Mostera — Usos y costumbres

Tallos sustentados por un muro viejo, evitan el derrumbe, la destrucción inevitable, que perfora el tiempo. Visión; raices que horadan cimientos, ladrillos de barro, agua estancada de amarronada data, donde tratan de vivir los yuyos tan nuestros, por ajenos; junto con las iniciales de amores muertos. Te contemplo, con respeto, por ser la imágen de […]

Mostera — Usos y costumbres

La creación y el amor excéntrico (1962-1969): fragmento del libro “Augusto Monterroso, en busca del dinosaurio” | Confabulario | Suplemento cultural

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Durmiendo con el enemigo

Sendero

Me perturba con solo escuchar su voz. ¡no lo aguanto! He decidido matar a mi marido. Lo conozco bien. El momento idóneo es por la tarde, al tomar su café. Es gordo, de presión alta y azucarado. Tenemos en común, que estamos enfermos de la presión. A él le sube, a mí me baja. Unas gotas de mi medicina en su café; no lo notará. Sustituir sus tabletas por unas de almidón es factible. Lo atenderé como siempre: y a esperar. Lo que venga primero: un infarto es rápido. He comprado un vestido negro, discreto. Suelto, tres cuartos, de buen algodón, fina caída. Ese día calcé el vestido negro, maquillaje discreto. Mi esposo y yo, no tan solo coincidíamos en la presión arterial, sino en la intención. Al verme en el velatorio, los familiares exclamaban. ¡qué hermosa se ve! hasta parece que está dormida.

Como Combinar Y Personalizar Un Vestido De Fiesta Negro

Eclipse de Tito Monterroso a cien años de su nacimiento

Sendero

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya
nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con
tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en
el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de
rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar
que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de
sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de
las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron
comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y
de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de [56] sol. Y
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dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar
a sus opresores y salvar la vida.
—Si me matáis —les dijo—puedo hacer que el sol se oscurezca en
su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la
incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y
esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo
la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas
recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las
infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los
astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus
códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Antiguo Calendario Azteca Piedra Del Sol Reproducción Moderna Precisa Foto  de stock y más banco de imágenes de Cultura mexicana - iStock

Genio y figura de Rubén García García

Sendero

En el velatorio de mi esposa, ella salió del ataúd con la facilidad de un cadáver joven. Fue tan natural que los dolientes se quedaron mudos. Ella dio dos vueltas observando al féretro, lo golpeó con la mano cerrada y levantó el dedo pulgar en señal de aprobación. Golpeó el fondo acolchado y se introdujo. Paneó la mirada y antes de cerrarlo, pude vislumbrar una sonrisa como gesto de satisfacción. Era la primera vez que nos poníamos de acuerdo…

IMSS SLP pone a disposición servicio de velatorio en Ciudad Valles

Ana María Shua. «Toda la literatura es acerca de la muerte¨ | Letra Urbana

https://letraurbana.com/articulos/ana-maria-shua-%C2%A8toda-la-literatura-es-acerca-de-la-muerte%C2%A8/

El kigo de Isabel Pose

Tomado del rincon del hayku

EL CAMINO DEL HAIKU (ISABEL POSE)

KIGO

EL RINCÓN DEL HAIKU

Palabra de estación

    El kigo o palabra de estación, es una palabra (o conjunto de palabras) dentro del haiku que alude a un momento concreto de alguna de las cuatro estaciones del año o al periodo de Año Nuevo, al que los japoneses consideran con características tan particulares y propias como las que podemos ver en la primavera, el verano, el otoño o el invierno. El kigo es una manera de transportar una gran cantidad de significado en una o en algunas pocas palabras.

Un solo lazo de papel votivo

en una rama seca

movida por el viento

                                  Mitsuhiro Tsuji

De pie en un cruce.

Y en todas direcciones,

tarde de otoño.

                   Seishi

Cruzada de brazos

la peluquera

mira la lluvia

                        Nieves Pulido

“En Japón, la palabra estacional -aclara el profesor Haruo Shirane en “Más allá del momento haiku”- dispara una serie de asociaciones culturales que han sido desarrolladas, refinadas y transmitidas cuidadosamente por cientos de años y que han preservado, transformado y pasado de generación en generación a través de libros estacionales, los cuales permanecen en uso hasta el día de hoy.”

En Japón hay numerosísimos de estos libros estacionales o diccionarios de kigo. Según Seiko Ota y Elena Gallego en su libro “Kigo”: “Dichos diccionarios, muy variados en cuando a tamaño y extensión, están divididos en cinco estaciones pudiendo llegar a un tomo por cada una: primavera, verano, otoño, invierno y año nuevo, y a contener hasta unos 4.500 kigo, 500 por cada estación.”

Dejando un cielo

azul azul, se marcha

la mariposa.

                   Rinka

Y eso se debe a la importancia del kigo que desde el haiku clásico era considerado una condición indispensable: “Cuando la experiencia poética es completa -comenta Rodríguez Izquierdo- cierto sentido de estación forma necesariamente parte de ella como una cualidad del mismo acontecimiento.”

En la lisura de la nieve:

un camino de huellas

que no regresan.

