El tiempo en la narración continuación de Eduardo Benavides

Es frecuente que en nuestro taller, como en muchos otros, se hable de estructuras narrativas… aunque a menudo no sepamos bien a qué nos estamos refiriendo. Y encontrarán muchos libros sobre los que se hable de manera más o menos profusa, más o menos profunda y más o menos clara de ello. Pero a nosotros por ahora nos basta con saber que al hablar de estructura narrativa básicamente nos estamos refiriendo a la correlación articulada de lenguaje, composición argumental y esquema de este último, que a su vez comprende (1) las situaciones iniciales, (2) los conflictos o complicaciones, (3) la resolución y (4) el desenlace o situación final. La estructura de una narración es pues su andamiaje, aquellas líneas de tensión sobre la que se sustenta la historia. Necesitamos así un umbral o marco narrativo que es la presentación de los personajes y del escenario donde se desarrolla la acción. Este se propone como el espacio para el acontecimiento desencadenante, la chispa que genera los acontecimientos al romper el equilibrio formulado al principio de la narración y desencadena el conflicto y las acciones que se manifiestan para resolver este último (ya vimos en clases pasadas este núcleo) y finalmente el desenlace al que se llega una vez superado el conflicto. Por supuesto, este planteamiento teórico nos puede ayudar a entender mejor el mecanismo interno de una narración, pero de ninguna manera nos ayudará a formularlo. Para lograr esto último, lo mejor es proponerse alguna tarea práctica que nos ayude a entender mejor esta situación, además de analizar algún cuento y acertar con su arquitectura.

 

Bartolt Brecht

Un hombre que desde hacía mucho no veía al señor K, lo saludó con estas palabras:
—No ha cambiado usted nada.
—¡Oh! —exclamó el señor K, palideciendo.
Bertolt Brecht

Basho

La primera nieve
Las hojas de los narcisos
apenas se inclinan

Bashō tenía un talento especial para los detalles minúsculos.
Como el efecto de la nieve sobre las hojas de los narcisos.
Me lo oirás decir muchas veces: la importancia de los detalles es capital y, si están bien elegidos, permiten mostrar una escena de forma más clara y verosímil.
Bashō no solo se fija en como la nieve se acumula sobre las hojas, sino también en la «leve inclinación» que su peso les provoca.
Dar este nivel de detalle obliga al lector a imaginar la escena de un modo más intenso. ¿Acaso no has sentido, al leer el poema, la necesidad de «acercarte» más a las hojas para poder percibir esa «leve inclinación»?
Si un pasaje de tu texto resulta demasiado abstracto o es difícil de imaginar, añádele un buen detalle y este se encargará de darle vida.

Los mejores haikus de Matsuo Bashō (y lo que puedes aprender de ellos)

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El tiempo y la estructura narrativa de Eduardo Benavides

El tiempo, como hemos estado viendo hasta ahora, es el primer elemento de una estructura narrativa, después del lenguaje. Así, los acontecimientos de una narración, temporalmente hablando, pueden presentarse de múltiples formas, atendiendo a la elección que hagamos de nuestro tiempo cronológico y de nuestro tiempo narrativo o estructural. De manera que una  historia puede escribirse de manera alternada, gracias a la técnica del contrapunto, que nos va contando dos historias intercaladas y por lo general diferenciadas entre sí gracias al uso de episodios o capítulos alternos. También puede presentarse fracturando su tiempo, intercalando fragmentos de la historia sin seguir un orden cronológico, como si fuera un collage temporal. Tan pronto vemos una escena del presente, como una del pasado remoto u otra del pasado inmediato, generando en el lector la necesidad de reorganizar cronológicamente los hechos.  De igual modo, podemos contar la historia desde una múltiple perspectiva temporal, en la que cada personaje es seguido desde un tiempo distinto a  fin de que sea el lector, nuevamente, el que organice la secuencia cronológica de los acontecimientos… Naturalmente estas organizaciones temporales se dan más bien en las novelas, cuya extensión permite este tipo de desenvolvimientos narrativos, pero sobre todo atienden a una estructura mucho más compleja habida cuenta de la participación de más personajes y tramas más arborescentes.  Y a veces, esta perspectiva modifica también la apreciación de los hechos ocurridos o la de los propios personajes, pues alterando el ángulo desde donde se observan las cosas, estas pueden no parecer las mismas… Por ello, creemos necesario recomendar la lectura de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, Mientras agonizo, de William Faulkner y Quién de nosotros, de Mario Benedetti.
Es frecuente que en nuestro taller, como en muchos otros, se hable de estructuras narrativas… aunque a menudo no sepamos bien a qué nos estamos refiriendo. Y encontrarán muchos libros sobre los que se hable de manera más o menos profusa, más o menos profunda y más o menos clara de ello. Pero a nosotros por ahora nos basta con saber que al hablar de estructura narrativa básicamente nos estamos refiriendo a la correlación articulada de lenguaje, composición argumental y esquema de este último, que a su vez comprende (1) las situaciones iniciales, (2) los conflictos o complicaciones, (3) la resolución y (4) el desenlace o situación final. La estructura de una narración es pues su andamiaje, aquellas líneas de tensión sobre la que se sustenta la historia. Necesitamos así un umbral o marco narrativo que es la presentación de los personajes y del escenario donde se desarrolla la acción. Este se propone como el espacio para el acontecimiento desencadenante, la chispa que genera los acontecimientos al romper el equilibrio formulado al principio de la narración y desencadena el conflicto y las acciones que se manifiestan para resolver este último (ya vimos en clases pasadas este núcleo) y finalmente el desenlace al que se llega una vez superado el conflicto. Por supuesto, este planteamiento teórico nos puede ayudar a entender mejor el mecanismo interno de una narración, pero de ninguna manera nos ayudará a formularlo. Para lograr esto último, lo mejor es proponerse alguna tarea práctica que nos ayude a entender mejor esta situación, además de analizar algún cuento y acertar con su arquitectura.

