De laura Nicastro: «La omisión del evangelio»

Argentina

Según el Evangelio de San Marcos, Capítulo 10, versículo 25, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos.

Antiguamente se llamaba “ojo de aguja” a una puerta estrecha, secundaria, abierta en las murallas de las ciudades. Se utilizaba durante la noche tras haber sido clausurado el portalón principal. Fuertemente custodiada, después de la caída del sol permitía el ingreso individual a los viajeros rezagados para que no quedaran expuestos a los salteadores. El “ojo de aguja” sólo podía ser franqueado por viajeros de a pie, sin armas y sin equipaje. Ningún evangelista hizo esta aclaración pues jamás sospecharon que las ciudades cambiarían su diseño.

Ahora los ricos pueden abrigar nuevas esperanzas: es cuestión de que se enteren.

Reflexiones de Manuel: Nuestra lengua: "El ojo de una aguja"
https://revistabrevilla.blogspot.com/2015/07/microrrelatos-de-laura-nicastro.html

Fragmentos literarios de Emmanuel Carrére, Limónov

Sendero

“A nosotros, que vamos, venimos y tomamos aviones a nuestro antojo, nos cuesta comprender que la palabra emigrar, para un ciudadano soviético, significaba un viaje sin retorno. Nos cuesta comprender estas palabras tan simples como un hachazo: para siempre. Y no hablo aquí de los tránsfugas, de artistas como Nureyev y Barýshnikov, que aprovecharon una gira por el extranjero para pedir asilo político: de aquellos de los que en Occidente se decía que habían «elegido la libertad» y a los que Pravda calificaba de «traidores a la patria». Hablo de la gente que emigraba de forma totalmente legal. En los años setenta era posible emigrar, aunque difícil, pero el que solicitaba el pasaporte sabía que, si se lo daban, nunca podría volver. Ni siquiera de visita, ni siquiera para una estancia corta, ni siquiera para abrazar a su madre moribunda. Lo cual te hacía reflexionar, y por eso muy pocos querían partir, y sin duda el poder lo tenía previsto cuando abrió esa válvula de escape.

Los últimos días eran desgarradores. Reír con un amigo, sentarse debajo de un tilo, subir entre las filas de hachones la escalera mecánica de la estación de metro Kropótkinskaia y salir al aire libre, entre los quioscos de floristas, con el olor de la primavera en Moscú: te percatabas con una especie de estupor de que todo esto, que habías hecho miles de veces sin darte cuenta, lo hacías por última vez. Cada partícula de este mundo tan familiar estaría pronto y definitivamente fuera de tu alcance: sería un recuerdo, una página pasada que no podrás releer, un objeto de nostalgia incurable. Abandonar la vida que siempre habías conocido y partir hacia otra de la que esperabas mucho pero no sabías casi nada, era una forma de morir. Y los que se quedaban, si no te maldecían, se esforzaban en estar alegres, pero a la manera de los creyentes que acompañan a sus allegados hasta las puertas de un mundo mejor. ¿Había que alegrarse porque serían más felices allá que aquí? ¿O llorar porque no volverías a verles? Ante la duda, bebían. Algunas de estas rondas de adioses se transformaron en zapói tan frenéticos que los candidatos a partir sólo emergían de ellas, aturdidos, después de despegar el avión. Ya no habría otro, la puerta se había cerrado y no volvería a abrirse, sólo quedaba beber otro trago sin saber si era para ahogar una desesperación ya sin remedio o, como repetían los amigos, dando fuertes empellones, agradecer el haberse librado de una buena. «Se está mejor aquí, ¿no? Juntos. En casa.»”

