Voy a tu flor hecha de nieve y fuego. Tu dulce olor envuelve, me perturba. Soy ávido insecto en busca de la gloria. Y sí, la encuentro; sabor a piña y caña a fuego, nieve y muerte.
¿Qué melodía siente tu corazón? ¿que pesa tanto? Miras indiferente con lejanía; ¿buscas lo que no está? No pierdas tiempo que tal vez haya un feo que te ame sin mesura.
Cayeron los mangos por el zarandeo que hizo el viento del norte. La mayoría de ellos se volvió alimento de roedores. Dos rodaron hacia las zarzas enterrándose en el lodo. El barro se hizo polvo. Un viento fastidiado, jugaba haciendo remolinos en la pradera, levantando polvos apelmazados. Años después un árbol adolescente apuntaba con sus espigas alcielo; darán fruto al pájaro viajero y en tiempos de aguas escucharán a los sapos y el silbido del aire.
Al terminar de leerte cerré los ojos. Miré mi paisaje de tiempo atrás. Cruzaban ráfagas, ecos hirientes; la envidia, la náusea. Había energías oscuras a la vida que hice frente; cultivé la paciencia, calmé pulsos, apreté arcadas. Caminaba entre yuyos, ortigas. Las cimas cortaban el aliento, las piedras caían de los riscos y tenía que resguardarme. Había un paisaje inmensamente triste. Seguro pasamos por el mismo camino en diferentes momentos. Ni lo bueno, ni lo malo es eterno; el viento, la lluvia, el frío cesan. Así la alegría, el bienestar llegan; es parte de lo que nos tocó vivir. Hoy sonrío, cuando siento que tu mirada es intensa, sosegada, juega entre tus manos lo esencial para seguir en la andanza. Tienes en la sonrisa, la suave brisa que nos despeina.
Cruzar la cima entre fuego nevado, oscura niebla que hace invidente al sol. Este camino que recorrió la luna ahora eclipsa. Se ve una mariposa, cruje la roca, lejos canta el sinsonte. El sol calienta
la helada soledad,
la azul sabana
florea el horizonte
y el velero regresa.
Migran los pájaros, la mañana es lluviosa. Chiflan los vientos, tras el tren que se va. Mi oreja fría,
más que la ventanilla.
Salta mi pulso;
ciega verte lejana
y cerca de mi ausencia.
Tengo en mi cause aguas lentas y opacas, lejos quedó el brío del felino. Algunas veces la llovizna renueva, brota la flor; vuela la mariposa y una vieja canción.
En ti he soñado
ser espléndido viento. que también eres una flauta de barro; abrir tu puerta disfrutar de tu olor sideral, virgen y bajo la luz suave ser una melodía.
La tarde es fría, hay música de oboes ¿o quizá el viento, tal vez el tren en marcha?
Solo hay silencio.
Ha llegado el hastío.
No hay unicornios
solo esfinges de sal,
con árboles carentes
Eres tan enigmática como una tarde que parece mañana. Tan serena que no sé si el río corre o se detiene. La señal de tus manos es distinta a la de tu abrazo. ¿ tu abrazo? hace tiempo que lo olvidé. ¿cómo será?
Trato de caminar con indiferencia. Llueve finito, la tarde añeja, gris. Traigo cientos de gotas en mi cabellera y algunos hilos de agua corren por la mejilla. No lo puedo evitar y te recuerdo. Tu cabello abundante, suelto, que se mueve al quehacer del viento. Me acerco, tu mejilla sonrojada, el aroma se esparce y vuelan saliendo de tus risos sabores de hierba y manzanilla. El día que, armado de valor, te diría las emociones que me causabas, no llegaste. Días tras día estuve en el parque. Han pasado muchos años y de vez en cuando la tarde se convierte en añoranza, me da por pensar en la vida.