El minuto envenenado de Rubén García García

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— ¿No has visto mi libro, donde aparece mi cuento?
—No se. Sé de mis cosas, de las tuyas solo puedes saberlo tú, me contestó molesta mi mujer.
—Hace una semana lo dejé sobre mi escritorio. Debiste verlo cuando hiciste la limpieza.
—Recuerda que la limpieza la hizo la muchacha que viene cada ocho días. Mañana, vendrá. Pregúntale a ella.
Guardé silencio, mientras ella trabajaba haciendo artículos navideños que entregaría a sus pupilos. El brillo del metal me atraía, así que tomé las tijeras y… en el instante que iba a levantar el brazo, escuché su voz.
—¿Verdad que me odias?
—¡Cómo crees! Simplemente me perturba no encontrar mi libro.
dándole las tijeras, le dije: estaban escondidas entre la tela y seguro las vas a necesitar. Abrí la puerta del jardín y respiré profundo.

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Pasión de Rubén García García

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Tanta timidez tiene su corazón, que no se atreve. No soy yo quien tiene que dar el primer paso. No me obligue.

Adolescente Soñadora Dibujando En Su Libro De Texto Mientras Está Acostada  En El Piso Fotos, Retratos, Imágenes Y Fotografía De Archivo Libres De  Derecho. Image 73508979.

La tejedora de María Colasanti

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LA TEJEDORA – Marina Colasanti

Marina Colasanti (Asmara, Eritrea –colonia italiana-, 1937). Artista plástica, traductora, periodista, ilustradora y escritora ítalo-brasileña, quien a lo largo de su carrera ha incursionado en la escritura de diversos géneros literarios como la poesía, el ensayo, la literatura infantil y juvenil y la narrativa, con numerosas publicaciones en portugués, algunas de las cuales han sido traducidas al español, como es el caso de Hablando de amor (cuentos, 1988), Una idea maravillosa (LIJ, 1991), La mano en la masa y otros cuentos (LIJ, 1995), La joven tejedora (LIJ, 2004) –libro al cual pertenece el cuento que aquí se publica- y El hombre que no paraba de crecer (LIJ, 2005), entre otras. Como reconocimiento a su obra literaria, ganó el primer premio del Concurso Latinoamericano de Cuentos para Niños convocado por UNICEF y Funcec con su relato “La muerte y el rey” (1994); y obtuvo el Jabuti, premio que otorga la Cámara Brasileña del Libro, en tres ocasiones (1993, 1994 y 1997). También recibió el Premio Norma Fundalectura en el año 1996, por su texto Lejos como mi querer.


LA TEJEDORA

Carátula de La Joven Tejedora (Mariana Colasanti - 2004)

