EN ESTA PARTE VEREMOS DE CERCA OTRA SERIE DE MOTIVOS PARA TENER O NO TENER EL SOBREPESO.
a través de CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 2 — Neurociencias divertidas
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
EN ESTA PARTE VEREMOS DE CERCA OTRA SERIE DE MOTIVOS PARA TENER O NO TENER EL SOBREPESO.
a través de CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 2 — Neurociencias divertidas
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.



«Creo que podría transformarme y vivir con los animales.
¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!
Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.
No sudan ni se quejan de su suerte,
no se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados,
no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.
Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.
Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los congéneres que vivieron hace miles de
años.
Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo».
Walt Whitman – Hojas de hierba y Selección de prosas (Canto a mí mismo. 32).
Que sirva este fragmento del maravilloso Whitman como corolario a la entrada anterior, El poder de la lágrima fácil. Un hombre debe hacer lo que un hombre debe hacer, dice el saber popular y, lejos esta postura mía del machismo más…
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Sólo para bohemios y amantes del bolero en el programa de rodrigo cadena. Homenaje a Ema E. valdelamar, con la presencia de su hijo contando anecdotas de la gran compositora..
“Escribí mi primera historia hace veintiséis años en una de las bases del ejército con más seguridad de Israel. Por aquel entonces tenía diecinueve años y era un soldado espantoso y deprimido que contaba los días para terminar su servicio militar obligatorio. Escribí la historia durante un turno especialmente largo en una sala de ordenadores aislada y sin ventanas, en las profundidades de las entrañas de la tierra. Me quedé de pie en medio de esa sala helada y miré fijamente la página impresa. No podía explicarme a mí mismo por qué la había escrito y qué propósito se suponía que tenía. El hecho de que hubiera tecleado todas esas frases inventadas era emocionante, pero también me daba miedo. Sentí como si tuviera que encontrar a alguien que leyera la historia enseguida, e incluso si no le gustaba o no la entendía, podría tranquilizarme y decirme que haberla escrito era perfectamente normal y no otro paso más en mi camino hacia la locura.
El primer lector potencial no llegó hasta catorce horas más tarde. Era el sargento picado de viruelas que se suponía que tenía que relevarme y hacer el siguiente turno. Con una voz que intenté que sonara tranquila, le dije que había escrito un cuento y que quería que lo leyera. Se quitó las gafas de sol y dijo con indiferencia: «Ni de coña. Que te jodan».
Subí unos cuantos pisos hasta la planta baja. El sol que acababa de salir me cegaba. Eran las seis y media de la mañana y necesitaba un lector desesperadamente. Como suelo hacer cuando tengo un problema, me encaminé a casa de mi hermano mayor.
Pulsé el botón del portero automático a la entrada del edificio y la voz somnolienta de mi hermano respondió. «He escrito una historia —dije—. Quiero que la leas. ¿Puedo subir?» Hubo un breve silencio, y entonces mi hermano dijo con voz de disculpa: «No es buena idea. Has despertado a mi novia y se ha cabreado». Tras otro momento de silencio, añadió: «Espérame ahí. Me visto y bajo con el perro».
Unos pocos minutos más tarde apareció con su pequeño perro de aspecto desteñido. Estaba feliz de poder ir a pasear tan temprano. Mi hermano me quitó la página impresa de la mano y empezó a leer mientras caminaba. Pero el perro quería quedarse quieto y encargarse de sus asuntos en el árbol cercano a la entrada del edificio. Trató de atrincherarse con sus pequeñas garras en la tierra y resistir, pero mi hermano estaba demasiado inmerso en la lectura para percatarse y, un minuto después, me encontré a mí mismo intentando alcanzarle mientras bajaba a paso rápido por la calle, arrastrando al pobre perro tras él.
Por suerte para el perro, la historia era muy corta, y cuando mi hermano se detuvo dos manzanas después recuperó el equilibrio y, volviendo a su plan inicial, se encargó de sus asuntos.
—Esta historia es impresionante —dijo mi hermano—. Alucinante. ¿Tienes otra copia?
Le dije que sí. Me dedicó una sonrisa de hermano-mayororgulloso-de-su-hermano-pequeño, después se inclinó y utilizó la página impresa para recoger la mierda del perro y la tiró al cubo de la basura.
Y ese es el momento en el que me di cuenta de que quería ser escritor.
Incluso si no era consciente de ello, mi hermano me había dicho algo: que la historia que escribí no era el papel arrugado y untado de mierda que ahora descansa en el fondo del cubo de la basura de la calle. Esa página solo era un conducto por el que podía transmitir mis sentimientos de mi mente a la suya. No sé cómo se siente un mago la primera vez que consigue realizar un hechizo, pero probablemente es algo similar a lo que sentí en ese momento; había descubierto la magia que sabía que me ayudaría a sobrevivir los dos largos años que me quedaban hasta que me licenciara.”
Por Etgar Keret, del libro Los siete años de abundancia (DeBolsillo, 2014)

¿Qué podemos hacer para mantener el sobrepeso, y con este adorable carga conseguir la presión alta, la varices, la alteraciones hormonales, grasita en el hígado para que poco a poco sus células vitales se transforman en los tejidos fibrosos que a lo largo cambien el trabajo de este órgano importante y nos dejen morir en sufrimientos? Qué podemos hacer para apuntarnos a la diabetes, graves problemas coronarios, la artrosis y, por qué no, la infertilidad?
a través de CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 1. — Neurociencias divertidas
En entradas anteriores, colgué cuentos escritos por rusos, de Japón, ahora meteré mis narices sobre el medio oriente. Quién haya seguido la serie, deseo que hayan gozado como lo hago. Sucede que los cuentos son breves y no es complicado aprovechar unos minutos y alimentar el espíritu, otros requieren de más tiempo y concentración y si solo hay un instante, no es recomendable iniciar si se tiene trabajo quehacer. Nada complicado es copiar el cuento y pasarlo a un archivo y desues, con algo frío en la mano o un aromático puede degustarlo.
Yo me siento explorador de letras. A veces la presa llega solita. Le brindo mi domicilio y lo hago dormir en un archivo. Los autores del siglo XX y otros que nacieron en el XIX se les encuentra con cierta facilidad, pero son cuentos extensos y la pantalla no es lo mejor para darles lectura, así que, vuelvo a la carga hasta encontrar un cuento corto. Los escritores exitosos y actuales los encuentras a la vuelta de la esquina, solo que no hay cuentos de ellos, hay propaganda, reseñas para adquirir sus libros. Encontrar un cuento de ellos, es pegar de gritos y decir » Eureka», en otras decido poner fragmentos de su obra, al menos un aroma de su inteligencia y estilo.
Me pregunto si países tan extensos como china, la India no tienen maestros de la palabra, ¡ Claro que debe de haber! pero nos llegan a cuenta gotas. Por ahora les comparto a Etgar Keret*


El día que André Breton declaró a México el país más surrealista del mundo


Foto tomada del Google.
poema de RGG
