Metámorfosis

Soñé que corría desorientado por los arenales y los hilos de  las telarañas cruzaban mi cara.  Respiraba  haciendo hipos y  por el frío  de la  madrugada mi cuerpo era un temblor.

Anteayer que leía el periódico, miré hacia  la ventana y no pude percibir el reflejo de mi rostro,  – Lo atribuí al cansancio-. Una mañana frente al espejo,   quitándome una escama de la cara, vi que uno de los dedos  faltaba. Sonreí.  Pues  me  percaté que éste se escondía detrás de los otros.

Los sueños no variaban. Corría entre los arbustos preso de confusión sobre los médanos. En  las espinas quedaban jirones de piel. Algunas veces escuchaba el ruido sordo de mis pisadas, en otras, el murmullo del mar y el silbido de la brisa cuando  ésta roza los tallos secos de las ramas.

Siempre de la oficina a la casa, si acaso pasaba a una tienda a comprar víveres, la mayor parte de las veces latería de salmón, en la creencia que el aceite era bueno para las funciones mentales. Leía y leía y de pie miraba la calle y a la muchedumbre,  hasta que ésta,  quedaba solitaria; moviéndose  solamente los colores del semáforo.

Las noches transcurrían con lentitud. Mi corazón parecía anunciar con su tambor un espectáculo circense – Ese,  donde el lanzador de cuchillos parte a la mitad una manzana y ésta descansa en la testa de una mujer hermosa-. Revoloteaba en la cama como una libélula que aletea dentro de un frasco de vidrio. Cuando me situaba en posición fetal, el corazón parecía ubicarse dentro de mi boca y el latido repercutía en las sienes. Sigue leyendo «Metámorfosis»

Negrura

Hace tiempo dañaste a reyes y aldeanos. Los que sobrevivieron quedaron ciegos y carcomidos. No discriminaste. Hoy vives encarcelada. En mis noches de perversidad mezclo tus ácidos para hacerte más letal. Me incita pensar que un descuido puede ser mi oscuridad. Un día, cuando nadie te nombre y solo seas referente en libros empolvados quitaré tus  grillos. Te dejaré olvidada en algún aeropuerto y quince días después brotarás en forma de vesículas hediondas de pus y de muerte. En la hecatombe te preguntaré: ¿Estás satisfecha?

La ocasión

¿Recuerdas cuando Juana te dijo que ella ya no podía seguir trabajando contigo? Pero que sabía de una prima que podría hacerlo. Le preguntaste si tenía buena presentación y ella contestó con familiaridad que sí. Juana te conocía bien y supo interpretar lo que tu querías decirle, pues al responderte movió las manos dibujando dos paréntesis.
Dos días más tarde llegó con su prima. Joven, bien formada, con acné en la frente y respondía al nombre de María. Habló lo elemental y mirando hacia abajo. Tenía conocimiento de primeros auxilios. Trabajaría por la mañana y por la tarde y sus obligaciones serían: mantener el local aseado, ordenar el medicamento, recibir la consulta, tomar signos vitales y ayudarte con la clientela femenina.
Por ese tiempo eras parte de un club de corredores por tu afición. Te veías delgado, elástico y resistente. Todos los días corrías de veinte a treinta minutos y los domingos trotabas con media docena de corredores. El local no tenía lujos, pero si era amplio y cómodo. Como una breve casa. Tu compromiso: atender de las nueve de la mañana a dos de la tarde.
Salió lista la muchacha: inyectaba, ponía sueros, y poco a poco enseñaste las complicadas formulas de las medicinas y cómo preparar pomadas de manera artesanal. Amén de que con paciencia la instruiste de cómo insertar un espejo vaginal y tomar muestras para el diagnóstico de cáncer. Me atrevo a decir, que mirar de cerca los aspectos íntimos dio oportunidad para dialogar sin prejuicios. En dos meses Sigue leyendo «La ocasión»

El perfume

Pensó que dicha botica no existía, al encontrarla redobló las esperanzas. Al cruzar la puerta percibió un olor de antigüedad  y, al recargarse sobre el mostrador de cedro el aroma se hizo penetrante.
Deseaba un perfume. El anciano se le acercó. Lo  atendió como si fuese un viejo cliente que recién llega de un largo viaje. Después desapareció tras de una puerta que parecía de juguete.
— Por favor aspire y me dice si es de su agrado.
Con el primero sintió la soledad de su niñez; con el segundo, apretó los ojos y  llegaron sensaciones vagas de una novia a la que jamás le dio un beso. En el tercero se vio de la mano con Martha. Una nueva aspirada y se encontró con dos años de coincidencias. Esas pláticas tan intensas donde el sueño se espanta; en el que las intimidades brincaban de la sábana al cielo.
Al día siguiente ordenó un ramo de flores, sobresaliente en rojos y amarillos.
—Rosas, de preferencia.
— ¿Adónde se las envío? —preguntó el dependiente— olisqueando el aroma sin tiempo.
— Al cruce de la Divina Providencia y Santa Fátima de los Remedios.
— ¿En qué colonia?
—En ninguna: es en el cementerio municipal.
Ya en el centro de la ciudad vio  a un grupo de universitarias que con sus libros bajo el brazo caminaban delante de él. Y exclamó para sí, ¡Lo que tengo  que hacer para cumplir la promesa de no olvidar!