Se despertaba cuando todavía estaba oscuro, como si pudiera oír al sol llegando por detrás de los márgenes de la noche. Luego, se sentaba al telar.
Comenzaba el día con una hebra clara. Era un trazo delicado del color de la luz que iba pasando entre los hilos extendidos, mientras afuera la claridad de la mañana dibujaba el horizonte.
Después, lanas más vivaces, lanas calientes iban tejiendo hora tras hora un largo tapiz que no acababa nunca.
Si el sol era demasiado fuerte y los pétalos se desvanecían en el jardín, la joven mujer ponía en la lanzadera gruesos hilos grisáceos del algodón más peludo. De la penumbra que traían las nubes, elegía rápidamente un hilo de plata que bordaba sobre el tejido con gruesos puntos. Entonces, la lluvia suave llegaba hasta la ventana a saludarla.
Pero si durante muchos días el viento y el frío peleaban con las hojas y espantaban los pájaros, bastaba con que la joven tejiera con sus bellos hilos dorados para que el sol volviera a apaciguar a la naturaleza.
De esa manera, la muchacha pasaba sus días cruzando la lanzadera de un lado para el otro y llevando los grandes peines del telar para adelante y para atrás.
No le faltaba nada. Cuando tenía hambre, tejía un lindo pescado, poniendo especial cuidado en las escamas. Y rápidamente el pescado estaba en la mesa, esperando que lo comiese. Si tenía sed, entremezclaba en el tapiz una lana suave del color de la leche. Por la noche, dormía tranquila después de pasar su hilo de oscuridad.
Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer.
Pero tejiendo y tejiendo, ella misma trajo el tiempo en que se sintió sola, y por primera vez pensó que sería bueno tener al lado un marido.
No esperó al día siguiente. Con el antojo de quien intenta hacer algo nuevo, comenzó a entremezclar en el tapiz las lanas y los colores que le darían compañía. Poco a poco, su deseo fue apareciendo. Sombrero con plumas, rostro barbado, cuerpo armonioso, zapatos lustrados. Estaba justamente a punto de tramar el último hilo de la punta de los zapatos cuando llamaron a la puerta.
Ni siquiera fue preciso que abriera. El joven puso la mano en el picaporte, se quitó el sombrero y fue entrando en su vida.
Aquella noche, recostada sobre su hombro, pensó en los lindos hijos que tendría para que su felicidad fuera aún mayor.
Y fue feliz por algún tiempo. Pero si el hombre había pensado en hijos, pronto lo olvidó. Una vez que descubrió el poder del telar, sólo pensó en todas las cosas que éste podía darle. -,
-Necesitamos una casa mejor- le dijo a su mujer. Y a ella le pareció justo, porque ahora eran dos. Le exigió que escogiera las más bellas lanas color ladrillo, hilos verdes para las puertas y las ventanas, y prisa para que la casa estuviera lista lo antes posible.
Pero una vez que la casa estuvo terminada, no le pareció suficiente. -¿Por qué tener una casa si podemos tener un palacio?- preguntó. Sin esperar respuesta, ordenó inmediatamente que fuera de piedra con terminaciones de plata.
Días y días, semanas y meses trabajó la joven tejiendo techos y puertas, patios y escaleras y salones y pozos. Afuera caía la nieve, pero ella no tenía tiempo para llamar al sol. Cuando llegaba la noche, ella no tenía tiempo para rematar el día. Tejía y entristecía, mientras los peines batían sin parar al ritmo de la lanzadera.
Finalmente el palacio quedó listo. Y entre tantos ambientes, el marido escogió para ella y su telar el cuarto más alto, en la torre más alta.
-Es para que nadie sepa lo del tapiz -dijo. Y antes de poner llave a la puerta le advirtió: -Faltan los establos. ¡Y no olvides los caballos!
La mujer tejía sin descanso los caprichos de su marido, llenando el palacio de lujos, los cofres de monedas, las salas de criados. Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer.
Y tejiendo y tejiendo, ella misma trajo el tiempo en que su tristeza le pareció más grande que el palacio, con riquezas y todo. Y por primera vez pensó que sería bueno estar sola nuevamente.
Sólo esperó a que llegara el anochecer. Se levantó mientras su marido dormía soñando con nuevas exigencias. Descalza, para no hacer ruido, subió la larga escalera de la torre y se sentó al telar.
Esta vez no necesitó elegir ningún hilo. Tomó la lanzadera del revés y, pasando velozmente de un lado para otro, comenzó a destejer su tela. Destejió los caballos, los carruajes, los establos, los jardines. Luego destejió a los criados y al palacio con todas las maravillas que contenía. Y nuevamente se vio en su pequeña casa y sonrió mirando el jardín a través de la ventana.
La noche estaba terminando, cuando el marido se despertó extrañado por la dureza de la cama. Espantado, miró a su alrededor. No tuvo tiempo de levantarse. Ella ya había comenzado a deshacer el oscuro dibujo de sus zapatos y él vio desaparecer sus pies, esfumarse sus piernas. Rápidamente la nada subió por el cuerpo, tomó el pecho armonioso, el sombrero con plumas.
Entonces, como si hubiese percibido la llegada del sol, la muchacha eligió una hebra clara. Y fue pasándola lentamente entre los hilos, como un delicado trazo de luz que la mañana repitió en la línea del horizonte.

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La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi ganó el Premio Cervantes, el más importante para la literatura en español. — Andando tras tu encuentro…

La poeta es la sexta mujer en recibir este reconocimiento que está dotado de 125 mil euros. Si deseas conocer más sobre esta excelente escritora, cliquea donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias. MADRID. — Cristina Peri Rossi recibió dos días antes de su 80 cumpleaños una maravillosa noticia. La autora uruguaya acaba de ser […]

La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi ganó el Premio Cervantes, el más importante para la literatura en español. — Andando tras tu encuentro…

La bruja del barrio de Rubén García García

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Entre aromas de comida rápida, luces intensas, ella camina al son de la cumbia. Calza un vestido flojo, que no esconde la sinuosidad de su cuerpo. Lo sabe, y sonríe. Espera a un macho, un macho alfa, de una sola pieza. A ella le excitan esos varones. Se deja conducir. Es el encuentro de la arcada y la pera madura. Él, no esconde su deseo y lo expresa ¡Qué buena estás morena!, ¡será tu noche! No se equivocó, él es intenso, brutal. Vive para satisfacerse y después se enciende de odio y mata con saña. —Aun sabiendo eso—, … Sí. Me preparé para tal, jamás imaginó que lo sometiera. Lo dejé con vida y en su soledad. Por la madrugada, el alfa se levantó a orinar. No encontró su apéndice, por más que hurgó en el bóxer y tuvo que sentarse en el W.C. Imagínate un macho castrado que se acuesta como varon y se despierta como mujer. Mueve la cabeza: «esto es una pesadilla” pero el tiempo le dice que no, que es una mujercita, con pechos erectos. ¿Te apetece que grite de furia y se desquite con todo lo que está a su paso lector? Tiene dos opciones: matarse o aceptar lo que ya es, generalmente pasa lo segundo y al tiempo algunas se convierten en lesbianas, otras, transforman y subliman su realidad y las encuentras como excelentes muchachas que disfrutan del retozo y que luchan por conseguir un trato igual al de los varones. Defienden lo que antes tanto asco y odio les causaba.