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Limónov

Emmanuel Carrère

Tres novelas de Emmanuel Carrère en un solo volumen | Aristegui Noticias
https://www.infobae.com/grandes-libros/2017/09/04/los-5-libros-de-emmanuel-carrere-que-no-podes-dejar-de-leer/

El tiempo de Marcel Proust

Sendero

Marcel Proust. Considera tres aspectos del relato en su estudio: tiempo, modo y voz. Quizá el más novedoso, interesante y exhaustivo sea el tratamiento del tiempo, del cual aborda el orden, la duración y la frecuencia. Antes de abordar los principales factores del tiempo, es importante aclarar aspectos terminológicos. El tiempo de la ficción no es equiparable al tiempo físico de la vida real, pues el primero es un tiempo de cuasi-ficción, no real. Además tenemos que distinguir dos planos: el plano de la historia, que es el plano del significado, y el de la realidad narrada. Este último es el del relato, del significante, del tiempo del discurso narrativo. El tiempo del primer plano es el tiempo ordenado, el que trata de reproducir la historia ; el del segundo plano es artístico, lo crea el narrador desde el momento en que decide dónde empezar a contar, dónde terminar, qué acciones requieren mayor tratamiento, cuáles le son baladíes y por lo tanto omitibles, dónde realizar saltos, trastrocamientos, adelantamientos, etcétera. Entre ambos planos se presentan tres relaciones: el orden, la frecuencia y la duración. El orden Si el escritor de ficción desea alterar el orden de las acciones que transcurren en el tiempo lineal, de modo que un hecho que normalmente esperaríamos al final lo presenta a la mitad, está incurriendo en un descalabro lógico, quizá, pero no literario ni psicológico. A esto se le conoce como proyección a futuro, prolepsis o simplemente anticipación. Aquí entramos en el tiempo de las predicciones, delas premoniciones, de los sueños o delas profecías. Puede ocurrir lo contrario, hacer que un hecho que ocurre antes incluso de la historia que va a contar el narrador, se presente a la mitad de la historia, como ocurre con los recuerdos de los personajes; entonces nos enfrentamos a otro descalabro del orden lógico-temporal conocido como “flash back”en el lenguaje fílmico, y retrospección o analepsis en la retórica clásica.LA FRECUENCIA Lo más sencillo sería que aquello que…ocurrió una vez en la historia, se mencionara una vez en el relato, o que aquello ocurrido muchas veces se mencionara muchas veces. Pero puede darse el caso de que lo que ocurrió una vez, lo repita el narrador de manera inusitada en su relatoría; o simplemente que lo que ocurrió una o varias veces en la secuencia de los hechos de la historia, no tenga importancia alguna para el escritor, y por lo tanto ni lo mencione. La duración más interesante que la frecuencia es la duración del tiempo en los mundos imaginarios. En busca del tiempo perdido es una obra maestra del tiempo psicológico. De ella, Genette extrae una veta extraordinaria para hablar de la duración del tiempo reproducido en la literatura. Veamos los casos posibles. a) Una conversación realista, al reproducirse en una narración, duraría aproximadamente el mismo tiempo que si se llevara a cabo en una escena de teatro o en la vida real; b) las formas de aceleración o desaceleración son comunes, lo cual se refiere a eventos que ocurren lentamente, aunque en la ficción puedan durar mucho arbitrariamente, o viceversa. Pongamos por caso la caída de la hoja de un árbol. Lo más seguro es que en la realidad dure unos cuantos segundos, pero en la narración puede describirse dicho evento en cinco o diez páginas y no caer todavía. Pareciera que el tiempo se comporta como real, pero no, es seudoreal (o seafalso), cuasi-ficción; siempre resultará un constructo imaginario con una duración, un orden y una frecuencia dispares, irregulares e imprecisos; no es posible establecer reglas generales válidas para toda narración ficcional, que definan su transcurso. Existen varios y novedosos tratamientos del tiempo literario, diferentes cada uno en función de la perspectiva metodológica utilizada, de la conceptualización teórica de la fuente disciplinar,y también del género literario utilizado3.Sin embargo, no dejará de ser la narrativa, por su propia naturaleza, por el suigeneris tratamiento que hace del tiempo, la que más atractivo posea, en especial en aquellas narraciones extensas como la novela, porque en ellas se ve, se siente y se oye el transcurrir del tiempo y sus efectos en los personajes que nosotros mismos sufrimos y gozamos.

