Roe a la piedra
la corriente del río.
Nadie lo cruza.
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El río corre dando golpes y revuelca remolinos. Bajo el chapoteo del agua, anima el canto intermitente de las ranas. La noche se da por instantes al silencio; y al sopor, le crecen olores de flores trituradas. Nada perturba. Los gusanos dejan de roer; y el sopor, el silencio y las sepias se tensan cuando el monte pare el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.
Se van los pájaros



La nieve cubre


Miraba las buganvilias. llegó el aroma de la vainilla; el grano de café al tostar escapaba de cada casa. La vaina verde desdoblaba en perfume y la cereza en el comal exhala una fragancia que aloca el corazón. Son mujer y varón. La vainilla cobijando en la intimidad; el café en la mañana es campana, llama a chicos y grandes a compartir la mesa, antes de encontrarse con los quehaceres de la vida.
