La metamorfosis de Diana de José Luis Ortiz Soto

Del Libro la metamorfosis de Diana

Cacería

La mirada colérica de la diosa va de las ninfas desnudas al altivo cazador que, poco a poco, toma para sí la forma de su última presa. Una vez ciervo, Acteón se pierde en la espesura del bosque sagrado.

Ladrando al frente de la jauría de furiosos lebreles, Diana va tras él.

Ascensión

El anciano hechicero acaba de morir. Los aprendices de la tribu reclaman la vacante. Según milenaria tradición, el elegido será aquel que devuelva al cuerpo carcomido del difunto la juventud perdida. En cada intento fallido, el aspirante es sacrificado. Ungido el cadáver con la sangre joven derramada en la hecatombe, un nuevo y apuesto hechicero resucita.

Naturaleza viva

—La vida aquí no es fácil —musita el árbol más sabio de la isla y muestra a los visitantes sus oscuras cicatrices—. Si no son los temblores que retuercen la tierra desde las entrañas, es la montaña con sus vómitos ardientes o el océano con sus olas devastadoras. Debemos aceptarlo, la naturaleza es atroz. Después de escuchar al viejo cedro, los náufragos elogian su sapiencia. No podría haber mejor canoa que los regrese al continente.

La historia de la Diana Cazadora | Noticias CDMX | CIVICO.com

La duda de Rubén García García


Acostado en el chinchorro, miro el mar y me agito cuando transitan los barcos. No puedo evitar que mis raíces se desordenen. ¿Tendré la fuga del nómada? ¿La prisa del viento? En tus ojos admiro los girasoles que revientan en mis sueños, y al acariciarlos, me da por besar tus pezones. Es la ola mil, los barcos se fueron y no tardas en pasar.

La esperanza

Esperanza

Lo único que Pandora logró conservar para la humanidad fue ese sentimiento. No parece mucho, pero es un arma poderosa

Periodico: El Pais

Repote De:
Almudena Grandes

Desde que empecé a escribir esta columna, no recuerdo ningún otro año en el que me haya resultado tan difícil redactar una felicitación navideña. En 2020, ni la paz, ni el amor, mucho menos la buena voluntad, caben en un texto como este. Por eso he decidido recurrir a una leyenda mucho más antigua que la propia historia, esa que contamos desde el nacimiento de Jesús. Es, como todos los mitos clásicos, un paradigma de misoginia, pero como también hemos tenido bastante de eso este año, quiero recordar a Pandora, la primera mujer, que no tenía la culpa de ser tan hermosa, tan curiosa y traicionera, porque los dioses la crearon así, como una trampa para castigar al titán que había robado el fuego y se lo había entregado a los humanos. Zeus se la dio por esposa a Epimeteo, hermano de Prometeo, y aunque este, que temía la venganza del Olimpo, le había rogado que no aceptara ningún regalo de los dioses, el esposo se enamoró perdidamente de la mujer, porque nunca había visto una criatura igual. Pandora llegó con un regalo —una tinaja sellada aunque ha pasado a la posteridad como una caja—, que no debía de ser abierto en ningún caso. Por supuesto, considerando el origen del relato, la curiosidad femenina pudo más que cualquier prohibición. Pandora buscó la tinaja, la abrió y la creyó vacía, mientras por su boca escapaba el año 2020, enfermedad, muerte, sufrimiento, odio, hambre, guerra, ira, mentira, mezquindad… Pero en el fondo había algo más, y se apresuró a taponar el hueco a tiempo para evitar que escapara. Lo único que Pandora logró conservar para la humanidad fue la esperanza. No parece mucho, pero es un arma poderosa. Y no se me ocurre mejor manera de desear a todos ustedes que se las arreglen para ser felices en estas Navidades.

¿Cómo ha estado?

