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Senryu
Azul y blanco,
campanas perfumadas
que el viento mece.
El político

En el corredor de tu casa
tienes flores,
hamacas.
una poltrona que mece tu cuerpo;
una maceta que labraron indios purechas.
Bajo el silencio,
reclinandote en la mecedora
esparces tu maldad.
Llegan
como palomitas avergonzadas
la nausea,
la vergüenza,
lo servil
el cochupo
y la impunidad
Dando traspiés
llega un corazón confuso;
él no escogió
Ni tu alma,
ni tu cuerpo,
ni la avaricia.
Entre los pinos hayku9
El ruiseñor
Silba desde los pinos
Rumora el agua
Makiu, el hada y el león
Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega, deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Es que cuando cierro los ojos, sale un león y me persigue.
El Hada sonríe.
—Eso es fácil de resolver. duerme.
Al cerrar los ojos, Hay un enorme león y que la persigue. Ella abre los ojos y pregunta a la niña:
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quien se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe satisfecha cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sabana y cierra sus ojos, divisando la floración de las azaleas. Entre los tallos y las flores blancas, irrumpe el color negro de una melena y el brillo afilado de unos ojos
Hayku8
El viento y el frío
Desfloran las espigas.
Soledad del árbol.
Corazón en trote
A tu espalda sorprendo con una estampida de finas gotas.
Lluvia breve en tus sábanas agostadas.
Y te preguntarás ¿de dónde vino esto?
¿Por qué tengo perlado el sendero de mi brazo?
No hay nada que explique.
El corazón ha corrido toda la tarde visitando tu pensamiento
y sabes que el agua calma la sed y mi lluvia, a tu corazón.

Una lengua inflamada
Hay cosas para sopesar y nutrirse. Es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, lo escucharía pidiéndole que aplaque sus manías verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono. Quizá le regale un pincel y la paleta de colores. Mientras habla me instalo en la montaña que amplía la respiración del alpinista. Camino por la ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de campanas que las mujeres del pueblo fertilizan.
” Aun estás allí” -me dice- Y sigue relatando, las aventuras del portero, con la vecina del diez. y la mujer que llega a las doce y en carros diferentes,
El viento despeina y embellece a una mujer que me piensa.
Hayku 7
Un día gris.
Raudos pasan los autos
entre la niebla.
Hayku 6
Oscuridad
Se escucha el chapoteo.
Silencio y mar.
Las flores de limonaria
Qué lejos se ven los años en el tiempo, que cerca en el recuerdo. De nuevo veo la sonrisa de Noemí, cuando acostados bajo la sombra jugábamos a percibir la nieve con un sol de treinta y ocho grados; los copos eran las flores de limonaria.
Dónde te metes condenada muchacha le gritaba su abuela desde la choza.
Tankka

Las hojas del árbol
son viejas mariposas
que dejaron de volar.
Hay ku 5
Frío y más frío.
Se fueron las parvadas
y también tú.
Lo que besa la memoria

Jugué con canicas, trompo, balero y carritos de madera. Me gustaba caminar bajo la lluvia y brincar sobre los charcos; ver las mariposas que iban revoloteando y otras marchaban como soldaditos sobre las flores que abrían después de la lluvia. Lo mejor lo daba mamá: besos, abrazos sin ton ni son; café con leche por la mañana y pedacitos de harina que cocía en su estufa de petróleo. Ella decía que eran gatitos y yo me abrazaba a sus piernas.
Día para recordar








Puede ser de gota fina y fría o gruesa y golpeadora. El sol quemante, mediodía, domingo. Guayabera azul, manga larga, pantalón negro a la medida. Llevaba dos cuadras y todo cambio; el cielo se hizo negro y empezó el agua; sólo faltó que cayera un pez. Regresé a casa encabronado y con los zapatos de tela hechos mierda. Ha salido de nuevo el sol, es esplendoroso y falso.