                           IP51

Tanta importancia se le ha dado a la palabra de estación en Japón que no solo hay escritos libros, los “Saijiki”, donde se detallan los kigos, sino que también se valora el descubrimiento de alguno nuevo.

Son palabras tan cargadas de connotaciones que crean una conciencia colectiva. Si un haiku habla de la luna llena, todos sienten lo mismo, hacen las mismas asociaciones porque el kigo ha sido alimentado durante siglos para ello.

La luna llena

No importa a donde vaya,

el cielo me es ajeno

                 Chiyo-jo

El kigo actúa como una especie de contrapeso a esa breve estructura del poema haiku porque abre un boquete por el que entran tantas asociaciones como tiempo de desarrollo en la cultura tenga el kigo que el haijin ha puesto. Y, aunque, la primera función de estas palabras de estación siempre sea la descriptiva, terminan expandiendo el haiku, dándole profundidad y anchura.

sol abrasador

los pasos mesurados de la garza

a la sombra del búfalo

                                                   Adjei Agyei-Baah                                                                             (Premio Nido de Garza 2016)

Esta dimensión de connotación que tienen las palabras de estación hace que sea “imposible traducirlas -dice F. Rodríguez–Izquierdo en su libro El haiku japonés– con toda la carga connotativa que tienen en el texto original, ya que esa riqueza semántica les viene dada por el uso que dichas palabras han tenido a lo largo de toda la historia del haiku…”

Los occidentales no tenemos un sistema de kigos que se hayan ido alimentando a lo largo de los años, pero la simple incorporación de una palabra que aluda a la naturaleza hace que el poema respire, lleva al lector a algún lugar y momento de la naturaleza, al exterior, al aire libre.

Sin embargo, y sin invalidar lo dicho hasta el momento, también existen haikus sin referencia a ninguna estación (mu-kigo), o sea haikus sin kigo, que el profesor Vicente Haya en su libro “El corazón del haiku: La expresión de lo sagrado” menciona diciendo que “aunque consideremos de capital importancia que el poema de estrofa 5-7-5 contenga kigo, necesita de otros requisitos para que lo consideremos “haiku”; y, por otra parte, si aún faltándole el kigo, al leerlo se nos queda un regusto a haiku, lo podríamos aceptar como “Haiku sin estación”.

© Isabel Pose, 2019

Ukiyo-e: las estampas japonesas del mundo flotante - K-magazine

Kazuo Ishiguro seleccionó un libro de Mariana Enriquez como uno de los mejores del año. — Andando tras tu encuentro…

El Premio Nobel de Literatura calificó la colección de cuentos «Los peligros de fumar en la cama» como «el descubrimiento más emocionante» de obras de ficción desde hace algún tiempo. El volumen de cuentos «Los peligros de fumar en la cama», de la escritora Mariana Enriquez, que estuvo nominado este año al prestigioso Booker Prize […]

Kazuo Ishiguro seleccionó un libro de Mariana Enriquez como uno de los mejores del año. — Andando tras tu encuentro…

Fractal de Rubén García García

Sendero

Aun no sabe, o quiza no recuerda, cómo fue que se convirtió en un hombre mosca. Imposible volver atrás. Por las feromonas se apareó con una mosca verdiroja. Los huevecillos se abrieron y hubo hombres mosca y moscas hombres, semanas después se volvieron aparear y el resultado fue hombres moscas y moscas hombre, al tiempo continuaron apareándose el hombre mosca con la mosca hombre…

Hola Hombre Mosca - YouTube

La máquina del tiempo: el ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha Ejemplo de metaficción por Ana María Shua

Sendero

A través de este instrumento rudimentario, descubierto casi por azar, es posible entrever ciertas escenas del futuro, A través de este instrumento rudimentario, descubierto casi por azar, es posible entrever ciertas escenas del futuro, como quien espía por una cerradura. La simplicidad del equipo y ciertos indicios históricos nos permiten suponer que no hemos sido los primeros en hacer este hallazgo. Así podría haber conocido Cervantes, antes de componer su Quijote, la obra completa de nuestro contemporáneo Pierre Menard (Shua, 2009: 332).

La autora, mediante la posibilidad del viaje en el tiempo, plantea la posibilidad de que haya sido Cervantes quien tomó la historia del Quijote que creó en realidad Pierre Menard. Esto subvierte el orden tradicional de la historia y obliga al lector a reimaginar un “orden otro” mediante la posibilidad de otros mundos no regidos por los parámetros de lo real.

Fragmento de un artículo de Lucía Leandro Hernández publicado en microtextualidades

Siete cosas que (quizás) no sabías de El Quijote

Ana María Shua: “Cuando empezamos a escribir, creemos que podemos contar el universo” – Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2020/07/17/ana-maria-shua-cuando-empezamos-a-escribir-creemos-que-podemos-contar-el-universo/

El cartero

Sendero

El estudiante enamorado partió para hacer un postgrado. A diario sacaba fuerzas para escribirle y recordarle lo mucho que la amaba. Que tres años se pasan pronto, que tuviese paciencia. Dos años después, montada en una veloz motocicleta, se fugaba con el cartero  

 No una, sino dos al día escribiría a su amada.

Tiempo después ella se fugaba con el cartero

Hermoso Joven Cartero Con Letra Sobre Fondo Color: fotografía de stock ©  serezniy #494513246 | Depositphotos