MAMÁ CAMILA

Los sacerdotes poco iban a las rancherías y  la gente apurada por la fé y las epidemias navegaban rio abajo y bautizaban en la playa. El mar no tiene palabra de honor y algunas veces, en la bocana del rió las olas encrespadas volteaban  lanchas y la fiesta se convertía en tragedia. Mamá Meche va hasta su tiempo de niña  y sigue platicando:donde quiera que ponías los ojos había vida, en el cielo: garzas, pelícanos, gaviotas, y muchas aves en el monte rompían el ruido de las chachalacas*, pero lo que más asombraba era el mar con su rugido y cómo después de cada ola, dejaba peces, jaibas y pulpos pequeños que reptando buscaban volver. Le digo: entre sueños, mamá, veo la casa donde

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EL DESVÍO

En la mañana salí apresurado hacia el trabajo. Por la tarde fui a la casa a comer y,  sin hacer charla de sobremesa, regresé a la oficina para terminar los trabajos que debían irse por correo. Cuando llegué, te encontré en el patio meciéndote en la poltrona y mientras me sentaba en el otro sillón, vi cómo tu cara se iluminaba. Acaricié tu mano y sonreíste; sabíamos lo que eso significaba. Bajo la copa del árbol la luna caía sobre nosotros como si fuesen arras de oro blanco. El teléfono repiqueteó con insistencia y fui a contestar. Miraste mis ojos y descubrí ansiedad en los tuyos. Tengo que salir —te dije—, desviaste la cara y forzaste el sillón a balancearse y haciendo crujir a la madera… Sigue leyendo «EL DESVÍO»

TRABAJANDO DESPUÉS DE LA MEDIA NOCHE

Casi es la media noche y las cuentas no ajustan. Me falta abrir y leer correspondencia que llegó del Ministerio de Hacienda. Mi espalda pide algo blando. ¡El calor es desesperante! Los abanicos no son suficientes. Abriré la ventana y levantaré un poco la cortina metálica para que corra aire fresco. A esta hora la gente se retira a sus casas y la calle, poco a poco, se deshabita. Soy contador, superviso los estados financieros y hago el cálculo del tributo que el comerciante pagará al estado.
Tener trato para atender a los jefes de las dependencias, a los empleados que agilizan los trámites y a quienes nos contratan, es un trabajo Sigue leyendo «TRABAJANDO DESPUÉS DE LA MEDIA NOCHE»

LA VECINA

Mamá, ¿qué tanto gritaba anoche doña Delia?
Nada que tú debas de saber. Son cosas de mayores.
Recuerdo aquellas visiones. Contaré lo que vi y entendí de lo que aconteció a la vecina de mamá. —Tal vez alguien la comprenda. Mujer de facciones limpias, ojos grandes y un cabello rizado que caía en bucles hasta el hombro. Mediana de estatura, pechos abultados,Sigue leyendo «LA VECINA»

LA TOCATA EN FUGA

La ciudad es un hormiguero de alientos que se aleja y vuelve. El mismo rostro con diferente gesto. Las calles son cordones de vehículos que se mueven a pausas, temblorosos, enganchados por el claxon, la prisa y la ansiedad.
Hay un cielo con grises en desparpajo que presumen agua. El viento que llega tiene olor a metal, cuero y ácido, viene en ráfagas, mueve tendederos, antenas y anuncios espectaculares. Los pájaros nómadas toman un descanso, huyen del frío, del ruido y el smog.Sigue leyendo «LA TOCATA EN FUGA»

SORPRESA EN NAVIDAD

Es  media noche y por la ventana se cuela una brisa que llega de un mar lejano. Frente al monitor ella lee un poema en voz baja. Visualiza las imágenes y piensa en su juventud. Inquieta, va hacia la cocina para tomar un vaso de agua fresca. Regresa  y vuelve a leer. Con prisa escribe un comentario al autor. Se desviste. En la penumbra, el esposo la espera reclamando su cuota de intimidad. Media hora después ella se ducha: el agua tibia sobre la piel la asocia a un fragmento de la poesía. Apaga la luz y sabe que mañana será un día de trabajo duro.Sigue leyendo «SORPRESA EN NAVIDAD»

DOÑA ABIGAIL

-Pásale hijo, pásale, que ya te vi.
-¿Cómo está?
-Entreteniéndome, ¿y tú?
-Pasaba por aquí.