reloj de bolsillo. símbolos del tiempo 1137915 Foto de stock en Vecteezy

El capitán de Köpenick – Arturo Pérez-Reverte

«El capitán de Köpenick – Arturo Pérez-Reverte» https://www.zendalibros.com/perez-reverte-el-capitan-de-kopenick/

RELACIONES SINTÁCTICAS — Escribir sobre la punta de la i

Érase una frase impersonal que, lejos de subordinarse a normas gramaticales, se citó con un sujeto al que le gustaba predicar con el ejemplo. Se enamoraron en el primer acto y se fueron a vivir juntos a un soneto, pero su vida empezó a ser un poema y, hartos de versos empalagosos y rimas cuadriculadas,…

RELACIONES SINTÁCTICAS — Escribir sobre la punta de la i

Ana María Shua reflexiones

Argentina

En algunos de mis propios textos hay más relación con la poesía, (pero no en todos), sobre todo en su construcción, porque los microrrelatos exigen un tipo de perfección que sólo se puede comparar con el de un poema. Cada palabra tiene que estar calibrada y ajustada. No se trata sólo del sentido, el micro debe tener un ritmo, un sonido redondo y perfecto. En tanta brevedad no hay margen para el más mínimo error, desliz, disonancia. Así es como después resultan tan difíciles de traducir.

Sobre el cuento y sus mutaciones | EL ESPECTADOR

«Sobre el cuento y sus mutaciones | EL ESPECTADOR» https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/sobre-el-cuento-y-sus-mutaciones-article/

En la literatura no hay estabilidad, lo que un día entendemos como definición de qué es un cuento, muta rápido. La literatura es una experiencia permanente con los acumulados de lo escrito y las búsquedas de lo por escribir. Ahora bien, la experimentación del cuento no significa una evolución, no trato de decirles que el cuento en sus transformaciones abandona por completo las tendencias del pasado, las características previas. Propongo, más bien, que el acumulado de variaciones que el cuento va presentando es un equipaje para la creación, como si la aparición de un cuento en la escritura pudiera convocar todos los pasados, conjugarlos y por supuesto variarlos. 

Los secretos de Thomas Wolfe para escribir novelas

«Los secretos de Thomas Wolfe para escribir novelas» https://www.lavanguardia.com/cultura/20210502/7422673/secretos-thomas-wolfe-escribir-novelas.html

El mejor fracaso de América | Cultura | EL MUNDO

Reflexiones al vuelo de Gabriel Ramirez Lozano

Tomado de Fb

«A medida que pasa el tiempo, cuando uno se siente maduro, las emociones son otras. He aprendido que la grandilocuencia de las ideas, las prisas por llegar y la belleza como último objetivo, es cosa de jovencito atolondrado. He aprendido que saber estar solo, asumirlo y disfrutarlo, es una excelente forma de vida. He aprendido a preguntarme quién soy sin encontrar respuesta, a escuchar a otros cuando hablan de mí sin dar la más mínima importancia a lo que dicen. Lo que llega de fuera ha dejado de tener importancia salvo en contadas excepciones. Lo que sale de dentro buscando refugio en otro es un grito de socorro al que nadie acudirá. Lo pequeño que está dentro debe quedarse donde está porque es el soporte de uno mismo. Lo pequeño es lo nuestro, lo más íntimo; eso que a nadie le interesa, eso que nadie conoce ni debería conocer jamás. Lo pequeño que llega de fuera es eso que interiorizamos con rapidez poniendo a salvo un sonido, la imagen que otros nunca verán o la angustia de todos para hacerla propia. Ahora, sentirse vivo cuenta. Antes estar vivo era suficiente. Todos somos iguales. Seres que se buscan en respuestas improbables, que sobreviven gracias a que las emociones van cambiando y haciendo soportable esto de vivir. Todos somos iguales, se pongan como se pongan. Uno por uno intentamos hacer realidad la vieja meta de llegar vivos al instante siguiente, al lugar en el que las pequeñas cosas de cada uno sean lo importante. A medida que pasa el tiempo siento menos miedo por algunas cosas. Por mí mismo, por el futuro, por un éxito que nunca llegará, por los fracasos ya vividos. Y siento mayor atracción, casi obsesiva, por las cosas que parecen insignificantes. A medida que pasa el tiempo me hago viejo y siento que es así; ahora si lo percibo con claridad. Soy capaz de colocar cada cosa en el lugar que más me gusta. Ajeno al resto, pero sabiendo que mi importancia es la de todos, que el mundo funciona porque uno a uno lo hacemos. A medida que pasa el tiempo renuncio a lo que creía esencial y me quedo con lo que necesito para tirar de la palanca que mueve mi mundo.