El sembrador de dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
-Que tal anciano? La paz sea contigo.
– Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.
-¿Qué haces aqui, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
-Siembro -contestó el viejo.
-Qué siembras aqui, Eliahu?
-Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.
-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
– No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…
-Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
-No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé.. lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?
-Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

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La parábola

Denominamos parábola a una narración con un doble significado: el primero en la forma de un relato simple; el segundo es la proyección a un tema, por analogía o alegoría, en un nivel más profundo y con un fin didáctico o de enseñanza moral. Podemos usar como ejemplo las parábolas que se incluyen en el Nuevo Testamento:
“Salió un sembrador a sembrar, y de la simiente, parte cayó junto al camino, y viniendo las aves, la comieron. Otra cayó en un pedregal, donde no había tierra, y luego brotó, porque la tierra era poco profunda; pero levantándose el sol, la agostó [maduró], y como no tenía raíz, se secó. Otra cayó entre espinas, las cuales crecieron y la ahogaron. Otra cayó sobre tierra buena y dio fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.” (Mateo 13, 3-8)
La parábola es, pues, una forma simple de la narrativa sin distracciones, breve, precisa, que evoca un ambiente concreto a través de una acción y su resultado. Su doble significado no es explícito, pero generalmente tampoco se mantiene secreto u oculto, más bien se proyecta implícito para los lectores, como en el anterior ejemplo.
La parábola se diferencia de la fábula, en que ésta emplea animales, plantas o seres inanimados como personajes y con frecuencia señala el código para su interpretación.

(Gómez-Martínez)

Los mejores cuentos y parábolas para enseñar valores

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El hay-ku epitafio de Issa

En 1824 vuelve a casarse, pero el matrimonio no parece funcionar y sólo dura unos pocos meses; dos años más tarde se casaría por tercera y última vez. En está época, Issa empieza a tener problemas de salud y los últimos meses de su vida los pasa viviendo en un viejo granero sin ni siquiera ventanas tras un incendio que termina con su casa. Muere así en 1827, con sesenta y tres años de edad, sin llegar a conocer a su hija Yata, que sería su única descendiente. El epitafio de su tumba, como no podía ser de otra forma, sería uno de sus haikus:

Reconstrucción del granero en el que Issa pasó sus últimos días, en Shinano

“Después de todo 

esta va a ser mi casa: 

cinco pies de nieve.”

Bio

Kobayashi Nobuyuki nace el 15 de junio de 1763 en el lugar de Kashiwabara, Shinano (Nagano), Japón. Perdió a su madre de niño, quedando al cuidado de su abuela, se fue de su casa y vagabundeó como poeta-monje a los 40 años. Tuvo varios hijos y todos murieron. Kobayashi Issa nació en el seno de una familia campesina, dedicada a la agricultura, la actividad más habitual en el Japón feudal del siglo XVIII. Conoció a los haiku de la mano de un poeta llamado Shinpo. Su padre vuelve a contraer matrimonio nuevamente e Issa pasa a quedar al cuidado de su madrastra, una persona muy agresiva que lo maltrata constantemente, propinándole golpizas terribles que se agudizan con el nacimiento de su hermanastro.
En 1777, Kobayashi Issa viaja a Edo (Tokio), lo que significó un cambio radical en su vida, trabajando en un templo budista y estudiando haiku en la escuela Katsushika. La ciudad de Edo, lejos de los maltratos de su madrastra, con nuevas gentes y paisajes fascinó al poeta. Utilizó pseudónimos en sus primeros haiku hasta que en 1792 comenzó a llamarse Kobayashi Issa: «Con la primavera Yataro renació convertido en Issa». Tiempo más tarde viajó por diferentes ciudades, entre ellas KyotoOsaka y Nagasaki, teniendo que trabajar duramente para sobrevivir, pese a que su popularidad como poeta aumentaba.
En 1801 fallece el padre a causa de la fiebre tifoidea y por desacuerdos con la herencia le impidieron cumplir la última voluntad de su padre la de instalarse en Kashiwabara, logrado recién en 1813. Tras ello, Kobayashi Issa se casó con una joven del pueblo, continuando las situaciones trágicas que marcaron su vida con la muerte de sus cuatro hijos y su mujer en los diez años que le siguieron.
En 1825 volvió a casarse, divorciándose al poco tiempo y nuevamente contraer matrimonio tiempo después. Tras el incendio de su casa, Kobayashi Issa pasó sus últimos años en la pobreza, muriendo sin llegar a ver el nacimiento de su última hija. En sus haiku, siempre reflejó la belleza de las cosas simples de la vida y el amor por la naturaleza.