Hemil García Linares de la antología O dispara usted o disparo yo


El capitán Reynoso prendió su cigarrillo y la penumbra de la
oficina se vio tibiamente iluminada por el encendedor. Inhaló el humo
con energía como si fuera oxígeno y su vida dependiera de ello; las
bocanadas del cigarrillo convertidas en anillitos viajaron en forma de
espiral hasta estrellarse contra el techo.
201
Miró el teléfono porque sabía que lo llamaría. Hay personas que
son puntuales y cumplen su palabra; Reynoso también era uno de esos
seres y nunca rehuía a una cita. El edificio estaba vacío e incluso el
cadete Vargas, el joven oficial que de cuando vez le decía para tomar
una cerveza en el bar contiguo, se había marchado. «No esta noche,
cadete Vargas», le dijo Reynoso.
Aprovechando la quietud, sacó una cerveza de la nevera tras
hurgar en una bolsa papel marrón. Destapó la cerveza y el helado de la
cebada rozó su garganta refrescándola. el teléfono sonó a las 8:00 p.m.
cual lo anunciado en un mensaje de texto. Reynoso hundió el cigarrillo
en el cenicero y miró el titular del periódico sobre el escritorio: Sicario
«Nerón» liberado por juez corrupto habría huido del país.
«Nerón» no ha huido. Un depredador no huye, solo se esconde
para acechar a su presa, atacarla de noche y cumplir su palabra:
«Capitán Reynoso, cuando salga libre lo buscaré para matarlo». Y
Reynoso: «Aquí los espero».
—Capitán Reynoso, ¿cómo ha estado?
—Nunca en mi vida me he sentido mejor, «Nerón» ¿En qué
puedo servirle?

Hemil García Linares (Perú, 1971)

es magíster enespañol por la universidad George Mason en donde es instructor de
español. Publicó Cuentos del norte, historias del sur, las novelas Sesenta días
para abandonar el país y Aquiles en los Andes, y las antologías Raíces latinas
y Exiliados. Ha publicado en Canadá, Estados Unidos, México,
Argentina, Perú, Francia, España y Dinamarca. El 2010 obtuvo el
primer puesto en el International Latino Book Awards.

Invierno Altiplánico Camilo Montecinos Guerra

Tomado de la antología organizada por Chris Morales y José Manuel Ortiz «Pequeficiones»

VIRAL: Fotografía de gato 'sobre las nubes' se convierte en material de  memes, El Siglo de Torreón


Ha vuelto a llover. Pero no comprendo por qué llueve si estamos en verano. Además, cada vez que termina de llover el calor sofocante vuelve y el sol brilla de nuevo. Mi mamá me dice que en el cielo hay un gato gigante que juega con las nubes, estrujándolas para que llueva y,
cuando ya se cansa, duerme y el sol sale otra vez. Yo creo que es así, porque aparte del agua que cae escucho sus fuertes ronroneos, que algunos también llaman truenos.


Camilo Montecinos Guerra

(Chile, 1987). Escritor, profesor y gestor
cultural. Ha publicado Golpes sobre la mesa (Ediciones Sherezade, 2017). Asimismo, sus textos han sido difundidos en antologías y revistas literarias de Latinoamérica y España. Forma parte del comité
editorial de revista Brevilla, Chile

Camilo Montecinos G. (@cmontecinos10) | Twitter
El microficcionista chileno Camilo Montecinos Guerra, además de escritor, es profesor y gestor cultural. Tiene a su cargo la página de Facebook “Contar desde lo mínimo: taller de microficción”. Ha participado en diferentes antologías internacionales y su primer libro, “Golpes sobre la mesa”, tiene la característica de revelar una denuncia valiente contra la violencia de género.
El trabajo junto a sus compañeras y compañeros del colectivo internacional Minificcionistas Pandémicos (MP) le trae grandes satisfacciones. En sus propias palabras, afirma: “Somos un engranaje que funciona muy bien y eso me tiene contento”.
Este año ha sido de grandes logros para Camilo. Nos cuenta algunos de ellos y anuncia más proyectos para 2021, que según él y como se dice en Chile, vendrá “con la marraqueta bajo el brazo”.

Mis sabores de cafés — Cafecitos Charlados

Tantos y variados cafés que he tomado, esperando encontrarte y sin buscarte. He tomado cafés fuertes, esos que activan la mente, pero te das cuenta que te lo tomaste con un demente, poco trascendente. Cafés dulces, de esos que te gustan pero te empalagan, y otros, con personas tan variantes que terminan siendo muy agridulces […]

Mis sabores de cafés — Cafecitos Charlados

Voces en la lejanía

De un libro inédito de Rubén García García

¡Aguanta! Ya verás que llegando con el médico te compondrás —le dice al hijo.

