Es aficionado a los mechones de mujeres hermosas: bucles castaños y negros, rizos de oro, sortijas delicadas y cucardas de cabellos lacios. Dispone de ellos en preciosos guardapelos de oro, plata, platino, nácar y marfil.
Hoy a conseguido la guedeja perfumada de una actriz famosa, la acomoda en forma de anillo y la coloca en su estuche. Arroja la cabeza decapitada a la basura y sigue admirando su colección.
«No sé qué es lo que me impulsa. Siempre he escrito, pero de todo, y siempre de manera marginal —no porque no sea importante, sino porque dedico demasiado tiempo a otras cosas».
de: » o dispara usted o disparo yo» coordinadora Lilian Elphick
En estricto rigor no eran amantes, porque la relación con su esposo ya había terminado hace un buen tiempo; vivían en la misma casa, es cierto, y compartían la misma habitación, pero ambos se encontraban en mundos totalmente lejanos; en estricto rigor, no lo engañaba, porque más de una ocasión le insinuó que veía a otro, que salía con alguien, que enviaba mensajes, pero él no le hizo caso, no la creyó capaz, y más de algún golpe le dio como respuesta; en estricto rigor, no había culpables y no había víctimas, no había sangre en esa casa oscura y vacía, no había gritos ni disparos, no había crimen, nunca hubo un triángulo amoroso…
Detalles Como pudo el lobo borró toda evidencia, pero una gota de sangre había traspasado la página.
Camilo Montecinos Guerra. Poeta y microcuentista. Sus textos han sido publicados en la Antología de escritores del norte (2012), Sech filial Arica y en la antología Trinacional Borrando fronteras (2014), colectivo Ergo Sum. Obtuvo el segundo lugar en el concurso Hazla cortita años 2012, 2013 y 2014; primer lugar en el concurso Déjalo ahora, el año 2015; tercer lugar en el concurso Historias secretas de nuestra tierra, el año 2016 y Beca a la creación literaria 2017.
Ahora, todos los días lo saco al sol de la terraza en su silla de ruedas, me siento frente a él, con el plato sobre el regazo, y le doy cucharadas de sopa mientras le digo: «Una para ti, otra para la puta con la que pensabas marcharte».
Lola Sanabria nació en Villanueva del Rey (Córdoba), «en una casa grande, llena de gente. Años de infancia y adolescencia donde germinaron las primeras historias». Trabaja como Técnico Auxiliar en Centros Ocupacionales con personas con discapacidad intelectual, y en Centros de Menores. Ha ganado algunos premios literarios (las ediciones 2012 y 2013 del Premio de Relato Policíaco de la Semana Negra de Gijón, o el segundo premio del 58 Concurso de Cuentos Gabriel Miró, por citar algunos). Relatos y microrrelatos suyos han sido publicados en De Antología (la logia del microrrelato), antologada por Rosana Alonso y Manu Espada, editada por Talentura; en la revista Confluencia de la Universidad del Norte de Colorado y en otras antologías. En el 2013 publicó un libro en solitario, editado por Talentura, titulado «Partículas en suspensión».
Cuando lo conocí era apuesto como un príncipe, pero en seguida empezó a redondeársele el vientre. Más tarde, mientras encogía poco a poco, los ojos se volvieron saltones, el cuello fue desapareciendo y un buche enorme creció bajo su mandíbula. De un tiempo a esta parte se le ha cubierto la piel de verrugas. Lo peor es la sospecha de que soy yo quien tiene la culpa, por no haber dejado de besarlo en los últimos treinta y cinco años.
Elisa de Armas
Profesora de Lengua y Literatura en un instituto de enseñanza secundaria. Como escritora aficionada cultiva el microrrelato y mantiene el blog Pativanesca (http://pativanesca.blogspot.com/). Algunos de sus textos han sido publicados en antologías del género, entre las que se encuentran Historias de las historias (Ediciones del Ermitaño, 2011), Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia (Ficticia, 2012) y De antología. La logia del microrrelato (Talentura, 2013). Es asidua participante de la Marina, taller de minificciones de Ficticia, donde ejerce como tallerista el día uno de cada mes.
Aquí todo es ácido, como el humor de la pareja que forman Norah y Juanjo, quienes beben café americano con Lysol mientras se dicen que verse el día entero es insoportable y prefieren beber de una botella de cloro sin diluir que pasar la cuarentena juntos. Guardan silencio, fingen fortaleza, pero el insomnio abraza su noche. Cada uno en su lado de la cama repasa las frases que se dijeron entre bromas y que los hizo sentir insuficientes. Pero más ácida y corrosiva es la recomendación del presidente diciendo que beban o se inyecten desinfectante para evitar contagiarse de un virus, y es surrealista que la gente siga el consejo, como ese par de crédulos e intoxicados habitantes de Estados Unidos que arden por dentro.