Bernard Shaw

Me he librado del soborno del cielo. Cumplamos la obra de Dios por ella misma; la obra para cuya ejecución nos creó, porque sólo pueden ejecutarla hombre y mujeres vivientes. Cuando me muera, que el deudor sea Dios y no yo.

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Encuentro RGG

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Tenerte así…dos hojas empalmadas. Quién es una y cuál es la otra… dos hojas que podrían ser una; tú el haz, yo el envés. En silencio, sin respirar, en una quietud secreta.
Luego, las respiraciones acaloradas, estertóreas, que empapan al algodón. Silbamos a seguidillas, y ondulamos nuestros cuerpos: el jadeo duele y extasía. Ola, brisa, marea, estallido y sueño soñando a la sueñera.

La primera cana de Gustavo Masso

Cuando la señora se descubrió la primera cana, quiso arrancársela de un tirón, pero como el odioso pelo blanco se prolongaba, tiró y tiró, mientras su cuerpo se destejía, hasta que sólo quedó una niña que lloraba asustada.

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Contar la historia. el tiempo, por Eduardo Benavides

Naturalmente, como hemos visto en la clase pasada, la elección de nuestros tres tiempos a la hora de elaborar una ficción requieren paciencia y astucia, saber calibrar con cuidado desde que ángulo voy a contar mi historia, pues algunas requieren la solidez de un tiempo cronológico bien articulado y férreo mientras otras exigen saltos temporales y una flexibilidad en los tiempos verbales que le den mayor plasticidad. Y aunque la elección del tiempo verbal suele ser más clara y casi siempre escorada al pretérito (pues ello nos suele otorgar una amplitud de maniobra mayor que otros tiempos), no suele resultar muy clara la elección del tiempo cronológico, casi siempre en contrapartida con el tiempo narrativo o estructural. Es necesario saber que estos dos tiempos rara vez coinciden, pues una de las máximas de la buena narración es generar interés en lo que se cuenta y esto, en contra de lo que piensan algunos, no está en la historia en sí, sino en cómo la contamos. Nuestro lenguaje y nuestra estructura. Si empezamos por el punto más remoto de la historia y seguimos indesmayablemente hasta el final, lo más probable es que desinflemos la tensión, pues no hay anticipación ni suspense y ni siquiera suspensión de los acontecimientos. De manera que lo primero que vamos a tener en cuenta es que los hechos se proponen o bien simultáneamente o bien sucesivamente. Y ello presenta una serie de singularidades, como veremos en las próximas sesiones.

La mudez * Ernesto de la peña

 No hay seres de mayor mudez en la creación que las humildes piedras, sostén de nuestros pies.

Nació en la Ciudad de México, el 21 de noviembre de 1927; murió el 10 de septiembre de 2012. Narrador, ensayista y poeta. Estudió Letras Clásicas en la Universidad Nacional y Lingüística Indoeuropea; griego, latín, hebreo, sánscrito y otras lenguas. Fue catedrático de religiones orientales, literatura griega y Biblia en el Instituto Helénico, y de técnica de la traducción y de lengua alemana en el Instituto de Intérpretes y Traductores; comentarista y conductor de programas de televisión y radio (“Testimonio y Celebración”, “Tres minutos con Ernesto de la Peña”, “Los Tiempos de la Música” y «Operomanía»). Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1993. Tradujo algunos textos de Anaxágoras, Hipócrates, Rilke, Nerval, Mallarmé, Valéry, Ginsberg y t. s. Eliot. Colaborador de la Enciclopedia Dantesca editada en Italia, El Sol de México, Excélsior, Milenio, Siempre! y Vuelta. Miembro del snca desde 1994. Premio Xavier Villaurrutia 1988 por Las estratagemas de Dios. Premio Nacional de las Ciencias y Artes 2003 en Literatura y Lingüística. Medalla de Oro otorgada por Bellas Artes en 2007. Premio Alfonso Reyes 2008. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo, en su modalidad de publicación o programa cultural por radio, por sus programas de radio Al hilo del tiempoMúsica para Dios y Testimonio y celebración, en 2009. Medalla Mozart 2012, otorgado por la Embajada de Austria en México. xxvi Premio Menéndez Pelayo 2012, otorgado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Cantabria, España. Medalla Belisario Domínguez, 2012 (post mortem).

-El título es mío.