untitledBendito el marido que me ha tocado. Tiene horas que se fue, pero algo me dice que se quedó la mitad de él. Ya repasé la casa de cuarto en cuarto y no hay nadie. No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía porque es capaz de todo.

 Hasta el viento que mueve las persianas me causa zozobra. Quemé mi agenda de soltera frente a sus narices y sonrió como diciéndome: ¡eso no basta!

 Cuando voy a hablarle a alguno de mis amigos íntimos, repiquetea el teléfono y es él preguntándome:

-¿Qué haces?

 Me sobrepongo de mi sorpresa y le digo:

-Aquí, regando las flores.

 Aún no sabe que el vecino tiene unas dalias hermosas.