 

Los patos

Llegué al pueblo cuando los patos volaban rumbo al sur. La choza olía a cera, a silencio. A ella confesé mi ánimo indiferente. Juntó hojas, flores y aceites que al hervir dejaron escapar aromas de raíces tiernas.

—Debe tomar la poción al anochecer.

Me despeñé en un sueño. Me vi en una procesión. Mi dedo medio parecía un cabo de vela. Llegué al altar frente a la sacerdotisa. Ella, ocultando mi cara con su túnica, besó mi boca y degusté el sabor de las almendras dulces. Desperté sudoroso, tratando de tomar una bocanada de aire. Los cantos de fe envolvían mis oídos, pero no lo suficiente, pues el graznar agudo de los patos enmudecían los golpes que propinaba al féretro al tratar de salir.

¿Los patos regresaban o se iban? Nunca lo supe.

Lágrimas negras

La mañana es húmeda y fría. Hace quince noches que la lluvia pertinaz se escurre por las callejuelas del pueblo ahogando los campos sembrados de papa. En la aridez, los viejos soplan sus manos para calentar el pulpejo de los dedos. Las nubes, percudidas de sombra presagian que el mal tiempo seguirá.
Los pobladores oran, y el murmullo busca un trozo de cielo dónde asirse; mas las gotas lo devuelven a la tierra.
Cuatro espectros montados en escuálidos caballos bajan de la serranía y las madres, desesperadas, abrazan el cuerpo de los niños. ¡Lloran sin lágrimas para no mojar más la tierra!

El cuadro es de Millet

 

Gracias por  el tallereo  Letra.

La paloma

Desde la antena de  televisión una paloma obesa  dobla el cuello y picotea sus alas. Espulga de parásitos su plumaje, alza la cabeza y divisa al sol vespertino. Es una tarde bochornosa, percudida por los vehículos que dejan una estela de inmundicias: aire remolido, vientos oxidados, espray de fetideces y una que otra virginidad masculina.
La antena   es insegura o quizá la obesidad del ave ha doblado la frágil lámina del tubo y ella decide aletear por precaución y se refugia en la cúpula de la iglesia. Desde allí se ve el “paseo de las bolsas”: es un espacio alumbrado de colores por luces de neón y música que eructan las bocinas dispuestas en torres.  Es una cuadra de sudores, donde las manos de los mujercitos mueven la cartera como si jugaran al boliche, y ellas— las mujercitas— la bambolean  al ritmo de la cadera y al golpe del tacón. Están en la misma calle, pero cada grupo ocupa diferente acera. ¿Qué se dirán las miradas? ¿Y aquel adolescente a qué puerta tocará? El policía está Indeciso no sabe hacía donde dirigirse, pero por donde vaya,  llevará  una pelota más en el vientre. El adolescente se ha ubicado estratégicamente y mira con insistencia a  ambos lados. Se lleva las manos a la bolsa de su pantalón y saca una moneda, juguetea con ella, la frota y luego la lanza  hacia arriba. Vueltas y más vueltas  en el aire,  como si fuese  un maromero. ¿Cara o cruz?,  ¿Águila o sol? Tal vez en el volado esté su vida. Cerca del cielo la paloma amamanta a los huevos con el calor de su cuerpo. Las campanas llaman a misa de las siete y las devotas apresuran el paso, doblando esquinas para evitar las embestidas del fauno.

 

La prueba

Ella estaba en un rincón de la sala orquestando sus manos largas que más que ganchos parecían batutas. Él fumaba y tamborileaba pensamientos; nada le parecía relevante. Intentaba recordar, pero las evocaciones pasaban veloces y livianas.
— ¿Qué haces?
—Tejo.
— ¿Es una corbata?
Ella ignoró el sentido irónico y siguió con la labor.
—Sólo practico un punto que resista cualquier embate.
Él salió dando un portazo. Respiró hondo; la fina lluvia
rápidamente lo cubrió.
— ¡Tu gabardina!— le gritó.Sigue leyendo «La prueba»

El viajero

Había caminado durante horas y cada vez que mi pie se arrastraba espantando chapulines salían capas de polvo que parecían nubes asustadas. La nopalera estaba seca, con algunas matas tasajeadas por los viajeros. Era la hora en que el sol afilaba las puntas de los magueyes.

