El cielo arde, y del río quedan mojones de agua. No hay nubes. Sueñan los sapos bajo tierra con la lluvia, sólo sol y un maíz cabizbajo, pero en un estornudo… el día abre encharcado.
Los sapos dejan de soñar, y el maíz baila huapango con el viento.En ausencia de los santos, en el silencio de las lenguas, el agua llegó despertando los tambores dormidos del tejado. Todos salieron a mojarse y a sentirse purificados.


Cuando camino por la arboleda percibo que una estatua me observa. Giro la cabeza con rapidez para sorprenderla; acepto que su mirada es más dura que la mía, desvío mis ojos y un sabor de hojas removidas me abraza.
Desde la ventana divisé la cara de asombro de un niño que veía un pájaro verde limón. El ave se había posado sobre los hilos retorcidos que sirven de protección. ¿Qué habrá pensado el niño? Tomé la cámara, puse el zoom y casi pude ver en los ojos del niño, los ojos del alado que parecía tener una mirada suplicante, pero quizás veía lo que no era, pues en el reflejo del cristal, daba la impresión de ser dos amigos que charlaban del sol cotidiano y de los copos de nieve que se desprenden de la flor del limonero.
Rasgó el sobre y leyó el resultado: » El ochenta por ciento del personal a su cargo, ha tenido una o más prácticas de corrupción» .





