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Póquer
Dejé todo por estar a tu lado, y vivimos sólo para los dos.
Hoy me evitas. Callo. Comprendo que nos hace mal seguir montados en un viento que no existe.
En la próxima, cuando transitemos por la plaza central, responderé a tu sonrisa con otra, como un jugador que enseña su juego, sabiendo que tiene otro menor.
Los cotorros
He visto relámpagos horizontales en un zig-zag iridiscente. Creí ver el verde de las naranjas, el amarillo de los crisantemos,
mas por la gritería no pude menos que admirar que eran parvadas de cotorros que transitaban sobre la ciudad borrachos de vida,
sin respetar el rojo de los semáforos ni el silencio obligatorio de los hospitales.
Reclamo
Una voz tronante detuvo la mano.
— ¡No me toque!
Él apretó las mandíbulas y cerró los puños. Ella aprovechó su desconcierto y lo miró con nauseas.
— ¡No se atreva ni a verme! ¿Piensa que soy una estúpida? Que no me daría cuenta que es mi medio hermano y vino a proponerme matrimonio, que lo hace con el fin de lastimar a mi madre. ¿Quiere venganza? Mire, aquí está la pala, desentierre a nuestro padre y exhíbalo. Mi madre y yo no tenemos la culpa. ¡Ahora lárguese!
Lloró de rabia, pero más de desilusión.
* intertextualidad con el dramaturgo O Neil
¿Tú lo crees abuela?
— ¿Así que tú crees eso, abuela?
— ¡Y cómo no! Si lo haces frente a mí. ¿Qué no harás cuando no te veo?
— ¡Pero si no hago nada malo!
—Nadie es tan menso como para echarse la culpa.
— ¿Dónde está lo malo? No hice más que medirme el vestido que me quedaba mejor.
— ¿Crees que me vas a engañar con que no sabías lo que hacías? ¿Te haces la tonta?
—Bueno. ¿Qué fue lo que hice mal?
— ¡Te parece poco! Si sabías que te ibas a medir ropa, lo primero que debías haberte puesto fue un brassiere y un fondo.
—Pero sabes que traigo puesto un jean, un top y una blusa holgada; y no es necesario. Además, dijiste que te acompañara al mercado. Yo ni siquiera sabía que íbamos a pasar por la boutique.
—Muy bien que sabes que cuando venimos al mercado te gusta ver la ropa nueva que ha llegado. Y luego me convences de que te compre al menos una blusa.
— ¡Hoy no me compraste nada!
—Con el enojo y la vergüenza que me hiciste pasar sólo quiero darte de nalgadas.
— ¿Por qué sientes vergüenza?
— ¿Y todavía me lo preguntas? ¿Qué ha de haber pensado el señor? Sólo con recordar, me arde la cara; y por más señas que te hacía que nos fuéramos, te medías y medías los vestidos.
— Y a poco, ¿no se me veían bonitos?
— Te encanta, por lo que veo, provocar a los hombres. ¡Mira, mira lo que hiciste! Te mediste como media docena de vestidos, tres de ellos con el escote que se te veía medio pecho y con lo transparente de la tela dejabas ver los pedacitos de pantaletas que usas. ¿Qué ha de haber pensado el señor?
— ¿Tú lo crees abuela?
— ¡Claro! El señor es una persona educada y, por eso, no decía nada.
— ¿Tú lo crees abuela?
— ¡Claro que lo creo! Él con el afán de servir a la clientela, te tuvo paciencia. Además, le dejaste la ropa amontonada en el vestidor; y después de que no le compraste nada, se ha de haber enojado.
— ¿Y tú lo crees abuela?
— ¡Pues claro que lo creo!
—Yo creo, abuela, que si voy mañana me atenderá, no me dirá nada y estará gustoso de que me mida sus vestidos. Yo creo eso abuela. No sé por qué no lo crees tú.
PUROCUENTO RESULTADOS ESTADÍSTICOS
EL BLOG PUROCUENTO WWW.TEECUENTO.WORDPRESS.COM Es una plataforma de cuentos de todo el mundo, lo que leo y selecciono. Espero que la visiten cuando deseen. Un abrazo
Los buenos amigos y los que vendrán
Eres palabra de agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.
Caminas entre mis zapatos ofreciendo apoyo a mis cansancios, a mi poesía que necesita belleza, viento, ala y libertad para amar o construir muros de silencio. Eso es grande, tanto como pulsar el cielo y la fatiga de la mariposa.
Los números de 2013
Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.
Aquí hay un extracto:
La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 11.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.
La dieta
En mi tribu cada año nacen menos y enterramos más. La recolección de leña es pobre, y el frío que se avecina será atroz. El valle se ha ido marchitando. El forraje fresco lo disputamos con los animales. Si emigrásemos, las montañas serían nuestra tumba.
