Sendero
El nuevo día
se despierta en mis manos.
Luces de invierno.
Felicidades a todos.
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Sendero
El nuevo día
se despierta en mis manos.
Luces de invierno.
Felicidades a todos.
Sendero hayku
Tiembla de frío
la iguana en la arboleda.
Crujen las ramas
Sendero
Rugosa rama
donde los muertos bailan
Graznan los patos.

sendero
Cae la flor
de las ramas del púan.
Chapotea el agua

sendero
llegó el invierno.
ya se fueron los patos
y se hizo gris el lago.
Ulula el búho
abrazo a mi almohada
y sueño con la nada.

Sendero
La palomita
se inmola con la cera.
Olor de rosas

Sendero
Los alcatraces
en el atardecer
le dan alcance
a la graciosa estela
que deja una sirena.

Tomado del rincon del hayku
EL CAMINO DEL HAIKU (ISABEL POSE)
Palabra de estación
El kigo o palabra de estación, es una palabra (o conjunto de palabras) dentro del haiku que alude a un momento concreto de alguna de las cuatro estaciones del año o al periodo de Año Nuevo, al que los japoneses consideran con características tan particulares y propias como las que podemos ver en la primavera, el verano, el otoño o el invierno. El kigo es una manera de transportar una gran cantidad de significado en una o en algunas pocas palabras.
Un solo lazo de papel votivo
en una rama seca
movida por el viento
Mitsuhiro Tsuji
De pie en un cruce.
Y en todas direcciones,
tarde de otoño.
Seishi
Cruzada de brazos
la peluquera
mira la lluvia
Nieves Pulido
“En Japón, la palabra estacional -aclara el profesor Haruo Shirane en “Más allá del momento haiku”- dispara una serie de asociaciones culturales que han sido desarrolladas, refinadas y transmitidas cuidadosamente por cientos de años y que han preservado, transformado y pasado de generación en generación a través de libros estacionales, los cuales permanecen en uso hasta el día de hoy.”
En Japón hay numerosísimos de estos libros estacionales o diccionarios de kigo. Según Seiko Ota y Elena Gallego en su libro “Kigo”: “Dichos diccionarios, muy variados en cuando a tamaño y extensión, están divididos en cinco estaciones pudiendo llegar a un tomo por cada una: primavera, verano, otoño, invierno y año nuevo, y a contener hasta unos 4.500 kigo, 500 por cada estación.”
Dejando un cielo
azul azul, se marcha
la mariposa.
Rinka
Y eso se debe a la importancia del kigo que desde el haiku clásico era considerado una condición indispensable: “Cuando la experiencia poética es completa -comenta Rodríguez Izquierdo- cierto sentido de estación forma necesariamente parte de ella como una cualidad del mismo acontecimiento.”
En la lisura de la nieve:
un camino de huellas
que no regresan.
IP51
Tanta importancia se le ha dado a la palabra de estación en Japón que no solo hay escritos libros, los “Saijiki”, donde se detallan los kigos, sino que también se valora el descubrimiento de alguno nuevo.
Son palabras tan cargadas de connotaciones que crean una conciencia colectiva. Si un haiku habla de la luna llena, todos sienten lo mismo, hacen las mismas asociaciones porque el kigo ha sido alimentado durante siglos para ello.
La luna llena
No importa a donde vaya,
el cielo me es ajeno
Chiyo-jo
El kigo actúa como una especie de contrapeso a esa breve estructura del poema haiku porque abre un boquete por el que entran tantas asociaciones como tiempo de desarrollo en la cultura tenga el kigo que el haijin ha puesto. Y, aunque, la primera función de estas palabras de estación siempre sea la descriptiva, terminan expandiendo el haiku, dándole profundidad y anchura.
sol abrasador
los pasos mesurados de la garza
a la sombra del búfalo
Adjei Agyei-Baah (Premio Nido de Garza 2016)
Esta dimensión de connotación que tienen las palabras de estación hace que sea “imposible traducirlas -dice F. Rodríguez–Izquierdo en su libro El haiku japonés– con toda la carga connotativa que tienen en el texto original, ya que esa riqueza semántica les viene dada por el uso que dichas palabras han tenido a lo largo de toda la historia del haiku…”
Los occidentales no tenemos un sistema de kigos que se hayan ido alimentando a lo largo de los años, pero la simple incorporación de una palabra que aluda a la naturaleza hace que el poema respire, lleva al lector a algún lugar y momento de la naturaleza, al exterior, al aire libre.
Sin embargo, y sin invalidar lo dicho hasta el momento, también existen haikus sin referencia a ninguna estación (mu-kigo), o sea haikus sin kigo, que el profesor Vicente Haya en su libro “El corazón del haiku: La expresión de lo sagrado” menciona diciendo que “aunque consideremos de capital importancia que el poema de estrofa 5-7-5 contenga kigo, necesita de otros requisitos para que lo consideremos “haiku”; y, por otra parte, si aún faltándole el kigo, al leerlo se nos queda un regusto a haiku, lo podríamos aceptar como “Haiku sin estación”.
© Isabel Pose, 2019

Sendero
La loca pájara
canta tango en la rama.
Silba el viento
Hay-ku
Abre la flor.
La niña duerme, sueña
y abraza al gato.

Sendero
Mi aliento ya no posee el brío del venado; los árboles, de mi jardín, florean por la magia de la vida. Tienes en tu mano un espejismo, tan quebradizo que el vuelo de un pájaro lo rompería. Mi árbol carente ha tirado la hoja y los retoños tardan, como una esperanza sin esperanza.
En mi jardín,
por amor a la vida,
de vez en cuando,
se adorna y reverdece,
la magia del amor.

Sendero, choka
Amenazante.
es un cielo revuelto
oscuro y gris.
Es un cielo globoso
que inmóvil mira
el miedo de mis ojos.
Imaginaste
un silencio profundo,
las aves mudas
que intuyen la zozobra.
La mujer reza
cobijando a sus hijos.
Calles desiertas,
los difuntos más muertos.
Hay una niña
que va tocando puertas,
y busca a su mamá.

Sendero
En la cañada
hay neblina y silencio.
llegan las moscas.

Sendero
Vuelve del mar
agotado y sin peces,
sin cantos de sirenas.

Sendero
Estas luciérnagas
con sus estelas de luz.
Cae la noche.
