Nació después de las lluvias entre los arbustos. con esfuerzo logró hacerse notar, sin embargo, la penuria de sol, la tierra seca y la competencia criminal lo destinaron a ser enano. El tallo se hizo de jorobas por buscar el sol. Petiso, deslustrado, cuajó una papaya raquítica. Con respeto acaricié el fruto, tenía una carne maltratada y sin sabor. Dentro, escondidas entre sus pliegues, había cinco semillas oscuras y redondas donde estaba impresa la historia de su resiliencia y su deseo de trascender.
De niño siempre veraneábamos en septiembre, un mes, como solían explicarnos cada año, sin muchedumbres ni calor. Mis padres trabajaban todo el verano y el día uno salíamos a disfrutar nuestra esperada quincena de playa. Éramos muchos hijos y resultaba necesario buscar lugares tranquilos donde gozar del sol y del mar. Les encantaba plantar la sombrilla muy cerca de la orilla, cuando la marea estaba baja, y esperar a que subiera. En ocasiones, el agua comenzaba a cubrir nuestros pies y a anegar esterillas y bolsos. Mi padre detestaba tener que modificar nuestra posición y, un par de horas después, el agua nos llegaba al ombligo. Según la época y la fase del ciclo lunar, al final de la mañana o de la tarde, nos llegaba al cuello o incluso nos cubría la cabeza. Perdimos a Juanito en el noventa y tres y a Lucía y Miguel en el noventa y cinco y noventa y seis, respectivamente. Éramos muchos hermanos y ya estábamos acostumbrados. Lo que nos cogió por sorpresa fue que, en el noventa y ocho, tras bajar una marea crecida, el mar nos devolvió a Lucía, sana y salva. Apareció sentada en su sillita rosa, toda sonriente y cubierta de algas. Tengo hambre, dijo. Y mi madre le dio un bocadillo.
Se refería a esa juguetona comparación quehabía hecho entre un arquitecto y un escritor. “Desdeel punto de vista de la creatividad, el diseño de unacasa-habitación se encuentra invariablemente en elespacio de lo ficticio; cuando los albañiles empiezana construirla, estamos ya ante la realización de loficticio. Una vez terminada, el propietario habitará sucasa y la ficción del arquitecto. Ampliando mi razonamiento, podemos afirmar que las ciudades son ficcionesde la arquitectura; a ello se debe que a ésta la consideren un arte. El arquitecto que habita una casa queproyectó y edificó es uno de los pocos hombres quetienen la posibilidad de habitar su fantasía. Por sulado, el escritor es artífice de la palabra, diseña historias y frases, para que el lector habite el texto. Unacasa y un cuento deben ser sólidos, funcionales, necesarios, perdurables. En un relato, la movilidad necesita fluidez, por decirlo así, de la sala a la cocina, o delas recámaras al baño. Nada de columnas ni paredesinútiles. Las distintas secciones del cuento o de lacasa deben ser indispensables y creadas con precisión. Se escribe literatura y se construyen hogarespara que el hombre los habite sin dificultades.”Guillermo Samperio… Frag.