¡Falta poco! me decían las gentes que se cruzaban conmigo, pero sólo veía una lengua seca que parecía no tener final. De pronto, fueron apareciendo vestigios de que no tardaría en llegar: un envase de plástico, una hoja de periódico y casas en la lejanía de un cerro.

El sol era tan candente que tenía que restregar el sudor para disminuir el ardor de la piel. Me imaginaba -mientras subía- una jícara de agua reciénSigue leyendo «El viajero»

LA PESCA DEL SÁBALO

Tomé mi tarjeta de crédito, la froté sobre el pantalón y la puse en la mesa. Prendí la televisión. Cuando vi el comercial de una aerolínea ofertando un descuento inusual, me alteré . Mi esposa dormía. Ella estaba enterada de que iría a la convención sobre ecosistemas que se efectuaría en una ciudad distante. No la desperté. Hice algunas llamadas por el teléfono móvil. La besé al despedirme y  salí a la calle con mi breve maleta. En el taxi me di cuenta que olvidé el celular y contradije la orden.

— ¡Lléveme al aeropuerto! por favor.Sigue leyendo «LA PESCA DEL SÁBALO»

¡AGUANTA HIJO!

Una semana antes había caído un rayo: aislado, seco, ausente de agua, que partió en dos al cedro. A puro golpe de hacha y machete lo desmenuzó; dejó el tronco principal con una rama adelante y varias atrás, con el propósito de que su hijo jugara. Juvenal, después de la faena, sudaba copiosamente.
El agua llegó sin aviso. Su esposa lo despertó porque lloraba el cerdo y el perro no cejaba de ladrar. Al levantarse para buscar el machete, se hundió en el barro hasta las rodillas. Se allegó a la lámpara, como pudo. ¡Dios! ¡La presa debe de haberse roto! Tomó el sable, el lazo; pensó refugiarse con su familia en casa de su compadre Filemón que había construido su casa mirando el cerro, pero cambió de idea, el arroyo no le dejaría paso.
— ¡Mujer, apresúrate! ¡El agua sube muy rápido!
— ¡Déjame al menos soltar los animales, para que ellos solitos busquen su vida! ¿Pero, adónde vamos?Sigue leyendo «¡AGUANTA HIJO!»

LA INUNDACIÓN

Llovía, llovía mucho. ¿Cómo le permití a ese borracho que se quedara en la cocina? Es cierto, me dio lástima y me puso su carita de triste.
— Nomás esta noche —me suplicó.
Y qué le iba a hacer, una no tiene corazón para decir que no; y con esa agua, ni modo que lo echara.
Sólo tuve tres hijos. Los varones se fueron lejos a buscar trabajo y prometieron volver. La mujer, según supe, andaba por ahí rodando. Del marido, mejor ni hablar: ése sólo se hizo silencio y humo.
Esta casa es mía, pero he pagado doble. La primera vez que la compré, fueron cinco años de lavar y planchar. Cuando me instalé, llegó la autoridad a cobrarme el predial, multas y recargos. Si no pagaba, me embargarían la propiedad. Sentí que me moría, me ataqué de lágrimas, sofocos y después de rabia.
Fui a la casa del presidente municipal. Mis manos sentían el frío y el filo de mi cuchillo. Esperé; llegó cerca de la media noche: en la puerta de su casa lo enfrenté y hablé con el coraje en la boca.
— Ustedes tendrán el gusto de quitarme la casa, pero las cosas no se van a quedar así, ¡todavía tengo buenas nalgas para ver a quién se las doy!
Me miró como midiendo mi enojo, no lo sé, pero sólo pagué el predial y me disculpó las multas.
Fueron ardores de tanto lavar y planchar que, con el tiempo, fertilizaron en reumas que me sorprenden en las madrugadas. Si tan sólo hubiera tenido otro hijo, a lo mejor estaría aquí, conmigo; pero, la verdad, ya no quise abrir las piernas,Sigue leyendo «LA INUNDACIÓN»

Un perro me sigue

Al mirar la tarde comprendí que no llegaría al entronque con la luz del día. El último paciente que visitaría moraba en el extremo opuesto. Estudiaba medicina y alguien me dijo: —Vaya a Chacotla, por allá los reumas se dan como si los sembraran y le queda como a hora y media de la ciudad de México.
Chacotla podría haber estado cerca del mar; tiene tanto polvo apelmazado que daba la sensación de ir pisando la arena; pero nada más. La gente limita sus solares con plantas de nopal y de ese modo protegen sus bienes y aprovechan la dulzura de la tuna.
Al caminar por las calles parece que sólo habita el silencio. Sus casas son de muros gruesos, ventanas pequeñas y una puerta. El frío, el polvo y su quehacer atan a los chocotlenses a ser serios y reservados.