-¿Venías a ver a las muchachas?
-Sí, ¿están?
-No. Andan con su tía Mica. Ocho días hace que se fueron y parece que olvidaron a la abuela. Ay, ay, ay -lloriqueó, mientras con una mano se frotaba la rodilla derecha.
-¿Qué tiene, Doña Abigail?Sigue leyendo «DOÑA ABIGAIL»

LA SOSPECHA

Cuando su hijo cerraba la puerta, le lanzó un beso sonoro,  chasqueando la lengua y juntando los labios. Ella entrecerró los ojos y creyó ver a su esposo.  Hace dieciocho años se había ido de viaje. Aún lo recuerda con la ceja levantada y aquella sonrisa coqueta con la cual se despidió. Para ella no era extraño que él se ausentara algunos días. Aquella vez, fue un otoño, y el frío se colaba por las rendijas de la puerta.
Vivían en un condominio,  donde los edificios parecían haber sido calcados. Lo recuerda como una buena persona, amoroso, sin embargo, eran notorias sus ausencias, que manifestaba por no mover una pestaña y una mirada lejana o aveces infinita. Muchas veces tuvo que golpearle la mejilla para que volviera a la realidad. A veces lo sueña. Ella piensa que lo mataron, tal vez por robarle, tal vez…

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LA MONEDA

No contuvo la molestia cuando escuchó que tocaban a la puerta y abrió con energía. Se trataba de un joven imberbe, que traía un arreglo floral; pensó que se había equivocado de dirección.

— ¿Aquí vive la Señora Celia Basan?
— Sí.
— Traigo flores para ella.

Lo hizo pasar, para que situara el cesto floral.

— ¿Dónde tengo que firmar? Agregó con tono seco.
Quedó perpleja. Sus ojos se perdieron entre los amarillos: una hermosa combinación de girasoles y margaritas y en la base, unas azucenas que gritaban olorosas. “¿Quién me las habrá enviado? Mis dos hijos radican fuera del país”

La voz del muchacho la volvió.

— No tiene que firmar en ningún lado y esto es para usted.

Tomó el sobre percudido que el muchacho le extendía y al abrirlo, aspiró un sutil aroma a lavanda. En el interior, había una medalla de plata y una carta escrita a puño y letra:

Estimada Celia:

Me hubiera gustado despedirme de manera personal, sin embargo, mi salud no me lo permite. Antes de que mi entendimiento se desvíe, quiero agradecerte los momentos que le dieron sentido a mi vida. Aún conservo vivo el recuerdo de tu partida. Lo acepté con pesadumbre, pues anhelaba compartir el último trayecto de mi vida junto a ti. Pero ante todo, debía respetar tu decisión de vivir sola.

He estado pendiente de ti, sin que te percataras. Me han dado alegría los títulos que has conseguido y el reconocimiento que la sociedad científica te ha otorgado. He asistido sin estar a la boda de tus hijos y te he acompañado en momentos de dolor. Una vez te dije que el amor se mide más por los días oscuros que por los radiantes. ¿Recuerdas la moneda que te gustó y en el último instante no la compraste? La adquirí pensando que algún día te daría una sorpresa, y ésta es la ocasión. El grabado que lleva te recordó a un ser querido, y ahora espero que por ella me recuerdes también. El ramo de flores que el joven acaba de entregarte, lo ordené antes de escribirte esta despedida. Aprovecho para decirte quién es.
Su nombre es Mario. Me hice cargo de él cuando doña Carmen, su madre de crianza, murió. Fue una promesa que acepté. Le obsequié lo mejor para afrontar la vida.

Mario ha visto las fotos en que estamos juntos y en una ocasión me preguntó quién eras. Le dije que eras su tía y desde entonces, creció con esa idea. Por eso, hoy que estoy delicado de salud, desearía que te ocuparas de él. En caso de que tu respuesta sea negativa, no te preocupes, él ha sido aceptado en una universidad de prestigio, y tiene un seguro a su nombre que lo protege hasta un año después de su titulación. Sólo prométeme que de vez en cuando le hablarás por teléfono. Si quieres asistirlo, te aseguro que es un joven educado y sensible.
Hasta siempre mi bella amiga.

Celia no pudo evitar una respiración entrecortada y habló con Sigue leyendo «LA MONEDA»

MAL DE MONTAÑA

Cuando confirmé que iría a visitarla me hizo mil recomendaciones. Al vernos, después de más de un día de camino nos abrazamos y empecé a parlotear de todo lo que me había pasado, obviamente hice lo contrario a lo que ella había recomendado. “eres incorregible, pudo haberte pasado una desgracia” pero sonrió y alisando su voz dijo “lo bueno es que ya estas aquí y conmigo estás seguro”

Ella era una mujer que vivía con sus hijos, pero el cónyuge conservaba la costumbre de visitarlos para tomar el desayuno y de vez en cuando salía con ellos, dando la impresión de ser una familia unida. El departamento amplio, cómodo, con una ventana por donde se apreciaba un jardín con buganvillas en flor y entre tanto verdor: una perra blanca, enorme retozando.Sigue leyendo «MAL DE MONTAÑA»