en un pasado indefinido. Junto al escritorio había un perchero de cinco brazos del que colgaba con desmayo un gabán de color caqui. El hombre sacó unos papeles y me dijo que los leyera con detenimiento. Me advirtió de que no firmara nada sin estar absolutamente seguro porque ya no habría marcha atrás. —No habrá problemas al final, ¿verdad? —En absoluto, esto es absolutamente legal, amparado por la Ley. No ha de tener usted ningún temor. Yo no estaré presente cuando este hombre u otro semejante se presente en mi casa, vestido con el gabán caqui y una cartera negra bajo el brazo con los papeles firmados por mí. Yo no estaré presente, pero me voy riendo de antemano al imaginar la cara de mis hijos cuando se den cuenta de que nunca he estado más cuerdo.
Elena Casero Viana (España). Soy Técnico de Empresas Turísticas. He trabajado en una multinacional del automóvil hasta mi jubilación. He publicado cinco novelas, un libro de relatos y uno de microrrelatos, “Luna de Perigeo” (Editorial Enkuadres, 2016). Alguno de ellos han sido publicados en antologías y traducidos al francés. Actualmente estudio piano y oboe.
Se oye un grito, cierro la ventana para que no entre. Ahora es intenso y proviene de la recámara…es mi mujer que amamanta sus pesadillas y una de ellas, la mordió.
«¡Te voy a matar, te voy a matar!», me decía cada vez que yo hacía alguna travesura de grueso calibre. Y yo, rebelde y desafiante, corría riéndome de ella. La pobre, entonces, volvía sobre sus pasos mascullando su rabia. Hasta el día que escuché un ruido ensordecedor cerca de mi oreja, y ya no pude ver cómo la policía se llevaba esposada a mi abuelita.
Noticias policiales
No fue posible encontrar el arma homicida. Su suicidio había sido un crimen perfecto.
Rodolfo Lobo Molas. Catamarca, Argentina. Es Poeta, Escritor, Investigador del lenguaje, historia e idiosincrasia de su región, Aviador Civil, Locutor, Periodista. Publicó el ensayo Catamarca ensueño y leyenda, a través de la Universidad de Catamarca y el libro de poesías Los pájaros de la lluvia, por Phaway Ediciones. Ha participado de 24 antologías nacionales e internacionales. Obtuvo diversos premios y distinciones, entre ellas de la Municipalidad de la Capital y la Legislatura de Catamarca.
Las dos cruzan el umbral de la casa. Sonríen con timidez mientras Eva cierra la puerta. Se miran, sus mejillas se sonrojan, casi se escucha el palpitar de dos corazones inquietos. El mundo parece suspendido en ese instante. Tal vez tomen té y conversen y sea todo. Pero no, Eva María mira los labios de su amiga y un galope de caballos salvajes recorre su sangre, nunca he acariciado unos labios de mujer, cómo acercarme, cómo empezar, cómo tocar el fulgor de su piel. Triunfa el deseo y acerco lenta, muy lentamente una mano, acaricio su rostro, ella sonríe y lleva mis dedos a sus labios entreabiertos. Dedos y dientes juguetean. Sólo después sabré que ella también siente por vez primera el tacto, el temblor, la intensidad de otra mujer. Ahora es un vértigo dulce y un sumergirnos en silencio en esta tarde de descubrimiento. Un despojarnos de ropas, collares y ataduras. Un gozar esta vorágine de miel y de ambrosía. Un saborear salivas, senos, párpados estremecidos. Un reconocernos con asombro en el cuerpo de la otra. Un aspirar esencias corporales primigenias, desgajarnos y flotar en abismos de placer y de ternura. Un tocar el cielo con los labios y besar otro cuerpo y abrazar otros ojos como entrar en el espejo.
Dina Grijalva
(Ciudad Obregón, Sonora). En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción son: Goza la gula, Las dos caras de la luna, Abecé sexy, Mínimos deleites y Cuestión de tiempo. Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas enuna veintena de antologías.
Quiero dormir. Ante los Dioses del Sueño, postrada, imploro. Este es tu sueño me responden furiosos. Entonces, quiero despertar. Caminarás, me ordenan, por un largo pasillo. Hallarás dos puertas. Una de ellas guarda tu despertar. La otra, la más monótona de las pesadillas, que es la muerte. Debes abrir una: el azar o tu ingenio pueden favorecerte. Camino por un largo pasillo hasta alejarme de los Dioses del Sueño. Veo dos puertas. Junto a ellas, inmóvil, espero. Creado por Dioses tan poderosos como los del sueño, tarde o temprano sonará el despertador.
Ana María Shua (Buenos Aires, 1951) Sus cuatro libros de minificciones, género en el que ha obtenido amplio reconocimiento en el mundo de habla hispana, son ‘La sueñera’, ‘Casa de geishas’, ‘Botánica del caso’ y ‘Temporada de fantasmas’. También ha escrito varios libros de cuentos, entre ellos ‘Viajando se conoce gente’. Como cuentista obtuvo el Premio Municipal y el Diploma al Mérito Konex. En 1980 ganó con su novela ‘Soy paciente’ el premio de la editorial Losada. Sus otras novelas son ‘Los amores de Laurita’ (llevada al cine), ‘El libro de los recuerdos’ (Beca Guggenheim), ‘La muerte como efecto secundario’ (Premio Club de los Trece y Premio Municipal de Novela) y ‘El peso de la tentación’. También es autora de poesía y de literatura infantil, con la que ha obtenido varios premios, entre ellos el del Banco del Libro en Venezuela y el White Raven, en Alemania. Sus libros han sido publicados en Brasil, España, Italia, Francia, Alemania, Corea y Estados Unidos.