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EL PREMIO “The Versatile Blogger

Este blog nació  con la idea de dar  orden a un caótico número de textos de prosa, poesía, minificción y demás. Hoy lo veo y no me encuentro satisfecho, pues el caos se ha peinado pero allí está. Jamás tuve la idea de hacerlo para obtener algún reconocimiento o premio. Quizá el mejor estímulo que he tenido es que un grupo de blogeros me ha acompañado en el camino. Pues el oficio de escribir se hace en soledad y uno se ve animado por los comentarios que llegan de tan lejos. -El humo mágico del buen Carlos-  Ayer, una amiga recién me dio la sopresa de que me había otrogado  el premio:The Versatile Blogger”. Ella es flori, quien tiene un blog que escribe con sencillez y aporta reflexiones  acerca del mundo, de la vida. Ella al recibirlo lo narra de la siguiente forma:

«…En fin quiero darle las gracias a  Candy Rose White por otorgarme este premio, ¡Me has regalado una alegría amiga!.  Ella es una mujer muy especial y se puede percibir a través de sus palabras llenas de cariño y amistad.  Ella a su vez recibió el premio de nuestro amigo Alan Rulf, cómico periplo, mítico; el lo recibió de las manos de Mercedes, nuestra abuelita virtual, y ella de Cruz del Sur, nuestro entrañable amigo». Como ven el premio va de mano en mano y el significado que veo es entrelazar a los amigos que teniendo  un quehacer común nos  conozcamos  a través de una cuerda de amistad y de afecto.

Las cosas que puedo decir de mí  teóricamente deben de ser bastantes por el recorrido que he tenido en la vida, pero ella también me ha dicho que el silencio es la música adecuada para la creación. Me complase ser útil y poder ayudar a mis convivientes,  quizá esa fue una de las razones por el que estudié medicina y una maestría en salud pública. Traer niños al mundo, rescatarlos de las enfermedades y educarlos para su desarrollo físico y mental.  El arte en todas sus manifestaciones satisface mi deseo interior. La música es compañía permanente, desde  los grandes clásicos, hasta las manifestaciones populares que definen el caracter de una región.  La pintura  me llena los ojos y después mueve mis sentimientos. Me extasía el impresionismo.  Hubo un momento en mi vida que mis piernas se sintieron enormes y me atraganté de paisajes y corrí bajo los naranjos, bordeando el mar y dejando huellas en la playa.  Nada más  bello que sentir como te golpea el viento y cómo avanzas entre caminos viejos, mirando las curvas del río y trotando bajo la lluvia . Cuántos pensamientos dejados a la vera.  La vida te cobra facturas y tanto trote limó mis rodillas. ¿ Pero quién te quita lo bailado?

Amo a  mi familia, mi madre, mis hermanos, mi esposa, hijos y nietos que tengo. Amo el jardín cuando el fruto revienta  o cuando la flor se mece bajo una tarde  fresca.

Hay talento en todas partes del mundo. Sin embargo elegiré basado en el afecto  y gusto  que me han causado. Antes doy gracias a flori por  dedicarme este premio, mismo que dare  a Ann y Stella.

El premio es para Anne Fatosme. http://annefatosme.com/ y para Stella Mantrana http://apuntodecaramelo.wordpress.com/

Felicidades para ambas.

LA VISITA

Entré con timidez y respeto. Para llegar al corredor eludí flores de durazno y arabescos de arañas en los perones. Salió una niña espigada, pelo largo, tez morena y una sonrisa franca. Le pregunté.
— ¿Aquí vive la señorita Edna?
Asintió. Me vio cansado y me ofreció una poltrona. Acepté y se lo agradecí devolviéndole la sonrisa. Poco después salía.
—Dice mi hermana que si no la espera tantito. Al mismo tiempo que me traía un jarro de agua y otro de café.
—Ahorita le traigo pan, verá que le gustará reteharto, pues anoche lo hizo mi abuelita.
¡Claro que me gustará! Este pan sólo lo comes por estas tierras de frío con hornos de barro y flores de durazno. —Pensé.
El corredor era largo y estaba resguardado por grandes macetas con helechos, azaleas y enredaderas que al escalar llenaban los ángulos formando un arco de hojas y flores.

         Salí antes de que se poblara la mañana. El pasto vidriado de rocío era una película donde se imprimía mi sandalia. Me pregunté ¿Cuántas generaciones habrán transitado por estos senderos? Sigue leyendo «LA VISITA»