Nació en la Ciudad de México, el 22 de octubre de 1948; falleció el 14 de diciembre de 2017 en la misma ciudad. Narrador. Guionista y productor de los programas “La Literatura Hoy” de Radio Educación, y “Noticiero Cultural” del INBA; asesor y redactor literario de la Enciclopedia Infantil Colibrí de la SEP; editor en El Tucán de Virginia; subdirector de la Comisión de Publicaciones del Consejo del Sistema Nacional de Educación Tecnológica de la SEP; director de Literatura del INBA; vicepresidente de la Asociación de Escritores de México; miembro de la Comisión Consultiva del FONCA; director del Departamento de Difusión Cultural de la UDLA; redactor de Educación; asesor de Revista A; editor de Boletín Enlace. Su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita; y antologada en múltiples ediciones nacionales e internacionales. Colaborador de Alero, Bicephale, Boletín Enlace, El Financiero, El Gallo Ilustrado, El Heraldo Cultural, El Rehilete, Educación, Hispamérica, Juego de Palabras, La Jornada Cultural, La Semana de Bellas Artes, Novedades, Punto de Partida, Punto Rojo, Revista A, Revista Centroamericana de Literatura, Revista de Bellas Artes, Revista de la Universidad de México, Sábado, Sin Embargo, Textos, Tierra Adentro y Vanguardia. Becario del INBA, en narrativa, 1973. Miembro del SNCA desde 1994. Miembro del Pen Club México desde 2005. Premio de Cuento El Museo del Chopo 1976 por Bodegón. Premio de Cuento de La Palabra y El Hombre 1977 por Desnuda. Premio Casa de las Américas 1977 por Miedo ambiente. Premio Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos por Cuaderno imaginario, Comitán de Domínguez, Chiapas. Premio Instituto Cervantes 2000 otorgado por Radio Francia Internacional por Mentirme (La mujer de la gabardina roja). Obra de consulta: Catálogo biobibliográfico de la literatura en México
Nos suele suceder: las escaleras que nos parecían inmensas cuando niños, ahora son eso: unos escalones que llevan a alguna parte; el monumento que se nos antojaba grandioso resulta ahora ser un adorno de parque; las semanas son siete días apretados y no tiempo futuro. Nuestro recuerdo generalmente es distinto. Las circunstancias del momento y […]
Tomado de la antología de «Pequeficciones» de Chris Morales y José Manuel Ortiz Soto
Almohada Especie de nana que sirve para hacerle cosquillitas al sueño. Amanecer Pañuelo húmedo con el que el mundo se limpia su carita sucia de noche. Araña Obsesión patona que camina por el techo y las paredes y, cuando apagamos la luz, corre a metérsenos bajo las cobijas del sueño. Arcoíris Cinta que el cielo se pone en la cabeza los días que le toca lavarse el pelo. Barriga Lugar en que la mamá guarda a la cigüeña que trae a los niños. Calcetín Infeliz que soporta el mal genio de nuestros pies. Memoria Árbol generoso que da recuerdos todo el año.
Agustín Monsreal
(México, 1941). Premio Nacional de Cuento 1970, patrocinado por el INJM. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1978 por Los ángeles enfermos. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida 1980. Premio Nacional de Periodismo 1982. Premio “Antonio Mediz Bolio” 1987 por La banda de los enanos calvos; y por su trayectoria en 1996. Desde 1995 la ciudad de Mérida instituyó el Premio de Cuento que ostenta su nombre.
Nació en Mérida, Yucatán, el 25 de septiembre de 1941. Poeta y narrador. Ha sido cofundador y codirector (con Ricardo Díazmuñoz) de las ediciones La Bolsa y La Vida; editor de Escénica; miembro del consejo de redacción de El Cuento; coordinador de talleres de cuento y novela. Colaborador de El Cuento, Escénica, Excélsior, Revista de Revistas y Tierra Adentro. Becario del CME, 1971. Miembro del SNCA de 1994 a 2000. Tutor en el Programa de Apoyo a Jóvenes Creadores del FONCA, de 1996 a 2000. Premio Nacional de Cuento 1970, patrocinado por el INJM. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1978 por Los ángeles enfermos. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida 1980. Premio Nacional de Periodismo 1982 por su columna Tachas en Excélsior. Premio Antonio Mediz Bolio 1987 por La banda de los enanos calvos; y por su trayectoria en 1996. Medalla de Yucatán 1999. Desde 1995 la ciudad de Mérida instituyó el Premio de Cuento que ostenta su nombre. En 2014, el Gobierno del Estado de Yucatán le otorgó la Medalla a la Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco. En 2016, la revista La Otra creó el Premio Internacional de Minificciones Mínimas (Pigmeísmos) Agustín Monsreal. III Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola (2018) por Minificciones. Antología personal. Obra de consulta: Catálogo biobibliográfico de la literatura en México
A sus pies, el mundo era una mierda por el lado que lo viera. ¿Tenía sentido hacerlo redondo nuevamente? El escarabajo dijo que sí y continuó empujando el pedazo de excremento.