Paisajes otoñales pintados al óleo por el artista australiano Graham  Gercken. | Pinturas de paisajes, Pinturas impresionistas, Paisaje para  pintar

Max Aub: hacía un frío

Sendero


Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juán de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno las siete y media, lo mismo da las ocho. Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina está abierta a todos los vientos.
Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez. Las ocho. Es natural que ustedes se pregunten que por qué no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero esas son cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transido, amoratado. Llegó a las nueve menos diez: tran quilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:
-¡Hola, mano!
Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba. Triste casualidad.
Max Aub
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones

!OJO!/ Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

El canto de los pájaros me despertó suavemente, al abrir los ojos percibí un rayo de sol que se filtraba a través del ojo de la cerradura en la vieja ventana de mi recámara, la mañana ya estaba transcurriendo; es demasiado tarde, deduje, debo apresurarme para llegar a tiempo y que mi mamá no piense […]

!OJO!/ Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

BBC Mundo: «El universo es la cosa más simple del universo»: Neil Turok, el físico que desafía la teoría del Big Bang

BBC Mundo – «El universo es la cosa más simple del universo»: Neil Turok, el físico que desafía la teoría del Big Bang https://www.bbc.com/mundo/noticias-56738199

El pijama de Sergio Astorga

Mexicano

Encontrar la salida es cuestión de suerte y de garbo. No es por amar o por odiar. Simplemente es acomodarse la grandeza con la pequeñez del pañuelo. Así vivió el noble bruto Claudio. Nunca blasfemó su destino. Con los ojos locos de dicha o de inconsciencia se bebió los días. En la calle de la Cruz departamento 4 pasó 40 años de su vida siempre con ganas de vivir. Nunca se violentó por las pedradas habituales. Tú y yo lo sabemos, nuestras cabezas partidas lo atestiguan. Claudio era bueno, y no debía. Él no era triste como tú y yo. Sufría sin querer, sin explicaciones. Era un feliz sin causa. Por sí mismo, como esas aves que cantan por cantar. Sucediese lo que sucediese, impertérrito, como un bruto noble, como el vino que calma a los sicarios. ¿Será tan fácil encender el fósforo de la complacencia? Yo le pregunté, ¿recuerdas?- Claudio, ¿nunca pierdes la compostura?- Todavía no. Cuando vea la salida no me escapo. Sangró del abdomen. Vimos como sus ojos quedaron invisibles. La pena nos paraliza, nos aleja más, si es posible, de las ganas de seguir. Nos han quedado sus zapatos vacantes y el pijama en la mesita de noche acomodada, bien limpia.

Sergio Astorga (Ciudad de México). Radica en Porto, Portugal. Estudió la licenciatura en Comunicaciones Gráficas en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y Letras Hispánicas e Iberoamericanas en la UNAM.
Impartió el taller de Dibujo durante doce años. Ha publicado en suplementos culturales y en revistas tanto textos como dibujos. Ha publicado un libro de poemas llamado Temporal.

Entretiens Lectures d'ailleurs: Sergio Astorga (Mexique)