Portilla está en la cresta de la montaña. El camino es atropellado. Con nitidez se escucha el fierro de la herradura. Golpea y resbala por el limo que cubre las lajas. El cielo oscuro y el viento helado saben del esfuerzo que tiene que hacer ella para no romper en sollozos. Sostiene con el reboso a su hijo; su pecho y vientre forma un nido, donde encaja el pequeño Moisés. Tiene cuatro años, conoce el maíz, el siseo de la víbora y la cereza del café; ahora, sus ojos son estrellas lejanas cubiertas por un párpado dormido. San Juan conoce el camino y guía con precaución a la bestia. Es mansa, pero con facilidad se espanta. Cuando patina tiene que gritarle: —¡Oh, Oh, ¡bestia! — para que vuelva a su paso. No se distrae, sólo atiende al camino. Recuerda que su mujer no le dio más hijos y siente nudos en el pecho. Por el riachuelo, un trueno irrumpe y la madre se persigna.

— ¡Gracias a Dios, casi llegamos! — besa la frente de su hijo, que revienta en fiebre –– te vas a componer ––le dice al oído––: ¡Apúrate, Celedonio, que el niño se desguanza!

El niño es depositado en un catre. La aguja busca una vena, que se oculta en una piel arrugada y seca. ¡Por fin!, un hilillo de sangre, señal de que está dentro. Es crucial embonar la manguera por donde bajará el suero. Con violencia el niño intenta sentarse; los padres le detienen, mientras el médico fija con una cinta adhesiva la aguja. Después, el niño se afloja, pareciera que el aire se escapa por los poros.

¡Mi hijo! —Grita la madre.

El médico alumbra, la boca tiene restos de alimento. Voltea su cara, mete sus manos en la garganta y extrae los pedazos. La boca de él cubre la boca del niño dándole aire. Golpea el corazón y muellea con angustia el tórax. Los instantes caen como la flor que se deshoja. La madre estalla en gritos y balbuceos, gime y sus sollozos ruedan como las cuentas de un rosario que se rompe.

Regresan hacia Portilla. El viento frío trajo la lluvia. El caballo resbala, y en el “¡Oh!, ¡Oh!, ¡Oh!, ¡bestia!”, San Juan se muerde el labio y llora.

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Peter pan de Fernando Iwasaki Peruano

Peter pan

Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.

Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.

A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.

Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.

18 minificciones de Juan Manuel Valero

Ahora que el género breve de la narrativa despierta sin haber dormido, el periodista, divulgador de la ciencia y “escribidor” mexicano, Juan Manuel Valero nos propone estas 18 microcuriosidades.

18 Minificciones de Juan Manuel Valero

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Juan Manuel Valero

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Fuera del agua *


Se soñó pez y murió ahogado.

* Fue publicado en la antología Minificcionistas del Cuento.

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Bajo los influjos del café exprés sí

La vida es una sucesión de puntos suspensivos, donde tarde o temprano te alcanza el punto final.

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Desenlace súbito

Este cuento se acabó.

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Confesión

Sí, lo lamento de todo corazón, ¿pero qué se gana el muerto con tanto arrepentimiento y compasión?

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En el insomnio sí

Antes soñaba con ella, ahora sueña con poder dormir.

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Desamores rancheros

No quiero hacer de esta ruptura una canción de José Alfredo Jiménez, pero por Dios que me partiste el alma.

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El viudo *

Uno quisiera ponerse triste y agarrarse a este sentimiento como una suerte de expiación. Pero todo es inútil: soy presa de la felicidad y temo echarme a reír con cada nuevo abrazo de pésame por la muerte de mi esposa.

* Aparece en el libro La rata de La Merced y otras pequeñas atrocidades.

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La casa embrujada

Crucé la puerta de la entrada y me invadió el terror: mi suegra, mis cuñadas y mi esposa platicaban animadamente en el comedor.

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Parece mentira

De un solo grito mi mujer destruyó mis sueños de escritor:
–¡Vete con tus cuentos a otra parte!

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Fiesta sorpresa *

Ayer mi casa era una fiesta. Mis papás invitaron a todo mundo: llegaron parientes, amigos y vecinos, todos muy bien disfrazados. Hubo abrazos, café y coca colas. Mi tía Lola recitó algunos versos de Horacio Quiroga, una prima lejana fingió un desmayo, yo estrené pantalón largo y nadie me mandó a la cama temprano. Todo, gracias a la muerte repentina de mi hermanita.

* Aparece en el libro La rata de La Merced y otras pequeñas atrocidades.

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La fatídica realidad

Nuestro amor parecía de novela y se convirtió en un cuento corto.

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Pedal y fibra *

Quiso darle un giro a su vida y cambió el cigarrillo por la bicicleta. Un microbús echó a perder sus planes.

* Fue publicado en la antología Minificcionistas del Cuento.

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La mujer infiel

Azucena perdió la compostura, empezó a engañar al amante con el marido.