Tomado de la antología » O dispara usted o disparo yo»- Lilian Elphick
En el primer capítulo, el escritor hizo una descripción del despacho del protagonista. Dominaba habitación un gran escritorio. Había una pistola escondida en el fondo del último cajón. En el segundo capítulo, el protagonista era abandonado por su mujer. El escritor no dejaba de pensar en la pistola. ¿Por qué estaba allí? En el quinto capítulo, el protagonista sufría un accidente y era hospitalizado. En el séptimo capítulo, se casaba con la enfermera que le había cuidado. El escritor seguía obsesionado con la pistola. ¿Qué hacer con ella? Cuando estaba escribiendo el capítulo once, no aguantó más: el escritor sacó la pistola del cajón y se descerrajó un tiro en la cabeza.
Plácido Romero.
Ha ganado el IV Certamen de Microrrelatos La Risa de Bilbao (2013), el IV Concurso de Microrrelatos La Calle de Todos (2014) y el II Concurso Ávila Me Mata (2015). Ha publicado relatos en los periódicos Ideal y La Razón. Algunos cuentos suyos han sido leídos en los programas La Rosa de los Vientos, de Onda Cero y El Público, de Canal Sur.
Desde muy joven la literatura me suscitó gran interés. Recuerdo con rabia una clase de literatura en la que interpretábamos los símbolos que aparecían en libros de Federico García Lorca o Miguel Hernández. Unos señores, muchas veces ni si quiera era el propio autor, decían: el caballo representa la virilidad masculina, el buey como elemento […]
Tomado de la antología «Pequeficciones» organizada por Chris Morales y Jose Luis Ortiz Soto
Roca amiga Dorling López Rivera
Yo tengo una roca. Su forma es bastante rara. Si las rocas tuvieran cara, les diría que ésta tiene nariz de lombriz, sonrisa de banana y ojos saltones como los de las ranas. Además, les quiero contar que ella es mi amiga secreta, siempre la llevo en la bolsa de la camiseta.
Dorling López Rivera (Nicaragua). Licenciada en comunicación social, teatrista, narradora oral y gestora comunitaria.
La niña que solo comía espagueti Natalia Madrueño
Elizabeth amaba el espagueti, siempre que su mamá le daba la opción de elegir qué comer, ella sin dudarlo, decía: espagueti. Espagueti a la boloñesa, espagueti con crema y jamón, espagueti con especias o simplemente espagueti. Una mañana que parecía común, Elizabeth se miró al espejo y vio que su enorme melena enroscada, ahora era de espagueti. Se emocionó tanto, que de inmediato fue por un tenedor para comenzar a comer su propio cabello. ¡Era delicioso, jamás había probado un espagueti como el de su cabeza!, lleno de sabores, colores, de ideas; lo malo, es que éste no crecía como su cabello natural, así que en poco rato además de ganar una enorme barriga, se había quedado calva como su abuelito Pancho.
Natalia Madrueño (México). Licenciada en Letras Hispánicas y máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana expedida por la Universitat de Barcelona. Escribe ensayo, cuento y minificción. Pertenece al jurado del Programa de Fomento a la Lectura y Expresión Escrita (PFLEE) de la Universidad de Guadalajara y la revista Vaivén. En Diciembre del 2018 recibió a la poeta uruguaya Ida Vitale Premio Cervantes 2018 y Premio FIL2018, con un ensayo dedicado a su obra narrativa.
Humedad de Leo Mercado
La pared es blanca. La mancha de humedad es un hilo oscuro, continuo. Si lo miro fijamente la vista se centra en él y desaparece, poco a poco; pero si pestañeo, el hilo es en realidad un feroz león que se me abalanza y me devo…
Leo Mercado (Argentina, 1982). En poesía publicó Viento norte (Color Pastel, 2005; 2009 intervenido por artistas plásticos), Bocanada (plaquette, Viento Norte ediciones de alambre, 2008), mil200 (Viento Norte ediciones de alambre, 2011) y 39 (Viento Norte ediciones de alambre, 2012) y Jauría (Halley, 2019). En prosa, formó parte de varias antologías. Publicó, junto a Caro Fernández, Hacer el cuento, microcrónicas (Macedonia, 2012) y Volver a hacer el cuento, microcrónicas (Ediciones Sherezade, 2015)