Cae la lluvia y nosotros no podemos entenderla, frágil y transparente como el pasar del tiempo, cae la lluvia y con ella un poco de viento, tan raro y suave como tan duro y fuerte, cae la lluvia y los recuerdos vuelven con cada gota, tan lentamente como si los reviviésemos. Cae la lluvia tan […]
Del libro O dispara usted o disparo yo, antología de minificciones organizada por Lilian Elphick
Aunque sólo tenía siete años, sabía interpretar el odio en la mirada de Maribel. Mi abuela, aseverando que todas las empleadas eran ladronas, la obligaba a contar varias veces la ropa recién planchada. Yo conocía también el dolor de esas ofensas. Solía hablarme mal de mi madre y avergonzarme por el color oscuro de mi piel. Era distinta con su perro Sam, lo llamaba “mi hijo menor”. Mimándolo por cualquier motivo besaba su boca. Maribel debía limpiarlo con papel higiénico cuando regresaba del patio. Los ojos de la mujer volvían a irradiar odio. Durante un viaje de mis padres viví en esa casa. Nos hicimos amigas con la joven. Ella preparaba mis comidas preferidas y reíamos cuando caminaba como mi abuela con las piernas tiesas y dando órdenes. Imitando su voz me pedía respetar a su hijo Sam, porque al ser hermano de mi papá, era mi tío. Una calurosa tarde, Maribel barría el jardín, yo la ayudaba afirmando la pala. Mi abuela lanzó al perro una pelota que se desvió hasta llegar al centro de la piscina. Sam saltó a buscarla y asustado tragó agua. La anciana, con gran dificultad, caminó a rescatarlo. Arrodillada cerca del borde de esa piscina, suplicándole al perro nadar, le estiró sus brazos. Él comenzó a acercarse. Se detuvo con el impacto del cuerpo de su “madre” en el agua, empujada por dos manos grandes, a las que se unieron otras dos más pequeñas. Sam logró salvarse. Nos miró. Supimos que guardaría silencio.
Pasionaria
Finaliza la misa dominical. Alarmantes gritos detienen el himno de alabanza: “¡Sangre!” “¡La Pasionaria está llena de sangre!” Los feligreses se apresuran a rodear la enredadera. Varios se paralizan suponiendo un milagro. Los incrédulos prefieren marcharse. Algunos más osados, con manos temblorosas, tocan la sangre y se arrodillan mirando al cielo en busca de explicaciones. El párroco se une al grupo que hace silencio para oír su juiciosa opinión. Una cuidadora de autos se adelanta para hablar: “Padre, las pasionarias lloran sangre cuando Dios está triste”. El sacerdote observa aquella planta. Advierte que se eleva hasta la ventana de su dormitorio. Viene a su mente una imagen del día anterior, cuando minutos antes de comenzar la catequesis, al salir de ese dormitorio con el tímido Ignacio, lo tomó de los hombros, levantó su mentón y mirándolo a los ojos le dijo: “Recuerda, vienes a este lugar porque eres un buen niño. Por eso Dios te quiere mucho. Los tres, guardaremos el secreto: Dios, tú y yo. Nunca lo cuentes, porque… ¿tú no quieres poner triste a Dios, verdad?”.
Ana María Montalva Campos.
Nace y vive en Santiago, ciudad que recorre observando y jugando a inventar cuentos. Ha sido publicada en antologías e invitada a encuentros de escritores en Chile, Perú y Venezuela. Cada año se compromete a lanzar su primer libro, deseos que sus rasgos obsesivos se encargan de frenar. Asiste al tallerde cuento dirigido por Lilian Elphick.
Ana María Montalva Campos, latinoamericana, escribe sobre las historias que los personajes de sus cuentos le piden contar, las historias declaradas y las silenciadas. Ha participado en festivales y encuentros de escritores sudamericanos y sus textos han sido publicados en antologías. Sus maestros literarios son: Poli Délano, Edmundo Herrera y Lilian Elphick.ría Montalva
Un delicioso texto escrito con imaginación y picardía.
El día que aquel sujeto charlatan y lengua larga llegó a sugerirme que debería tener un novio virtual, me pareció una estupidez de su parte. Siendo yo una profesional de la virtualidad sabía que esto solo funcionaba si se respetaban determinadas reglas y la primera era tener una identidad confiable. Creo que subestimé y caí […]
Me duele pensarte. El ayer cómplice es sombra. Duele porque estoy fuera de tus pensamientos. Rumeo Los falsos de la vida, la promesa enterrada. Es cierto, nada nos debemos. Hay días inevitables, inconfundibles, tus manos en mis mejillas; con mis piernas rodeando tu cintura. nuestras bocas mudas, ahogadas, gritando hacia dentro y después… el silencio.
—El hidalgo y la aldeana de la Mancha —grita un tipo en dirección nuestra. Papá se enoja y creo que va a enfrentarlo. A mí me da miedo porque el tipo es un gigante. Mamá lo toma del brazo y le dice unas palabras cariñosas para apaciguarlo. La veo preocupada. Y también la veo parecida a mí cuando tengo vergüenza por algo que hice. ¿Vergüenza de qué tiene ella? Papá sigue enojado y mamá está triste.
Soy una mujer juiciosa, socialmente discreta, compañera y hasta tierna. Veo la grama húmeda y lleva a imaginarme una yegua fina retozando. Me estremezco. Y me posee la hembra en la hierba, De la nada salen remolinos de lumbre y me incendio. Trompos que solo pueden ser calmados por dedos hábiles, una lengua ávida y un falo sublime que acaricie y frote. Mis labios exigen besar hasta tener en mi boca el recipiente exacto de tus germinales. Ser insaciable y ver de lejos a la mujer impoluta que por cualquier cosa se persigna.
Del Pintor expresionismo;Andrew Atroshenko Nació en 1965 en Pokrovsk, Rusia En 1994 ya, colgó su obra en importantes exposiciones como la de San Petersburgo Reutlingen, Alemania… Tras graduarse de San Petersburgo, en la «Academia de Arte en 1999», fue invitado a participar en el Grupo «Arte de la Bahía» de Nueva Inglaterra. Si bien el trabajo de Andrew se vendía con éxito en galerías de toda la Florida, California, Ohio y Arizona, el artista participaba en un gran número de exposiciones colectivas y subastas en Francia, lo que dio lugar a que su obra se venda a en todo el mundo.