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Llegó la paz

Terminó la guerra porque ya no había ni buenos ni malos, todos estaban muertos.

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Monomanía

Desde tu partida, la hoja en blanco se convirtió en una sábana donde te sigo haciendo el amor.

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Ahogo

Lloró toda la noche, hasta convertir a la habitación en una alberca. El amante se cayó de la cama y no sabía nadar.

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Sin duda…

No hay mayor placer que encontrar a una mujer perdida.

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Un grito desesperado

Su último recurso fue sumirse en el silencio, pero nadie escuchó nada.

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Semblanza de Juan Manuel Valero Charvel.

Nació en la Ciudad de México, el 24 de abril de 1949.
Periodista, divulgador de la ciencia y escribidor.
Estudió sociología en la Facultad de Ciencias Políticas, UNAM (1968-1972).
Profesor de historia y ciencias políticas en el Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Sur, UNAM (1972-1975 y 1977-1989).
Se hizo divulgador de la ciencia en la revista Información Científica y Tecnológica, la cual dirigió entre 1984 y 1989. Esa publicación ganó en 1986 el Premio Nacional de Periodismo Científico.
Es socio fundador de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de
la Ciencia y la técnica (Somedicyt, A.C.)
Fue subdirector de Información de Radio UNAM y coordinador de los noticiarios de esa emisora (1995-1996). Fue Subdirector de Información de la UNAM, entre marzo de 1997 y junio de 1999.
Fundador y conductor de la serie radiofónica semanal de divulgación del conocimiento Por pura curiosidad, de marzo de 1996 a junio de 2001.
Es autor del libro de cuentos “La rata de la Merced y otras pequeñas atrocidades”, ADN Editores, 1993. El libro obtuvo mención en el premio Casa de las Américas, Cuba, 1984.
Es coautor del libro «Voces y ecos del 68», Editorial Porrúa, 2009.
Es coautor de la antología “Minificcionistas de El Cuento”, Ficticia, 2014.
Conduce desde hace diez años la serie radiofónica “Intermedios”, que se transmite todos los jueves en vivo, a través de Radio UNAM.
Actualmente dirige la serie radiofónica semanal grabada de divulgación de la ciencia La araña patona, que se transmite en la estaciones del Instituto Morelense de Radio y Televisión y aparece en la página en Internet de la Somedicyt.
Y produce la serie radiofónica semanal de literatura, donde los escritores son más sabrosos En su tinta, que también se transmite en la estaciones del Instituto Morelense de Radio y Televisión y aparece en la página en Internet de la Somedicyt.

JUSTO A SU GUSTO — manologo

La ropa le quedaba ajustada o muy grande. Ni probársela. Comprar, era un suplicio porque de antemano sabía que no iba a encontrar nada, por lo menos que le gustara y que lo que le parecía horrible… ¡Tampoco le quedaba! Tienda tras tienda, entre la ropa hecha que vendían, por más que buscó y rebuscó, […]

JUSTO A SU GUSTO — manologo

La solución que cayó del cielo

Patricia Nasello

Ninguna persona ha logrado, nunca, poner la pasta de dientes dentro
del tubo del dentífrico, eso lo hacen los extraterrestres.
Aunque grandes como cualquier papá o mamá, estos
extraterrestres tienen el tamaño de una hormiga colorada. Llegaron
acá en barco, remando por el universo. Como fue un viaje largo se
cansaron mucho, entonces decidieron quedarse a vivir acá. Y como
acá teníamos el problema de los tubos y la pasta, enseguida
consiguieron en qué ocuparse.
Toman los tubos, luego los apoyan inclinados contra la pared,
trepan hasta el borde con unas zapatillas con pinches para ir
sosteniéndose y, con cucharas especiales que consiguieron en el cielo
mientras remaban, de a poco los van llenando. Cuando se hace de
noche se vuelve cada cual a su luciérnaga. Porque el lomo de esos
bichitos es la casa ideal para ellos. Cualquiera sabe que las
luciérnagas son las mejores amigas de los extraterrestres.

Patricia Nasello (Argentina, 1959).

Es magíster en Escritura Creativa
por la Universidad de Salamanca (USAL). Publicó Está rugiendo otra
vez (Quarks, antología personal), como así también Acabemos con
ellos de una vez (Alción, micronovela), y los libros de microrrelatos
Qué buen disfraz de leona (Micrópolis), Una mujer vuelta al revés
(Macedonia), y Nosotros somos eternos (Macedonia).

Cómo las luciérnagas inspiraron bombillas de luz más potentes - BBC News  Mundo