Chak, Chia y yo fuimos hacia la manada de puercos. Ningún animal nos teme porque somos vegetarianos. Con sigilo, apartamos dos pequeños del rebaño y los purificamos con fuego en la pedrera. La tribu se resistía a comerlos, pero los estimulé cuando yo lo hice.
El ulular del viento anuncia las heladas. Hay suficiente leña y los críos tienen sol nuevo en sus ojos.
El consejo
El viejo Doctor Torres abrazó a su ahijada y la llevó a un anexo del consultorio. Con los ojos dilatados la púber miró los botellones donde estaban suspendidos desde el feto más grande al más chico. Los cráneos simulaban pelotas macabras de diferentes tamaños y de ojos sin mirada. La mano del doctor recorrió su cuello y le jaló la oreja.
— Cada vez que forniques, siempre estarás en riesgo de que tu matriz forme una criatura como las que están en los frascos.
Años después, cuando hacía el amor, ella veía en la frente de su amante aquellos ojos que con una mirada ausente la juzgaban.
El cd
A esas horas la multitud corría estrepitosa. Los carros fluorescentes tomaban el carril de acuerdo a la amplitud de onda y se desplazaban dejando un silbido melodioso en el ambiente. Miró la banda. Los sensores identificaron su estructura metabólica y le dieron paso al interior del museo.
—No tenemos mucho tiempo, amigo. Créame que arriesgo mi trabajo. Sólo disponemos de treinta minutos. Ésta es una de las pocas máquinas que aún funcionan en el mundo. Pero… ¿Sabe utilizarla?
—Por supuesto que sí. Hace setenta años había miles.
—Confío en usted. Lo dejo. Voy al centro de vigilancia.
Tomó el disco compacto que celosamente había guardado. El brillo metálico reflejó su rostro ajado en la carátula; movió la cabeza. Recordó que la vida había sido justa con él, pero no le dio la oportunidad de estar al lado de ella. Prendió la máquina, y la luz del monitor se desparramó sobre su calvicie. Insertó el disco en la unidad. El láser tardaba en darle lectura. Poco a poco, aparecieron las letras como si hubieran sido escritas el día de ayer. Sintió un calorcillo e imaginó el momento en que esas líneas fueron tecleadas por ella. Relataban emociones, instantes de soledad. Transitaron desde sensuales momentos, hasta la opresión por la pérdida de su padre.
Volvió a leer lo que había sido el principio del silencio: “Siempre tuve la impresión de que un acto de infidelidad me dejaría con el sabor de haber masticado lo amargo de unas hojas y con un sentimiento sucio, pero contigo las cosas tomaron un rumbo distinto; a tu lado sentí la suavidad. ¡Nunca había percibido la brisa que nace de la montaña! Mi nombre fue hermoso en tu boca y tuve una sonrisa diferente al poseer el sabor de lluvia y cedro de tu cuerpo. En mis noches frías, la fragua de tus manos despertaba en mí a la mujer. Nada como sentir que vamos caminando por una banqueta y que tú cargas mis libros, y yo juego con tus labios en cada una de las esquinas en que nos detenemos y contemplamos la reunión de las cosas, pero…”
—Dispone sólo de tres minutos.
— ¿Hay alguna forma de pasarlo al nuevo formato?
—Tal vez, no obstante, lo desconozco; para nosotros es sólo chatarra tecnológica. Lo siento.
Vio las palabras una vez más y apagó el monitor.
Desasosiego
Bendito el marido que me ha tocado. Tiene horas que se fue, pero algo me dice que se quedó la mitad de él. Ya repasé la casa de cuarto en cuarto y no hay nadie. No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía porque es capaz de todo.
Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra. Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió como diciéndome: ¡eso no basta!
Cuando voy a hablarle a alguno de mis amigos íntimos, repiquetea el teléfono y es él preguntándome:
-¿Qué haces?
Me sobrepongo de mi sorpresa y le digo:
-Aquí, regando las flores.
Aún no sabe que el vecino tiene unas dalias hermosas.
Deseos
Petición
El café dejaba una nube de olor que se fundía con la luz de los faroles. Hasta nuestros oídos llegaban los arpegios de la guitarra de un trovador.
Mi voz suave y lejana:
– ¿Quieres casarte conmigo?
Tu cara encajó en el desconcierto, tus pupilas languidecieron.
-Eres especial, tenemos días increíbles, pero no es buena la idea- me dices con acento firme y besándome la mejilla.
Hoy estamos alejados. Tú vives administrando insumos y vidas, y yo… corriendo aventuras con el Quijote.