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EL BESO PERDIDO — Eltiempohabitado’s Weblog

Algo siento perdido jugando entre romeros    en busca de esos labios donde nacen los besos Transcienden por el alma los gestos de su imagen cual movimiento dulce de la nube en el aire. Perdido entre las hierbas del monte, se complace en recrear deseos que rozan lo salvaje. Encuentra en el silencio de una brisa […]

EL BESO PERDIDO — Eltiempohabitado’s Weblog

Cuando se rompa el dique — El Blog de Arena

. Acabo de encontrar una imagen tomada de Twitter. En ella, el profesor Felipe Natri dice: «Suena raro, pero soy docente de una Universidad privada. Ayer me notificaron mi despido por la cantidad de reclamos de alumnos estresados en mi ramo. Según ellos, trasnochar no es parte de una buena educación. Despidieron a varios, menos […]

Cuando se rompa el dique — El Blog de Arena

Ella me cortaba las uñas de Rubén García García

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Sus amigas, del club, le dijeron que su proceder era una actitud sumisa. Dejó de hacerlo. Por mi torpeza me herí. Días después mi primer dedo, el pie y la pierna cambió a un azul marmóreo. Ahora camino con el apoyo de una muleta. Para complementar la mesada, ella arregla las uñas de sus amigas.

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Continuidad en los parques de Julio Cortázar y la metaficcion

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Una historia de Sexo de Rubén García García

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Una mujer frente a mí, descruza la piernas y no puedo evitar verle su ropa interior. Ruborizada me dice » ¡ay ya lo retraté! » expresión que me hizo recordar mis días de escolar. Con picardía le contesté -Sígale y me animo con un clos-up. Al terminar la espera, la invité a un estudio fotográfico, para hacernos una de cuerpo completo.

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Amor secreto de Manuel Payno análisis del cuento por Seymor Menton

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“Amor secreto”, a pesar de todos los ingredientes románticos, se salva por su sinceridad y por su técnica. Hoy día, la trama puede parecer ridícula: el amor es imposible porque Alfredo es humilde y Carolina rica; la fatalidad impide que él se declare; la idealiza tanto que continúa queriéndola aun después de saber que ha tenido ocho amantes; la sigue a la tumba y vive sumido en la mayor tristeza por un amor que nunca se atrevió a confesar. La trama sentimental va acompañada de las descripciones netamente románticas, las exaltaciones, las exclamaciones y los desmayos. Sin embargo, el cuento no deja de tener interés. Aunque nos cuesta identificarnos con Alfredo, su actitud es completamente sincera. El descubrimiento de la frivolidad de Carolina podría ser el desenlace, pero la persistencia del amor de Alfredo convierte lo que sería un cuento de final ingenioso en un cuento de emoción verdadera. A diferencia de muchas novelas sentimentales, la acción es rápida debido a las pocas descripciones, al uso frecuente del pretérito y a los diálogos que forman un marco alrededor del cuento.
Para un cuento escrito en la etapa primitiva del género, “Amor secreto” tiene una estructura muy bien planeada. En el primer párrafo, el autor narra la historia en primera persona. Entra Alfredo y en el diálogo que sigue, poco a poco Alfredo va dominando la escena hasta sustituir al autor como narrador. Durante la narración, sólo dos veces se siente la presencia del autor (“has experimentado…”; “como te he repetido”) pero esas dos ocasiones son necesarias para justificar la pregunta del autor en la última página y en la oración final del cuento. Dentro del marco, algo artificial, de los diálogos entre Alfredo y el autor, la narración de Alfredo tiene una unidad muy estrecha basada en la primera y la última noche que éste vio a Carolina y en el resumen de una sola frase que hace de su amor en la última página: “la seguí a la tumba, como la había seguido a los teatros y a las máscaras”. La mención del título en la primera frase que dice Alfredo y otra vez, pasada la mitad del cuento, también sirve para reforzar la estructura.
Un rasgo estilístico que da al cuento no sólo unidad, sino también cierto ritmo artístico es el uso de series o frases paralelas de tres. Sirvan de ejemplo: “Es una tontería, un capricho, una quimera…”; “esta pasión ardiente, pura y santa…”; “Carolina bailó, platicó con sus amigas, sonrió…”; “Que no siente, que no ama, que ni aun conoce…”; y “tan hermosa, tan alegre y tan contenta…”.
Teniendo en cuenta que la María de Isaacs y todas sus imitaciones no se publicaron hasta unos veinticinco años después de “Amor secreto”, el cuento de Payno tiene que ser considerado como una de las muestras más importantes da la fase sentimental del romanticismo. Además, el predominio de los sentimientos por encima de la razón del protagonista y la expresión sincera de esos sentimientos son rasgos que contribuyeron a formar toda una tradición dentro de la prosa narrativa de México.Anuncios

Amor secreto" de Manuel Payno - por Quique Pesoa - YouTube

Choka, poesía japonesa de Rubén García García

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Migran los pájaros,

en la mañana gris.

y el monte Tlen

se va quedando solo.

En hilera india

hay un camino de hormigas.

Tras el crepúsculo

toca a mi puerta el viento,

cae la gota sobre la hoja de plátano

un tac-tac delicioso.

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